¿Una obra maestra o el relato descarnado de un pedófilo? es la pregunta que pocos se atreven a responder
LOLITA O CONFESIONES DE UN VIUDO DE RAZA BLANCA
Asediada por la censura, excelente para muchos, denigrante para otros, la obra cumbre de Vladimir Nabokov sigue despertando comentarios alrededor del mundo.
Sus versiones cinematográficas no corrieron mejor suerte
que la novela original. El dedo acusador no se desprende
de los tabúes morales y busca aplastar el origen artístico
de la historia
Héctor Javier Peña

En pocas palabras, Lolita trata sobre un hombre maduro que enamora y seduce a una niña de doce años. Sin embargo, es necesario leerla para comprender la grandeza de su historia, estilo y prosa. Considerada como una de las cien mejores novelas de lengua inglesa. Lolita es una trama compleja. En su narración, el escritor, Vladimir Nabokov, revela a un autor erudito con cientos de guiños a obras y autores de aquella época.
Su comienzo es poderoso, palabras ardientes de un hombre viejo, que se encargará de diseccionar su realidad inmediata y las profundidades de su mente.
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo-li-ta.
Humbert Humbert es quien escribe el libro para la inmortalidad. Un testimonio de su vida y la pasión que sintió por esa nínfula llamada Lolita.
Ahora creo llegado el momento de introducir la siguiente idea: hay muchachas, entre los nueve y los catorce años de edad, que revelan su verdadera naturaleza, que no es la humana, sino la de las ninfas, (es decir, demoníaca), a ciertos fascinados peregrinos, los cuales, muy a menudo, son muchos mayores que ellas (hasta el punto de doblar, triplicar o incluso cuadruplicar su edad). Propongo designar a esas criaturas escogidas con el nombre de nínfulas.
Sus recuerdos en Europa son aburridos, ambiguos. Además de su matrimonio, su infancia transcurre solo como datos necesarios para conocer su origen. Lo único que destaca es su enamoramiento de una niña llamada Annabel. Sin embargo, este recuerdo, detonaría su pasión por Lolita, como el mismo lo dice: Estoy persuadido, sin embargo, de que en cierto modo, fatal y trágico, Lolita empezó con Annabel.
Al emigrar a Estados Unidos y tras recaídas en su salud mental, Humbert Humbert conoce a las Haze, madre e hija, Charlotte y Dolores. Los veinticinco años que había vivido desde entonces se empequeñecieron hasta convertirse en un latido agónico y luego desaparecer.
A partir de ese momento es el nombre del deseo, de la lujuria.
Antes de conocerla su vida es vacía. Un matrimonio frustrado debido a la obsesión sexual que siente por las nínfulas.
Humbert enloquece por Dolores —Lolita en sus diarios—. Pasa los días pensando en ella, en acercarse. Se obsesiona en la manera de seducirla, de tocarla. La novela se convierte en un relato erótico que se debate entre la pedofilia y el talento narrativo de Nabokov. ¿Qué es Lolita? ¿Una obra maestra o el relato descarnado de un pedófilo?
Cuando se contorsionó con un esfuerzo para arrojar el corazón de la consumida manzana a la chimenea, su joven cuerpo, sus inocentes piernas, que mostraba con toda naturalidad, y su redondo trasero se movieron sobre mi regazo tenso, torturado subrepticiamente laborioso; entonces mis sentidos experimentaron un cambio repentino y misterioso. Pase a un estado de ánimo en el que nada importaba, salvo la infusión de goce que se cocía en mi cuerpo. Lo que había empezado como una distensión deliciosa de mis raíces más intimas se convirtió en una rutilante comezón que ahora había llegado a un estado de seguridad, confianza y fe en mí mismo totales y absolutas, imposible de conseguir, por más que se intente, en la vida consciente. Una vez establecida esa honda y ardiente sensación de placer, y encarrilada hacia su definitiva convulsión, me sentí capaz de dilatarla para gozar más de ella. Había conseguido hacer mía a Lolita sin que se notara, con total impunidad.
Nabokov envuelve en la historia con el cinismo y la acidez humbertiana, no obstante el tema tan polémico. Incluso, en su momento tuvo dificultades para publicar la novela. Fue rechazado en Estados Unidos varias veces, hasta que Olympia Press en Paris acepto imprimirlo. Generó críticas extremas. Por ejemplo, Graham Greene lo considero como uno de los mejores libros del año, y en el Sunday Express de Inglaterra, el editor lo considero como el libro más sucio que había leído. No obstante, en Estados Unidos fue más fácil, tuvo mayor aceptación. Aunque siguió confundiendo a los críticos. Incluso hay quienes sostienen que Lolita no es la corrupción de una niña inocente por un hombre adulto, sino la explotación de un hombre débil por una niña corrompida.
Con el éxito de la novela, siguió la película. Su realización fue difícil. El director, Stanley Kubrick, primero tuvo que convencer a Nabokov de la idea. Después conseguir los actores. Kubrick, conocido por su meticulosidad, busco a la actriz idónea para el papel de Dolores Haze. Además, tuvo que hacer cambios en la historia acorde a lo que buscaba en la actriz. Varias actrices rechazaron el papel debido a que no deseaban encasillarse en un papel semejante al de Lolita. Al final, la elegida fue Sue Lyon, de quien muchos opinan que nunca pudo quitarse la huella de Lolita. El resto de la filmación siguió con sus problemas de censura.
Cuando se estrenó el póster de la película mostraba a una niña con lentes, mordiendo una paleta roja, en letras grandes y con ironía se leía: How did they ever make a movie of Lolita? (¿Cómo pudieron hacer una película de Lolita?
En una de sus entrevistas Kubrick respondió que de haber sabido de las limitaciones por la censura, nunca hubiera hecho la película.
Para 1997 se estreno una nueva versión de Lolita, distinta a la primera, y según los críticos más fiel a la novela. También esta presentó problemas similares.
Un año después de su publicación, Nabokov agregó un epílogo al libro, una forma de apología sobre la polémica de su libro que entre sus párrafos se lee:
En un país libre no debe esperarse que ningún escritor se inquiete por el límite exacto entre lo sensual y lo voluptuoso. Eso es ridículo. No puedo menos que admirar, pero no tengo ningún deseo de emularla, la exactitud del juicio de quienes hacen posar a las bellas y jóvenes hembras de mamífero para las fotografías que publican en las revistas de tal modo que la línea de su escote sea lo bastante baja para provocar un gruñido de admiración por parte de los lectores, y lo bastante alta para que los responsables del servicio de correos no frunzan el ceño. E4