El tiempo del amor es la percepción instantánea de todos los tiempos en uno soloInternacional de Cannes
Sobre el amor y el erotismo:
La llama doble
de Octavio Paz
Eva Paris
La naturaleza contradictoria que se revela en conceptos como caída y vuelo, sufrimiento y disfrute, libertad y sumisión, fidelidad y traición, alma y cuerpo, luces y sombras, enmarcados en las páginas de un libro

El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida.
Con tales palabras condensa Octavio Paz el significado del título de esta magnífica obra que nos hará ser conscientes de que nuestra historia de amor no es única ni sublime como solemos pensar. La llama doble es un ensayo sobre conceptos, sentimientos y vivencias que mueven el mundo: el sexo, el erotismo y el amor.
Una obra en la que Octavio Paz reflexiona de modo lúcido sobre la evolución de dichos conceptos a lo largo de la historia de la humanidad y de las letras, desde los orígenes del pensamiento sobre el amor en la antigua Grecia hasta la actualidad. Porque la historia del amor es también la historia de la literatura: “la historia de las diversas imágenes del amor que nos han dado los poetas y los novelistas”.
Octavio Paz acabó La llama doble en 1993, pero es el resultado de décadas de anotaciones que el autor fue haciendo sobre el tema amoroso.
¿Cómo ha sido vivido y pensado el amor en distintas culturas, la íntima conexión entre sexo, erotismo y amor, la relación entre el amor y las distintas religiones, o entre amor y amistad, las obras literarias y filosóficas que analizan la pasión amorosa, la naturaleza paradójica y misteriosa del sentimiento, la relación entre erotismo y poesía…?
Vamos haciendo todas estas paradas en la historia del pensamiento, de la filosofía y de la literatura con Eros como protagonista.
Especialmente fino me parece el análisis del amor cortés como momento relevante de la civilización de Occidente. El collar de la paloma o La Celestina, nuestro gran y terrible libro de amor. O el momento en que se detiene en mi querida Madame Bovary. O el paseo por el Renacimiento con el robusto verso quevediano de amor, polvo serán, mas polvo enamorado.
El amor occidental, el amor árabe, el amor hindú, el amor en el Extremo Oriente… Haremos un recorrido á través de capítulos no lineales por todo lo que significa el amor. Por su naturaleza contradictoria que se revela en conceptos como caída y vuelo, sufrimiento y disfrute, libertad y sumisión, fidelidad y traición, alma y cuerpo, luces y sombras.
Seremos testigos de las historias sublimes de mitos, dioses, personajes de ficción, hombres y mujeres que en distintas culturas vivieron el amor, el sexo o el erotismo de un modo irrepetible aunque, eso sí, guiados por la misma llama.
El autor hace un compendio de mitos, historia, ficción y cotidianidad para explicar la fabulosa llama que a todos nos toca alguna que otra vez con alguno de sus múltiples brillos.
Eros y Psique, Venus, Tristán e Isolda, Romeo y Julieta, Dafnis y Cloe, Bao-yu y Dai-yu, Krisna y Radha, don Juan, Laura, los místicos… se pasean por las páginas de La llama doble desvelando todos sus secretos y los más variados matices de la magistral mano de Octavio Paz.
También nombres como Platón, Ovidio, Dante, Petrarca, Hegel o Breton se entremezclan para ir desmenuzando los pensamientos sobre el amor. Desde esos primeros filósofos, hasta la revolución del 68, el sida y lo que Octavio Paz denomina “la degradación del erotismo”, entenderemos mucho más de la llama doble.
Una llama por la que el ser humano se guía para enfrentarse a la oscuridad del fin, de la muerte y que siempre pretendemos gozosa.
No hay amor sin erotismo como no hay erotismo sin sexualidad. Pero la cadena se rompe en sentido inverso: amor sin erotismo no es amor y erotismo sin sexo es impensable e imposible.
El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable, que cabe en nuestros brazos y que, no obstante, es ilimitada. Al abrazar a la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia. Dispersión del cuerpo deseado: vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo de mi pareja deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro. Nos perdemos como personas y nos recobramos como sensaciones.
El tiempo del amor no es grande ni chico: es la percepción instantánea de todos los tiempos en uno solo, de todas las vidas en un instante.
La condenación del amor carnal como un pecado contra el espíritu no es cristiana sino platónica. Para Platón la forma es la idea, la esencia. El cuerpo es una presencia en el sentido real de la palabra: la manifestación sensible de la esencia. Es el trasunto, la copia de un arquetipo divino: la idea eterna. Por esto, en Fedro y en El Banquete, el amor más alto es la contemplación del cuerpo hermoso: contemplación arrobada de la forma que es esencia. El abrazo carnal entraña una degradación de la forma en substancia y de la idea en sensación. Por esto también Eros es invisible; no es una presencia: es la obscuridad palpitante que rodea a Psiquis y la arrastra en una caída sin fin. El enamorado ve la presencia bañada por la luz de la idea; quiere asirla pero cae en la tiniebla de un cuerpo que se dispersa en fragmentos. La presencia reniega de su forma, regresa a la substancia original para, al fin, anularse. Anulación de la presencia, disolución de la forma: pecado contra la esencia. Todo pecado atrae un castigo: vueltos del arrebato, nos encontramos de nuevo frente a un cuerpo y un alma otra vez extraños. Entonces surge la pregunta ritual: ¿en qué piensas? Y la respuesta: en nada. Palabras que se repiten en interminables galerías de ecos. E4