Nº 356 - 30 de junio de 2009
 
 
 
 
 
 

8,600 millones de pesos a los partidos sólo en 2006 y 2009

Entre las más caras del mundo

Eelecciones en México

Gerardo Hernández G.

El éxito de los comicios depende del dinero disponible y de la forma en que se utiliza: Pippa Norris, directora del Grupo de Gobernabilidad Democrática del PNUD

La democracia mexicana en materia electoral es onerosa y una de las más caras del mundo. Los procesos de 2006 y 2009 le habrán costado al país más de veinticinco mil millones de pesos, equivalentes casi al presupuesto de Coahuila este año. La tajada del león se la llevan los partidos con ocho mil seiscientos millones de pesos por concepto de financiamiento público. El IFE absorbe para su operación dos tercios de los fondos que anualmente le autoriza la Cámara de Diputados. Este análisis no incluye el gasto de 2007 y 2008, en los cuales no hubo elecciones federales.
El costo de la democracia electoral es proporcional al tamaño de la desconfianza ciudadana, pero todavía insuficiente para erradicarla por completo. En gran medida por el descrédito de los partidos.
El IFE se creó en 1989 para aplacar el malestar por el presunto fraude que impuso a Carlos Salinas. Siete años después se desligó por completo de Los Pinos mediante una reforma vanguardista de Ernesto Zedillo. En 2000 cosechó prestigio internacional por arbitrar la primera elección presidencial ganada por un candidato de oposición —Vicente Fox—. Su estrella declinó por la forma de procesar los comicios que otorgaron el triunfo a Felipe Calderón por un margen de medio punto porcentual. El PRD y otros sectores impugnaron el resultado y exigieron el recuento de votos, pero la victoria del panista la avaló el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
No obstante la alternancia que posibilitó la división de poderes —el Congreso es hoy una fuerza real—, la insatisfacción ciudadana en los comicios aún pervive. Algunas de las razones son: 1) el PAN, como gobierno, sigue sin distinguirse del PRI, 2) los partidos imponen sus intereses en la agenda nacional, y 3) las cámaras de Diputados y de Senadores responden más a la ambición de sus fracciones que a las necesidades del país. La ciudadanía también tiene responsabilidad pues en su mayoría concibe la democracia no como la vía de acceso a los asuntos públicos, sino como simple y aislado acto de votar cada tres o seis años.
Hasta hace relativamente poco, veinte años a lo sumo, el argumento para no sufragar se resumía en cuatro palabras: “El PRI siempre gana”. Otra frase, que con el tiempo devino en resignada queja nacional, retaba: “¡Gánale al PRI!”. Las elecciones estaban entonces en manos del gobierno y funcionarios de las administraciones federales y locales —del PRI— tenían bajo control los órganos respectivos, situación que los convertía en juez y parte. Las cosas empezaron a cambiar en 1989 cuando el Partido Revolucionario perdió el primer estado (Baja California) y once años más tarde la presidencia. Lo paradójico es que hoy, cuando el voto se cuenta y en términos generales se respeta, los niveles de abstencionismo rondan el setenta por ciento y a veces más.
Esta circunstancia encarece el voto. En las elecciones presidenciales de 2006 cada sufragio costó treinta y cinco dólares, según la revista Contralínea del 1 de noviembre pasado. El dato lo tomó del informe de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) sobre el desempeño y evaluación del proceso comicial de ese año.
La ASF establece que el estudio “Costo de las elecciones”, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ubica a México en el último lugar de los países en transición democrática y el segundo más caro en la captación de cada voto después de Cambodia.
En un comparativo de veintiún países —señala la revista—, la Auditoría “explica que el costo del voto en países con una experiencia electoral consolidada varía entre uno y tres dólares, como en Estados Unidos y países europeos. Los costos se elevan de 3.7 a 35.3 dólares en países con menos experiencia y donde hay múltiples partidos políticos, mientras en países con conflictos postelectorales el costo fluctúa entre 8 y 45.4 dólares. Así mientras en Palestina, asediada por un conflicto bélico desde hace 60 años, el voto cuesto 9 dólares, en México, su valor es cuatro veces mayor”.
Pakistán es la democracia estable donde el costo de cada voto es menor: medio dólar. En Gahana es de 0.7 dólares; en Estados Unidos y la India de uno; en países de la Unión Europea de uno a siete. En Chile y Senegal sube a 1.2 dólares, en Brasil a 2.3 y en Australia a 3.2.
En Paraguay y Uganda, países en transición democrática, el costo por voto es de 3.7 dólares, en El Salvador de 4.1, en Liberia de 6.1 y en Lesotho de 6.9. En Rusia se eleva a 7.5 y en México, el más caro, a 35.3 dólares.
En países con conflictos postelectorales como Bosnia Herzegovina se gastan 8 dólares por voto, en Palestina 9, en Mozambique 10.2, en Nicaragua 11.8, en Angola de 22 y en Cambodia 45.5.
La “Encuesta mundial sobre el costo del empadronamiento y las elecciones”, señala el PNUD, es una guía pormenorizada de los procesos electorales en todo el mundo. Explica qué medidas deben adoptarse, desde el empadronamiento de votantes hasta la seguridad de las urnas, y a qué precio, antes de que se deposite la primera papeleta de voto.
Pippa Norris, directora del Grupo de Gobernabilidad Democrática del PNUD, advierte A menudo hablamos acerca de la necesidad de elecciones ‘libres y justas’, pero no lo suficiente acerca de cuánto cuestan. El éxito de las elecciones depende del dinero disponible y de la forma en que se utiliza”.
En la Encuesta mundial se destaca que en los Estados que tienen una trayectoria de democracias multipartidistas, las elecciones resultan sistemáticamente más económicas que en países en que las elecciones son una experiencia nueva. No obstante, en las democracias incipientes, si la reconciliación da resultados, puede esperarse una disminución notable en el costo de las elecciones. E4

 

Ernesto Zedillo gobernó con minoría de diputados los tres últimos años, Vicente Fox todo el sexenio y Felipe Calderón la primera mitad de su mandato

PRI y PAN por la mayoría absoluta con miras a 2012

El Partido Revolucionario llega el 5 de julio fortalecido; sin embargo, para dominar la Cámara baja necesita ganar por lo menos 145 asientos más que en la elección precedente. Para captar votos el PRI culpa al presidente de la crisis económica y el PAN exalta su liderazgo en la cruzada contra el crimen organizado

Todas las enfermedades de la democracia
pueden ser curadas con más democracia.
Alfred Smith

El PRI fue mayoría absoluta en el Congreso desde su fundación, en 1929, hasta las elecciones intermedias de 1997, preámbulo de la alternancia que sobrevendría tres años después. A partir de la LVII Legislatura, los presidentes Zedillo, del Partido Revolucionario, Fox y Calderón, del PAN, gobernaron con minoría partidaria en la Cámara de Diputados.
En 1994 el PRI ganó, además de la presidencia, 300 diputados, el PAN 119 y el PRD 71. Sin embargo, en las elecciones intermedias de Zedillo, bajó a 239, Acción Nacional subió a 121 y el PRD a 125.
En la elección de Fox el PAN obtuvo 208 diputados, el PRI 207 y el PRD 53. Tres años después el partido Acción Nacional cayó a 148, el Partido Revolucionario conservó 203 y el Partido de la Revolución Democrática aumentó a 97.
En la LX Legislatura, cuyo período concluirá el 31 de agosto próximo, el PAN tiene 206 diputados —lejos de la mayoría absoluta—, el PRD 127 y el PRI 106, el menor número de toda su historia y casi cien menos de los que contaba hace seis años.
Lo paradójico es que, según encuestas, el partido hoy más alejado de la mayoría absoluta, el PRI, podría obtenerla en la próxima legislatura. Sin embargo, para lograrlo, necesita ganar por lo menos 145 diputados más de los  que ahora tiene. El salto se antoja demasiado grande, pero en democracia es posible.
Sobre todo porque a medida que la democracia avanzó en nuestro país, las elecciones intermedias se volvieron plebiscitarias para el inquilino de Los Pinos. El presidente Ronald Reagan dice en sus memorias Una vida americana, que “la gente siempre vota por el bolsillo”.
Así ha de ser, pues mientras el PAN centra su campaña en la figura del presidente Calderón y en la lucha que sostiene contra el narcotráfico y el crimen organizado en general, el PRI insiste que el tema de las elecciones del 5 de julio es el económico. En ese sentido, advierte que la inseguridad y la influenza se han usado como distractores.
Para países con experiencia en partidos de Estado, como el nuestro, lidiar con congresos divididos resulta desconcertante, aunque sea lo más natural en democracias consolidadas. En México, el presidencialismo meta constitucional (Jorge Carpizo dixit) no sólo inhibió a los poderes Legislativo y Judicial e hizo de su autonomía un mito, sino que los sometió a la voluntad del presidente de turno, lo que no pasa desde el segundo trecho de la administración zedillista. Los roces entre el Congreso y Los Pinos se agravaron con Zedillo y Fox al grado de que la ceremonia del informe anual de gobierno, al inicio de cada período ordinario de sesiones, se anuló.
Sobre la “incongruencia” de elegir a un presidente de un partido y a un Congreso de la oposición, Reagan, uno de los presidentes más exitosos y mejor recordados de los Estados Unidos, reflexiona en sus memorias:
A menudo me ha sorprendido una paradoja del Gobierno norteamericano: cada cuatro años, los votantes eligen Presidente y en California gobernador, los únicos cargos elegidos por todos. Entonces, la misma gente, en sus distritos individuales, dan un giro y eligen una legislatura y un Congreso que a menudo están controlados por el partido de la oposición, habilitándoles para impedir que el Presidente o el gobernador hagan las cosas para las que los eligieron.
Conozco gente que cree que esto es bueno, porque lo consideran parte de nuestro sistema de frenos y equilibrios. Bien, si éste es el caso, ¿por qué no tenemos una legislatura del Partido Republicano más a menudo cuando tenemos un gobernador del Partido Demócrata? (…) durante la mayor parte de la pasada mitad del siglo, un solo partido, el Demócrata, ha estado en el poder y ha utilizado este poder para trazar los límites de los distritos electorales de una forma tan descaradamente partidista que los distritos apenas han reflejado el auténtico sentimiento político de gran parte de la nación.
Ese es, justamente, uno de los argumentos con los que Acción Nacional y el presidente Calderón exhortan a los mexicanos a votar un Congreso de mayoría panista. El 17 de febrero, en una comida con gobernadores del PRI, el mandatario pidió a Dios evitar que el Partido Revolucionario volviera a Los Pinos. A los pocos días, en París, el secretario de Economía, Gerardo Ruiz, advirtió sobre el riesgo de que un emisario del narcotráfico llegara a la presidencia de la República en un futuro próximo.
Los partidos centran sus agendas legislativas en temas de seguridad y economía (empleo, freno a la carestía…). Sin embargo, a donde miran en realidad es hacia las elecciones de 2012. Se cree que el partido que más diputados obtenga el 5 de julio más cerca estará de la presidencia.
Tal visión es estrictamente errónea —o por lo menos parcial— pues bajo esa lógica el PRI, que en las intermedias de Fox ganó más diputaciones que ningún otro partido, hoy estaría en Los Pinos. Pero resulta que en las presidencial de 2006 sufrió la peor derrota en sus setenta y seis años de historia. El PRD lo desplazó al tercer sitio en el Congreso.
Pensar en la elección inmediata antes de librar la que está en puerta, como pasa en México, dispersa la atención y causa estancamiento. El futurismo consume gran parte de la energía que el país reclama para superar problemas y rezagos ancestrales, resueltos por democracias equivalentes que hoy se hallan en mejor posición que la nuestra.
Las encuestas anticipan que el 5 de julio la competencia será entre el PRI y el PAN, pero aun así es poco factible que uno de ellos alcance la mayoría absoluta; ni con los votos del Partido Verde el primero. El PRD podría volver a los niveles de 2003, cuando ganó 97 diputados, lo que representaría una caída de treinta con respecto a los que obtuvo en 2006. El PT y Convergencia, apalancados por López Obrador, procuran conservar sus respectivos registros y, según les vaya en las urnas, construir a su caudillo una nueva plataforma para las presidenciales de 2012.
Si el talón de Aquiles de la administración calderonista es la economía, además de la agravada inseguridad pública, el del PRI es su pasado, removido recientemente por el presidente Miguel de la Madrid. En una entrevista que la cadena estadounidense CNN transmitió en el marco de las campañas electorales, acusó a su sucesor Carlos Salinas y a sus hermanos Raúl y Enrique, de robar grandes cantidades del erario y de tener vínculos con el narcotráfico.
La cuestión que flota en el ambiente es si algún partido tendrá mayoría absoluta en la LXI Legislatura. Es difícil que así sea, pero la respuesta de los ciudadanos se conocerá antes de que la próxima edición de Espacio 4 empiece a circular. E4

 

Ni el PSD alcanza al abstencionismo activo

Más votos nulos que por minipartidos en las últimas elecciones federales

El primer triunfo del movimiento ciudadano para votar en blanco el 5 de julio ocurrió fuera de las urnas, donde su éxito o fracaso es un enigma. Reabrió el debate sobre la efectividad del sufragio, la calidad de los partidos y los alcances de la “clase política”, no sólo de diputados y senadores. Gobiernos, candidatos y líderes descalifican la cruzada, pero al hacerlo la estimulan por ser justamente ellos quienes la inspiran.
En países con índices de abstencionismo como el nuestro —que en elecciones intermedias registran un aumento sostenido: 39.7 en 1988, 42.3 en 1997 y 58.8 en 2003— el voto en blanco parece redundante.
En la elección de diputados de 2006, el millón 33 mil 665 papeletas anuladas representó el 2.51 por ciento de la votación total.
De existir los mecanismos pertinentes para traducir en curules el caudal de votos nulos, los abstencionistas activos tendrían hoy seis diputados, si se considera que el Partido Alternativa Social Demócrata alcanzó cinco asientos en el Congreso federal con 845 mil 749 votos (2.05 por ciento del total).
En 2000 los votos nulos sumaron 862 mil 885, más de los que el PCD y el PARM obtuvieron juntos. En las intermedias de hace seis años se anularon 899 mil 227 boletas, más de las cruzadas por el PT y Convergencia; y muy por encima de las que PSN, PAS, MP y PLM lograron en conjunto.

El voto en blanco

Wikipedia, la enciclopedia libre, describe esta expresión como una de las opciones ante la toma colectiva de una decisión. Consiste en realizar el acto mismo del voto, pero sin manifestar cuál es el candidato u opción elegida. Para poder votar en blanco, el ciudadano debe ir a las urnas y realizar los actos formales que establece la legislación de cada país. El modo de concretar el voto en blanco varía: en Colombia, por ejemplo, se debe marcar la casilla indicada como “voto en blanco”; en otros países, se considera voto en blanco cuando el sobre de votación está vacío o contiene un trozo de papel en blanco.
El voto en blanco se presta a diferentes interpretaciones: hay quien opina que quien practica el voto en blanco emite su opinión en contra de todos los candidatos en contienda, y hay quien advierte que esa opinión está en cambio expresada por el voto nulo y que el voto en blanco expresa en realidad indiferencia ante las opciones en una elección.
La práctica del voto en blanco se considera como abstención activa definiéndose esta como la suma de votantes que emiten votos en blanco y nulos, diferente a lo que ocurre en la abstención, aunque en los países donde el voto es obligatorio, ambos actos son muy difíciles de distinguir.
La enciclopedia destaca por regla general, los distintos sistemas electorales no consideran al voto en blanco como un verdadero voto. Al respecto, en la doctrina se habla de “votos válidamente emitidos”, y se excluyen de los mismos tanto a los votos en blanco como a los votos nulos. Por lo tanto, no influyen en la elección de los candidatos, pero sí constituyen un importante parámetro de la medida de la legitimidad política, tanto del sistema electoral vigente, como de los candidatos de un determinado país.
A lo largo de la historia han surgido opciones electorales en los países democráticos que han tratado de ofrecer una forma válida de canalizar el voto en blanco o de protesta. Por ejemplo, actualmente en España, el partido Ciudadanos en Blanco ofrece dejar efectivamente vacíos los escaños que obtenga, como modo de mostrar la protesta ciudadana, mientras que Democracia Directa Digital ofrece usar los representantes electos obtenidos para introducir de facto un sistema de democracia directa dentro del sistema partidista.
“Incidencia del voto en blanco en el resultado electoral”. Influye en las elecciones de múltiples candidatos, elegidos por sistema proporcional y con “piso” mínimo (cantidad mínima de votos que un partido debe obtener) calculado sobre la cantidad total de votos válidos.
En México, la idea de votar en blanco, después de todo, no es tan descabellada y lo más seguro es que tenga consecuencias en la próxima legislatura. Además ayudaría a depurar el actual sistema de partidos, algunos de los cuales son, sencillamente, parasitarios. E4

 

¿Guanajuatizar México o civilizar la política?

Cuando hace un año el presidente del PAN, Germán Martínez, se impuso la tarea de “guanajuatizar” México, sabía muy bien de lo que hablaba. En las elecciones de 2006 su partido hizo carro completo en Guanajuato: ganó la presidencia, las dos senadurías y las catorce diputaciones de mayoría relativa.
El mismo resultado se observó en Aguascalientes, Baja California, Querétaro y San Luis Potosí. En Jalisco el carro completo se frustró por un distrito. Otros estados donde ganó la mayoría de las diputaciones fueron Coahuila, Morelos, Nuevo León, Puebla, Sonora, Tamaulipas, Veracruz y Yucatán. El PAN lo presidía entonces Germán Martínez.
Fuera de su animosidad, Martínez no se ha distinguido por ser estratega o ganador. 2008, su primer año como líder, fue catastrófico para el PAN. Para el PRI, por el contrario, fue un año de vacas gordas. El de la “reivindicación”, dice en su sitio web. Ganó 81 de 115 diputaciones locales de mayoría y 115 de 198 alcaldías en media docena de estados.
Sin embargo, para efectos terapéuticos, Guanajuato es el modelo. Fox dio el grito de la alternancia en el estado cuna de la Independencia. Desde Guanajuato, donde se concentra una de las mayores reservas de votos del PAN, Fox y la ultra derecha operan para impedir que el PRI retome el poder. “¡Dios nos libre!”, exclamó el presidente Calderón ante un grupo de gobernadores de ese partido en vísperas del Día del Ejército.
Campeche, Colima, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí y Sonora elegirán gobernador, alcaldes y congresos locales el 5 de julio, además de diputados federales. En el Distrito Federal se nombrarán asambleístas y dieciséis delegados.
Estado de México, Guanajuato, Jalisco y Morelos elegirán también ayuntamientos y diputados locales en la misma fecha. El calendario lo cerrarán Coahuila y Tabasco, el 27 de septiembre y el 18 de octubre. El primero renovará cabildos y el segundo ayuntamientos y congreso. E4

 
353 - 352 - 351 - 350
349 - 348 - 347 - 346
345 - 344 - 343 - 342
341 - 340 - 339 - 338
333 - 332 - 331 - 330
329 - 328 - 327 - 326
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321 - 320 - 319 - 318
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