
Benjamín LeBarón (izq). Abandonado a su suerte por el Estado, sacude con su muerte a Méxicoy llama la atención de EUA
|
|
Y el que al golpe de ardiente metralla
de la Patria en las aras sucumba
obtendrá en recompensa una tumba
donde brille de gloria la luz.
Himno Nacional Mexicano
Estrofa IX
Francisco González Bocanegra
No entiendo. ¿Qué el secuestro del joven mormón chihuahuense Erik LeBarón no fue suficiente evidencia para saber que su familia estaba en la mira del peligro? ¿O es que cuando un plagiado logra su libertad ahí concluye el trabajo del gobierno responsable de la entidad donde reside la víctima? ¿Es tan férrea la unión y valentía de la comunidad LeBarón en Galeana, Chihuahua, que las autoridades dieron por hecho que los mormones lo tendrían todo controlado? ¿Qué tan acomodaticio, qué tan justo, resulta capacitar y armar a miembros de la comunidad LeBarón para que formen su propia policía después del evitable asesinato de Benjamín LeBarón y Luis Carlos Widmar? Muchos mexicanos hemos seguido atónitos las trágicas noticias en torno a los LeBarón. Nos hacemos preguntas tratando de buscar qué lógica está detrás de lo que aparece como irracional y artero. Yo busqué quién me diera respuestas porque seguía sin entender.
Primer interlocutor

Reyes Baeza. Por la misma ruta que Bours en Sonora
|
|
Se trata de Nelson Vargas. Hace días envió el siguiente mensaje a la comunidad mormona y a la familia LeBarón en un periódico a nivel nacional. Es necesario que aquí, en Coahuila, como en cada medio del país, también se abra el espacio para publicar el contenido de esta misiva. La dolorosa claridad de sus respuestas necesita más difusión y nuestra auténtica condolencia traducida en un cambio comprometido. Auténtico. No más palabras huecas y protagonismos. Los LeBarón, un respetabilísimo ejemplo a seguir, se suman a los miles de familias violentadas en México. ¿Qué podemos hacer ante este escenario? Démosle la palabra a Nelson Vargas y revisemos su propuesta:
“Indignación y frustración me ha causado el asesinato del activista antisecuestros Benjamín LeBarón y de su cuñado Luis Carlos Widmar. Me da tristeza que hayan dejado morir solos a gente tan valiente y decidida; siento indignación porque presentí que iba a suceder este lamentable hecho y no puedo creer que la autoridad y las organizaciones civiles que los asesoraban no lo hayan intuido.
Desde que supe las acciones de la comunidad mormona, cuando hace mes y medio liberaron a su hermano Érik, después de acordar no pagar el rescate del millón de dólares que exigían sus secuestradores, sabía que podía suceder una penosa tragedia, ya que, aunque todo mundo aplaudió su valentía, las consecuencias vinieron después.
Me da tristeza que la autoridad y algunas organizaciones sociales exhorten a la gente a que se organice y denuncie, cuando no se cuenta con la protección adecuada, lo que sucumbe en una tragedia como la que le sucedió a esta familia. Es inaudito que después de las denuncias que hizo la comunidad mormona y que dirigieron a la detención de 25 delincuentes no se le haya dado la protección que se requería para cuidar de su integridad y la de sus familias, cuando eran evidentes las posibles represalias y que los delincuentes buscarían vengarse en los dirigentes de los LeBarón.
Mi petición es que no se siga exhortando a la sociedad a denunciar abiertamente a la gente que sabe son delincuentes porque van a correr el mismo riesgo. No puede haber una denuncia de esa naturaleza sin una estrategia, sin un sistema de protección adecuado. En el caso de los LeBarón no hubo una protección posterior a sus denuncias.
Yo que he vivido en carne propia el asesinato de un familiar por secuestro, como fue el caso de mi pequeña Silvia Vargas Escalera.
Le pido a la autoridad y a las ONG que sean congruentes; que tengan un plan de acción para cuando se llama a la sociedad a que se inconforme públicamente, porque de otra manera se observarán venganzas como ésta, con gente inocente.
Lo sucedido en Chihuahua es tremendo, un insulto para la ciudadanía. La gente que hace este tipo de denuncias requiere protección, ya que de otra forma, cuando una persona decida alzar la voz y vea que está desprotegida junto con su familia, desistirá de denunciar posibles casas de seguridad, movimientos extraños de sus vecinos, nombres de delincuentes.
Tragedias como la sucedida a Benjamín LeBarón pueden hacer que la gente decida callar por temor; desde mi experiencia, posiblemente hacerlo de una manera anónima es lo más adecuado ante la falta de un aparato que de verdad proteja a las personas que están haciendo las denuncias.
En el caso de mi pequeña Silvia, siempre he reconocido que fue gracias a la sociedad que pudimos encontrarla. Sin embargo, nuestra estrategia de convocatoria fue a través de denuncias anónimas, porque de otra forma sabíamos que sería muy difícil convencer a la gente que nos diera algún indicio de dónde buscarla.
Reitero: se requiere de una planeación congruente, porque de otra forma los ciudadanos que estén dispuestos a denunciar —pero que conozcan lo sucedido en Chihuahua con un hombre que fue valiente, protestó, y se quedó sin ningún tipo de protección— van a claudicar.
A pesar de la tragedia vivida en mi familia el 10 de septiembre de 2007, no me he sumado a ninguna agrupación, ya que me encantaría ayudar a la gente que pasa por la desgarradora tragedia de un secuestro; sin embargo, no les puedo prometer lo que personalmente soy incapaz de brindarles: seguridad.
Agradezco a Milenio por el espacio para denunciar mi indignación. Como ciudadano me siento realmente lastimado, agredido. A la comunidad mormona y a la familia de Benjamín LeBarón y su cuñado Luis Carlos Widmar, mis condolencias, así como el reconocimiento eterno a sus familiares por su inquebrantable valor (http://impreso.milenio.com/node/8605873)”.
Segundo interlocutor

Galeana. Presión social contra la delincuencia
|
|
Se trata del Gobierno de los Estados Unidos. La doble nacionalidad de LeBarón y Widmar está detrás del ofrecimiento que el Federal Bureau of Investigation (FBI) le ha hecho a la comunidad mormona de Galeana, Chihuahua, consistente en la apertura de líneas de investigación que lleven al esclarecimiento de los injustos hechos de sangre. Ante el panorama de violencia sostenida en el estado grande, y pese a que se pudiera tomar como una medida intervencionista por parte de EU, ¿por qué no aceptar de manera más enfática y abierta la presencia del FBI? ¿Cuántas pruebas más son las que se necesitan para comprender que el problema del crimen organizado sigue “chamaqueando” a los gobiernos federal, estatal y municipal de nuestro país? ¿O qué se acuerda por detrás de lo que la ciudadanía conoce a través de los medios de comunicación o en carne propia?
Sin embargo, los miembros de la colonia LeBarón siguen dando muestras de que su pasta cívica es definitivamente otra: “‘Nosotros hemos recibido el ofrecimiento del Consulado norteamericano para que el FBI colabore con nuestro caso, pero deseamos que los problemas que tenemos de este lado los resuelvan las autoridades mexicanas porque también somos mexicanos”, dijo Julián LeBarón, hermano de la víctima y nuevo líder de la comunidad en el Municipio de Galeana (Reforma, 07/09/2009).
Por su parte, el gobernador José Reyes Baeza ha declarado estar dispuesto a colaborar con el gobierno estadounidense. Comenta que ya se han dado varios contactos, pero no abunda en detalles. Pudiera ser comprensible que, por seguridad, las explicaciones en torno a la relación que pudiera existir con el FBI se maneje de una forma muy general. Hasta gaseosa. Pero, ¿cómo no pensar que las declaraciones del gobernador Baeza sólo son una pantalla, un pretexto más para defender lo indefendible? ¿Qué tipo de mecanismos de comunicación merecemos los ciudadanos para conocer con certeza y transparencia comprobable el tipo de pasos que se están dando con o sin el FBI? ¿Por qué no dejar a un lado arcaicas posturas nacionalistas y aceptar de una buena vez que es necesario aprender, colaborar, recibir y promover no sólo de EU, sino de cualquier país del mundo que cuente con métodos funcionales y modernos que auguren con más certeza nuestro bienestar como mexicanos? ¿O le seguimos así? ¿Hasta cuándo?
Tercer interlocutor
Se trata de Ernesto López Portillo. Si alguien conoce las entrañas de los sistemas de seguridad nacionales y el tema de la violencia en nuestro país, es precisamente el director del Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde).
En entrevista con El Universal, Portillo ofreció varias declaraciones que responden a algunos de los cuestionamientos arriba citados y se apoya en la tesis siguiente: ya es urgente recurrir a una instancia de corte internacional como la Organización de las Naciones Unidas.
Afirmó que “el gobierno federal debe considerar la opción de solicitar asistencia a la ONU para enfrentar al crimen organizado, pues hechos como el asesinato del activista mormón Benjamín Le Barón representan la privatización de la violencia y un retroceso a un Estado premoderno (…) La delincuencia organizada ingresa al terreno público y nos informa a todos que tiene el poder de matar a los ciudadanos, incluso a aquéllos (como Le Barón) que han adoptado una militancia visible para combatir estos hechos. El Estado se desdibuja y pierde cada día, a la vista de todos, su capacidad de contener la violencia privada (…) El presidente de la República cometería un gravísimo error, de consecuencias incalculables, si no revisa completamente su modelo, pensando incluso en la necesidad de hacer un llamado, con la aprobación del Senado, de asistencia internacional, que no implica intervención militar, sino asesoría técnica (…).
Destacó que este mecanismo ya ha sido utilizado por otros países que han enfrentado emergencias en materia de seguridad pública, como Irlanda del Norte, Sudáfrica, Colombia y Venezuela, ante la incapacidad del Estado de contener la violencia privada. En este escenario, dijo, de no adoptarse medidas radicales y cambiar la estrategia contra la delincuencia organizada, se corre el riesgo de que, en el corto plazo, los grupos que están ejerciendo la violencia privada se multipliquen y el fenómeno continúe reproduciéndose” (07/09/2009).
Cuarto interlocutor Se trata de un joven asistente al funeral de Benajamín LeBarón y Luis Carlos Widmar. El 10 de julio, cuando en punto de las siete de la mañana aterrizaba el helicóptero que trasladó al gobernador José Reyes Baeza a Galeana para despedir a los compañeros fallecidos y dar el pésame a la comunidad LeBarón, entró un fuerte operativo carretero de seguridad e hizo escala un segundo helicóptero con agentes para cuidar la espalda del primer mandatario del estado grande. De pronto, el espacio lleno de dolor de la comunidad mormona se plagó de policías.
Mientras los uniformados se iban colocando en sus sitios y el gobernador se dirigía a presentar sus condolencias, un joven vio la escena y resumió los hechos en una frase para la historia: “Ora sí, culeros, ¡ya para qué!” (Notimex, 07/09/2009). E4 |