Mención del Premio Nacional de Ensayo “Roberto Orozco Melo”
Don Francisco
I. Madero
Un héroe
y sus circunstancias*
El camino a la democracia puede ser largo y difícil, pero mientras México respete la memoria de héroes como Madero, el trayecto cobra sentido y se hace menos arduo. Su libro “La Sucesión Presidencial en 1910” aún permanece vigente y mantiene vivo sus ideales
Graciela Lumbreras Gutiérrez

Los héroes nacen en cualquier patria, no escogen ni el lugar, ni a sus padres, ni el contexto socioeconómico, tampoco el tiempo en el que habrán de realizar sus hazañas. Las circunstancias los colocan en el momento preciso para llevarlas a cabo. Mientras tanto son seres comunes: aprenden, sueñan, trabajan, viven, cometen errores, se equivocan. Antes de que llegue su hora, se preparan y escuchan sus voces internas, revisan sus posibilidades, miran a los hombres y mujeres que los rodean y viven pequeñas y grandes historias, también se dejan llevar por sus pasiones.
Francisco no escogió a sus padres, nació en una familia acomodada de ricos hacendados, en un pueblo tranquilo, de buena tierra, al norte de la República Mexicana. Hasta los doce años salió de Parras para ir a estudiar a Saltillo, al colegio jesuita de San Juan. En su infancia conoció a los campesinos pobres; hombres de guarache siempre muertos de hambre, supo de la desigualdad y la injusticia oyendo sus voces, las voces de los niños y niñas que veían morir de cansancio a sus padres y a sus madres. Vio a los jóvenes que veían pasar su juventud agachados sobre las vides de su hacienda, o cortando el blanco capullo del algodón, envejecidos antes de tiempo. Mientras que otros como él, que nació en cuna de seda, iban a buenas escuelas, jamás tocaban la tierra. Nadie escoge en dónde nace, pero el perfil de un hombre, se dibuja desde su infancia, a través de sus vivencias y de sus experiencias.
Francisco I. Madero nació en la Ciudad de Parras de la Fuente, Coahuila, el día treinta de octubre de 1873. Fue registrado por su padre Don Francisco Madero; entonces de veinticuatro años, casado con Doña Merced González, hombre dedicado a la agricultura, y vecino de la Hacienda de Rosario. Francisco fue hijo legítimo suyo y de su esposa, cosa importante en su época y como era la costumbre y las condiciones de entonces, nació en su casa. Su madre, Doña Merced, tenía entonces diecinueve años de edad, y provenía de una de las familias fundadoras de la ciudad de Monterrey.
Su padre lo registró como Francisco Ygnacio Madero, el veintisiete de enero de 1984. En el acta se cita a sus abuelos paternos: Don Evaristo Madero y Doña Rafaela Hernández, ya fallecida, y a sus abuelos maternos, Don Francisco González Prieta y Doña Pilar Treviño. El padre de Francisco llevó como testigos al Registro Civil a su hermano político, el Doctor Melchor Villarreal, de treinta años, casado, y a Octaviano Ramos de veintitrés, soltero, comerciante, sin ningún parentesco; por la edad debió tratarse de algún buen amigo.
El Acta de Nacimiento está firmada por el Juez Manuel Arsave, así como por el padre y los testigos. Así consta en el Acta del Registro Civil de Parras de la Fuente, Coahuila, del año 1874, foja número 2, frente y vuelta.
En su Fe de Bautismo, está escrito en el margen superior, a la izquierda el año 1874 y al centro el mes, Enero. Sobre el margen izquierdo, en la parte superior, dos números: 1,295, y debajo de éste, otro que apenas se distingue 1178, a mitad del margen, el nombre Francisco Ygnacio subrayado y casi al final, la palabra Rosario también subrayada. En esta Fe de Bautismo, consta que en la “Yglesia Parroquial de la Ciudad de Santa María de Parras…” “el Reverendo Padre Fray Jacinto Silva teniente de Cura…” “bautizó solemnemente, puso el Santo Óleo y Sagrado Crisma, a un niño nacido en el Rosario, a 30 de octubre”, no cita el año de nacimiento. “lo llamó Francisco, Ygnacio, hijo legítimo de Don Francisco Madero y Doña Merced González: fueron sus abuelos paternos, Don Evaristo Madero y Doña Rafaela Hernández; los maternos, Don Francisco González y Doña María del Pilar Treviño y sus padrinos, Don Evaristo Madero y Doña Manuela Farías…”. Firman la Fe de Bautismo, Feliciano Corona y F. Jacinto Silva.
En la Fe de Bautismo se aprecia un error al anotar el año, ya que de puño y letra de Feliciano Corona, se escribe en la misma que fue bautizado “a primero de Enero, año del Señor mil ochocientos setenta y tres”, es decir diez meses antes de que naciera. También se aprecia la palabra iglesia escrita con “Y”, lo cual es indicio de que esa era la costumbre en aquella época para estas palabras, aunque también pudo tratarse de un error de ortografía, tanto en el Acta de Nacimiento como en la Fe de Bautismo.
Nadie, ni los héroes escogen su nombre, pero una vez dado se vive para honrar el nombre y el apellido. Tal vez los héroes debieran nacer sin patria y sin nombre y que fueran ellos quienes decidieran cómo llamarse y en dónde llevar a cabo sus hazañas, así, sólo honrarían sus acciones.
El nombre de una persona se carga de significados que nos llevan a vivir de acuerdo a los mismos. Para unos es como una bendición adicional, para otros es como una cruz que hay que cargar toda la vida. En la guerrilla, en los movimientos armados, los hombres cambian su nombre para no ser reconocidos, para proteger a sus familias; tal vez escogen aquel que hubieran querido tener, “Pancho Villa” era para él, tal vez mejor que Doroteo Arango. Francisco I. Madero era tal vez más cómodo que Francisco Y. Madero. El 15 de julio de 1905, firma como Francisco Y. Madero, la solicitud dirigida al presidente municipal de Saltillo, Lic. Praxedis de la Peña Flores, para que autorizara la fundación de un partido político en la capital del Estado. Solicitud escrita con su puño y letra y firmada además por el Dr. José María Rodríguez. La mayoría de mi generación crecimos honrándolo, creyendo que se llamaba Indalecio.
El joven Madero viaja a Estados Unidos a continuar sus estudios, de ahí visita diversos lugares de Europa, estudia Comercio en Francia y regresa imbuido por los anhelos de democracia que conoció en aquellas tierras. La Revolución Francesa lo impregna de los ideales de libertad, fraternidad e igualdad.
El hombre noble, formado en el aprecio por los valores universales y una comprensión del significado de la democracia, toma conciencia de que apenas tenía cuatro años cuando Don Porfirio Díaz, asume la presidencia de la República en 1877 y que a treinta años, el mismo hombre sigue en el poder.
Sostenido en una Pax porfiriana que le concedía un destello de gran gobernante, Díaz logra avances en las comunicaciones: ferrocarril, telefonía, comercio…, pero a costa de entregar el país a los intereses estadounidenses, ingleses y franceses. La dictadura de Díaz, estaba basada en la opresión, la represión, la inmoralidad y la corrupción, entregando a los extranjeros el petróleo, la industria textil, la electricidad, el transporte; así han sido todas las dictaduras en el mundo. En Latinoamérica los dictadores han subyugado a sus pueblos hasta la ignominia.
Indudablemente que la familia de Madero, era una de las beneficiadas. Por eso ¿Cómo surge en la mente de Ignacio la idea de escribir un libro? ¿De dónde viene la idea del sufragio efectivo y la no reelección? ¿Qué pasó por la mente del rico hacendado? ¿Quería acaso llegar al poder, en manos siempre de la élite del viejo y enfermo dictador? O, llegó acaso el momento del héroe, la circunstancia que lo habría de llevar a manifestar su capacidad heroica.
En este hombre puede haberse conjuntado todo esto. Los héroes son hombres y por lo tanto humanos y también buscan el poder y la gloria. A veces, al principio de sus hazañas no saben a dónde va su vida, cuál es su camino y cómo podrán lograr bienestar y mejores condiciones de vida para todos aquellos esperanzados que los siguen. El héroe es el hombre a quien los demás reconocen, porque muchas veces antes de que él, se descubra a sí mismo como tal, los demás ya lo han hecho. Para el pueblo el héroe representa la fortaleza, el valor y la decisión de luchar hasta lograr sus propósitos, no importa que ante esto se atraviese la muerte.
La idea de apóstol de la democracia, no debe haberle pasado nunca por la mente. Fueron aquellos que defendían al dictador, la reelección del tirano, quienes en tono de burla, de escarnio, lo llamaron apóstol. Sin embargo la historia, que revisa las hazañas de los héroes, encuentra las palabras para nombrarlos. Apóstol de la democracia, se convirtió en el nombre que le da significado a la lucha de Madero. A los 35 años ya tiene la visión de una nación democrática, la defensa del voto y las elecciones como forma de gobierno representativo.
En octubre del 2008, se celebraron cien años de la publicación del libro que prepara a la gente y despierta el alma de la nación, “La Sucesión Presidencial en 1910”. Este libro recorre la República, moviendo la conciencia de los hombres y mujeres cultos, de media clase, y también de los incultos, como lo era la gran mayoría del pueblo. Su propuesta se encamina a la democracia, a la elección de un nuevo gobierno bajo el lema de “sufragio efectivo, no reelección”, la esperanza de acabar con la dictadura que se prolongaba ya por treinta años llega a todos los rincones de la Patria. Su propuesta era restaurar la democracia, al amparo de la Constitución de 1857.
El hombre había iniciado su transformación, el hombre común se acerca cada vez más al héroe. Escribir un libro no es tarea fácil y menos cuando lo que se dice en él, va en contra de todo lo establecido, con todo el poder del estado en su contra. Sin embargo Madero lo escribe, lo publica, lo presenta al pueblo. El dictador lo prohíbe, Madero como muchos otros acepta las consecuencias de lo que ha escrito. Para bien de los oprimidos, para mal del dictador, con valentía que anuncia ya su categoría de héroe se dirige al pueblo, recorre la República, “Sufragio efectivo-no reelección” es el lema que toda la nación escucha en voz de Madero. Es la primera campaña electoral en nuestro país, el hombre recorre solo la nación, acompañado de su esposa, Doña Sara Pérez Romero y de un correligionario. El héroe se encuentra con su circunstancia, es su palabra la que llama al cambio.
Con Porfirio Díaz, los hombres y mujeres del pueblo eran sólo peones guarachudos, obreros explotados, tuberculosos mineros, mujeres nagualonas, muchachillos chorreados, las niñas futuras prostitutas, todos analfabetas. Las clases acomodadas eran otra cosa, se movían en los lujosos trenes, vivían en la opulencia, mientras el pueblo medio comía y medio vivía; les pagaban en especie, y siempre le salían debiendo a la “tienda de raya” endeudados hasta su muerte.
Madero avecindado en el pueblo de San Pedro de las Colonias, donde vivió por más de 16 años, junto a Doña Sarita fundó en sus haciendas varios hospicios para dar atención a los niños y niñas huérfanos. En la esposa de Madero se perfilaba la figura de la mujer-madre de “otros”, de los desprotegidos sin rostro y sin nombre que la dictadura iba dejando al correr de los años. Doña Sara siempre estuvo al pendiente junto con Don Francisco, para brindar mejores condiciones de vida a sus trabajadores. En esta pareja latía un corazón bondadoso y sensible a los sufrimientos del pueblo. Acaso estas acciones pudieran ser el origen de las futuras dependencias y organismos dedicados a la atención de los niños y niñas y de la familia; función que empezaron a llevar a cabo “las primeras damas”, muchas de las cuales sólo han buscado en el desempeño de este papel el lucimiento personal, mientras que otras en verdad han cumplido y cumplen desde sus espacios con esta noble función, en un mundo deshumanizado y cada vez más violento en el que vivimos actualmente, a casi cien años de la lucha revolucionaria.
También en San Pedro, Madero escribía sus ideas que recorrían el Estado y más allá, en el Demócrata, periódico fundado por él y en donde encontraba voz su pensamiento y le daba voz a los “otros”, a los que no la tenían, le daba voz al pueblo.
En 1904 funda el primer “Club Anti-Reeleccionista” de México llamado “Benito Juárez”. Organiza el Partido Nacional Anti-Reeleccionista, bajo cuya bandera recorre el país, haciendo un llamado a sus compatriotas para defender el sufragio y votar en contra de la reelección. El 15 de abril de 1910, en la convención nacional es elegido Madero para contender en las elecciones como candidato a la Presidencia de la República.
Madero se prepara para acabar con la dictadura, su generación no ha conocido a otro gobernante. Porfirio Díaz se niega a dejar el poder, no importa la forma, ya tiene todo preparado para el fraude. El pueblo inconforme llenó las prisiones, también Madero llegó a la cárcel. Fue detenido en la ciudad de Monterrey y encarcelado en San Luís Potosí. Allí se asoma a la vida del pueblo de nueva cuenta esclavizado, como si no se hubiera pasado por una lucha de Independencia. El fraude fue consumado y Porfirio Díaz se nombra de nuevo presidente, a Ramón Corral lo nombra vicepresidente, vuelve a tener el poder en sus manos.
La recesión en los Estados Unidos peor o al menos igual de severa que la que se vive ahora en 2009, y que afectaba la economía mexicana, las “tiendas de raya”, la miseria en que vive el pueblo, mientras unos pocos se enriquecían y se apropiaban de las mejores tierras, llevaron al pueblo; ese héroe anónimo cuyos nombres no registra la historia, pero que por lo mismo sólo honraron sus acciones; a exigir que se respetara la elección democrática en la que iba propuesto para Presidente de la República Don Francisco I. Madero y como Vicepresidente Don Francisco Vázquez Gómez.
Ayudado por un grupo de leales, dice D. Oscar Flores Tapia: “el 6 de octubre, disfrazado de ferrocarrilero emprendió la fuga, protegido por los tripulantes de un convoy que siendo de filiación maderista, lo escondieron en el carro Express hasta que hubo cruzado la frontera con Estados Unidos, cosa que se llevó a cabo el día 7 del mismo mes”, (MADERO, Revista Coahuilense de Historia. Enero-Febrero de 1998). Se refugia en San Antonio Texas y desde allí, el 5 de octubre de 1910, lanza su Manifiesto a la Nación, con el nombre de PLAN DE SAN LUIS. Regresa al país por Ojinaga, entonces Ciudad Juárez estaba en manos del ejército de Díaz. Madero al lado de Pascual Orozco, Francisco Villa, José de la Luz Blanco y Garibaldi toman la plaza. Instala su Gobierno en una humilde casa de adobe, la “Casa Gris”, el Primer Palacio Nacional de la democracia.
En el PLAN DE SAN LUIS, Madero reconoce que el camino a la democracia como ya lo había expresado Don Benito Juárez “Es largo y difícil, pero habremos de luchar por ella hasta alcanzarla” y que una vez agotadas las vías pacíficas no queda más camino que la lucha armada. El paradigma se ha agotado el cambio debe llegar a través de la Revolución, las armas sustituyen ahora a las palabras: “Conciudadanos:- No vaciléis pues un momento: tomad las armas, arrojad del poder a los usurpadores, recobrad vuestros derechos de hombres libres y recordad que nuestros antepasados nos legaron una herencia de gloria que no podemos mancillar. Sed como ellos fueron: invencibles en la guerra, magnánimos en la victoria” con este último párrafo, cierra el PLAN DE SAN LUIS, Madero recuerda a los héroes que lo antecedieron.
Francisco I. Madero González, llega a la presidencia a los 38 años de edad. Fue presidente de la República del 6 de noviembre de 1911, al 19 de enero de 1913. Es asesinado el 22 de febrero del mismo año, apenas tenía 40 años. En nuestras luchas armadas, y sobre todo en la Revolución los héroes han muerto a traición. Creo que en todas las fechas luctuosas conmemoramos el asesinato de nuestros héroes. Madero el hombre, muere joven, su muerte prematura lo convierte en mártir. Un nombre más para Madero, Mártir de la democracia.
Los héroes son humanos, eso es lo que les da su capacidad heroica, son personas comunes, que reciben un don que les permite adelantarse a su época. Como humanos se equivocan, sienten miedos y sufren. Madero sufrió la muerte de muchos hombres y mujeres, de niños y niñas, jóvenes que pelearon, que hicieron la revolución, la tortura y muerte de su hermano. Madero murió con dignidad, como mueren los héroes.
La “decena trágica” inició el 17 de febrero de 1913, Gustavo Madero su hermano, muere torturado por ordenes del traidor Victoriano Huerta, el 18 de febrero. Al día siguiente el 19, Madero y Pino Suárez son obligados a firmar su renuncia.
“Ciudadanos secretarios de la Honorable Cámara de Diputados:
En vista de los acontecimientos que se han desarrollado de ayer acá en la nación, y para mayor tranquilidad de ella, hacemos formal renuncia de nuestros cargos de presidente y vicepresidente, respectivamente, para los que fuimos elegidos.
Protestamos lo necesario
México, 19 de febrero de 1913.
Francisco I. Madero.
José María Pino Suárez”
(Rúbricas)
Pedro Lascurain se hizo cargo de la presidencia por tan sólo 45 minutos, y únicamente para darle al traidor y asesino, el cargo de Secretario de Relaciones Exteriores. De inmediato Lascurain renuncia y el traidor toma de inmediato posesión como presidente de la República. La traición es una de las acciones humanas más deleznables, Judas prefirió colgarse de un árbol, al no soportar el peso de la suya. Huerta en cambio se instala en Palacio Nacional como presidente, su vileza aún no termina. Había prometido a Madero y a Pino Suárez, respetar sus vidas y facilitarles su exilio a Cuba. El 22 de febrero de 1913, a un costado del Palacio de Lecumberri en la Ciudad de México, son asesinados. Con su muerte termina un capítulo de la historia de la Revolución Mexicana.
Se dice que Madero logró la democracia parlamentaria y un régimen de libertades, pero no pudo darle al pueblo la satisfacción de sus necesidades, el bienestar que pedía, la justicia social, la igualdad por la que luchaba. No alcanzó a poner el orden, porque deseaba que esto se diera a través de las leyes. Buscaba un estado de derecho, imposible de lograr ante las diferencias de pensamiento entre los diversos hombres que dirigían las fuerzas revolucionarias, y las traiciones y las ambiciones de muchos de los que lo rodeaban. Al hombre, no al héroe, le faltó tiempo para hacer más por aquellos que se fueron a la Bola, siguiendo primero su palabra, siguiéndolo después con las armas. El 30 de octubre de este año 2009, se celebrará el 136 aniversario del nacimiento de Madero. Un mes después, el 20 de noviembre, la Revolución cumplirá noventa y nueve años.
Vamos a llegar al Centenario y la Revolución Mexicana está viva, y vivirá mientras el pueblo, ahora, igual que aquel de 1910, busque acabar con las injusticias, conserve la dignidad de la nación, y promueva un proyecto de humanidad, impregnado de fe en la libertad, la igualdad y la legalidad. Francisco Ignacio, honró su nombre. Madero honró su apellido, esta es mi visión del héroe, del hombre que dio inicio a una revolución con la palabra, y las circunstancias lo llevaron a iniciar una lucha armada. E4
* El presente ensayo se publica nuevamente a causa de los errores editoriales que sufrió en su primera aparición (Espacio 4, 354) y que en ningún modo fueron responsabilidad de la autora.