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En las semanas previas a la celebración cristiana de Pascua, Coahuila volvió captar la atención de los medios de comunicación nacionales, esta vez por casos de violencia en contra de menores que estremecieron la opinión pública.
El filicidio de dos niños en pleno centro de la ciudad, protagonizado por una joven que se quitó la vida junto con sus pequeños, conmovió a la sociedad no sólo por su crueldad, sino porque destapó una serie de casos de maltrato a menores que se repiten con inusual periodicidad en el estado, principalmente en la región norte, y el país.
Los medios de comunicación dieron puntual seguimiento al drama de Rocío HR, quien se inmoló tras haber prendido fuego a Fátima y Saúl, sus hijos de cinco y once años. El caso puso a prueba la sensibilidad, madurez y profesionalismo de las empresas periodísticas. Lamentablemente primó el sensacionalismo en la mayoría de los medios. La competencia por atraer la atención de los lectores llevó a algunos reporteros a publicar datos sin confirmar y especular sobre la vida privada de las personas involucradas, al margen del daño causado no sólo a los familiares de las víctimas, sino a la sociedad en su conjunto.
Con diferencia de días ocurrió otro caso conmovedor: un padre salva la vida de su hija a costa de la propia. Sin embargo, a pesar de la heroicidad de un acto que implícitamente exalta y rescata valores humanos y familiares: la existencia y el amor a los hijos, la noticia no tuvo seguimiento periodístico. Vanguardia la publicó discretamente en primera plana. Para los periódicos de nota roja representó un festín: la fotografía del cuerpo del padre aplastado por un tráiler se acompañó por los típicos titulares encerrados entre signos de exclamación, algo que no ocurre en otros países.
Pero los medios no son los únicos que fallan. Las autoridades fracasan en su labor preventiva. La violencia intrafamiliar muestra en Coahuila un aumento sin precedentes desde 2007. Las acciones para evitarlas son a todas luces insuficientes, de ahí su recurrencia.
A escala nacional los programas gubernamentales que buscan afrontar el fenómeno tampoco han funcionado. La administración estatal anuncia que abordará el tema en el Primer Congreso Sobre Violencia Infantil, a celebrarse este mes. Además, lanzará la campaña “No seas cómplice”, cuyo objetivo es fomentar la cultura de la denuncia contra abusos a menores.
Con estas medidas, Coahuila aspira a ponerse a la cabeza del país en la lucha contra la violencia intrafamiliar y ayudar a que otro estados desarrollen programas efectivos en el mismo sentido.
Y si bien, como señala el obispo de Saltillo Raúl Vera, las causas de fondo pueden radicar en una sociedad enferma y descuidada por la crisis económica y social que vivimos en México, la tarea del estado resulta esencial para educar a la población y terminar con esa idea de que los golpes forman parte de la tradición en la crianza de los niños.
Escalada, no hechos aislados

Risas infantiles.
Una imagen que cada vez escasea más en los medios |
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El maltrato a menores no es nuevo en Coahuila ni en el país, sin embargo, 2009 inició con una ola de violencia sin precedentes en el estado.
El 19 de febrero Ashley Nicole CM, de dos años, murió asesinada a golpes en Piedras Negras. Los peritajes determinaron que los responsables fueron sus padres Michael Ángel Cruz Hernández y Joana Martínez, ambos ex convictos del sector Lázaro Cárdenas.
No era la primera vez que la niña sufría maltratos, según datos de la necropsia. Su pequeño cuerpo presentaba contusiones antiguas y quemaduras de segundo grado en una pierna.
El 14 de marzo, también en Piedras Negras, policías municipales rescataron a Édgar Alonso Medrano, de seis años, quien permanecía encadenado y bajo llave. El niño había sido amarrado a una cama por su propia madre. La mujer, Santa Velázquez, aceptó que de esa forma castigaba el mal de su hijo.
Tres días después, Saltillo se conmovía por la muerte de una pequeña de dos años en la colonia Morelos. Golpes en el hígado le provocaron un choque hemorrágico. La Fiscalía General del Estado sigue con la investigación que apunta hacia la responsabilidad de una vecina que la cuidaba. Se presume que la niña también resultó violada.
El 30 de marzo, otro hecho sacudió la opinión pública de Sabinas, donde José de Jesús B, también de dos años, fue asesinado y ultrajado presuntamente por su tío Roberto Valero Ramos.
En la necropsia las autoridades detectaron huellas de golpes en la cabeza y en distintas partes del cuerpo. De acuerdo a las pesquisas, el menor dormía en un cuarto con sus hermanos, su mamá María Angélica Valero Ramos y el supuesto agresor. La madre de la víctima no interpuso denuncia.
Por las mismas fechas, una recién nacida se localizó sin vida a orillas del río Sabinas. El cuerpo presentaba ocho heridas producidas por un arma punzocortante. El Grupo de Homicidios de la Dirección de la Policía del Estado de la Región Carbonífera apunta en contra de la madre, Ana Rosario Vargas Torres, y su amante, Amador Madrid Sánchez. Aparentemente, la mujer habría tratado de mantener el secreto su embarazo y el nacimiento de su hija debido a que estaba casada.
Pero el caso que más sacudió a la sociedad coahuilense, en parte por el despliegue de los medios, fue el de Rocío HR en la zona céntrica de Saltillo. La madrugada del 24 de marzo se prendió fuego con sus dos hijos. Los tres murieron con diferencia de horas.
La consigna: vender más
A diferencia de los demás casos, el de Rocío HR captó la atención de los medios de manera particular y mostró hasta dónde pueden llegar para dar seguimiento a una “noticia”.
El caso continuó vigente por semanas en las planas de la mayoría de los periódicos locales, en los cuales las “investigaciones” sobre las víctimas y su entorno llevaron a las especulaciones más aventuradas. Algunas se publicaron sin confirmar la información y al margen del daño a los familiares de las víctimas.
Los medios no sólo dieron lujo de detalles sobre lo que aconteció aquella madrugada trágica en la vivienda de Rocío y sus pequeños, sino que se involucraron de lleno en la vida de los perjudicados, así como de sus parientes y conocidos.
Sobre la madre se dijo todo: su trabajo de mesera, las presuntas relaciones sentimentales con su empleador —a quien se tachó de “narcotraficante”—, sus nexos con el padre de los niños, incluso se llegó a mencionar que trabajaba como prostituta sin aportar la más mínima prueba sobre semejante afirmación.
La prensa habló con los vecinos, los conocidos, los familiares. Explotó cada declaración, algunas fuera de contexto, para sus fines: ganarle al competidor, vender más.
Los reporteros llegaron a las escuelas de los hijos de Rocío. Entrevistaron a maestros y alumnos, cuyas declaraciones —quizás sin la anuencia de sus padres—, sirvieron para nutrir la obsesión amarillista alrededor del caso.
Los hechos y datos se cruzaron y se contrapusieron, debido al escaso rigor para confirmar la información. De la lectura de los diarios, en las semanas posteriores al caso, se desprenden más interrogantes que aseveraciones.
Por un lado, se afirma que la causa del homicidio pudo haber sido económica y hasta hubo titulares escalofriantes como uno de Zócalo Saltillo que reza: “Por 200 pesos quemó a sus hijos”. Sin embargo, noticias del mismo medio y de otros confirman, a través de versiones de vecinos y dueños de tiendas de la colonia, que Rocío parecía no tener deudas ni problemas económicos.
También se hizo hincapié en el descuido de los maestros por no leer los signos de violencia y abandono en sus alumnos. Otras versiones afirman que los hijos de Rocío vestían bien y estrenaban calzado en cortos períodos de tiempo.
Lo que indigna a los sectores críticos de la sociedad es el sensacionalismo, el tono de las notas, su despliegue y exhibición en puntos fijos de cruceros altamente transitados y el escaso profesionalismo de los autores que involucran hasta el mismo diablo.
La falta de respeto a la privacidad y dolor de las víctimas y sus familiares obliga a una reflexión sobre el papel de los medios. Pero mientras la noticia roja sea la que más vende, ese momento quizá nunca llegue. E4
Los niños no se corrigen a golpes: Rodríguez

Rodríguez Palacios.
Educación ante todo
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La violencia intrafamiliar contra infantes y niños que afecta Coahuila sorprende a la sociedad y toma desprevenidas a las autoridades.
Tanto la Procuraduría de la Familia como la Dirección Desarrollo Integral de la Familia (DIF) trabajan para prevenir este trastorno social que en 2008 contabilizó más de seis mil denuncias de violencia y maltrato infantil, cinco por ciento por encima de 2007.
La procuradora de la Familia, María Teresa Araiza Llaguno, presentó el tema ante la Comisión de Equidad de Género del Congreso del Estado a principios de este año.
En 2007, la administración estatal anunció la apertura de 23 Unidades de Atención a la Violencia Familiar, en conjunto con los ayuntamientos, para reforzar la infraestructura de prevención y de esa forma proteger la integridad de padres e hijos.
“El problema es básicamente cultural”, señala José Rodríguez Palacios, encargado del Departamento de Psicología del Centro Integral de Apoyo Para Niños con TDA-H (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad) Arte Activo AC, organización que se enfoca en la atención de niños con problemas de hiperactividad.
“Crecemos en una sociedad en la cual los golpes a los niños forman parte de los métodos de crianza. Creemos que el forjar los valores de los hijos justifica de algún modo la violencia, siempre y cuando sea dosificada”, señala el psicólogo egresado de la Universidad Autónoma del Noreste (UANE).
Rodríguez, quien trabaja en un proyecto con niños de un ejido chiapaneco, asegura que el problema radica en el momento en que los padres no pueden medir esa violencia y cruzan el umbral de la educación para proyectar sus propios trastornos.
“Lo que empieza con una simple cachetada para acentuar un regaño, puede frustrar a los padres cuando el niño no responde como ellos desearían, lo que da paso a más violencia para satisfacer sus propias necesidades inconscientes”, advierte.
“Es algo muy arraigado en la cultura mexicana, pero también tiene que ver con la falta de educación. Si no existe una tarea educativa para instruir a los padres sobre los peligros de algo que ellos consideran normal, los niños seguirán su ejemplo y el trastorno se trasmitirá de generación en generación”.
Asegura que las autoridades en la materia están rebasadas debido a los años de escasa investigación con respecto al problema. “Mucho se ha hablado de violencia intrafamiliar, pero escasean las estadísticas y estudios sobre el caso específico de los niños, por eso falta infraestructura para atender estos casos que lamentablemente pueden terminar con consecuencias trágicas como hemos visto en los últimos meses”.
“Justamente, en Arte Activo tratamos de ayudar a los padres a reconocer los problemas de atención de los niños, que muchas veces se consideran normales hasta que llegan a niveles más preocupantes y deben buscar ayuda profesional. Muchas veces, sabiendo identificar la causa de la falta de atención, se pueden evitar consecuencias más graves.
“Es un trabajo laborioso y hay mucho que hacer en la materia, pero con dedicación y recursos es posible prevenir estos casos y asegurar el futuro de las siguientes generaciones. Es necesario que la sociedad en conjunto proteja a sus niños, porque ellos serán los responsables de guiar su futuro.
“Hay que educar e informar a los padres. No se trata de asustarlos con penas más severas, sino de informarles que, cualquiera que sea el problema, habrá alguien que les proporcionará ayuda y siempre tendrá prioridad la salud de sus niños, aún cuando no cuenten con recursos económicos”, declara.
Pero mientras el Estado mexicano siga sin cubrir la brecha en atención social, más organizaciones no gubernamentales como Arte Activo surgirán para brindar asistencia profesional a las familias, incluso requiriendo una cuota de cooperación simbólica que está al alcance de cualquier estrato social. E4 |
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