El abstencionismo es señal inequívoca de subdesarrollo democrático
Iglesia y empresarios en campaña y con agenda legislativa propia
Si la democracia no respeta la dignidad
de las personas es fácil caer en dictaduras
y “traicionar los legítimos anhelos del pueblo”: obispos

Lorenzo Servitje.
La influencia del voto empresarial |
Si la fortaleza del PRI descasa en los dieciocho estados que gobierna, en base a esquemas tradiciones, el PAN tiene aliados también poderosos como la Iglesia católica y los grandes empresarios. Una y otros tienen su propia agenda legislativa. Aquella rechaza el aborto, la pena capital y los matrimonios entre homosexuales. Además reclama mayores derechos y participación política. Estos exigen reformas de gran calado para liberar al país de ataduras que impiden su desarrollo.
Lo mismo que en 2000 y 2006, la Iglesia despliega una intensa campaña de promoción del voto, acompañada de críticas a los gobiernos que históricamente han solapado al crimen organizado. En un comunicado del 25 de mayo, los doce obispos del Estado de México, encabezados por el arzobispo Carlos Aguiar Retes, presidente la Conferencia del Episcopado Mexicano, advierten:
Constatamos en nuestra patria un avance en el desarrollo de los procesos electorales, y en general, en lo que llamamos democracia formal, pero percibimos la necesidad de promover una democracia más participativa, que vaya más allá de las elecciones y genere mayores instancias para la colaboración ciudadana. Una democracia cuyo valor fundamental sea la dignidad del ser humano, de lo contrario fácilmente el sistema democrático se debilita y abre camino a la dictadura, la cual termina traicionando los legítimos anhelos del pueblo.
Se nota un esfuerzo de los gobiernos, en sus diferentes niveles, por definir y aplicar políticas públicas en los campos de la salud, educación, seguridad alimentaria, previsión social, acceso a la tierra y a la vivienda, promoción eficaz de la economía para la creación de empleos y leyes que favorecen las organizaciones solidarias.
Un factor negativo es el enraizamiento y crecimiento de la corrupción en todos los niveles, en la sociedad y en el Estado, esto trae consigo un desencanto por la política y un descrédito de los políticos. La corrupción favorece el crecimiento de la violencia que se manifiesta en robos, asaltos, secuestros, y lo que es más grave en asesinatos que cada día destruyen más vidas humanas y llenan de dolor a las familias y a la sociedad entera. Se ha incrementado el crimen organizado y el narcotráfico que propician la cultura de la muerte y la pérdida de la conciencia social sobre la dignidad humana.
A ello se añade el siempre preocupante fenómeno de la violencia intrafamiliar, los rostros sufrientes de muchos niños y niñas sometidos a la prostitución infantil, incontables jóvenes que viven bajo el flagelo de las drogas, los ancianos excluidos del sistema productivo y de su familia, la situación en que viven los presos, etc.
La crisis económica mundial ha venido a revelar que la codicia y el lucro sin freno y una economía sin referencia ética propician la concentración de poder y de riqueza en manos de pocos, convirtiendo en una tarea titánica el logro de una producción y distribución de la riqueza capaz de dar vida digna a todos los ciudadanos. Quizá por todas estas situaciones muchos ciudadanos abdican de su deber de participar en la vida pública.
Después de analizar la “Situación sociopolítica”, el documento destaca, en el capítulo “Iluminación”:

Aguiar Retes.
Corrupción en todos los niveles |
Importancia de la Democracia. “La Iglesia aprecia el sistema de la democracia en la medida que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica”.
Los prelados advierten que el régimen político democrático tiene como fuente original y originante (sic) la soberanía del pueblo que reside, precisa y exclusivamente en el pueblo, no en los partidos ni en ninguno de los tres poderes fundamentales, ni menos en los mandatarios o representantes.
La autoridad política. “Toda autoridad viene de Dios (Rom 3,1), hemos de reconocer que, si bien el poder de los gobiernos temporales (“el Cesar”) no puede identificarse con el de Dios, la expresión de la voluntad del pueblo es señal de que las autoridades así constituidas legítimamente, merecen respeto y obediencia en todo lo que no contradiga la dignidad humana íntegra.
“Jesús rechaza el poder opresivo y despótico de los jefes sobre las naciones (cf. Mc 10, 42) y su pretensión de hacerse llamar benefactores (cf. Lc. 22, 25), pero jamás rechaza directamente las autoridades de su tiempo. En la diatriba sobre el pago del tributo al César (cf. Mc 12, 13-17; Mt 22, 15-22; Lc 20, 20-26), afirma que es necesario dar a Dios lo que es de Dios, condenando implícitamente cualquier intento de divinizar y de absolutizar el poder temporal”.
Importancia del voto. “Si tan noble es la política y la vocación de los políticos es tan sublime, ¿por qué entonces nos quejamos de nuestros políticos?, tal vez porque nosotros tenemos la culpa, porque no hemos sabido elegir con responsabilidad a nuestros gobernantes o lo que es peor con nuestra indiferencia o abstención en el ejercicio de nuestro voto hemos permitido que lleguen al poder algunas personas que no han sido idóneas, por ello exhortamos y animamos a todos los ciudadanos para que en las próximas elecciones ejerzan su responsabilidad cívica emitiendo su voto, por las personas más capaces.
“El abstencionismo es señal inequívoca de subdesarrollo democrático”. Renunciar al derecho al voto equivale a entregar el país a los criterios a veces no correctos de unos cuantos, por eso, todo ciudadano tiene obligación moral de votar”.
Para ejercer “correctamente” el derecho al voto, los obispos proponen a los ciudadanos: a) conocer el ideario de cada partido político, b) estar al tanto del programa de gobierno que el candidato se propone realizar, y c) ver la capacidad y prestigio moral de cada candidato: su calidad humana, su experiencia en asuntos públicos, su capacidad de liderazgo, su honradez, su vida íntegra familiar y social, el respeto por los derechos humanos, especialmente la vida, desde su fecundación hasta la muerte natural. Abrigar la confianza razonable de que los elegidos buscarán el interés de todos los ciudadanos, sobre los intereses particulares o de partido.
Por disposición constitucional el voto es personal, secreto, consciente y razonado. El buen éxito de las elecciones dependerá de la participación y colaboración responsable de todos.
Sobre uno de los temas más controvertidos de las plataformas legislativas 2009-2012, los prelados preguntan: ¿Qué decir de la pena de muerte? Esta es su respuesta: “Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes, todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables” (Sab. 1,13 -14).
El documento concluye en este punto: El ser humano, aunque haya fallado, tiene la oportunidad de una auténtica conversión; más que impulsar la pena de muerte se necesita aplicar las leyes existentes y luchar contra la impunidad de los que han cometido un delito y sobre todo es importante una campaña educativa integral en la que trabajemos juntos: gobierno, sociedad civil, Iglesia y familias para rescatar los valores humanos y cristianos y evitar que los seres más preciados de la creación (hombre-mujer) se deshumanicen.
Por su parte, bancos y grandes empresas —algunas bajo la batuta del Lorenzo Servitje, uno de los líderes más respetados del país por su filantropía, compromiso social y éxito en los negocios— se las ingenian para promover el voto azul, color distintivo del PAN, en campañas publicitarias. Son los casos de Liverpool, Cervecería Modelo y Banamex, entre otros.
En las elecciones presidenciales de 2006, el industrial Enrique Coppel dirigió a sus empleados una carta para exhortarlos a votar. Decía que doscientos cincuenta mil sufragios —posibles de reunir entre ellos y sus familiares— podrían hacer la diferencia en una elección cerrada. Así fue. Hoy la estrategia es otra, pero el fin es el mismo. E4 |