Tengo múltiples miedos,
una cabellera que comienza a dispersarse,
un nudo de fe ciñéndome el cuello.
Canto despacio para no despertarme,
muerdo la fruta
como quien muerde su infancia.
Guardo puñados de tierra en los bolsillos.
Sé que tengo en los ojos un rumor de brasas,
en las manos el cansancio de mis padres: anónimas flores,
un nombre que siempre cambia,
tímidas costumbres heredadas por el mar.
Más de dos ciudades me pronuncian
y quién sabe cuántas casas me conservan.
Pero no me quejo:
preparo los labios, beso la tierra,
guardo silencio.
Asonancia
Hay que saber guardar silencio cuando tú cantas,
desafinada y bajito
por temor de que el mundo
con sus microbuses y sus liebres
sus trajes empolvados, sus lagartos,
vayan a violentar eso que llamas voz.