Nº 352 - 5 de mayo de 2009
 
 
 
 

Generación lúcida que expresó su punto de vista desde peculiares propuestas

 

EL TAMBOR BEAT

Diferentes procesos escriturales y diversos caminos de exploración con la palabra unen a personas que compartieron las inquietudes de una época, pero se alejaron de las corrientes de moda para conformar un movimiento artístico que descuella por mérito propio

Cirilo Recio

Casi siempre las escuelas o los movimientos de las letras se nombran a posteriori, a toro pasado, una vez que el fenómeno literario se ha consolidado, validado y estudiado lo suficiente como para inscribirlo en una época y de esa época a un estilo y hasta en un lenguaje. Hablamos del romanticismo, del realismo y otros ismos, una vez que esos movimientos se han expresado, han culminado y cuando ya contamos con los elementos que hacen posible su identificación. Dicho esto sin demérito de los portentosos esfuerzos de quienes por bandera propia se alzan como paladines de un simbolismo parnasiano o de un surrealismo manifiesto, porque también sucede el proceso inverso. Un grupo de escritores obstinados en proponer los cánones de la expresión se manifiestan y pronuncian en forma más o menos pública para definirse a sí mismos y a sus obras. Incluso ocurre que frente a una moda o movimiento ya presente y reconocible, surjan toda clase de adeptos que abundan a ese río en conciencia y con un grado variable de lealtad.
Así coexisten a veces grupos antagónicos, a veces contestatarios de la ola creativa precedente, con otros que persiguen el statu quo y unos más que lo abominan, en un flujo de realidad interminable que va trazando un camino extraño por contener en él todas las rutas, todos los destinos. Esa totalitaria manía taxonómica que pretende definirlo todo, clasificarlo, etiquetarlo y empaquetarlo seguramente tiene su función —así sea esta pequeñita— para poder comprender esa múltiple realidad del camino. Pero tiene límites. El autor ha puesto en su obra algo que ninguna escuela podrá inventar. El pulso vital de la obra es la vida misma de su creador. Ese momento intransferible, efímero pero perdurable a través de la letra y entonces evocable, esa circunstancia única, ese espacio que una vez fue, es y/o será, esa fantasía irrepetible o ese sueño que desaparece, son inclasificables y no pertenecen ya a movimiento alguno en cuanto que corresponden a esa realidad íntima de quien los ha puesto por escrito.
El caso de los Beat como escuela o grupo corresponde a estas razones, porque —al margen de las consideraciones académicas o críticas que los sitúan en una generación, en una forma de escritura, o en una temática— quienes participan de esta denominación siguieron diferentes procesos escriturales, diversos caminos de exploración con la palabra. Parecería que se trata de autores que compartieron las inquietudes de una época, pero se alejaron del mainstream —ese aparentemente seguro y cálido “hogar de la buena conciencia” que no mira lo inconveniente, lo absurdo, lo irreverente: la realidad compleja en su brutal sencillez. Ese compartir de inquietudes e ideas de los Beat tal vez tuviera su fuente en una reacción natural de quien percibe a su entorno como estéril, agreste y hostil en el mejor de los casos, una generación de personajes que se unió más por el azar y una posición parecida frente a la palabra que por una causa o movimiento deliberadamente programado. Un mundo que no dejaba espacio para una libertad creativa aceptable para algunos, era un mundo al cual habría que plantear nuevos desafíos.
Las guerras mundiales, la bomba nuclear, el armamentismo, la lógica política bipolar, el determinismo de una humanidad considerada en un primer, segundo y tercer mundo, las hambrunas, la guerra fría eran condiciones que demostraban una complejidad que exigía miradas más atentas sobre la realidad humana. Y aunque los llamados Beat probablemente poseían una forma de ver al mundo fuera de la ortodoxia, no estaban situados dentro de la esfera de las decisiones, sino en el cauce de la creatividad: la literatura. En este cauce se expresaron en una escritura anárquica, irregular, espasmódica que explora lo mismo el inconsciente en los flujos automáticos del pensamiento, que a la reproducción exacta, letra por letra de un fenómeno natural como pudiera ser la caída de una gota de agua. Y seguramente es debido a que su origen era semejante en lo que respecta a pertenecer a un momento del siglo XX, caracterizado por las visiones uniformadoras de las realidades humanas, se percibe a los Beat como un grupo también semejante en su búsqueda creativa, aunque en realidad cada uno de ellos siguió y persiguió derroteros muy diferentes en la literatura, con las excepciones derivadas de las influencias mutuas.
La exploración del lenguaje y sus posibilidades expresivas, liberadoras, taumatúrgicas o filosóficas es una de las actitudes más elocuentes de esta generación. Bourroughs desarrolló un complejo objeto verbal que profundizaba sobre la relación de la consciencia, la realidad, la alucinación y el delirio. Sus métodos de escritura incluían el accidente deliberado. De hecho se conoce que cuando se encontró por vez primera con Samuel Becket, este se asombró de que Bourroughs extrajera frases y vocablos, expresiones y conceptos directamente de recortes del periódico para luego eslabonar algún extraño o lúcido escrito. Esta fórmula deliberadamente anárquica resulta por cierto también un sistema que ha sido empleado por el fallecido (1994) poeta mexicano Jaime Reyes en su libro Un día, un río.
Jack Kerouac en cambio estableció una especie de código de escritura que contempla una profunda relación entre el ser interno (mente, sentimientos, recuerdos, emociones, fantasías) y el mundo exterior (entorno, lenguaje, convenciones, reglas); una suerte de disciplina que posibilitara al escritor extraer de sí mismo el universo. Esta clase de ascesis cuasi búdica, este proceso de disponer del interior para volcarlo al exterior a través de la escritura le da a la obra de Kerouac un poderío portentoso, porque implica un lenguaje más vivo de los que supone la mera convención de la comunicación humana. El lenguaje se vuelve entonces en un medio sagrado para nombrar una realidad interior: una especie de instrumento zen budista al que es necesario dominar, explorar, exponer, modificar o machacar para que otorgue todos los posibles significados.
Kerouac, al igual que los demás, era más bien refractario a las denominaciones que buscaban encuadrarle en cierta escuela, corriente o grupo. De todas formas esto no fue óbice para que al postular con vehemencia sus preceptos de trabajo con la palabra fuera en efecto un promotor de un sistema o método que luego sería reconocible nominativamente como Beat. Allen Ginsberg, por ejemplo, al primer contacto con Kerouac, no se sintió particularmente inclinado hacia sus fórmulas. Empero posteriormente fue seducido por los métodos Kerouac hasta volverse uno de sus mayores devotos, de modo que se considera que la obra mayor de Ginsberg “Howl” (Aullido) la realizó siguiendo el método de libre flujo de ideas.
El sistema de prosa espontánea de Krouac —que tiene cierto paralelo con la propuesta surrealista de André Breton en lo que se refiere a la “escritura automática” que Breton preconizaba por otros motivos— se explica formalmente en varios textos de Kerouac, el más representativo de los cuales es “Belief and Technique for Modern Prose” (Credo y técnica de la prosa moderna). De éste provienen los siguientes preceptos:

Escritura cuadernos secretos y páginas de salvaje mecanografía para tu propio regocijo.

Suscríbelo todo, abierto, escuchando.

Trata de no embriagarte fuera de tu casa.

Ama tu propia vida.

Algo de lo que sientes encontrará su propia forma de expresarse.

Sé un santo con toda la locura de tu mente.

Sopla (estalla) tan profundamente como lo desees.

Escribe lo que quieres más profundamente desde lo más profundo de tu mente.

Cuenta la verdadera historia del mundo en un monólogo interior.

La formulación de este código de escritura guarda un reconocible parentesco en los palimsestos budistas. Esas canastas en las que los discípulos de Gautama recogieron las enseñanzas del iluminado a pesar de la paradoja explícita que se encuentra en el budismo acerca de que cada persona ha de hallar su propio camino, porque para cada ser existe una única forma en la que alcanza la plenitud y en este sentido la figura del maestro solamente es la de un acompañante.
Este parentesco, esta relación entre el método del flujo de la prosa diseñado por Kerouac y las ancestrales enseñanzas de un compendio búdico como El Dhammappada —por ejemplo— es notable en algún punto señalado por Kerouac. Así *Ama tu propia vida, *Trata de no embriagarte fuera de tu casa, *Algo de lo que sientes encontrará su propia forma…, tienen un claro referente en los versos del Dhammappada que dicen: “Llénate de gustosas recompensas…/Durante años has labrado tu propia ruina…/ ¿Para qué vivir peleando eternamente?.../ busca la felicidad en tu propio camino./ Abandona aquello que te hace sentir mal.”
Desde luego que esta suerte de recomendaciones son letra vacía si no existe la experiencia viva que las sustente. “Un libro cerrado es solamente un bulto de papel” dice un proverbio chino. Por esta razón encontramos en la obra de los Beat una literatura valiosa. En todos ellos la relación obra-vida es directa. Sus textos, su escritura proviene de lo vivido, en contrario de lo meramente mental, sentimental o fantástico, que también tiene su lugar en la literatura, pero es un valor distinto. Esa característica de experiencia hace que la obra Beat sea algo más que testimonial y literaria, es en realidad una exploración de la vida. Tal vez por eso ocurra esa diversidad creativa entre los pertenecientes a esta generación de escritores. Pero también tal vez por esa condición de vitalidad de su trabajo escrito sea que esta generación tuvo un potente efecto sobre la música (Grateful Dead, The Beatles, Bob Dylan, Jim Morrison, Tom Waits, Simon & Garfunkel, The Smiths, Death Cab for Cutie y Ulf Lundell) y la literatura (Hunter s. Thompson, Tom Robbins, Lester Bangs, Richard Braurigan, Ken Desey, Haruki Murakami y escritores del nuevo periodismo - New Journalism-). En los Beat percibimos un empirismo singular, un comenzar a escribir con apenas las mínimas herramientas académicas, de igual modo encontramos una anarquía temática y formal que establece casi crearlo todo de nuevo, usando lo antiguo, lo contemporáneo y aún lo que no estaba en la expresión escrita. Además observamos una valiosa frescura, una espontaneidad muy necesaria para un mundo bravo que contenía en sí una atmósfera enrarecida y rancia de ideologías caducas. Es decir, empirismo salvaje, anarquía expansiva, libertad espontánea son algunas de sus manifestaciones y por lo tanto algunas de sus propuestas que afectaron a posteriores escritores.
Aldous Huxley, contemporáneo de los Beat pero no perteneciente a esta generación si nos atenemos a las premisas de clasificación nominativa, en cuanto que Huxley proviene de la tradición científica, académica positivista, fue un escritor que también incluye en su obra esa vida que reta los marcos prediseñados del statu quo. “A las puertas de la percepción” y “un mundo feliz” son obras paradigmáticas de Huxley en ese sentido, pero su generación proviene de un conocimiento ya dado. Mientras que en la generación Beat, el texto nace del desesperado ser que se aferra al escaso suelo del que dispone un líquen, un pequeño musgo sobre una roca. Por estos motivos la obra de los Beat resulta probablemente tan polisémica y experimental que por momentos nos parece a nosotros ya lectores del siglo XXI ingenua, insuficiente, valiosa, extraña, incomprensible, complicada o simple, pues ya nos encontramos en un más allá de la circunstancia en que se hizo posible. Ya no vivimos ese momento asfixiante y apasionante a la vez de una bipolaridad ideológico política que todo lo situaba en blanco y negro y hacía rasero de lo que estaba más allá de las premisas conocidas. Pero esa rica polisemia Beat, ese sustrato vivo de palabras pletóricas de significados puso en claro que ese mundo también contenía pequeñeces que estrechaban la vida humana.
Al igual que con Huxley los Beat guardan una fuerte relación con Charles Bukowsky. En este caso y a diferencia del británico, Bukowsky es un outsider a la manera clásica. Alguien que no quería y no podía adaptarse a un sistema transitorio de un estado de cosas prefabricado. Por ello su obra de creación literaria comparte con la del mundo Beat esa corriente de vida, de extremismo salvaje que no pone la etiqueta de lo que es aceptable o políticamente pendejo. Sino que se afirma en lo que llega a no tener forma porque tiene la forma entera, aunque no se conozca en que consiste.
Claro que esto que digo no es un rechazo a las realidades del statu quo, o lo que ya es por todos aceptado como verdadero. Es más simple. Se trata de valores transitorios y en cierto momento tales valores resultan dañosos, limitados, pequeños —aunque no siempre suceda así— y al reaccionar y responder a tales condicionantes ponemos en juego lo que somos. Creo yo que ese fue el caso de los Beat. Una generación lúcida que expresó tanto su punto de vista, así como sus peculiares propuestas. E4

 
349 - 348 - 347 - 346
345 - 344 - 343 - 342
341 - 340 - 339 - 338
333 - 332 - 331 - 330
329 - 328 - 327 - 326
325 - 324 - 323 - 322
321 - 320 - 319 - 318
317 - 316 - 315 - 314