Nº 348 - 10 de marzo de 2009
 
 
 
 
 
 
Los ochenta del PRI

“Se presenta a la totalidad de la familia mexicana, la oportunidad, quizá única en muchos años, de hacer un decidido, firme y definitivo intento para pasar de la categoría de pueblo y de gobierno de caudillos, a la más alta, más respetada, más productiva, más pacífica y más civilizada de pueblo de instituciones y de leyes”. El epígrafe, tomado del último informe que el presidente Plutarco Elías Calles rindió el 1 de septiembre de 1928, abre en la página web del PRI la historia de su fundación como Partido Nacional Revolucionario, que celebra sus primeros ochenta años.
El principal mérito del PRI, justamente por su historia, consiste no sólo en haber sobrevivido hasta hoy ocho años fuera de la presidencia de la República, sino en su capacidad de recuperación que lo ubica en las encuestas como favorito para las elecciones legislativas del 5 de julio. Pero además, por si eso fuera poco, la percepción de su posible regreso a Los Pinos en 2012, tras dos sexenios de ausencia, es cada vez más extendida. La condición: que a la hora de la verdad los Peña Nieto, los Beltrones, los Gamboa, los Salinas y otros clanes no pierdan la cabeza, no se repartan el pastel antes de hornearlo.
El PRI perdió el Poder Ejecutivo en los estados y de los estados, donde se aplican modelos presidencialistas a escala, toma fortaleza para recuperarla. Claro, si el voto se lo permite. Dios, en todo caso, puede iluminar a los electores, mas no acudir a las casillas por ellos como habría invocado el presidente Calderón en su tormentosa reunión del 17 de febrero con un grupo de gobernadores. Por supuesto, la Virgen de Guadalupe tampoco tomará partido, como en el mismo desencuentro Beatriz Paredes sugirió que lo haría por el suyo. Por mucho que la jerarquía clerical empuje en un sentido u otro.
La alternancia es inherente a la democracia. Se compite para ganar, pero igual se puede perder y no por ello el mundo detiene su curso. Manuel Fraga resume: “En política todas las victorias son efímeras, y todas las derrotas son provisionales”. Lo peor que al país puede pasarle, en cualquier caso, sería volver a la presidencia imperial, totalitaria, que asfixiaba a los estados y a los otros poderes tampoco los dejaba respirar. Mirémonos en Venezuela y en otras democracias a la medida.
El sufragio universal y secreto deja a los ciudadanos en libertad de nombrar buenos o malos gobiernos, con la ventaja, según resulten, de ratificar, rectificar o volver a probar en la siguiente elección. Estados Unidos, con Bush, confirmó el adagio de Albert Guinon de que “Cuando no se elige al más animal de todos, parece que no es realmente democracia”. Y Obama quién sabe, todavía es un misterio.
El PRI salió del ataúd en que sus restos fueron expuestos y paseados con júbilo tras la elección de Fox, porque aun sin reformarse ni mostrar caras nuevas —salvo algunas en gobiernos locales— empieza a volver a sus orígenes; porque el PAN no ha sabido gobernar y también porque nuestra memoria es flaca.

 
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