El hombre necesita la música para no sentirse solo porque es un ser gregario: Brouwer
El arte de traducir en música
los paisajes
universales
Autor de centenares de composiciones
y música para cine, Leo Brouwer emplea
su fascinación por la guitarra para comunicarse con los demás.
Afirma que sin música,
no habría paz en la tierra
Lucía Sánchez

El Festival de Guitarra del Noreste, que año con año se realiza en Saltillo, contó en esta ocasión con un invitado de honor, a quien se le rindió tributo por su extensa trayectoria como compositor para cuerdas: el cubano Leo Brouwer.
Ejecutante y director de orquesta, Brouwer ha destacado a nivel internacional por la pasión con la que ha realizado su trabajo ante las partituras. Luego de varios intentos, el gobierno de Coahuila por fin pudo concretar la invitación a dicho festival, que está dirigido y estructurado por el guitarrista saltillense Martín Madrigal. Este homenaje realizado en julio se sumó a los múltiples que se realizan en todo el mundo con motivo de sus setenta años de vida.
El músico nació en La Habana, el 1 de marzo de 1939, donde comenzó a tocar la guitarra a la edad de 13 años atraído por el sonido flamenco y motivado por su padre, que era doctor y guitarrista aficionado. Su primer maestro real fue Isaac Nicola, quien fue alumno de Emilio Pujol, y a su vez éste fue alumno de Francisco Tárrega. Dio su primer recital a la edad de diecisiete años, aunque para este tiempo sus composiciones ya empezaron a llamar la atención. Preludio (1956) y Fuga (1959), ambas con influencia de Bartok y de Stravinsky, son muestra de su temprana comprensión de música no propia de la guitarra. Viajó a Estados Unidos para estudiar música en la universidad de Hartford y posteriormente en la Juilliard School, donde Stefan Wolpe le enseñó composición.
Temprano en su carrera, Brouwer compuso sus Estudios Simples 1-20 para ampliar los requerimientos técnicos de la ejecución en la guitarra. Con estos estudios, Brouwer produjo sin duda una obra mayor en el desarrollo de la técnica en la guitarra, haciéndolos no solo técnicamente demandantes sino también altamente musicales.
Su obra, ritmos y contextos
Las primeras obras de Brouwer representan su contexto cubano y muestran la influencia de la música afrocubana y su estilo rítmico. Un buen ejemplo de este periodo es el Elogio de la Danza. Aunque es para guitarra sola, su segundo movimiento es un tributo a los ballets rusos (clara conexión con Stravinsky) siendo además éste coreografiado. Le siguieron trabajos como Sonograma 1 donde se refleja el uso de la incertidumbre. En este período incorpora el uso del serialismo, el dodecafonismo y los modos seriales abiertos que en la época se consideraban avante garde y que en parte son inspiración de compositores que escuchaba con predilección como Luigi Nono y Iannis Xenakis.
Su último período es prácticamente en su totalidad minimalista: Brouwer lo describe como el desarrollo de un sistema modular. El Decamerón Negro (1981) es probablemente el primero en este estilo. Se escriben además la Sonata (1990), Paisaje cubano con campanas (1996) y Hika (1996) en memoria del compositor japonés Toru Takemitsu es la más reciente.
Además de excelente compositor, Brouwer es un ávido arreglista de otros compositores como Elite Syncopations, incluso ha trabajado con canciones de The Beatles, entre muchas otras que ha arreglado para guitarra sola.
Ha ocupado varios cargos oficiales en Cuba, incluyendo el de director del Instituto de Cine del Departamento de Música de Cuba. Entre sus obras encontramos gran cantidad de piezas para guitarra, varios conciertos y más de cuarenta obras musicales para cine. Tiene una activa participación en la organización del Concurso y Festival Internacional de Guitarra de la Habana. Es además fundador del Grupo de Experimentación Sonora del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematrográfica ICAIC. En 2009 mereció el Premio Nacional de Cine 2009 por su fecunda vinculación con la cinematografía de la isla, que enriqueció con partituras memorables.
Cautivo de la música
En entrevista con la revista Les Cahiers de La Guitare, concedida en 1988, el compositor habló de sus primeros contactos con la música. “Me crié en una familia de músicos, algunos de ellos muy conocidos, como mi abuelo Ernesto Lecuona, autor de la Malagueña, Andalucía, La Comparsa, todo piezas de carácter popular, y muy aplaudidas a nivel internacional. La Malagueña era muy célebre, y lo sigue siendo. Mi padre era biólogo, un científico que adoraba pulsar la guitarra tocando de oído la Danza n°5 de Granados, Tárrega, el Chôro de Villa-Lobos... Un día que le oí tocar, el timbre de la Guitarra me fascinó y me cautivó. Con mis 12 años, en cuatro meses, como un fanático, ya tocaba la danza de Granados Andaluza. Más tarde empecé a estudiar con Issac Nicola. La primera vez que entré en contacto con él, le escuché tocar música de Milán, Narváez, Mudarra, Sor ¡Una hora extraordinaria!... y Robert de Visée —muy bien tocadas—. ¡Esto fue para mí una revelación!”.
Mientras estudiaba en la Julliard School, la gran revelación fue el contacto con el maestro Vincent Persichetti, quien tocaba el órgano y el piano además de ser director. “Este maestro no me enseñó la composición, pero me dijo textualmente: no es necesario que estudies la composición: ¡compone!”, narró Brouwer.
El compositor se describió así: “yo soy como cualquier ser que ha adquirido progresivamente su cultura, que lee dos o tres idiomas, la literatura y la poesía, que ve la pintura del mundo interior, y que observa las tradiciones del Egipto o de la cultura oral del África. Mi música de orquesta puede ser tranquilamente orgánica si no ésta no sería buena, pero todo es orgánico como mi cultura occidental”.
Acerca de la guitarra, señaló que es un instrumento que está impregnado de magia. ”No es la guitarra un límite, sino más bien el uso que el guitarrista hace de ella culturalmente”, expuso, “la guitarra continúa siendo un instrumento mágico. Mi único desacuerdo es la cuestión del repertorio. El concertista debería de tocar un repertorio muy diverso”. Debido a esta fascinación por la música y el instrumento de cuerdas, declaró que no pretende separarse de estos elementos que considera vitales para su vida. ”Cuando compongo lo hago para satisfacer la necesidad de comunicar con los demás.”
La música y el cine
Aunque Leo Boruwer pertenece indiscutiblemente al mundo de la música —el universo en el cual se enseñorea como una de las presencias más contundentes del siglo XX cubano— un arte tan integrador como el cine lo incluye también como uno de sus creadores más destacados, y es en virtud de tales aportes que se le atribuyó el Premio Nacional de Cine. Casi medio centenar de bandas sonoras fueron compuestas por él, de modo que consiguió aportarle, a una cinematografía naciente, la extraordinaria calidad musical en algunas de las bandas sonoras más notables, esas que acompañan a filmes conscientemente aplicados al enaltecimiento de lo cubano en cine y que contribuyeron a configurar la identidad nacional en el mapa mundial del séptimo arte. Ese alto sitial que ocupan se debe también a la música que los complementa y prolonga en la imaginación y el recuerdo del espectador
Brouwer explicó varias veces las múltiples analogías entre el cine y la música. Al primero lo caracteriza el guión, la temática visual, el ritmo de las imágenes, el fondo de la locación, la atmósfera dramática y la edición, mientras que la música, igualmente, posee plan composicional (equivalente al guión), temática melódica, ritmo sonoro o tempo, atmósfera sonora a través de la armonía o background, intensidad sonora para subrayar la atmósfera dramática y composición que se emparenta con la edición. De acuerdo con tales analogías, el compositor aseguraba que en música para cine se debe evitar utilizar una estructura musical que contenga de manera redundante, pleonásmica más bien, los parámetros análogos entre música y cine.
Esta concepción del autor sobre el cine y sobre la música para cine, en términos de arte, no es una frase hecha que se les endosa a todos los grandes creadores de estas disciplinas. A mitad de la década de 1980, cuando comienza a descender el número de colaboraciones con el cine, Leo aseguró en una entrevista para la revista Bohemia que “la salud del cine cubano es pobre. Es mi cuna, le debo al cine incluso hasta las formas composicionales de mi música en general, puesto que el cine cubano nace con fuerza y creatividad extraordinarias, con una razón de ser y formas propias. Pero como siempre, cuando hay un resultado que avalar políticamente, cuando un cine como el nuestro, con tantas dificultades económicas, necesita corresponderse con las interpretaciones económicas de la cultura, surge una contradicción enorme: o el cine se vende o se arruina. De ahí que en los últimos años se muerda la cola, dé vueltas alrededor de qué es el cine cubano, con el resultado de montones de películas que pueden cumplir quizás una función de entretenimiento, y que sin plantearse ser obras de arte, podrían trascender más como cine”. |
La música y la paz
Para el también miembro de honor de la UNESCO, la música es tan indispensable para el ser humano que afirma que “si el mundo estuviese 48 horas sin música se produciría una catástrofe a nivel mundial”, señaló en entrevista al periódico La Opinión de Murcia, a principios de este año. En esa conversación afirmó que su compañera es, y será, la guitarra. “Como instrumento amoroso, ideal, es la guitarra por su intimidad y por su complejidad. Pero debo decir que conozco a la perfección la técnica de cerca de cuarenta instrumentos, aunque para hacer justicia hay que decir que estos cuarenta sólo pertenecen a cuatro familias”.
Bajo el amparo de su trayectoria y dedicación a la música, Brouwer se encuentra con el manto de autoridad de solicitarle a los ejecutantes que se acerquen a toda clase de música. “Ojalá los pianistas o violinistas hiciesen lo mismo. Todos deben oír a las orquestas o a los músicos de cámara”.
Respecto a la relación de los jóvenes con la música, el cubano expuso su preocupación. “Actualmente hay un gran problema universal, que a la vez es una gran bendición, que es la velocidad vertiginosa de la información en todos los medios. El descubrimiento de los audiovisuales, la incorporación de nuevos ritmos de vida, los satélites que informan en segundos de lo que está ocurriendo, pero toda esa información está manipulada, como todos sabemos, y ahí reside el gran problema. Los niños se fascinan con el ordenador, que es el que les indica todo lo que tienen que hacer. Ellos no razonan, no desarrollan su capacidad de preguntarse por qué. Ese es el principio de la manipulación del hombre por el mismo hombre, que es el mal de nuestra sociedad”.
Por todo esto, afirmó que es necesario escuchar música para llevar una vida satisfactoria.”
Hasta los mismos políticos saben que la música la necesita el hombre para llevar una vida contenta. Incluso mal utilizada, de forma banal. El hombre necesita la música para no sentirse solo porque es un ser gregario”. |