Prigione: En 1993, CSG no hizo nada para detener a capo
Purgas a todos los niveles,
propone el obispo Raúl Vera

Vera López.
Las drogas y el poder |
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Raúl Vera López, obispo de Saltillo, insiste: el narcotráfico florece al amparo de las autoridades. “Se tiene que investigar y meter a la cárcel a gobernadores (y) presidentes municipales, porque muchos están coludidos con el crimen. Las ejecuciones demuestran que el Estado no está dando garantía de vida a ningún ciudadano”, declaró en el Colegio de Humanidades de la Universidad del Claustro de Sor Juana de la Ciudad de México, donde también participó en la Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano, celebrada a fines de abril.
El mismo tono uso en la homilía del 9 de julio de 2008, con motivo de la peregrinación anual de la Diócesis coahuilense a la basílica de Guadalupe. El dominico, una de las voces de la Iglesia más escuchadas dentro y fuera del país, advirtió:
Por los especialistas conocemos que las drogas en México nacieron dependientes del poder político; durante décadas el crimen organizado respetó las reglas de un entendimiento con el Estado que le vetaba a participar del poder político, le prohibía desviar las drogas enviadas al exterior, hacia el mercado interno, y le exigía obedecer las decisiones del gobierno. Ahora, el Gobierno Federal y el Presidente se han debilitado y ha aumentado el poder de los estados, las grandes empresas, los partidos políticos y el crimen organizado, por lo que los acuerdos con los carteles, se fragmentaron.
En la actualidad el crimen organizado trata con funcionarios de los tres niveles de gobierno y promueve el consumo. El negocio de los narcóticos es tan lucrativo que han proliferado los grupos que se disputan con violencia ciudades y estados, como lo vemos en Coahuila, en donde se empieza a generalizar otro tipo de crímenes como asaltos, secuestros, asesinatos y “levantones”.
La inseguridad es una de nuestras mayores preocupaciones, a pesar de la campaña federal o cruzada contra el crimen organizado, cuyo desenlace es aún incierto. Nuestras familias se exponen a retenes y “convoys” fuertemente armados, mientras la violencia avanza claramente en medio de una sociedad empobrecida, con falta de trabajos bien remunerados y una cultura de impunidad, en donde la venta y el consumo de droga, se extienden constantemente.
Creemos que es necesario y urgente que se revise la estrategia con la que se enfrenta la llamada “guerra” al narcotráfico, para que se llegue a tocar las verdaderas fuentes de poder y de financiamiento que tiene el narco en México.
En una declaración reciente, Vera repara en que si los círculos del poder hablan ya del riesgo de ser gobernados por un narcotraficante en el futuro inmediato, es porque ya existen narco políticos de alto rango. “El financiamiento de las campañas políticas es uno de los elementos que utiliza el narcotráfico. (…) Hay que llevar a cabo purgas en todos los niveles. ¿Pero por qué no quieren hacerlo? Porque pierden las campañas políticas. Si agarran a un señor del PRI o del PRD se desencadena un escándalo. Eso es lo que no desean. Hay un pacto de impunidad entre los partidos”. (Espacio 4, 348)

Girolamo Prigione.
Figura clave en el país |
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El año que asesinaron al cardenal Posadas, Vera López fungía obispo de Ciudad Altamirano, Guerrero.
Entre el 13 de diciembre de 1993 y enero de 1994, Ramón y Benjamín Arellano Félix, líderes del cartel del Tijuana —donde el candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, sería asesinado dos meses más tarde—, visitaron por separado la nunciatura apostólica en la Ciudad de México para deslindarse del asesinato del cardenal Posadas. Girolamo Prigione informó al presidente Salinas y al procurador Carpizo y “nada hicieron para capturar (al primero)”, declaró el representante papal años más tarde a la cadena Multivisión.
Basado en la entrevista, el periódico La Jornada publicó el 21 de abril de 1997 la siguiente nota:
“El jerarca religioso indicó que Carpizo McGregor recomendó al ex mandatario no hablar con ‘ese señor que es uno de los peores criminales que tiene México’. Si el nuncio quiere ayudar, que le diga que se entregue’’.
“Después de que recibí a Ramón Arellano, explicó (Prigione), llamé al presidente Carlos Salinas de Gortari para notificarle quién se encontraba conmigo. Era el 13 de diciembre de 1993 y me pidió trasladarme a Los Pinos.
“Fui allí y conté todo. Le dije a Carlos Salinas: ‘ese señor está calmado, dígame lo que yo puedo hacer; si yo puedo ayudar en algo’. Sin embargo, continuó Prigione, el mandatario me contestó que pensaba salir del país, pues era la víspera de su gira a China y Japón —del 17 al 22 de diciembre— y que no podía decidir nada si no lo escuchaba su abogado.
“Ante esto, señaló el religioso, Carpizo llegó casi en pijama a Los Pinos alrededor de las 11 de la noche. Ramón continuaba en la nunciatura y el ex procurador recomendó a Salinas lo mencionado.
“Nada hicieron por detener al narcotraficante, dijo, y fue entonces que un mes después Benjamín Arellano Félix también llegó a la residencia ubicada en la colonia Guadalupe Inn. Aquí el nuncio no mencionó haber notificado del encuentro.
“Prigione fue entrevistado por el periodista Joaquín López Dóriga durante una hora. Le refirió a éste su reunión con los Arellano Félix y también sobre la última vez que vio al cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, lo que ocurrió en el anfiteatro de la Cruz Roja de Guadalajara, cuando el jerarca religioso yacía desnudo en una plancha, después de que lo acribillaron el 24 de mayo de 1993 en el aeropuerto de esa ciudad.
“Externó cuánto horror le produjo ver tanta sangre en el cuerpo del cardenal y tocar su frente aún tibia. ‘Nunca en mi vida había visto tanta sangre, nunca’, exclamó”.
Ramón Arellano murió el 10 de febrero de 2002 en un enfrentamiento con la Policía Ministerial de Mazatlán. Portaba una credencial que lo documentaba como agente “B” de la PGR, bajo el nombre falso de Jorge Pérez López. Ese mismo año, el Ejército capturó a su hermano Benjamín, en Puebla. E4 |