El poder de una botarga

González Torres.
La otra cara del dotor Simi |
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Ricardo Raphael de la Madrid es “licenciado en derecho por la UNAM (y) maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Cuenta con la maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa y sus estudios doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EE.UU. Fue secretario general de Democracia Social, Partido Político Nacional, representante ante el consejo general del IFE del partido México Posible y coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación.
Actualmente, es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). También es el conductor de Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Es analista político cotidiano del noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil, analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40, co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40, integrante de la mesa editorial de la revista Nexos y subdirector de la sección Opinión del periódico El Universal. Raphael de la Madrid es miembro del Consejo Consultivo de Conapo”.
Sus palabras, a continuación: “Agradezco la oportunidad de participar dentro de un grupo de periodistas que respeto muchísimo. En los últimos años de mi vida me había tocado jugar un poco a la manera de ‘Llanero Solitito’ en distintos temas, pero de pronto formo parte de una comunidad más amplia. Con sus miembros comparto convicciones. Una ética como la de Lydia (Cacho), la de Jorge (Zepeda), la de Sanjuana (Martínez), la de Marco Lara, la de Genaro Villamil ayuda mucho a continuar con la ética propia.
“Éste es un libro que si bien presenta una serie de perfiles y narraciones, tiene detrás una mirada profundamente crítica y adolorida sobre este caso de ‘la intocabilidad’ en nuestro país. O, como se dice comúnmente, sobre ‘el privilegio’. Es cierto que decir que este país es de privilegiados es un lugar común, pero hay veces que cuando las cosas están mal vale la pena ir a escarbar en ese lugar común y tratar de explicarnos por qué estamos viviendo en tal estado.
“Privilegiado quiere decir, en su origen etimológico, ‘privado de ley’; son los que están fuera de la ley; privi y legge. Estos intocables de ese placer gustan: de estar apartados de la ley y por encima de ella.
“Hay en los personajes aquí narrados síntomas de ese privilegio. Difícil es todavía de diagnosticar la enfermedad general, pero los síntomas están muy claros. Explican, por ejemplo, el perfil que elaboró Roberto Rock sobre Diego Fernández de Cevallos: cómo le ha hecho este hombre para ser un representante popular y, por lo tanto, parte del Estado, y jugar al mismo tiempo como abogado en contra del Estado. Sólo se puede entender cómo ocurre esto en el marco de los privilegios. Otro caso más: Lydia (Cacho) ya explicó cómo fue secuestrado uno de los tesoros de la transición democrática, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. ¡Con el trabajo que costó construir esa institución para que fuera de esa manera robada! Y en el mismo sentido alcanzamos a entender cómo le ha hecho Emilio Gamboa Patrón para ser representante y socio de todos los medios de comunicación, es decir, su emisario en el Congreso.
“A mí me tocó indagar un perfil muy curioso sobre un tipo que genera simpatías, hay que decirlo. Su sonrisa, su bonhomía, su tartamudez, su cinismo hacen que no nos caiga tan mal y además ayudan a que ese personaje que apareció en campaña en 2006, en realidad se cubra detrás de una botarga inspirada en Joaquín Pardavé. Y entonces, no nos cae tan mal. Pareciera que es uno de los perfiles menos serios y sin embargo cuenta con varios de los síntomas más dolorosos de la impunidad.
“Les comparto algunos datos sobre el doctor Simi, Víctor González Torres. Su familia lleva vendiendo medicamentos genéricos, es decir, que no tienen patente, casi por cincuenta años ya. Por lo pronto, treinta y cinco de esos cincuenta fueron años en los que se vendieron medicamentos que no pasaron por ninguna prueba. No se vendían en farmacias: se vendían al IMSS. ¿Se acuerdan de esta típica frase de ‘Fui al Seguro y no me hace la medicina’? Es que los medicamentos no pasaron por las pruebas de bioequivalencia, es decir, no se probó si esas medicinas eran equivalentes con las de patente. O más fuerte aún: no se les hicieron las pruebas de biodisponibilidad que quiere decir que el medicamento sí contiene la sustancia activa, pero el cuerpo no la puede asimilar en las horas que son necesarias para curar la enfermedad. ¿Para qué tomar una medicina si un mes después se va a quitar el dolor de cabeza?
“Esas pruebas de las que hablo no se hicieron, sino hasta principios de esta década que llegaron las compañías internacionales a exigir que se hicieran. Cuando esto ocurrió, el doctor Simi se defendió como gato boca arriba e inventó a otro personaje, ‘Raterín Raterón’ para incluirlo en su elenco. ‘Raterín Raterón’ representaba a estos nuevos farmacéuticos del imperialismo, un poco a la manera de Diego Rivera en sus murales. Con esto descalificó lo que las otras compañías estaban pidiendo en México: que se hicieran esas pruebas. Y en lo que decidían si se realizaban o no, el doctor Simi aprovecho el momento y decidió sacar sus productos al público mientras la Secretaría de Salud no hacía nada. El señor González Torres se hizo, en una década, del diez por ciento del mercado farmacéutico. Esto quiere decir de mil millones de dólares, aproximadamente.
“Cuando aquí en México se le empezó a cerrar la puerta, descubrió que ingenuos no solamente hay en México. Se fue a Guatemala y le ofreció a Rigoberta Menchú asociarse. Ella, por alguna razón que yo todavía no me explico cayó enamorada de este hombre, y declaró que se merecía el premio Nobel de la Paz. Con Rigoberta de banderita, porque en Guatemala aparecían en los anuncios la carita de Rigoberta y la del doctor Simi, se fue a recorrer América Latina y se instaló en Argentina, en Perú, en Ecuador y empezó a crecer el emporio hacia allá, hasta que los demás países decidieron que también eran necesarias las pruebas de bioequivalencia y biodisponibilidad. Entonces, el asunto le estalló en las manos. En Argentina, el doctor Simi salió perseguido por los fiscales; en Guatemala acabó peleado con Rigoberta Menchú. Cuenta la anécdota que un equipo de trabajadores pasó a borrar su cara de los anuncios para sólo dejar el rostro del doctor Simi.
“Hay dos detalles más de su biografía que comparto con indignación. Éste es un país en donde más de la mitad de la población no tiene acceso a un servicio pleno de seguridad social, de salud. Dicen que el ochenta por ciento de los mexicanos de alguna manera tenemos seguro, como el popular, el del ISSSTE, entre otros, pero en realidad dos de cada diez familias año con año pierden todo su patrimonio porque no pueden pagar los servicios de un médico y medicinas. Desde esa perspectiva, este individuo se dio cuenta que los doctores que cobran más caro no estaban dispuestos a recetar medicamentos de sus ‘Farmacias Similares’. Entonces, para resolver ese problema, contrató a médicos (que, por cierto hay muchos
desempleados y es fácil encontrarlos). Les paga poco y, a su vez, ellos cobran veinticinco pesos la consulta. ¿Alguien se merece el Premio Nobel de la Paz por este beneficio a la población que está en las circunstancias de la mexicana o la guatemalteca?
“También hay que decir que esos consultorios del doctor Simi los financiamos nosotros. González Torres ha hecho millonadas a través de los productos similares, de sus empaques, de los calendarios de las ‘Simichicas’, de los medicamentos de mostrador, herbolaria, etcétera, y todo eso le ha funcionado estupendamente bien, gana demasiado dinero. Pero para no pagarle al fisco, creó una fundación. Se llama ‘Fundación BEST’. Los impuestos que debería estar pagando el doctor Simi se los lleva esta fundación y con eso es con lo que se pagan las consultas de veinticinco pesos. ¿Qué no sería mejor que el Estado cobrara los impuestos y brindara el servicio que no da? Esos consultorios son, al mismo tiempo, un gran fraude en la competencia económica porque está prohibido en este país que el médico le trabaje a una farmacia. Es desleal con las otras farmacias que no tienen un médico junto, como sucede con “Farmacias Similares”. En México la ley dice claramente que no puede haber un médico y una farmacia en el mismo lugar. Y esta es una regla que aplica en todas las partes de un mundo civilizado. El doctor Simi, que es ‘relisto’ puso un muro de tablarroca entre la farmacia y el consultorio. Y la Secretaría de Salud, de vacaciones.
“Concluyo diciendo que hay una gran complicidad de las autoridades; una gran complicidad de los medios de comunicación que reciben toneladas de dinero por parte del doctor Simi para que no se metan con él. La Jornada, Proceso, Reforma, Televisa y TVAzteca son los que más han recibido. Entonces, no hay indignación y el tipo se merece el Premio Nobel de la Paz”.
Los intocables aporta elementos para indignarse. Ojalá y esto no sólo se quede en la indignación. Estaba viendo la lista de los libros más vendidos aquí en la FIL. A Los intocables le ha ido bastante bien, pero arriba de él tiene un libro que se llama Crepúsculo. Ojalá y esto sea el crepúsculo de los intocables en nuestro país. E4 |