Uso mediático de las cuentas públicas y comisiones investigadoras inútiles

Cuentas públicas. Rechazo sólo para las galerías
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Con respecto a la Cuenta Pública (3.88 puntos), los especialistas del CEEY coinciden en que se utilizó con fines políticos, pues ninguna se aprobó en los tiempos marcados por la Constitución. El “rechazo” de las cuentas del gobierno de Vicente Fox, ejemplifica el panel, fue un acto simbólico y coyuntural para impactar a la opinión pública.
Durante la LX Legislatura —cuyo período concluye el 31 de este mes— los sistemas de glosa y auditoría sufrieron cambios. Ahora pueden imponerse sanciones administrativas, mas no penales. Sin embargo, en los casos procedentes, tampoco se tiene una sola causa penal concluida. Los panelistas subrayan la enorme opacidad que también existe en la revisión de las partidas presupuestarias.
Sobre el tema resaltan, a manera de conclusión, la lentitud de los procedimientos seguidos por la Cámara de Diputados. El Congreso en funciones rechazó los dictámenes sobre la revisión de las cuentas públicas correspondientes a 2002 y 2003, cuyo presupuesto aprobó la LVIII Legislatura (2000-2003). A ese ritmo, la LXI legislatura heredará la revisión del informe y, en una proyección optimista, será la encargada de votar los dictámenes sobre cuentas públicas de 2004, 2005, 2006 y 2007.
En el rubro Facultades de vigilancia (2.6 puntos), el primer acuerdo fue evaluar el proceso de nombramiento de los consejeros del IFE, no la reforma electoral de 2007. En este sentido, el procedimiento de selección, que tuvo lugar en 2008, no cumplió con el orden jurídico.
Incluso el propio mecanismo pactado por los diputados fue reformado durante la marcha. Respecto a la transparencia, los analistas comentan que el proceso fue más transparente que en 2003, pero se realizó en dos pistas. La primera, de cara a los medios, estuvo plagada de irregularidades y no tuvo ningún resultado en los nombramientos. La segunda, que definió a los nuevos consejeros, se desarrolló de manera subrepticia entre los coordinadores parlamentarios.
Con respecto a las comisiones de investigación y supervisión, el consenso es que las comisiones de investigación sirven para poco, pues no cumplen las funciones que les dieron origen.
Disconformes con la legislación vigente en esta materia, los especialistas apuntan que las comparecencias de los secretarios de estado tienen muy poco impacto o consecuencias jurídicas, además de contar con un muy bajo quórum.
Con respecto a las Facultades legislativas (7.1 puntos), la cuestión de si las atribuciones de las comisiones legislativas se distinguen suficientemente para justificar su existencia, la conclusión es que no. Mientras en otros países se crean tantas como dependencias del Ejecutivo hay para vigilar, en México se reparten como cotos de poder partidista. Por ende, algunas comisiones registran cargas de trabajo considerable —es decir, las que tienen contraparte con dependencias del Ejecutivo—, mientras otras desarrollan actividades muy poco sustantivas con respecto a la función legislativa.

Los Bibriesca.
Investigaciones sin castigo
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Los evaluadores convienen en la necesidad de replantear el sistema de comisiones: 1) para que sus facultades reflejen a las dependencias gubernamentales, tal como se hizo en la redacción original de la Ley Orgánica de 1999; y 2) para repartirse internamente el trabajo en vez de crear instancias nuevas cada tres años.
El panel coincide en que la estructura de las comisiones de la Cámara de Diputados no se corresponde con la de la administración pública. A pesar de las resoluciones de la LVII legislatura para reducir su número, las comisiones han tendido a ser más numerosas y dispersas que las estructuras de las secretarías de Estado.
Esta dispersión y baja especialización tiene dos consecuencias. La primera es que las comisiones legislativas no se distinguen suficientemente para justificar su existencia. La segunda es que la supervisión y el escrutinio de las políticas públicas se diluyen en el ámbito de jurisdicción de varias comisiones. E4 |