Un comercio más libre entre las naciones ha contribuido a reducir la pobreza mundial diecinueve por ciento en las últimas dos décadas. Sin embargo, en el marco de la crisis global, en la cual los precios suben y los ingresos de las familias van en picado, lo más probable es que la pobreza registre un crecimiento importante.
Mientras Francia y Alemania anuncian el fin de la recesión en sus economías, los países de Latinoamérica dan tumbos entre números rojos. México encabeza la lista de la OCDE en términos de desigualdad y los programas federales no parecen suficientes para paliar la situación.
Mitos y realidades de la globalización
Expertos consideran que la globalización es un proceso beneficioso y clave para el desarrollo económico a escala mundial. Otros, por el contario, la ven con hostilidad pues consideran que suscita una mayor desigualdad entre las naciones —y al interior de las mismas—, amenaza el empleo, las condiciones de vida y obstaculiza el progreso social.
Con el impacto de la actual debacle económica, varias voces se levantaron en contra de la globalización, entre ellas las del ex subsecretario del Tesoro de Estados Unidos, Roger C. Altman, quien pone en duda los acuerdos de libre comercio de su país con Colombia, Panamá y Corea del Sur, al tiempo que augura un ascenso en el papel del Estado, junto con el proteccionismo comercial y financiero, evidente en la estrategia seguida por Barack Obama cuando, ante la crisis, rescató parte del sector bancario y la industria automotriz.
Si bien desde inicios del siglo XX se aprecia que la brecha de ingresos entre los países ricos y pobres se ha ampliado ostensiblemente a partir de la desigualdad en su distribución, este factor no lo explica todo. Una medición más amplia del bienestar que tiene en cuenta las condiciones sociales —educación, esperanza de vida, etcétera— muestra que los estados más pobres han logrado considerables avances. En Sri Lanka, por ejemplo, los indicadores sociales son alentadores. Países como India, China y Corea del Sur, que se han acogido al mercado libre, muestran una disminución en sus índices de pobreza. Una indagación de Pew Global Attitudes Project arroja que más del noventa por ciento de los encuestados en estas naciones considera que “casi toda la gente está en mejor situación en una economía de libre mercado, aunque alguna gente sea rica y otra sea pobre”.
Otro trabajo realizado por el Pew Research Center revela que el cuarenta y cuatro por ciento de los norteamericanos considera que el TLCAN beneficia a todas las partes que lo conforman, cifra que supera el treinta y cinco por ciento que se manifestó así el año pasado.
A pesar de la política implantada por Obama, para John Murphy, integrante de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, las bases del libre intercambio siguen en pie. “Estamos alarmados y preocupados por algunas medidas como la ley ‘Compre estadounidense’, pero en realidad hay mucho menos proteccionismo de lo que parece”.
En ese sentido es importante separar, por un lado, el avance del mundo hacia la globalización y, por el otro, los nuevos papeles que debe interpretar el Estado moderno en aras de aportar mayor dinamismo a la economía nacional, convirtiéndolo en un eje subsidiario y regulador, pero en un sentido muy particular, porque se trata de reglamentar para que los mercados funcionen competitivamente.
Bajo estas premisas, un comercio más libre entre las naciones ha contribuido a reducir la pobreza mundial diecinueve por ciento en las últimas dos décadas, según datos del Banco Mundial.
Tierra de desigualdades
México es líder en niveles de pobreza y desigualdad de ingresos entre los treinta miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, según el último informe de la entidad, en octubre de 2008. Pese a ser la segunda economía de América Latina, su dependencia de Estados Unidos la hace muy vulnerable, especialmente cuando su principal socio comercial también está en crisis.
Según cifras de la OCDE, que preside el mexicano José Ángel Gurría, ese desafortunado liderazgo lo mantenemos a pesar de haber experimentado una “caída significativa” en el nivel de disparidad de los ingresos —más que cualquier otro país de la organización durante la última década.
Este avance, aunque notable, no fue suficiente para perder el primer puesto pues el coeficiente de disparidad de ingresos en México es todavía 1.5 veces superior a la media de países de la OCDE y el doble de naciones como Dinamarca.
En lo que a pobreza infantil se refiere, no le va mucho mejor, con un 22.2 por ciento de niños en la miseria, ocupa el segundo lugar, precedido de Turquía, con 24.6 por ciento.
Plan de defensa

Objetivos comunes. El presidente calderón flanqueado por el primer ministro de Canadá, Harper, y el presidente Obama
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Las proyecciones que el secretario de Hacienda y Crédito Público, Agustín Carstens, hizo en febrero sobre el crecimiento nulo en 2009, pronto se quedaron por debajo de las expectativas. Apenas tres meses después, ya se declaraba la recesión económica a escala nacional.
En tal escenario, muchos dan por sentado que la pobreza se extenderá más aún en nuestro país. Sin embargo, el secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero Arroyo, guarda cautela.
“Las mediciones indican que en todo el mundo va a aumentar el número de pobres (...) En México ¿cuántos más va a haber como consecuencia de la recesión económica? Habrá que esperar”, dice el funcionario.
En lugar de reducir la miseria los esfuerzos apuntan a detenerla, aunque según Cordero es una misión que “evidentemente está muy atada al desempeño económico que tenga el país”.
Si bien calificó de lamentable que tres millones de mexicanos coexistieran en un entorno infrahumano, asegura que el presidente Calderón hace su parte mediante la construcción de centros educativos, clínicas y la dignificación de la vivienda para mejorar la situación de esas familias.
“Estamos llegando a ellas, por primera vez en muchos años, a través de un programa alimentario que no se basa únicamente en darles recursos suficientes para poder comprar lo necesario para comer, sino que además las capacitamos para que puedan tener el componente nutricional adecuado”, afirma el economista.
El principal programa es “Oportunidades”. Consiste en hacer transferencias de dinero a los hogares con menos recursos, a cambio de que los niños vayan a la escuela y tengan acceso a una clínica de salud.
“México ha sido un país muy desigual por muchas centurias, por muchos siglos, no es un fenómeno nuevo, sigue estando presente, no lo vamos a negar. Sin embargo, creemos que con programas como ‘Oportunidades’, el ciclo generacional de la pobreza poco a poco se va a ir rompiendo”, dice Cordero. E4
| México en números |
- Tres por ciento de la población vive con menos de un dólar al día (medida internacional para la pobreza extrema)
- 14 millones viven con menos de 2.50 dólares diarios
- 40 millones viven con menos de 4.50 dólares diarios
Secretaría de Desarrollo Social de México |
- 40 por ciento de la población es pobre
- 18 por ciento vive en la extrema pobreza
Banco Mundial |
- En los últimos dos años, la pobreza extrema aumentó de 13.7 por ciento a 20 por ciento
Cámara de Diputados de México |