Dibujos animados imponen un estilo de vida conveniente para el sistema capitalista
Qué Bonita familia
(O lo que es lo mismo: American Dream Vs Sueño Guajiro)
Con la televisión aparece una forma rápida, barata y que llega a todos los hogares para controlar a las masas. Antes era la guerra, el yugo y la opresión. Ahora es la caja hipnótica
Víctor Antero Flores

El sueño americano es una cosa para dar miedo. American Dream, ¿qué es eso? Se supone que es una forma de vida donde uno lo tiene todo: libertad, trabajo, salud, dinero, familia, una casa con coche, asador, perro, vecinos amistosos y un sistema político preocupado por la seguridad de ese estilo de vida.
Y desde acá les podemos decir: sí, cómo no.
Allí tenemos a las familias americanas que le dan la vuelta al mundo, llevando esa publicidad y diciendo cómo debe de ser la familia, o sea la base de la sociedad. Familias americanas que las vemos todo el tiempo en la televisión. ¿Recuerdan a los Picapiedra? Hubo un momento, hace años, cuando, hablando de estas cosas con otros amigos nos cayó el veinte: esas no son caricaturas para niños.
Allí les va el por qué. La familia Picapiedra padece problemas únicos de los adultos. Pedro es un ser visceral, egoísta y fácilmente manipulable. Tiene delirios de grandeza, lo que nos muestra su enorme complejo de inferioridad. Y con mucha razón. Casi es un analfabeto. No tuvo estudios superiores, se quedó como quien dice en la secundaria. Trabaja de obrero sacando piedra de una cantera, o más bien picando piedra (trabajo de reos y esclavos). Cosa que lo hace sentirse del tamaño de una cucaracha al compararse con su jefe, el señor Rajuela. Claro, el jefe es muy malo, un ogro, pero lo que se inculca en la serie es que nunca se debe tratar de superar al patrón por negrero que sea, porque acabarás perdiendo y pidiendo disculpas para recuperar tu chamba.
¿Cuantas veces Pedro Picapiedra se arrastró ante su patrón, luego de tener la llave de la riqueza y haberla perdido?
Eso sucede siempre, hasta en la película que salió en los 90. Cuando está por hacerse rico o ya lo es, su vanidad, su avaricia y su “simplonería” le hace perder el control. Luego el mensaje es: “Quédate donde estás, jodido estás mejor. Además los pobres son más honestos y limpios de corazón”... ¿Control de masas?
Otro idiota por excelencia es Súper, de la familia Sónico. Serie de los Supersónicos. La contraparte de los cavernarios, el otro extremo de la evolución. Igual que Picapiedra, es un perfecto bueno para nada, además “güevonsón”. Padece delirios de grandeza y es un mero empleado que apachurra botones en un escritorio. Cuando quiere se duerme y siempre es descubierto por su jefe. Hace mil caravanas para disculparse. El mismo culto a la autoridad que le sucede a Pedro.
A pesar de que son unos hijos de Forrest Gump, lo tienen todo. Casa propia, una mujer adorable, hijos sanos e inteligentes, carros; en el caso de Súper, autos voladores. Aunque sea un empleado tiene lujos, que de existir dejarían sin ideas a Steven Spielberg: Televisores flotantes, diarios parlantes, una criada robot, pasillos deslizantes, y todo lo demás.
Caso presente de Homero Simpson. Versión moderna del la familia clásica americana. (Los locos Adams están más sanos). Homero Simpson es lo mismo. Un empleadillo con severo retraso mental, visceral, inculto, despreocupado de la vida, inmaduro y borracho. Soporta a un jefe demoníaco. Homero se opone a la esclavitud del sistema pero siempre termina aceptándola. También a pesar de ser un técnico barato, que no entiende ni papa de su chamba en la planta nuclear y a pesar de que su cerebro no les da más que tres bites de memoria (comer, dormir y sexo), tiene casa propia, automóvil, muebles, tele, comida en abundancia, perro, gato y nomás le faltó la sirvienta.
Picapiedra trabaja en una cantera, Súper en una fábrica de tuercas y Homero en una planta atómica. ¿No hay otra opción de trabajo que no sea ser empleado del sector industrial? ¿Será acaso una manera de educación hacia el capitalismo?
La clase media en los dibujos animados gringos, es una clase privilegiada. Todos tienen familias muy unidas, a pesar del matriarcado que padecen. Los hombres fingen ser los grandes jefes de familia, pero sus mujeres son más inteligentes, razonables y prácticas que ellos. Terminan regañándolos como si fueran niños.
El éxito de la familia, según Hanna-Barbera es: quédate cómo estás, no crezcas, no te desarrolles, así estás bien, tienes lo que necesitas, ¿para qué quieres mayores problemas?
Más que una sátira es una forma de enseñar el comportamiento agachón y conformista que debe tener una familia hacia el sistema. Una forma rápida, barata y que llega a todos los hogares para controlar masas. Antes era la guerra, el yugo y la opresión. Ahora es la caja hipnótica.
Los más inteligentes de las series son los niños. Observan los problemas de sus padres y los critican, tiene ideas, imaginan, disciernen, se cuestionan, sueñan con ser grandes personalidades, pero terminarán siendo como sus padres. Así lo demuestran las secuelas y episodios de alucine donde aparecen como adultos.
La vida sexual de las parejas es incierta, excepto en los Simpson, allí sí son un poco más modernos. Vilma y Pedro dormían en camas separadas, hasta que la moda king size de los sesentas los hizo reunirse... más o menos. Cuando Vilma se embarazó de Pebles ni se le notó la panza. Como si eso fuese algo obsceno de mostrar, como si nadie debería pensar que Pedro tuvo sexo con ella. Moral de antaño, en fin.
A los Sónico poco se les ve en la cama y un robot es el que los lava, los levanta, los acuesta, los viste, los desviste y seguramente todo lo demás... Con todo y eso se son fieles hasta morir, como en los otros casos. La fidelidad en estos matrimonios animados resulta inquebrantable, y aparece más bien como un castigo que como una bendición. Los hombres siempre se tienen que cuidar de que no los vayan a agarrar en un mal entendido. Nunca voltean a ver a otras mujeres, ni les hacen el intento. ¿Mandilones? ¿Miedo? No, es la medida en que se entrena a los niños para crecer con esas “virtudes”. La “desintegración familiar” es la base de muchos males para los Estados Unidos, y bajo la creencia de que de la unión familiar dependería el éxito de una sociedad intentan hacer una reprogramación moral para evitar mayores índices de divorcio.
Soñar de más es perderse en un laberinto y el sueño americano lo pregonan los líderes gringos como si fuera lo que todos quieren, lo que todos buscan, pero no es otra cosa más que una forma de control de masas.
Si alguien ha estado en una de esas empresas de mercadeo múltiple lo entenderá. Te dicen que si compras los productos e invitas a seis gentes a comprar y que cada una de esas seis invitan otras seis, se va formando un volumen del cual a ti te toca un porcentaje. Y mientras más grande tengas tu pirámide más rico eres. Además te llenan la cabeza de frases célebres, de máximas de conferencistas, motivadores y promotores del éxito (éxito para sus bolsillos solamente). Y comienzas a soñar, a soñar con millones y mejores estilos de vida. Finalmente el que se hace rico es el que empezó todo ese “negocio”.
¡Los agarraron dormidos, soñando! Ese american dream es una alegoría, una invitación a perderse en los pensamientos, mientras que la vida real pasa bajo nuestros pies. Los Picapiedra siguen estando jodidones y conformados desde hace cincuenta años; los Sónico ya los son en el futuro: bonito futuro. ¿Hasta dónde llegarán los Simpson? Y si usted es de los que dicen: sí, pero esa es la sociedad de los gringos, le recomiendo que busque, encuentre y lea una antigua historieta mexicana llamada “La Familia Burrón”. Acá no tenemos “sueño americano”, tenemos una realidad mexicana… y claro, están los sueños guajiros.
Los guajiros, una tribu de Colombia y Venezuela, tuvieron un día un sueño, vivir bajo sus propias reglas y deshacerse del yugo español… y lo lograron y siguen viviendo a su manera. El original sueño guajiro sí se realizó.
Al norte tenemos el sueño americano, que tantas víctimas cobra en la frontera por quienes lo desean, y al sur el sueño guajiro, olvidado y confundido con alcanzar lo imposible… A ver de a como nos toca. E4