Nº 360 - 25 de agosto de 2009
 
 
 
 
 
 

Las encuestas apuntan que si las elecciones fueran hoy, el PRI ganaría; la ciudad analiza perfiles

El PAN, caído en las urnas,
apela al anticentralismo para conservar Torreón

Gerardo Hernández G.
Torreón

El embajador Jorge Zermeño y el senador Guillermo Anaya, tras la candidatura de Jesús de León, buscan retener la segunda cabecera política en importancia para poder aspirar a futuras elecciones; ante la crisis suman al alcalde José Ángel Pérez. El PRI acumuló más de medio millón de votos en julio


Olmos-De León. Hasta hoy todo parece decidido por el PRI, pero el PAN prentende, a toda costa, ganar de nuevo la capital lagunera para armar nuevos proyectos

Un sentimiento de orígenes remotos, capitalizado por el PAN, vuelve a marcar la sucesión municipal: el anticentralismo. Líderes políticos, columnistas y caricaturistas presentan al virtual candidato del PRI, Eduardo Olmos, como nueva imposición de Saltillo. Sin embargo, su carrera la ha desarrollado en Torreón, de la mano del gobernador de turno (Rogelio Montemayor, Enrique Martínez y Humberto Moreira): en 1996 fue postulado para diputado local (perdió); en 2003 para diputado federal (ganó); en 2005 para alcalde (perdió); en 2008 para diputado local (ganó) y este año para jefe de la comuna por segunda ocasión. Tras dos triunfos y dos derrotas, las elecciones del 18 de octubre desempatarán su palmarés personal.
Ciudad cosmopolita por el carácter de sus habitantes y el impulso del ferrocarril, que recibió a fines del siglo XIX y principios del XX, Torreón cumplió cien años en 2007. Su rechazo al centralismo se funda en la historia, se nutre de una sensación de abandono y se explota electoralmente. El reclamo lo motiva la preferencia de los gobiernos estatales por Saltillo. Antes, de la capital se enviaba a los jefes de Policía y Tránsito. Nazario Ortiz Garza y Román Cepeda Flores, saltillenses, fueron alcaldes a fines de los 20 y de los 40. Luis Horacio Salinas y Carlos Ortiz Tejeda, capitalinos sin arraigo en la región, representaron a la ciudad en la Cámara de Diputados, de 1970 a 1973 y de 1976 a 1979, respectivamente.
Crisol de culturas y razas, Torreón ha sido gobernada también por gente nacida en Monterrey (Homero del Bosque, PRI), San Antonio, Texas (Francisco José Madero, PRI), y Ciudad de México (Jorge Zermeño, PAN).
Torreón estrenó alternancia en 1996, con el triunfo de Zermeño sobre el priista Salomón Juan Marcos Issa, en medio de un escándalo nacional de tráfico de influencias que involucraba al gobernador Rogelio Montemayor y a su familia por la adquisición del complejo agroquímico de “Pajaritos” (Fertimex). Ese mismo año, el PRI perdió también la alcaldía de Saltillo por vez primera, frente al panista Rosendo Villarreal. Acción Nacional gobierna Torreón —principal enclave opositor en el estado— desde hace siete años.
Pero lejos de vivir hoy sus mejores días, el PAN, que en septiembre celebrará 70 años de su fundación, está en crisis mientras el PRI atraviesa por una racha ganadora, confirmada el 5 de julio. Cosas de la democracia. La percepción, ahora, es que Olmos puede ganar la alcaldía, apoyado en varios factores: 1) la fortaleza estructural y disciplinaria del PRI, 2) el deterioro del PAN a escala municipal, estatal y nacional, 3) el desencanto en el ayuntamiento, 4) su cercanía con el gobernador Humberto Moreira, y 5) su propia estructura electoral, basada en la Secretaría de Desarrollo Regional y la experiencia de cuatro elecciones, las tres últimas consecutivas.
Olmos se apalanca en el gobernador y en el presidente del PRI estatal, Rubén Moreira. De León —síndico, diputado local y diputado federal— pertenece al grupo político del embajador Jorge Zermeño y del senador Guillermo Anaya. Forzado por este momento crítico, tendrá que negociar y lograr acuerdos con el alcalde José Ángel Pérez, así sean transitorios y por conveniencia.
El PAN ganó Torreón en 1996 con 71 mil 216 votos contra 58 mil 523 del PRI. En 2002 obtuvo 75 mil 737 y el PRI 66 mil 341. Tres años después, ambos partidos registraron su mayor crecimiento al acumular 113 mil 745 votos (José Ángel Pérez) y 94 mil 532 (Eduardo Olmos). El fenómeno se atribuye todavía hoy al “factor Zermeño” —ausente en las dos últimas elecciones— y en segundo término al regionalismo: un lagunero y un saltillense disputaban la gubernatura.
Por ello se conjeturó que el PAN echaría mano del embajador en España o del senador Anaya para asegurar Torreón. Acaso por el riesgo que hoy entraña un municipio que los priistas daban por perdido hace apenas un año, ambos optaron por el diputado Jesús de León. El apoyo de Zermeño al virtual candidato del PAN será relativo, por los más de nueve mil kilómetros que median entre esta ciudad y Madrid. Olmos tiene al gobernador a menos de trescientos kilómetros.
En Torreón el voto por el PRI y el PAN está definido y difícilmente rebasará el 18 de octubre la capacidad productiva de sus respectivas estructuras. Incluso el incremento de sufragios entre la elección de diputados y de alcaldes el PRI lo obtuvo ya el 5 de julio. Acción Nacional, simplemente, se achicó. Para el Partido Revolucionario, lo ideal sería mantener por lo menos los números del último par de comicios. En 2008 captó 443 mil votos en los veinte distritos locales contra 128 mil del PAN; y este año, 505 mil en las siete circunscripciones federales, donde Acción Nacional sólo alcanzó 170 mil.
Estas cifras alejan al PAN de la gubernatura, pues jamás el PRI había rebasado la barrera del medio millón de votos. No obstante, en votaciones para alcaldes y gobernador, la ciudadanía vota distinto. A los diputados los percibe todavía distantes y más comprometidos con las cúpulas de sus partidos que con los intereses generales.
El desafío del PRI consiste en conservar los niveles de votación de 2008 y 2009 que le han merecido no sólo el reconocimiento del Comité Ejecutivo Nacional que preside Beatriz Paredes, sino también de gobernadores. Basado en encuestas propias y ajenas, líderes del PAN admiten la fortaleza del gobernador y el crecimiento espectacular de su partido en los dos últimos años.
El PAN afronta en Torreón múltiples problemas. La división interna, el amiguismo y los cuestionamientos contra la administración de José Ángel Pérez se reflejaron en las urnas: las seis diputaciones locales y federales de mayoría relativa que ganó en 2005 y 2006, las perdió en las siguientes elecciones. En términos de imagen, Moreira registra mayor aprobación. Una encuesta en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UA de C de Torreón, previa a las elecciones del 5 de julio, le otorgó al gobernador una calificación de 6.6, al presidente Calderón de 6 y al alcalde de 4.7, en una escala de uno a diez (Espacio4, 356). En sondeos mediáticos, Moreira rebasa los ocho puntos (El Siglo de Torreón, 16-8-09) e incluso es uno de los gobernadores mejor calificados del país.
A escala nacional, la aprobación del presidente Calderón —primera figura del PAN— es de sesenta y un por ciento, según Consulta Mitofksy. El nivel es aceptable si se considera el tamaño de la crisis económica y de seguridad. Sin embargo, no favoreció a su partido en las elecciones federales, jornada en la cual, además de perder su posición de primera fuerza en el Congreso, fue incapaz de conservar los gobiernos de Querétaro y San Luis Potosí.
En Coahuila, el PAN tampoco ha podido articularse como oposición ni proponer un liderazgo claro a sus militantes y a la sociedad. Todo parece orbitar en torno al senador Anaya, compadre del presidente Calderón y principal aspirante de ese partido al gobierno del estado. La mayoría de los delegados federales depende de él. Frente a un “gobernador fuerte” —expresión que escuché de un legislador panista—, Acción Nacional no ha sabido reaccionar. Todo esto le da ventaja al PRI.
Pero Torreón, en materia electoral —máxime cuando se trata de la alcaldía—, es otra cosa, como dice Armando Fuentes Aguirre Catón de Saltillo con respecto de las principales capitales del mundo. E4

 

El voto ciudadano, única opción frente al voto duro

Decisiones equivocadas, divisiones y defecciones de líderes como Francisco Dávila hicieron perder al PRI en el pasado


Paco Dávila. Con sus votos perdió el PRI en 2002

Parece verdad de Perogrullo, pero no lo es: El partido, candidato, planilla y oferta política que persuada y movilice a la ciudadanía, ganará la alcaldía. La explicación es que cuando la afluencia a las urnas supera al voto duro, los comicios los deciden los electores, no los partidos.
En el caso de Torreón, las opciones son el PRI y el PAN. La votación máxima de la izquierda se remonta a 2002, no por un súbito corrimiento social hacia ese espectro, sino por los más de veinte mil sufragios que Francisco Dávila le produjo al PRD y al PT, la mayoría de los cuales se los restó al PRI. En esa ocasión, Guillermo Anaya venció a Laura Reyes Retana con una diferencia de nueve mil votos.
En previsión de nuevas desbandadas, el líder estatal del PRI, Rubén Moreira, advierte a sus correligionarios que cualquier disidencia es traición. Para evitar casos como el de Dávila —que en la superficie no se vislumbran, pero en las profundidades quién sabe—, el Revolucionario Institucional promovió cambios a la ley para evitar que ex militantes de un partido sean postulados por otro en la elección inmediata. El Congreso local aprobó la reforma, pero el Tribunal Electoral de la Federación la anuló.
Brotes de inconformidad por designaciones de candidatos, para las elecciones municipales del 18 de octubre, se observan en Múzquiz, Acuña, Arteaga, Ramos Arizpe, Parras y General Cepeda. El primer caso es el más sonado. Enrique Falcón Cepeda renunció como recaudador de Rentas para promover su candidatura a la alcaldía, fuera del PRI. Protesta por la postulación de la diputada Verónica Boreque Martínez, hija de un cacique local ya fallecido y hermana del ex presidente municipal y diputado federal electo Hugo Martínez.
En una carta que circula por Internet, Falcón, popularmente conocido como “el Maguso”, expone:
Hace algunos años, en la última elección interna del PRI, les dije claramente: “Tú decides, vota por un presidente de 4 años o por uno de 6 meses”. La gente decidió por el alcalde de seis meses, y por ello hoy nos gobierna un sustituto por el que nadie votó, y que no le responde a los muzquenses sino a sus verdaderos jefes. Aunque sea difícil, aunque los dados estén cargados en contra, aunque algunos crean que todo está cocinado, no podemos dejar que ese estilo de hacer política se haga tradición.
Hoy parece que la película busca repetirse con el mismo director, el mismo productor, y los mismos artistas en escena. Te invito a pensar en la alternativa. Juntos podemos construir un equipo con gente originaria de este pueblo, que vea el ejercicio de gobierno como un llamado de servicio y no como una oportunidad para escalar puestos y quedar bien en Saltillo. Nuestros problemas aquí están y ningún padrino político o cacique va a resolverlos por nosotros. ¡Vamos a entrarle, y vamos a entrarle con todo!
En Torreón no existe el riesgo de una defección igual, pero sí corrientes del PRI que en público aceptan la candidatura de Olmos, pero en privado la repudian, pues su favorito era Antonio Juan Marcos Villarreal. El peligro es que, por acción u omisión, le arrimen votos al candidato panista Jesús de León.
Sobre los demás aspirantes visibles a la alcaldía, con quien mayor cuidado debe tener el PRI es precisamente con Juan Marcos Villarreal, sustituto de Olmos en la Secretaría de Desarrollo Regional. Su primera declaración fue que para ganar Torreón, luego de diez años de administración panista, se sumaría al candidato de su partido. “El compromiso debe ser llegar al poder y mantenerlo” (El Siglo de Torreón, 6-8-09), expresión que podría constituir un delito electoral.
La exposición de Marcos Villarreal en los medios confunde y recuerda, salvada la distancia, el protagonismo de Manuel Camacho tras la postulación de Luis Donaldo Colosio en 1994.
Fuera de eso y de la eventualidad de que el PAN despierte el sentimiento regional y anticentralista —propio de los laguneros—, las cosas para el PRI marchan sobre rieles. En términos electorales, el trabajo del tándem Humberto Moreira-Rubén Moreira ha sido sobresaliente, como lo demuestran los resultados de las dos últimas elecciones.
En los comicios del 5 de julio para renovar la Cámara de Diputados, el PRI coahuilense alcanzó la mayor votación porcentual: 61.24, seguido por Yucatán (52.5) y Durango (51.4).
Aun así es difícil que gane las treinta y ocho alcaldías, de las cuales perdió nueve en 2005: seis con el PAN, solo o en alianza con la UDC, (Abasolo, Acuña, Escobedo, Juárez, Ramos Arizpe y Torreón) y tres con el PRD (Jiménez, Sacramento y San Pedro).
La explicación es que las alcaldías inciden más en el ánimo social. La competencia por los ayuntamientos, que sólo en Coahuila duran cuatro años, suele ser enconada, tanto en municipios grandes (Torreón) como medianos (Acuña) y pequeños (Múzquiz).
Por eso la dirigencia del PRI se esmera en no dejar resquicios para la división ni para la oposición. Sólo un cataclismo le evitaría ganar la mayoría de las alcaldías. Y el PAN, por lo que se aprecia, hará todo posible para que ocurra, al menos en Torreón, por lo que significa para sus aspiraciones de ser gobierno. E4

 

Olmos-De León vistos por la prensa

Las candidaturas de Eduardo Olmos (PRI) y Jesús de León (PAN) fueron recibidas con escepticismo en los medios, reflejo el desánimo social. Columnistas de Torreón y Saltillo coinciden en que el PRI pasa por su mejor momento y está en condiciones de ganar el 18 de octubre. No obstante, critican el centralismo y advierten que la postulación de Olmos abre a Acción Nacional resquicios para conservar la alcaldía que ocupa desde 2002.

 

Elecciones municipales

En su columna Archivo adjunto del 5 de agosto, Luis Fernando Salazar Woolfolk opone al efecto Zermeño (positivo en las urnas) el factor José Ángel (negativo) como amenaza para que el PAN.
Sobre Olmos y De León dice que representan “la confrontación de dos proyectos, el del PAN enraizado en precedentes que lo vinculan con la ciudadanía y el del PRI, totalmente enmarcado en la regeneración del viejo sistema priista de partido de Estado...”.
“La fortaleza de Chuy de León depende de la valía de su propia trayectoria y de los precedente de dos gobiernos municipales panistas que dejaron buen sabor de boca (...) y su mayor debilidad reside en el pésimo desempeño de la administración de José Ángel Pérez.
“...el lanzamiento de Eduardo Olmos Castro encuentra su mayor fortaleza y su mayor debilidad en el mismo factor de total dependencia del proyecto moreirista, que si bien goza de una percepción positiva (...) resulta ajeno a la comunidad torreonense, y depende de la voluntad omnímoda del gobernador. A ello se debe que en la decisión hayan sido postergados los liderazgos priistas que no gozan del apapacho del ocupante del Palacio Rosa. (…)
“Sin embargo, en política no hay nada escrito, quienes piensen que los torreonenses estaremos mejor con un alcalde impuesto desde Saltillo (...) que recuerden a Zermeño y Anaya que gobernaron con acierto (...) manteniendo la dignidad de su posición como alcaldes de Torreón, y sin caer en confrontaciones estériles con el gobernador...”.
Concluye que “los ciudadanos libres de Torreón (…) siempre han repudiado el autoritarismo y el vasallaje”.
El columnista es esposo de Carmen Fernández, regidora del ayuntamiento que presidió Jorge Zermeño. Su hijo, Luis Salazar, es delegado de la Sedesol.

Ya con candidatos

Enrique Irazoqui Morales, director de Operaciones de El Siglo de Torreón, destaca en su columna No hagas cosas buenas…, del 7 de agosto, “hay muchos más visos de interés ciudadano en participar en la contienda para elegir al sucesor de José Ángel Pérez”, que en las precedentes de octubre y julio para nombrar diputados. Admite que “al día de hoy parece que el resultado de la contienda (Olmos-De León) está decidido, y con ello el gobernador podrá satisfacer su apetito electoral”. “(…) hasta ahora juega perfecto, (pero) le falta una ficha: Torreón. Si hace poco más de un mes (…) fue capaz el PRI de doblar al PAN en votación, sería casi temerario suponer que De León tiene posibilidad alguna de llevarse el triunfo.
“Sin embargo, la nominación de Eduardo Olmos en ciertos grupos no ha caído bien. (...) es de marcado rechazo, ya es visto como la pieza elegida por Moreira y producto del viejo priismo para acceder a la presidencia, cosa que no hubiera sucedido si el candidato hubiera sido (Antonio) Juan Marcos…”.
Dice que “Eduardo se sentará en la silla que se le negó hace cuatro años”, pero enseguida rectifica: “no está del todo definido”.

Después de Olmos, Antonio

En Addenda del 15 de agosto (“Lecciones que hay que aprender”), Germán Froto dice “Por primera vez en muchos años, el PRI tiene la posibilidad de recuperar la presidencia municipal (…). Pero para que eso sea realidad tienen que darse determinadas condiciones. (…) Eduardo Olmos y su equipo, tienen que aceptar que esta segunda oportunidad, es sólo eso. (…) Creer que ya triunfaron y que no necesitan de nadie es el error más grande que pueden cometer (…) desunidos no se logra nada y sólo se facilita el trabajo del oponente”.
“(El PRI) es un partido fuerte, porque sabe mantenerse unido. Porque conoce lo que es la disciplina, que no es sumisión. (…) En política, se gana y se pierde, pero nadie está acabado hasta que se muere”.
Para el rival priista de Olmos, sólo tiene elogios “Antonio Juan Marcos, a pesar de su edad, supo actuar con sensatez y ceder el espacio para no fracturar la estructura del partido”. Pero además lo destapa como sucesor “dentro de cuatro años, Antonio Juan Marcos tendrá 37 (…). Y con la ventaja de que es de esperarse que reciba una Administración menos complicada”.
Froto es magistrado y en el sexenio de Rogelio Montemayor fue diputado local por el PRI. Su simpatía por Juan Marcos Villarreal coincide con la de otros miembros del grupo conocido como “los coffe boys”.

 

Lo que está en juego

Así encabeza Rodolfo Walls, candidato a tercer regidor de la planilla que preside Jesús de León, su columna Acotando, de La Opinión Milenio, el 10 de agosto. Postula, como Salazar en El Siglo, la tesis de los dos proyectos.
“…una de las propuestas es hacer de Torreón un satélite gobernado a control remoto a más de 250 kilómetros de distancia por una sola persona desde las oficinas de un partido político y siempre asegurándose que Torreón no sobresalga y explote todo su potencial, no vaya a ser que se vuelva demasiado atractivo y termine por arrebatar proyectos de inversiones privadas que están orientadas exclusivamente para el sureste del estado.
“Por otro lado, se vislumbra un proyecto para que las decisiones de cómo gobernar se tomen por los propios torreonenses, construyendo puentes de participación ciudadana y no dejando las decisiones en manos de una sola persona, y menos aún, alguien extraño a nosotros y con intereses ajenos…
“Uno de los proyectos plantea a Torreón como un botín político; el otro, como la causa que queremos para nuestros hijos”.

Intimidades colectivas

En esta columna, Edgar Salinas Uribe ha dedicado una serie al tema “La batalla por la presidencia de Torreón”. En la sexta parte, el 10 de agosto, cuestiona: “¿Y los equipos?” —de Olmos y De León. “Es prematuro preguntar por ello pero me parece una cuestión incluso más relevante que la del nombre de los candidatos”.
Sostiene que “uno de los parámetros para evaluar la estatura de un líder está en el equipo que elija para acompañarlo en su misión (…) el perfil surge de la tensión entre las cualidades de una persona y los retos de la porción de realidad que tiene como reto transformar. (…) la fuerza de los candidatos puede verse enriquecida por los perfiles que elijan”.

 

Las tres bofetadas

César Tovar escribe el 11 de agosto en su columna Todos los fuegos: “Sólo muy pocos, además de sus incondicionales, creyeron que Antonio Juan Marcos Villarreal sería designado por Humberto Moreira como el candidato del PRI a la alcaldía de Torreón; incluso él mismo, conforme la fecha de la decisión fue acercándose, comprendió que no tenía oportunidad ante Eduardo Olmos, delfín del gobernador. Primera bofetada.
“La segunda, quizá la más dolorosa, fue al percatarse de que nunca hubo una competencia verdadera, es decir, reconocer que sólo fue utilizado para enaltecer el maquiavélico ‘espíritu democrático’ del tricolor coahuilense.
“Y, por si los dos reveses anteriores no le dejaban aún en claro quién manda, llegó el tercero: ser nombrado Secretario de Desarrollo Regional en La Laguna. Y es que, el súper trampolín que posicionó a Olmos como el mecenas torreonense para Juan Marcos puede significar su degradación política.
Paradójicamente, no podrá hacer uso de las herramientas y recursos de la SDR que tanto le dieron a su antecesor, pues se encontrará copado, limitado en todo sentido, como mera figura decorativa si Olmos gana la alcaldía, lo cual es más que probable” (…).
“Entretanto, luego de hacer a un lado a Juan Marcos, Olmos y los Moreira preparan el asalto a la presidencia. Y vaya que tienen trabajo, pues se encontrarán con un polvorín”.
Entre Olmos y los Juan Marcos existen viejos agravios. Uno lo causó un reportaje en la revista Proceso, acerca de presuntos negocios turbios de la familia del segundo, que el mayor de los hermanos (Salomón) atribuyó al ahora candidato. Si las rivalidades no se zanjan, Olmos podría tropezar el 18 de octubre.

 

¿Saraperos vs Vaqueros?

Lagunero arraigado en Saltillo, Luis García Abusaíd pregunta “¿De dónde surgen las distancias, no sólo geográficas, sino culturales, que separan a saltillenses de torreonenses y viceversa?
En Otra opinión, espacio que Zócalo Saltillo publica los domingos, el sociólogo aborda el 16 de agosto la sucesión municipal desde la perspectiva del funcionalismo estructural. Plantea que “Los saltillenses perciben a los torreonenses como abiertos, acelerados, conflictivos y liberales; mientras su contraparte los aprecia cerrados, lentos, pasivos y conservadores”. Advierte que “el conocimiento real entre ambos grupos se dificulta y se erigen barreras que podrían generar, en el largo plazo, problemas de gobernabilidad política o distribución racional del agua entre ambas ciudades, por ejemplo.
Más adelante vuelve a las preguntas “¿existe evidencia histórico-empírica que permita sugerir una relación centralista y autoritaria de manera consistente entre el Gobierno central y Torreón? (…) Sería interesante comprender el porqué de las tendencias regionalistas-autónomas de Torreón (…) ¿existen éstas como reacción al poder centralista saltillense? (…) ¿De qué manera específica han estimulado los diversos grupos étnicos que configuran el rostro de Torreón tales tendencias regionalistas-autónomas? (…) ¿cuáles son los rasgos distintivos de la cultura política predominante en Torreón?...
“De no entenderse tal historia, de la cual Saltillo y Torreón son corresponsables, nunca podremos asumir como coahuilenses nuestras responsabilidades éticas y políticas. (…) De ser así, el terreno será fértil para que el regionalismo continúe abonado la división y el conflicto futuro entre Saraperos y Vaqueros”.
García Abusaíd es funcionario del gobierno del estado.

 

 
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