|
Acceder a las fichas de trabajo de un criminólogo no es tarea sencilla. Estos instrumentos contienen datos clave que el profesional registra con motivo de un homicidio. Son herramientas muy personales que, tras ser leídas, es difícil no temblar. A pesar de que sólo manejan unos cuantos datos e interpretaciones, recrean imágenes de un dolor que taladra hasta la raíz y sigue avanzando.
Los cuatro casos que son incluidos a continuación son ejemplos de fichas de trabajo criminológicas. Sus escenarios son la Ciudad de México y una pequeña entidad de Chiapas. El padecimiento físico de las víctimas es muestra evidente del dolor referido renglones arriba. No obstante, y por atrevido que parezca, el material de estas fichas también podría abrir la discusión para saber si detrás del modus operandi de los victimarios también está tatuado un dolor inacabable e histórico.
Que la saña, el coraje, el rencor, el odio que caracterizan a los crímenes cometidos sean el reflejo de otros malestares culturales no es un planteamiento que cualquiera acepte o que considere necesario indagar. En lo inmediato, resulta más convincente, lógico, justo y hasta liberador, condenar con tanta o más dureza a quien tortura y asesina. Buscar las razones de la crueldad con que se conducen ciertos homicidas huele a justificación. El desagrado y rechazo brincan en automático. Considerar que el atacante que ejecuta sin miramiento lo hace porque también él ha padecido puede ser, para muchos, una honda falta de respeto a la vida de las víctimas y no la forma en que va ganando terreno esto de arrancar el ojo de quien ya quitó el de otro.
Según indican las notas del criminólogo que tuvo a bien compartir su trabajo, los casos de homicidios narrados en las siguientes fichas reflejan una misma característica: “tienen como componente principal las relaciones de poder, incluso aquellas que son simbólicas, obviamente para el victimario. El objetivo siempre serán personas que representen, simbolicen o se perciban en asociación con el principio o figura de autoridad”. La autoridad, siguiendo este diagnóstico, es de donde habría que comenzar el análisis. Es obvia la importancia de los padres de familia o tutores que fungieron como figuras de autoridad en la infancia de un homicida; éste es uno de los principios más socorridos para analizar el tema. Pero además sería conveniente que continuara la lista de “figuras de autoridad” en una especie de ejercicio inductivo que caminara de lo particular a lo general. Así pues, podrían ser planteadas las siguientes preguntas a nivel de las macroestructuras: ¿qué es y ha sido el ente tan concreto y abstracto a la vez llamado la autoridad en México? ¿Qué es y ha sido el partido político en nuestro país? ¿Qué es y ha sido el sistema hacendario? ¿Y los poderes ejecutivo, legislativo y judicial? ¿Y los sistemas educativos públicos y privados? ¿Y la salud social? ¿Y los organismos detrás de las elecciones federales? ¿Y la banca? ¿Y los monopolios? Qué han provocado éstas y otras instancias más, con sus respectivos nombres y apellidos, en el pueblo mexicano. ¿Placer en algunos? ¿Dolor en muchos? Léanse las siguientes fichas para rastrear respuestas y pesar responsabilidades:
|
Caso 1: “Me dejaste con la bronca” (Bolsa de plástico negra/ Venda que cubría los ojos/ Degollado/ Robo de mercancía).
Este caso es un ejemplo de la comisión de otro delito con anterioridad. Es decir, el mensaje señala que alguien se “quedó” con una mercancía, por lo cual, se asume que hay implícita una ganancia comercial. Por tanto, el fin de este tipo de homicidio es dicha ganancia ya sea para tener el mando de un negocio, por deudas o por los ingresos que se pueden obtener (…). Aquí se trata de llevar a cabo una revancha o venganza la cual se realiza por actos y acciones que el victimario percibe como ofensas significativas (reales o imaginarias). |
Caso 2: “Para que sepan con quién no se deben de meter” (Comandante policía municipal X/ Cabeza cubierta con vendas y plástico/ Pies lazo azul/ Impacto de bala en tórax y abdomen).
Asociado a la violencia por reivindicación económica o del honor. Sucede cuando se asesina para reclamar o recuperar un interés moral o material entre dos actores previamente conocidos (persona-persona; persona-grupo; grupo-grupo) y el objeto en disputa está en relación directa con ambos actores. No se da en la inmediatez. Hay una premeditación del acto y su causa y consecuencia no se ubican en una misma acción (ciertos ajustes de cuentas, deudas económicas o morales). Aquí se asume que existe un estrecho vínculo con el poder.
|
Caso 3: “A todos los que se metan al estado sin permiso, así quedarán” (Cabeza envuelta con cartulina/ Asfixia por obstrucción y decapitado/ Cuerpo marcado con un objeto punzocortante “Kristian-ana”).
En principio se puede clasificar este homicidio como parte de la violencia territorial. Se refiere al enfrentamiento entre grupos con algún grado de organización que buscan apropiarse o ejercer dominio sobre sectores de la ciudad como si fueran sus territorios (barrios, comunidades o zonas). Implica un referente geográfico con una delimitación espacial o simbólica. Además, por supuesto, la disputa por mantener el control de territorio. Este tipo de homicidio es resultado de la delincuencia organizada que se encuentra en conflicto por el control de mercados.
|
Caso 4: “Para los que no la creen, aquí estamos. Recuerden, la primera es una llamada cordial y de amistad, la segunda es una llamada de atención” (En la frente tenía un diente y una muela extraída al ser torturado/ Piernas embolsadas/ Manos atadas con cable eléctrico/ Ojos envueltos con una playera/ Impacto de bala en la barbilla)
Este caso nos demuestra la forma de operar de la delincuencia organizada. Y en ella podemos encontrar los elementos descritos en los casos anteriores. Se puede decir que refleja una violencia asociada al narcotráfico y a otras actividades ilícitas organizadas. Se ejerce desde una organización que tiene actividades ilícitas tales como el narcotráfico, el secuestro, el proxenetismo y otras, en las que están en juego la ganancia económica o ciertas acciones para eliminar los obstáculos del buen funcionamiento de dichas actividades.
|
Otros elementos que subyacen en todos estos casos y que se asocian a la disputa de los mercados son los siguientes: el tiro de gracia (busca dar una lección a los opositores sobre lo frágil y vulnerable que pueden ser); encobijar (la víctima era conocida por alguno de los ejecutores y a la vez, respetada); colocar bolsa en la cabeza (infringir dolor); inmovilizar (preparación para la ejecución); dedos mutilados (indicar que la víctima era un “soplón” o también llamado “dedo” y que delató a una persona); dedo en el oído (se trata de un informante de las autoridades o de un grupo contrario); dedo en la lengua (era un delator y “soplón”); diluir en ácido (acto también llamado “pozolear” o “guisar”; puede ser aplicado a alguien importante del grupo contrario).
Ante el actual clima de violencia que no cede “ni un centímetro”, las inferencias populares son las que tienden a caminar más rápido entre los miembros de una comunidad y es comprensible que busquen lapidar al criminal. Se da respuesta al porqué del proceder de un victimario con una retórica argumentativa que convence a muchos con más facilidad que los planteamientos provenientes de la sicología o la sociológica, por ejemplo.
La influencia de los discursos de algunos medios de comunicación, de lo que se sabe “a oídas” o de vivencias cercanas o propias es lo que nutre una buena parte de la opinión pública y ésta a veces acierta en sus apreciaciones; y en otras más, no. Quizá si teoría y práctica caminaran con más vecindad podría verse con más precisión qué subyace en tantas fichas de trabajo criminológicas. Podrían surgir otras estrategias de acción que evitaran que esos dolores añejos y actuales, tanto en víctimas como en victimarios, siguieran alimentando conductas violentas a perpetuidad. La lucha por la paz social, tan urgente para todos en estos momentos, es un asunto que también tiene que ver con la ciencia. centrosimago@yahoo.com.mx (E4) |