Nº 363 - 6 de octubre de 2009
 
 
 
 
 
 
Defender al que defiende
Las condiciones para ejercer el periodismo y la defensa de los derechos humanos en México preocupan hondamente a la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la sudafricana Navanethem Pillay, reconocida por sus actividades contra el apartheid y a favor de la mujer. Su representante en nuestro país, Alberto Brunori, presentó el mes pasado el informe “Defender los Derechos Humanos: entre el compromiso y el riesgo”, en Coahuila y Durango.

El documento recoge y da seguimiento a las agresiones que individuos y organizaciones cuya labor “resulta incómoda para algunos grupos (de poder)” sufrieron entre enero de 2006 y agosto de este año. Durante ese lapso se registraron diez asesinatos y más de ciento veinte atentados, de los cuales el noventa y nueve por ciento permanece impune. Las bajas calificaciones internacionales que nuestro país obtiene en derechos humanos e impartición de justicia se suman a notas también reprobatorias en materia de transparencia, educación y libertad de expresión, emitidas por la OCDE.

Para la Oficina de la Alta Comisionada, los factores que con mayor frecuencia inhiben la defensa de los derechos humanos en nuestro país son la delincuencia organizada, los abusos del poder y las campañas de desprestigio contra quienes los denuncian. En ello se fundamenta la propuesta de Naciones Unidas para que el gobierno y los medios de comunicación brinden reconocimiento y legitimidad a quienes, la mayoría de las veces desde las posiciones más modestas, promueven la protección de la libertad, la seguridad y la dignidad de todas las personas.

El obispo de Saltillo, Raúl Vera, figura en el informe de Naciones Unidas. Su defensa de las prostitutas presuntamente violadas por militares en Castaños, Coahuila, en 2006, le produjo acoso, amenazas y presiones. El juez (Hiradier Huerta) “habría presentado ante un tribunal Canónico una denuncia por ‘abuso de potestad canónica’ en contra del obispo a causa de su labor”, consigna el documento. Previamente el dominico, víctima también de la inquina de la televisora saltillense RCG, habría sido perseguido “de manera amenazante” por una camioneta.

El asesinato de periodistas en México, por desgracia cada vez más recurrente, perturba a la Oficina de la Alta Comisionada. Durango disputa en esta materia un liderato ominoso que el gobernador priista Ismael Hernández Deras evade con olímpico cinismo. Brunori sigue también las agresiones contra Belén, Casa del Migrante de Saltillo, luego de que el hondureño Reyes Gustavo Ardón asesinó a una joven empresaria el 30 de septiembre. Sin medir consecuencias, la televisora RCG incita el odio racial.

Pero lo que más inquieta a la Comisionada para los Derechos Humanos es que la maquinaria del Estado mexicano “reaccione sólo cuando se acude a instancias internacionales”. La presión extranjera es siempre más eficaz que la razón interna. Los crímenes se resuelven con voluntad y con la estricta observancia del estado de Derecho, no con retórica.
 
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