La obra puede marcar el principio del nuevo despegue de La Laguna,
urgida de victorias en seguridad y empleo

Territorio Santos Modelo:
entre la fiesta y el caos

Diego Guevara
Torreón

La inauguración del TSM deslumbró a todos, pero afuera del estadio
imperó la desorganización. El fervor de la afición rebasa la
capacidad de la directiva y de las autoridades


Fuegos artificiales, esplendor, show y… caos. Adentro del estadio, la fiesta de inauguración del Territorio Santos no tuvo nada que envidiarle a eventos del primer mundo. Asistieron el presiente Felipe Calderón, el gobernador Humberto Moreira y directivos del Grupo Modelo, Lala, Soriana y Peñoles.
Afuera, la afición rebasó las expectativas de la directiva y de las autoridades y se hizo el caos vial y en los accesos al inmueble. El operativo de vigilancia fracasó. El embotellamiento fue tal que al filo de las cinco de la tarde el director de Seguridad Pública, Karlo Castillo, dirigió la circulación a la entrada del estadio. Intento vano.
La situación se complicó por los operativos de revisión de la Policía Federal, los vehículos de proveedores, los curiosos y el personal de la Junta de Mejoras Materiales, del municipio y de la empresa PASA, que se realizó trabajos de limpieza de última hora en la carretera a Torreón-San Pedro. La ausencia de agentes de tránsito provocó un cuello de botella en el entronque La Unión-La Partida.
Las entradas al TSL resultaron insuficientes. El desorden y el enojo del público se instalaron en primera fila. La fiesta, sin embargo, transcurrió en paz.
A pesar de los silbidos y abucheos del público —quizás por el fuerte dispositivo de seguridad impuesto por el Estado Mayor Presidencial, al que debió someterse—, Felipe Calderón inauguró el nuevo estadio junto a figuras como el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, y Edson Arantes do Nascimento “Pelé”. Ambos coincidieron que el TSM es una inspiración para el mundo y un sinónimo de modernidad.
En su discurso, dado desde uno de los palcos, el presidente dijo ante treinta mil personas que el estadio se abría “para la alegría, humildad y éxito del equipo Santos y la afición”.
El presidente del consejo de administración del Grupo Modelo, Carlos Fernández; el presidente del Club Santos Laguna, Alejandro Irraragorri; el gobernador de Humberto Moreira y el alcalde de Torreón, José Ángel Pérez —también abucheado—, acompañaron al Ejecutivo federal.
Antes del partido inaugural entre el Santos Laguna y el Santos de Brasil, el cantante Ricky Martin dio un concierto y luego se desplegó un show pirotécnico con coreografías que aludieron al origen de la región.
La Laguna tiene sobrados motivos para estar de fiesta. El Territorio Santos Modelo se toma con el principio del nuevo empuje que necesita la región, una de las más castigadas por el desempleo y la delincuencia… y los malos gobiernos. E4

Calderón divide opiniones;
Pérez las unifica en contra
Gerardo Hernández G.

 

Ningún termómetro tan exacto para medir el ánimo social que la arena, el estadio, el coliseo, a donde el público asiste con su dinero y por sus propios medios. Ningún evasor de la realidad tan eficaz que el espectáculo, el opio del fútbol: a falta de pan, circo en mayores dosis. Ningún artificio más burdo que el acarreo político, la porra estridente en ceremonias donde, además de ocioso, resulta del peor gusto. Ninguna ostentación o alarde más efímeros que su contraste con un entorno que lo contradice y desmiente.
El Nuevo Territorio Santos Laguna ajustó cuentas viejas y nuevas. El presidente Calderón dividió opiniones cuando apareció en las pantallas del estadio para declararlo inaugurado. Igual de fragmentado fue el voto que lo instaló en Los Pinos. Con el agravante de una recesión que le impedirá cumplir sus promesas de empleo, bienestar, crecimiento y seguridad; y un Congreso donde el interés nacional es pecata minuta. Es el de los partidos y el propio, sin cuestión, el que mueve a los legisladores. El presidente empató en aplausos y reproches.
La rechifla de la noche fría del 11 de noviembre —adentro celebración, afuera anarquía, enojo por la imprevisión de la directiva y la desidia de las autoridades de vialidad del municipio— fue para el alcalde panista José Ángel Pérez, hombre bien intencionado. Sin embargo, rebasado por las circunstancias, su impericia para ejercer el poder y su genio destemplado. Las tribunas validaron el resultado de las elecciones en las que el PRI recuperó Torreón.
Gente de todo el estado, de otras entidades y aun del extranjero atestiguaron la apertura de un estadio hasta ahora sin par en la República. Sólo en Torreón, y no es jactancia, se emprenden obras de esa magnitud. Hace poco, Arturo Gilio y Ramón Iriarte abrieron el Coliseo del Centenario. Antes que ellos, Juan Abusaíd construyó estadios. El impacto de este tipo de proyectos es tan rápido como la luz, hiperbólicamente, claro: hoteles y restaurantes hasta el tope, taxistas que no se dan abasto. Derrama económica, pues.
Aún fascinado y con la emoción a flor de piel, el público volvió a padecer, ahora en casa nueva, malos tratos: para llegar al estadio, un suplicio; para estacionarse, un calvario; para entrar, conmoción. Negligencia, torpeza, codicia, danzaron de la mano. El espectáculo había empezado y afuera miles, en tropel, por falta de organización y cuidado de la empresa, eran vejados, encajonados como ganado.
El estadio no basta por sí solo. A cualquiera de su tipo de los Estados Unidos se ingresa con facilidad y se sale con fluidez. Miles de coches, en un abrir y cerrar de ojos, desaparecen a los pocos minutos de terminada la función. ¿Malinchismo? ¡Pamplinas! Realismo, que es otra cosa. Los Santos y la afición tienen nueva casa, pero no es todo. El juego inaugural registró un aforo extraordinario, cierto. Mas si el parsimonioso Compeán y el “democrático” Irarragorri anuncian que el Territorio será sede mundialista, habrá que esperar futuros caos. ¿O acaso aspiran a un estadio medio lleno? Al TSL le faltan vialidades; a la directiva, respeto por la afición; y a las autoridades locales, sentido de responsabilidad. No se puede exponer impunemente a miles de aficionados de a pie o en coche. E4

 
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