Nº 362 - 22 de septiembre de 2009
 
 
 
 
 
 

Delito, ley, justicia, castigo, son algunos de los conceptos develados por Elisa Speckman en su nuevo libro

El criminal y sus historias

Renata Chapa

En medio de la vorágine de violencia que sacude
a México es necesario conocer a fondo los distintos referentes que se adjudican al crimen organizado. Gracias al trabajo de la catedrática de la UNAM, los jóvenes ya tienen a su disposición el material adecuado para aprender sobre legislación,
justicia penal y delincuencia


Elisa Speckman.
La autora y su experiencia

Apareció una cabeza”. “Encontraron varios cuerpos decapitados”. “Aprehendieron a sicarios”. “Los federales sitiaron el área”. “Levantaron a un empresario”. “Encapuchados armados entraron a una propiedad privada y abrieron fuego”. “El toque de queda fue implementado”.
A pesar de que frases como éstas son cada vez más comunes, seguimos sin muchas posibilidades de comprender lo que está sucediendo. Si cualquiera de ellas fuera tema de un examen más o menos profundo que evaluara no sólo la cantidad, sino la claridad de nuestros referentes en materia del crimen organizado, el grado de reprobación sería abrumador.
Las manifestaciones de violencia derivadas de la lucha contra el narcotráfico siguen tomando por sorpresa hasta a los que se suponen expertos en materia de seguridad pública. Y ni qué decir del ciudadano de a pie. Además, a esta inasible situación social en permanente emergencia es necesario sumar una pobre cultura en materia de acceso y manejo de la información y una memoria histórica cortoplacista.
Si, en términos generales, los adultos tropezamos o nos perdemos al tratar de explicar el agobio que vivimos, ¿qué logran asimilar niños y adolescentes? ¿Cómo explica la llamada “Generación Y” el horror sistemático? ¿Qué definición de “muerte” y de “justicia” es la que construyen y aplican ahora los menores de edad? ¿Con qué tipo de significado se quedan para dar sentido a lo que ven y oyen? ¿Qué podemos responder cuando preguntan los porqués de las cabezas sin cuerpo? ¿O de los cuerpos sin cabezas? 
Quizá estos cuestionamientos, entre un puñado más, fueron los que motivaron a Elisa Speckman Guerra a escribir la obra ¿Quién es criminal? Un recorrido por el delito, la ley, la justicia y el castigo en México (desde el virreinato hasta el siglo XX) (Ediciones Castillo-Grupo Editorial Macmillan, México, 2006). El libro está dirigido a un público joven, pero cuenta con unas ilustraciones tan atractivas que logran expandir el espectro de lectores meta gracias al llamativo trabajo gráfico de Alejandro Magallanes. De hecho, este texto recibió el Premio Caneim 2006 al Arte Editorial (Libros Juveniles), tal y como lo advierte un llamativo engomado en su portada.
Es en la solapa de la tercera de forros donde el lector puede confirmar la calidad que auspicia la obra porque aparecen las fichas curriculares de sus creadores. Elisa Speckman (Ciudad de México, 1966) es maestra en Historia por el Colegio de México, y maestra y licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM e investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas también de la máxima casa de estudios. Es parte del Sistema Nacional de Investigadores. De su ficha llaman la atención los datos que la ubican como autora de libros y ensayos sobre “legislación y justicia penal, criminalidad, vida cotidiana y cultura en los siglos XIX y XX” y la manera en que esos mismos temas fueron trabajados por la académica para acercarlos a un público juvenil a través de ¿Quién es criminal?
Por su parte, Alejandro Magallanes (Ciudad de México, 1971) es egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (UNAM) y su trabajo de cartel ha recorrido diferentes puntos del globo: Polonia, Japón, Hungría, Argentina, China, Holanda, la República Checa, Francia, Estados Unidos, Venezuela, Eslovenia, Rusia, Croacia y varias ciudades de México. Ha ganado el “Golden Bee” de la Bienal de Diseño Gráfico de Rusia (2000), obtuvo el Primer Premio en la Internacional de Cartel de Varsovia (2004) y recibió una mención en el Bologna Ragazzi Award, en la categoría New Horizons, dentro de la Feria del Libro Infantil de Bolonia, Italia. Es socio de la empresa “La Máquina del Tiempo”, misma que junto con Santiago Solís y bajo la dirección editorial de Antonio Moreno Paniagua, fue la encargada del diseño y formación de ¿Quién es criminal? Magallanes es parte de la Alliance Graphique Internationale (AGI).


El libro.
Profundidad temática

¿Quién es criminal? se divide en cuatro grandes bloques localizables sólo a través de la lectura de 84 coloridas páginas. No cuenta con índice porque, probablemente, es éste otro de sus puntos creativos. En cada página, el lector visita los textos preparados por la historiadora, pero las ilustraciones transmiten la sensación de estar visitando un museo. Las vueltas de las hojas más bien son pasos que se dan en el corredor de una galería donde se exponen hermosas muestras pictóricas.
“El delito y la ley” (p. 5); “La justicia” (p. 27); “El criminal” (p. 41); y “El castigo (p. 51) son los bloques temáticos que conforman al libro. En ellos se encuentra información que, según lo advierte el mensaje de la contraportada, puede orientar con más bases, con más certeza, con más academismo, las respuestas a cuestionamientos que surgen de las inquietudes diarias de niños y adolescentes también expuestos a un entorno violento: “¿Sabes realmente qué es un delito? ¿Cómo se castiga? ¿Quiénes determinan si alguien es un criminal? Éstas son apenas tres preguntas que ayudan a empezar la reflexión sobre la ley y la justicia en nuestro país y en muchos otros lugares del mundo. Testimonios, canciones, noticias aparecidas en los periódicos y declaraciones se reúnen en este libro como ejemplos y materiales de primera mano, para hablar de un tema que toca la vida de cada uno de nosotros, aunque seamos inocentes… ¿o culpables?”.
Varios párrafos invitan a una reflexión más detenida; otros, a la polémica; algunos más, a la frustración. Esto lo deja bien claro la autora desde el arranque de ¿Quién es criminal?: “Un delito no es lo mismo que un pecado, pues comete un pecado quien desobedece los mandamientos religiosos o quien, según la religión, desobedece las leyes de Dios. Y no es lo mismo que un vicio o una amoralidad, pues incurre en éstos quien realiza una acción que la sociedad o que algunos grupos de la sociedad consideran como incorrecta. Entonces, comete un delito quien desobedece la ley (pues hace lo que no está permitido por la legislación) o quien comete una acción castigada por la ley (pues hace lo que está prohibido por la legislación). Esto significa que los legisladores determinan cuáles acciones están permitidas y cuáles están prohibidas o, lo que es lo mismo, determinan cuáles constituyen un delito y merecen un castigo. En este punto surgen dos preguntas. En primer lugar: ¿cuáles son las acciones que prohíbe la ley y cuáles las que permite? Y en segundo lugar: ¿quiénes son los legisladores o los autores de la ley? Comencemos por la primera” (p. 5).
Este abordaje de los contenidos es combinado con una propuesta icónica que comprueba, y reitera, la importancia del diseño editorial. La lectura de temas rasposos y complicados, como los abordados en  ¿Quién es criminal?, gracias a la combinación estratégica de narrativa e imagen, se vuelve absolutamente apetecible.
Páginas adelante aparecen más datos valiosos y divertidos, logro no menos encomiable de los creadores. La blasfemia en México y la manera en que era castigada; la usura, brujería y la homosexualidad como acciones consideradas opuestas a los principios religiosos o contrarias a las convicciones morales; el duelo, el honor y el castigo; la condena a muerte de los nobles y el ahorcamiento o decapitación como métodos no permitidos para este grupo de la población; la humanización de los procesos penales; el duelo sostenido entre los dos dueños de los periódicos “La Patria” y “La Libertad” y la manera en que el enjuciamiento de uno de ellos, el sobreviviente, no se llevó a cabo; las dos principales interpretaciones que inspiraron a las leyes mexicanas para definir y castigar a un “criminal” (el criminal actúa con voluntad o movido por el medio cultural que conforma su historia personal); casos como el de “El Chalequero” y “El Tigre de Santa Julia” y los dos corridos escritos a este último personaje en el mismo 1909, pero con visiones distintas sobre los mismos actos criminales; la manera en que, desde el siglo pasado, han circulado drogas y autoridades corruptas en las cárceles y el fracaso de escuelas y talleres en los sitios de reclusión.
¿Quién es criminal? suma a sus virtudes que no es un libro costoso. Por menos de cien pesos, los menores de edad y los que se supone estamos para ofrecerles respuestas maduras, podemos comenzar a discutir, con más y mejores bases, el mundo violento que nos toca soportar. E4

Aproximaciones conceptuales

1. Perteneciente o relativo al crimen o que de él toma origen.
2. Dicho de una ley, de un instituto o de una acción: Destinado a perseguir y castigar los crímenes o delitos.
3. Que ha cometido o procurado cometer un crimen.

DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA (Vigésima segunda edición)

 

Se entiende por criminal a todo individuo que comete un crimen o que está implicado en algún tipo de delito. Como adjetivo calificativo, el término también puede aplicarse a organizaciones delictivas. Finalmente, puede ser criminal un acto o hecho que interrumpe el designio de la ley e implica el cumplimiento de algún tipo de delito.

Definición ABC

 

Criminal es aquél que damnifica, perturba la sociedad. El criminal es el enemigo social. Esta idea aparece expresada con mucha claridad en algunos teóricos y también figura en Rousseau, quien afirma que el criminal es aquel individuo que ha roto el pacto social. El crimen y la ruptura del pacto social son nociones idénticas, por lo que bien puede deducirse que el criminal es considerado un enemigo interno. La idea del criminal como enemigo interno, como aquel individuo que rompe el pacto que teóricamente había establecido con la sociedad es una definición nueva y capital en la historia de la teoría del crimen y la penalidad.

Michel Foucault

 

 
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