Nº 358 - 28 de julio de 2009
 
 
 
 
 
 

Si elige bien y no se confía, el PRI puede volver al poder después de siete años de ausencia

Torreón en la ruta de la sucesión

Gerardo Hernández G.
Torreón

Felipe Calderón ganó la capital lagunera como líder del PAN, pero hoy las condiciones son adversas para su partido; Zermeño, Anaya y De León, quienes arroparon al presidente en su toma de posesión, necesitan la ciudad para aspirar al gobierno del estado en las elecciones de 2011



Diciembre, 2006. Zermeño y De León cubren a Calderón en su toma de protesta

Diciembre de 1996. Felipe Calderón celebra el ascenso de Jorge Zermeño como primer alcalde panista, desde la primera fila del Teatro Isauro Martínez donde, dieciocho años atrás, el priista Homero del Bosque rindió protesta custodiado por el Ejército. No imaginaba que diez años después, Zermeño franquearía la tribuna de la Cámara de Diputados, tomada por el PRD, para que pudiera asumir la presidencia de la República.
Corría el primer año de Calderón al frente del PAN nacional. Torreón era una de las primeras quince capitales que ganaría entre 1996 y 1999. En el mismo período su partido se hizo con los gobiernos de Nuevo León, Querétaro y Aguascalientes, por primera ocasión.
Calderón, que en 1995 había perdido el gobierno de Michoacán con el priista Víctor Manuel Tinoco, se puso de pie cuando Zermeño y el gobernador Rogelio Montemayor se estrecharon la mano. El regidor Jesús de León —una de las columnas que protegería al presidente en su toma de posesión— observaba la escena.
El PRI recuperó tres años después la alcaldía, pero la perdió en 2002 y 2005. Acción Nacional parecía entonces imbatible, sólo que el desgaste del poder, las pugnas internas y la crisis económica y de seguridad lo hundieron a escala nacional y local. Las seis posiciones que ostentaba en los congresos estatal y federal se esfumaron en los comicios de octubre de 2008 y el 5 de julio pasado.
Se da por descontado que si las elecciones de alcalde fueran hoy, el PRI “arrasaría con cualquier candidato”, visión que, por triunfalista, ofusca el pensamiento. No porque el PAN pueda recuperarse en tres meses —las votaciones serán el 18 de octubre y las diferencias entre el senador Guillermo Anaya y el alcalde José Ángel Pérez persisten—, sino porque, en el pasado, se pensó que Salomón Juan Marcos Issa, Laura Reyes Retana y Eduardo Olmos —quien repite como aspirante después de haber perdido hace tres años, esta vez con posibilidades de ganar— serían alcaldes por su condición de favoritos del gobernador de turno.
Nadie duda de la renovada eficiencia del PRI y de su estructura para ganar elecciones. Sin embargo, existe el consenso de que su retorno a la presidencia de Torreón dependerá del candidato que postule. Eduardo Olmos Castro, Antonio Juan Marcos Villarreal —hijo del ex alcalde Salomón Juan Marcos— y Salvador Hernández Vélez —de filiación salinista—, los pretendientes hasta ahora más visibles, han sido diputados y ocupado cargos políticos y en el PRI.
Pero por angas o por mangas, ninguno convence del todo. De uno desconfían por sus antecedentes; de otro, por ciertos negocios familiares; y del último, por su ideología. Y de los tres, por su falta de experiencia en la administración municipal en momentos que Torreón exige pericia para gobernar. Máxime por los altos índices inseguridad y desempleo. Un connotado líder empresarial atribuye la derrota del PAN a esos motivos y al “protagonismo del alcalde José Ángel Pérez. El mismo día que rindió protesta empezó a hacer campaña para gobernador”.


Diciembre, 1996.
Calderón observó en primera fila el ascenso de Zermeño

En condiciones análogas, el PRI recurrió en Gómez Palacio, Durango, a figuras con experiencia. José Rebollo Acosta y Carlos A. Herrera Araluce, ambos empresarios, ganaron su respectiva segunda alcaldía por amplio margen.
Para los comicios del tercer domingo de octubre, al PRI sólo le falta decidir quién será su abanderado en Torreón. Algo en apariencia simple no lo es tanto. En sucesiones anteriores, dos circunstancias propiciaron su división y derrota: 1) una selección inadecuada; y 2) el desbordamiento de ambiciones. La candidatura de Homero del Bosque en 1978, cuya administración fue exitosa, aproximó al PAN por vez primera a la alcaldía.
Del Bosque era el favorito del gobernador Flores Tapia y su militancia en el PRI, que sorprendió a muchos, era más bien pasiva. José de las Fuentes y Eliseo Mendoza optaron por candidatos vinculados a su partido y a los sectores de Torreón, más que a la capital del estado. Los alcaldes fueron, en orden cronológico, Braulio Fernández Aguirre, Manlio Gómez Uranga, Heriberto Ramos y Carlos Román Cepeda.
Mariano López Mercado fue edil contra la voluntad del gobernador Rogelio Montemayor. Ese factor, entre otros, influyó para que renunciara en 1995, un año antes de terminar su período, entre acusaciones de irregularidades financieras en la Tesorería Municipal y en el Simas. Salvador Jalife ocupó su lugar como avanzada del grupo político del entonces secretario de Finanzas, Antonio Juan Marcos Issa, quien desde entonces se habría fijado la meta de ocupar el Palacio de Gobierno con uno de los suyos. “Y tarde o temprano lo conseguirá”, afirma un miembro del clan ajeno a la política.
El primer movimiento consistía en instalar a Salomón Juan Marcos Issa en la presidencia de Torreón. Sin embargo, su candidatura generó malestar en el PRI, la que, sumada a la caótica administración de López Mercado y al carisma de Zermeño, contribuyó a la victoria del PAN.
Salomón Juan Marcos ganó la alcaldía en 1999, esta vez con el padrinazgo de Enrique Martínez y el poder del dinero. La candidatura de Javier López decepcionó al panismo y a la sociedad, según se reflejó en las urnas, donde los resultados del gobierno de Zermeño pasaron a segundo término.
Martínez apoyó en sus intermedias a Laura Reyes Retana, impulsada desde Saltillo, y perdió con Guillermo Anaya. Hace cuatro años, Humberto Moreira optó por Eduardo Olmos, derrotado por el panista José Ángel Pérez. Pronto se sabrá por quién se decidirá para las elecciones del 18 de octubre. E4

El presidente puede sugerir, mas no imponer: Carlos Bracho


Carlos Bracho. No se necesita ser mago

El diputado lagunero señala causas e identifica responsables por el fracaso del 5 de julio; voté leyes impopulares, acepta


El diputado Carlos Augusto Bracho elabora un retrato robot del futuro líder del PAN, que se elegirá en agosto para terminar el período de Germán Martínez, en medio de una rebelión de notables que rechazan la imposición de César Nava, presunto favorito del presidente Calderón:
Calidad moral intachable. Abierto, respetado y respetuoso de todos los grupos del partido. Conciliador, mayor de cincuenta y cinco años. Mano izquierda para sanar heridas y conciliar intereses. Quizá un ex gobernador o un panista en retiro. Impulsor del diálogo y el acuerdo, no rijoso como Germán Martínez. Valiente al interior y capaz de perfilar el rumbo para la sucesión de 2012. El presidente Calderón podría sugerir, mas no imponer, pues en el PAN existen muchos dolidos.
En la próxima legislatura el PRI puede, en alianza con otras fuerzas, marginar al PAN en decisiones que sólo necesitan mayoría absoluta. Por ejemplo, para aprobar el presupuesto de egresos y la ley de ingresos, apunta Bracho. Acción Nacional, con ciento cuarenta y tres diputados, tampoco alcanza a ser bisagra en votaciones que requieran mayoría calificada. En estas condiciones, el presidente pasará a un segundo plano en el Congreso, pero en política así pasa.
El legislador lagunero identifica las causas de la derrota de su partido el 5 de julio: 1) el clima nacional, enrarecido por la inseguridad, el desempleo y otros efectos de la recesión; 2) la pobreza alimentaria; 3) la valoración social sobre el desempeño de las autoridades y los legisladores del PAN en todos los niveles.
La crisis económica de los Estados Unidos contagió a México y jamás un presidente había encarado al narcotráfico como Felipe Calderón, pero la gente, admite, no entra a ese tipo de análisis. Si hay desempleo, violencia y suben los precios, culpa al gobierno.
Bracho acepta ser corresponsable del fracaso electoral y asume la parte que le toca. Voté leyes impopulares que en la práctica no funcionaron. El IETU no fue lo mejor, afectó a empresas que generan empleos. Por otro lado, los aspectos positivos del impuesto no supieron venderse. Lo que se aprobó no fue la reforma fiscal que el país necesita. ¿Cuándo será bueno tenerla? Lo ignoro. La reforma energética del presidente Calderón daba para cuatro refinerías, no para una, pero los trueques políticos la impidieron.
Como solución inmediata a la escasez de recursos federales propone un IVA general de ocho por ciento y bajar el ISR. En la actualidad es muy alto y resta competitividad al país para atraer inversiones y generar fuentes de trabajo.
Tampoco le satisface la reforma judicial que votó el PAN. Tal vez no fue la mejor porque los cuadros policíacos están coludidos con el crimen organizado. Los jueces liberan a los delincuentes porque el Ministerio Público integra mal las averiguaciones.
Advierte que siempre votó “por conciencia”, y que por tal motivo desaprobó la ley de narcomenudeo, a pesar de las críticas de su bancada. Le faltan candados. Aprobamos ciertas drogas duras y blandas sin control sobre los adictos ni las fuentes que las suministrarían. Los adictos deben tratarse como enfermos. Ojalá que la ley se vete, pues aún no entra en vigor.
Llama a los alcaldes, gobernadores, senadores y diputados del PAN a hacer un acto de contrición y asumir la responsabilidad por la derrota del 5 de julio. Culpar a terceros del voto de castigo no es la solución. Respeto las formas de sufragar, incluido el voto en blanco y el abstencionismo. Si no nos ponemos las pilas y no corregimos el rumbo, el panorama para las presidenciales de 2012 será adverso. Tenemos dos años y medio por delante, ojalá podamos enmendar la plana.
Bracho califica de “terrible” el resultado en el distrito cinco, que ganó hace tres años. En esa demarcación, el PRI pasó de 51 mil 334 votos —en 2006— a 83 mil 206 en julio. En los mismos procesos, el PAN cayó de 56 mil 339 a 27 mil 814.
Enseguida conjetura: Quizá mi trabajo en el Congreso contribuyó en ese resultado, pero de los 500 diputados fui el único con el cien por ciento de asistencia a las sesiones del pleno. Permanecí en mi distrito, mantuve abiertas cinco casas de gestoría en Coyote, Parras, Viesca, Matamoros y Torreón e hice giras por las comunidades. Participé en siete comisiones. Me ofrecieron ocho viajes al extranjero y no acepté ninguno. Tampoco presenté gastos por servicios médicos ni de otro tipo. Di lo mejor.
En este escenario, ¿qué le espera a su partido en las elecciones municipales del 18 de octubre?
Después del 20-0 del año pasado y del 7-0 de julio, no se necesita ser mago para advertir lo que puede pasar. El tiempo juega en nuestra contra, tenemos tres meses para remontar. Espero que los panistas propongan candidatos de unidad, sin recurrir a la imposición. Urge una reflexión sobre el futuro del partido en el estado. Necesitamos un cambio, un golpe de timón. Si los alcaldes se esmeran y los panistas se unen, podemos ganar. Sin embargo, la gente está enojada por el clima nacional de inseguridad y la crisis económica, que también afecta lo local. El ambiente nacional fue definitorio el 5 de julio y en las elecciones de octubre se evaluará a las administraciones municipales del PAN y a la mejor policía que se prometió en Torreón. E4

 

La esgrima del gobernador Moreira acorrala al PAN y acelera su caída

 


Humberto Moreira. Cosecha de medio millón de votos en las elecciones del 5 de julio

Ser el primer candidato a alcalde que derrota a un futuro gobernador (Humberto Moreira) y a su preferido para Torreón (Eduardo Olmos), pues obtuvo más votos que cada uno de ellos en las elecciones municipales de 2005, envalentonó a José Ángel Pérez. Con ese capital bajo el brazo, el panista trazó un nuevo objetivo: ser gobernador. Actuó en consecuencia y empezó a recorrer el estado.
Sin embargo, las rencillas con el grupo de Jorge Zermeño y Guillermo Anaya, que después se extenderían a la fracción de Juan Antonio García Villa, en otro tiempo aliado suyo, socavaron al alcalde. La controversia constitucional contra la Secretaría de Desarrollo Regional —a cuyo titular, Eduardo Olmos, había vencido en las urnas—, introdujo a Pérez en un torbellino que lo distanció de la administración estatal y demoró la ejecución de obras necesarias para la ciudad. El fallo de la Corte, favorable al Estado, constituyó una derrota política.
Lo peor estaba por venir. El 8 de septiembre pasado, agentes de la Dirección de Seguridad Pública intercambiaron disparos con
la Policía Federal Preventiva por la posesión de un delincuente al que, presuntamente, pretendían rescatar. En la refriega murió un policía municipal. El 2 de julio pasado, los 32 preventivos detenidos, cuya inocencia defendió el alcalde, fueron absueltos y pidieron su reinstalación.
Todo esto, además del desempleo y la inseguridad creciente, generó un mal clima contra el PAN y José Ángel Pérez que se reflejó en las dos últimas elecciones.
Acción Nacional, visto en los gobierno de Felipe Calderón y José Ángel Pérez, y el PRI, en los de Humberto Moreira y Peña Nieto, llegarán a las elecciones del 18 de octubre instalados en polos opuestos. El PAN en declive y el Partido Revolucionario cubierto de laureles por su victoria legislativa del 5 de julio.


Pérez Hernández.
Aspiraciones en la debacle

Moreira registra hoy mayor grado de aprobación que José Ángel Pérez, tercer alcalde panista de Torreón y primero de cuatro años. Sin embargo, es preciso variar el rumbo para salvar el proyecto de un gobierno que aspira a trascender como “el transformador de Coahuila”, Moreira no titubea.
Igual que en elecciones previas, el gobernador desapareció de los medios dos meses antes de los comicios para renovar la Cámara de Diputados, pero a partir del 7 de julio retomó una agenda que combina actividades dentro y fuera del estado.
La estrategia de Moreira —gobernar cerca de la comunidad, brindar prioridad a las demandas de empleo, seguridad, salud y educación, abatir los niveles de marginación y elevar la inversión extranjera— ha rendido fruto en las urnas. En las elecciones del mes pasado, el PRI superó la barrea del medio millón de votos, en tanto que el PAN retrocedió significativamente.
En línea con los grados de aceptación del gobernador Moreira, que en una escala de diez supera los ocho puntos, el PRI sube como espuma. Las posiciones que perdió en 2005 y 2006 las recuperó en menos de un año. La siguiente meta consiste en repetir el carro completo el 18 de octubre. En principio se antoja difícil por las condiciones de cada municipio y la pasión que despierta el cambio de ayuntamientos.
El PRI tiene asegurada la capital, donde se concentra el mayor padrón de electores. Desde esa perspectiva podría darse el lujo de perder algunos municipios pequeños y medianos, mas no Torreón. Primero, porque rescatar la capital lagunera culminaría cuatro años de trabajo; y segundo, porque marcaría una tendencia, acaso irreversible, para las elecciones de gobernador de 2011.
Los dos últimos candidatos de Acción Nacional al gobierno han surgido, precisamente, de Torreón: Juan Antonio García y Jorge Zermeño. El próximo podría ser también lagunero: el senador Guillermo Anaya, compadre del presidente Calderón. Pero más allá de esa relación, Anaya es el único panista que ha ganado cuatro elecciones en línea: para diputado local, diputado federal, alcalde y senador, marca que ni los más avezados priistas pueden presumir.
Falta que el PRI y el PAN destapen sus gallos. El diputado federal Jesús de León luce como el más fuerte aspirante de Acción Nacional, pero no se descarta que, dada la emergencia, su partido recurra a un ex alcalde; los únicos son Anaya y Zermeño. Sólo un desastre evitaría que el PRI retome el control del municipio, pero ya se han dado y casi siempre han venido de adentro. El exceso de confianza crea espejismos. E4

 
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