Jesús Castilla Sánchez
Yo soy el dueño verdadero

Jesús Castilla.
“Con la frente en alto”
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Jesús Castilla visita Espacio4, el 7 de agosto, con la frente en alto, una carpeta ajada bajo el brazo y la palabra de Dios a flor de piel, que recita en salmos y versículos.
Predica la doctrina del amor y del perdón, pero no olvida su reclusión en el Centro de Readaptación Social de Saltillo, del 11 de octubre de 2005 al 28 de abril de 2008 —“tres Navidades”, enfatiza— por presuntos delitos fiscales.
Salí de prisión con la frente en alto y sin pagar nada a nadie, porque soy inocente. De no serlo, podría haberme refugiado en Estados Unidos donde tengo familiares, asegura.
Enseguida extiende copia de un oficio que reza: Así las cosas, de las constancias de autos se advierte que este Tribunal Colegiado de Circuito, con fecha quince de agosto de dos mil ocho, pronunció sentencia en el presente asunto, mediante el cual se concedió el amparo al quejoso (Jesús Castilla Sánchez), por considerar que se violaron sus garantías individuales, en virtud de que la sentencia reclamada se basó en pruebas insuficientes, toda vez que los medios de convicción que obraban en el sumario resultaban ineficaces para condenarlo por el delito de defraudación fiscal (…).
¿Qué reclama ahora el menor de los Castilla?
—Justicia —responde—. Robar pan se castiga con cárcel y apropiarse de un periódico, no.
El visitante salta de un tema a otro, desvela aspectos íntimos del diario y formula vaticinios sobre su futuro. Mi padre fue el verdadero fundador y propietario de Vanguardia —ahora soy yo—, pero Armando fue el que siempre figuró. Era un dinamo, hasta que tronó.
Castilla guardó silencio tras su excarcelación, pero el 3 de agosto publicó en El Diario de Coahuila, Zócalo Saltillo y El Norte de Monterrey un desplegado en el que informa sobre la negativa de amparar a directivos de Vanguardia contra actos de autoridad, emitida por el Cuarto Tribunal Colegiado del Octavo Circuito, el 24 de julio de 2009.
El ex director de Turismo del Estado se dice despojado y exige rendir “cuentas a las autoridades de la competencia sobre la administración, durante 7 años 6 meses, del periódico Vanguardia”, que adquirió “mediante venta fuera de remate a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público con fecha de 16 de junio de 1996”.
— ¿Cuánto pagó por el periódico y con dinero de quién?
— Fueron 8.7 millones de pesos por el cabezal, el equipo, el edificio… todo, libre de adeudos. El dinero lo aportó nuestro padre, quien nos heredó en vida.
En su desplegado, Castilla pide a las autoridades exigir a los administradores del diario “la rendición de cuentas” y el pago de más de setenta y tres millones de pesos de impuestos omitidos.
En verdad, quisiera que esto no hubiera ocurrido, pero pasó y ahora hay que arreglar.
— De existir alguna forma de hacerlo, ¿cuál sería?
— Estoy abierto y en la mejor disposición… Me he topado con mi cuñada Diana y con mi sobrino Armando en un par de sepelios y los he saludado. No soy de pleito, sólo aplico la palabra de Dios. (…) Armando (padre) no debió haberse peleado con Luis Horacio (Salinas), con Flores Tapia ni con los López (GIS). Si no se pelean, Luis Horacio habría sido gobernador.
— ¿Qué falló? ¿Por qué se llegó a la actual situación?
— El arsenal de abogados y contadores de Vanguardia actuó de manera dolosa.
— ¿Qué le espera al periódico? Circulan mil versiones. Patricia Torres hace otros reclamos. Hoy sobran dueños.
— Si no hay arreglo, el periódico puede venderse, tomar socios…, pero primero debe resolver su situación.
En medio de la trama, de la avalancha de rumores, verdades a medias y silencios completos, un informante que pide mantener su nombre bajo reserva asegura que la nueva propiedad de Vanguardia se distribuye así: Jesús Castilla, 45 por ciento; Patricia Torres, 45 por ciento; y Mario Castilla, 10 por ciento.
Nada se menciona de Marcos Espinoza, quien habría prestado una cantidad cuando Armando Castilla aún vivía. Fueron 800 mil pesos y ya se le pagaron, afirma Jesús Castilla. Espinoza radica en Tijuana y al parecer se encuentra delicado de salud.
La fuente sugiere que entre el diario y Jesús Castilla existe ya un primer acuerdo, según el cual éste recibirá el hotel Ok Inn y 150 mil pesos mensuales.
También aporta datos sobre la facturación mensual del periódico y sugiere que, al final, Mario Castilla y Patricia Torres podrían decidir el futuro de la empresa.
Jesús Castilla dice que cuando su cuñada tomó el control de Vanguardia, destapó la caja de Pandora. Armando manejaba las cosas a su manera.
Quizá Armando Castilla jamás haya sido propietario del periódico más influyente de Coahuila en su época, como asegura su hermano, pero sí quien le dio peso y presencia nacional. Disfrutaba de privilegios y también pagaba costos —su muerte se atribuye a un exceso de presiones—, mientras otros se beneficiaban de su éxito.
Igual que el gobernador Flores Tapia, Castilla tenía a Saltillo en el centro de sus sueños y proyectos. “Un día quise compartir con Armando la ganancia de un litigio, por la ayuda que me había prestado”, cuenta un amigo de Armando. “¿Qué es?”, preguntó. “Ábrelo y verás (era dinero)”. “Súbete”. “Entonces me llevó con los Juaninos (orden religiosa fundada por Juan de Dios) y les dijo: ‘Aquí mi amigo les trae un regalo’”.
Castilla, por supuesto, no era un santo, pero frente a la oligarquía errecegiana convendría revalorarlo. E4 |