Octubre negro espera detrás de la barra.
Despierto en el delirio, en el proscenio de una cruel pesadilla.
Fui bautizado con el nombre de Edgar.
Nací un 19 de enero de 1809, lo cual me convierte en capricornio.
La muerte me toca el hombro con sus huellas digitales.
La mañana me encaja las uñas y el remordimiento me vacía las venas.
La luz me hiere el rostro con una mirada.
Yago en el pico de un cuervo
las campanas desprenden su angustia.
A la luz de una vela que cierra los párpados
los alfileres y navajas envidian el peligro de la muerte.
Antes de llevar a Virginia al cementerio
le quito el abrigo,
tomo un libro del estante:
el mejor método para el tratamiento de los lunáticos.
A la mitad del sueño la noche
abre sus muslos y todo se oscurece.
Al fin me doy cuenta de que los gatos negros
son brujas disimuladas
como la niebla.