Nº 353 - 19 de mayo de 2009
 
 
 
 

Teatro de Hernán Galindo: enorme carga simbolista y lirismo

 

Tallas extras para corazones grandes

La cultura del norte tiene en Galindo un expositor de altura. Habla de la gente fronteriza y su cultura, sin embargo, ha señalado que para poder construir un teatro nacional, es necesaria la convivencia y la reciprocidad

Fernando H. García

 

Por poco más de un mes, en las instalaciones del Icocult Acuña, los actores de la compañía “Títere, maroma y teatro” bajo la dirección de Homero Villareal Padilla al punto de las 20:00 horas de viernes a domingo, presentaron uno de los siete fársicos encuentros de Hernán Galindo, “Tallas extras para corazones grandes”.
Al respecto Homero Villarreal director de la misma comentó: Fue una temporada exitosa con un público muy satisfecho. Me pareció una buena respuesta del público pues se mantuvo la asistencia de entre 30 a 40 personas por función. Creo que se logró un buen trabajo en la actuación. Además de ser mi primer trabajo como director y eso para mí a sido una muy grata experiencia.
Mario Juárez interpreta a Gerardina, la gorda que ya no aguanta más todos los debates que tiene que pasar a diario en su vida, pues debido a su gordura, la gente se burla de ella, la tratan mal en las tiendas y en donde quiera que se detenga. Al respecto de interpretar a una mujer comento el actor: Fue un cambio drástico en mi vida. Me di cuenta de muchas cosas que uno como hombre nunca valora de una mujer. Su esencia, sus virtudes, los complejos, los riesgos que corren sea fea o bonita; los empeños que hacen para verse bien y que en la mayoría de las veces los hombres no valoramos ni les tomamos en cuenta. Un gran aprendizaje escénico.
Por su parte Mario Suárez quien interpreta a Nicéforo; este joven que atrae a Gerardina y, que la comprende y respeta así tal cual con su gordura y sus penas comenta de este mes y medio de presentaciones: De primera instancia lo vi como parte de un trabajo, pero ya después le tomé otro sabor, la cosa es relajarse y disfrutar. Mario Suárez no es  la primera vez que interpreta a este personaje, ya en otra ocasión lo había realizado.
Los muchachos de la compañía agradecen al público por su apoyo, su consistencia en las presentaciones y por haberse reído con ellos. No descartan la posibilidad de continuar con este montaje más adelante. Ya se tienen algunas invitaciones para hacer gira por el interior del estado de Coahuila. Pero como se dice en el argot del espectáculo, la función tiene que continuar. Así que la compañía tomará nuevos proyectos, nuevas formas de llegar a la gente y de poder trabajar con cariño en el arte teatral.
El dramaturgo del norte
Hernán Galindo es uno de los máximos expositores del dramaturgo del  norte de México. El autor de la puesta en escena es originario de la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Con veinticuatro años en el medio teatral, actualmente es director de Artes Escénicas de la Universidad de Monterrey (UDEM).
Su carrera, tanto como dramaturgo y director teatral, ha sido muy prolífica. Ha dirigido autores universales, opera, zarzuela y musicales, además de ser organizador y productor de macro eventos como desfiles y espectaculos multidisciplinarios.
Es fundador del grupo Dramas Nuevo León de dramaturgia, miembro de PROTEAC, ha inaugurado el teatro Odeón en Monterrey y estrenó el Foro Procultura, actualmente es coproductor en el espacio escénico Escenario Arte AC. Como dramaturgo, ha obtenido muchos reconocimientos, nacionales e internacionales.
Todos vivimos en un escenario en diferentes facetas, dependiendo del momento por el que estemos atravesando portamos una máscara, todos cambiamos de máscara varias veces al día, según donde estemos, y a veces también cuando estamos solos tenemos nuestra propia máscara cuando no queremos reconocer ciertas cosas. Yo creo que el mundo es un escenario y por eso el teatro es un reflejo de la realidad. El teatro es un aparador donde nos exponemos para reírnos, para reconocernos, analizarnos y encontrarnos. En un espejo nos encontramos, nos dice la cruda realidad quitándonos la venda de los ojos, y yo creo que es función el teatro y la dramaturgia estar siempre recordándole al ser humano lo que es, lo que vive, los porqués, que son a veces muy importantes, ha afirmado Hernán Galindo sobre la vida y su obra.
El teatro del norte tiene en Galindo en expositor de altura. Habla de la gente fronteriza y su cultura, sin embargo, ha señalado que para poder construir un teatro nacional, es necesaria la convivencia y la reciprocidad. El teatro del centro, del DF que es muy vasto y con muchos creadores, tiene aspectos de teatro apersonal, casi sin figura, mucho más globalizado, pero es la vivencia de ellos, lo que no significa que nuestras familias no merezcan un teatro propio.
La imposibilidad del escape
En la obra de Hernán Galindo, los personajes sienten una gran imposibilidad de escapar del espacio temporal y físico en el que les tocó vivir, conflicto existencial que manejan autores clásicos y universales.
Esta referencia surge de manera natural, casi sin darnos cuenta, escuchando a los personajes entrar y salir de manera natural en escenas cortas y precisas, afirma el crítico saltillense Américo Fernández, con diálogos auténticos, breves y efectivos, se observa la imposibilidad de escapar.
Fernández afirma que esta condición humana es una constante en grandes obras, como la película El Ángel Exterminador, y obras de autores como Kafka y Jean Genet. A estos autores los sentimos cercanos porque reflejan que el hombre vive en puertos cerrados.
La obra de Galindo es inteligente porque en sus textos se despoja de análisis que constriñan el trabajo creativo del director. Ofrece la posibilidad al director de expresar, incluso las obras se pueden presentar en western, ofrece en su lenguaje un lirismo con tanta habilidad para manejar el misterio y la magia que le da esa posibilidad, ha afirmado Fernández.
Con el teatro de Hernán Galindo, se demuestra que en la literatura no hay terrenos propios. Su teatro es un teatro con carga de lirismo, que une a la poesía con el hecho escénico. Contiene una gran carga simbólica, como el mar, la vida y el desierto.
La tierra como madre, el desierto como muerte, como un muro que no se puede traspasar. Una de las cuestiones terapéuticas que maneja es el diálogo entre el adulto y el niño que lleva adentro, indicó Fernández, en clara referencia a la obra del autor regiomontano titulada Los Niños de Sal. E4

 
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