Nº 349 - 24 de marzo de 2009
 
 
 
 
 
 

La Femexfut recurre al chantaje después de la derrota frente a Estados Unidos

Estadios llenos o no hay mundial

Gerardo Hernández G.


Si Manuel Seyde viviera, con toda seguridad ya habría degradado a los “ratoncitos verdes” a nivel de parásitos. La selección refleja al país, sus miedos, mas no lo representa como Estado. Es coto de una sociedad secreta que lucra con la benevolencia de la afición y brinda fútbol chatarra


Ratoncitos verdes.
Del ranking de FIFA a la realidad

La Federación Mexicana de Fútbol, manejada por el duopolio Televisa-TV Azteca y algunos negociantes y rescoldos del salinismo (Decio de María Serrano, secretario general, fue director de Servicios de Comercio Exterior, y Víctor Mahbub, presidente de Pumas, subsecretario de Comunicaciones), ya tiene coartada para una eventual descalificación del seleccionado nacional del mundial de Sudáfrica 2010: si no califica, será culpa de la afición que no llenó los estadios.
Ese es el discurso del helvecio Sven-Göran Eriksson —después de la derrota frente a Estados Unidos—, seguramente impuesto por los federativos cuya prioridad no es el deporte, sino exprimir a la afición y a los patrocinadores; más en tiempos de crisis. En Suecia no lo esgrimiría, por una sencilla razón: allá no comulgan con ruedas de molino. Sabe que en Europa, a diferencia de México, la mediocridad no sólo no vende, sino que es causa de ruina. Preguntémonos ¿cuántos jugadores mexicanos han triunfado en Alemania, España, Francia, Inglaterra o Italia?
En su libro “El futbol a sol y sombra” (Siglo Veintiuno Editores), el escritor uruguayo Eduardo Galeano reflexiona: La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo (…) el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. (…) El juego se ha convertido en espectáculo, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue.
Una emisión reciente de Imagen Informativa, cuyas figuras son Pedro Ferriz, Adela Micha, Jorge Fernández y Pablo Carrillo en deportes, reveló que el fútbol mueve en México tres mil millones de dólares anuales, que al tipo de cambio actual representan más de cuarenta y cinco mil millones de pesos. El presupuesto de Coahuila rondará este año los veinticinco mil millones.
El fútbol mexicano es un desastre por la miopía de los directivos, que en lugar de apostar por equipos competitivos para ofrecer mejores espectáculos y aumentar utilidades, conforman a la afición, manipulada por los medios y en particular por la televisión, con jugadores insuflados y en su mayoría mediocres.
En el capítulo “El jugador”, Galeano escribe: Los empresarios lo compran, lo venden, lo prestan; y él se deja llevar a cambio de la promesa de más fama y dinero. Cuanto más éxito tiene, y más dinero gana, más preso está. (…) En otros oficios humanos, el ocaso llega con la vejez, pero el jugador de fútbol puede ser viejo a los treinta años. O antes… si un pelotazo lo desmaya de mala manera… Así, algún mal día el jugador descubre que se ha jugado la vida a una sola baraja y que el dinero se ha volado y la fama también.
Réplica del viejo sistema autoritario, aún vigente en sectores de los tres niveles de gobierno, la Federación Mexicana de Fútbol se maneja en la penumbra, no rinde cuentas. Si acaso a Televisa, a TV Azteca y a cervecerías como Modelo, dueña del club Santos, que en noviembre de 2003 lo vendió a Carlos Ahumada a espaldas de la afición. Historia, por vergonzosa, que Alejandro Irarragorri, presidente de los Guerreros, “no quisiera recordar”, declaró a Carlos Mota, conductor del programa Imagen Empresarial, el 19 de enero pasado.
El fútbol nacional posee recursos humanos y materiales para aspirar a mejores posiciones. Creíbles, no como el vigésimo tercer lugar que la FIFA le concede en la clasificación del 11 de marzo, y todavía así debajo de Turquía (11), Ucrania (14) y Camerún (16). La selección tiembla ante el equipo más modesto, llámese Bolivia —al que acaba de vencer 5 por 1—, Honduras, Jamaica... no se diga Estados Unidos y Costa Rica, con la que se medirá el 28 de este mes.
Si Manuel Seyde viviera, con toda seguridad ya habría degradado a los “ratoncitos verdes” quizá al nivel de parásitos. La selección refleja al país, sus miedos, mas no lo representa como Estado. Es coto de una sociedad secreta que lucra con la benevolencia de la afición y por eso le brinda fútbol chatarra. E4

La dictadura de Irarragorri

Gómez-Irarragorri. El crítico y el dictador

Imagen Empresarial se transmite de lunes a viernes, de las 6 a las 6:45 horas. Tal vez por ello el presidente del club Santos, Alejandro Irarragorri, supuso que nadie en Coahuila y La Laguna escucharía la sarta de hipérboles y faroles que hiló sin recato en la entrevista que concedió recientemente al titular del programa, Carlos Mota, quien además de especialista económico es también espléndido analista político.
Pontificó como si el Grupo Modelo fuera un mecenas o, mejor aún, un Mesías que salva a La Laguna de la postración, sin considerar que el consumo inmoderado de bebidas alcohólicas contribuye a agravar los problemas familiares y sociales. No de la región, sino del país. Nadie asiste al estadio a punta de pistola y tampoco nadie, con un cañón en la sien, ingiere volúmenes ingentes de cerveza en cada partido. Sin embargo, tampoco ninguna autoridad frena su distribución y venta; incluso clandestina, en expendios y colonias.
Irarragorri, quien amaga con llevarse al equipo y el estadio —en construcción— a otra plaza, cuando la afición no colma su actual casa, según ha denunciado Juan Gómez Junco, cronista deportivo de La Opinión Milenio y Multimedios Televisión, anunció que las obras en el “Territorio Santos Modelo” están a punto de turrón. Pero en su sitio web, el club muestra el futuro estadio a medio construir y sin señales de otras inversiones.
En octubre de 2005, Gómez Junco denunció penalmente a Miguel Zepeda, mediocampista del Santos, por intento de agresión. A falta de goles, el refuerzo quería asestarle puñetazos al cronista que criticaba su falta de efectividad.
Ufano por el título del torneo de clausura 2008, el presidente del Santo declaró que en el fútbol, la mejor democracia es la dictadura (Espacio 4, 329). Y dictadura es el “Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país” (Diccionario de la Lengua Española). En este caso, Irarragorri ejerce un gobierno despótico y el país es “el territorio Santos”. Desafortunado título en momentos en que las mafias luchan por el control de “territorios”.
En la entrevista con Mota, el directivo se refirió a la “función social” de la cervecería que representa. Palabras más, palabras menos, declaró que en lugar de construir una casa a los que no la tienen, mejor un complejo de calidad mundial, con estadio, hoteles, centros comerciales… proyecto en el cual se invierten más de cien millones de dólares.
Sólo que omitió un detalle: que el Estado contribuye con ciento cincuenta millones de pesos y el Municipio con cincuenta. Irarragorri exudaba soberbia. Nada dijo de abrir el club a la participación, así sea minoritaria, de la afición, como pasa en otros países, especialmente en Europa. Tampoco se comprometió a fijar precios más accesibles o a atacar la corrupción dentro y fuera del estadio.
La reventa llega al extremo de anunciarse en los periódicos en semifinales y finales. En juegos regulares, los boletos se cotizan hasta en tres veces su valor a la vista de directivos y autoridades. El hecho de que nadie compre a la fuerza no elimina el abuso, las faltas a la ley, la evasión fiscal. En algunas secciones se cobra por ocupar lugares previamente pagados, sin que nadie diga pío. El colmo: Ticketmaster vende boletos que corresponden a asientos de abonados. La dictadura funciona, el circo romano abre impune. La gente de sol, apretujada, soporta rayos incandescentes, quiere ver a sus héroes, reflejarse en ellos. Pero el ídolo es ídolo por un rato nomás, humana eternidad, cosa de nada, recuerda Galeano en El futbol a sol y sombra. (Durante el partido) La fuente de la felicidad pública se convierte en pararrayos del público rencor: — ¡Momia! A veces el ídolo no cae entero. Y a veces, cuando se rompe, la gente le devora los pedazos.
Y qué decir de los patanes que se cuelan a cualquier localidad. El fanático es el hincha en el manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique la razón... (…) el humillado se hace humillante y da miedo al miedoso. (…) liberado por un día… tiene mucho que vengar, escribe Galeano del fanatizado que amenaza e insulta cobijado por la dictadura de Irarragorri. E4

 
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