Nº 347 - 24 de febrero de 2009
 
 
 
 
 
 

El PRI
a sus ochenta se siente con bríos
para ganar el Congreso y regresar a Los Pinos

Gerardo Moyano


La formación fundada por Calles en 1929 impuso a sus líderes y militantes obediencia total al presidente, hasta que el modelo colapsó tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio, la crisis económica de 1995, el descrédito del clan Salinas y los movimientos que empujaron hacia la transición democrática


Figuras clave. Salinas escucha a Zedillo. Colosio mira a otra parte

El PRI ha pasado los últimos nueve años, de los ochenta que cumplirá el 4 de marzo próximo, fuera de la presidencia y está decidido a recuperarla en 2012.
Sin embargo, esta vez deberá jugar en un ambiente electoral diferente, más limpio, y sin el apoyo de la estructura gubernamental que lo perpetuó en el poder durante siete largas décadas.
En ese sentido, el PRI parece haberse tomado el tiempo necesario para adaptarse al nuevo juego democrático, rescatando la fuerza de sus cacicazgos regionales y proyectando una imagen renovada, pero en el fondo sin cambio. Para lograrlo ha capitalizado con creces la insatisfacción generada por el PAN en el gobierno, la cual se agudiza con la crisis económica y los niveles de inseguridad, y basado su nueva campaña en el eslogan de que “El PRI sí sabe gobernar”.
Desde su nacimiento en 1929 —y hasta 2000— fue un partido alineado al presidente de la República, quien se arrogó el derecho de nombrar sucesor, lo cual limitó el margen de maniobra de sus dirigentes en el país y en los estados. Por eso, líderes carismáticos que discreparon de la línea presidencial continuaron su carrera en otros partidos; o, como el caso de Colosio, asesinado.
Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo fueron expulsados del PRI por oponerse a la candidatura de Carlos Salinas por dedazo y fundaron el Partido de la Revolución Democrática, que en las elecciones presidenciales de 2006 desplazó al PRI como segunda fuerza política nacional.
Luis Donaldo Colosio representó casi desde su postulación como candidato presidencial, en 1993, un nuevo liderazgo y un riesgo que el poder no estaba dispuesto a correr. Su asesinato, el 23 de marzo de 1994, marcó un punto de quiebre. El PRI conservó la presidencia con Ernesto Zedillo, pero el crimen en Lomas Taurinas, donde Colosio cayó abatido, la crisis económica de 1995, el descrédito del clan Salinas de Gortari, las ambiciones y la presión interna y externa que empujaban hacia la transición democrática, arrastrarían al partido fundado por Plutarco Elías Calles a la debacle en las elecciones intermedias de 1997 y en las presidenciales de 2000, cuando tuvo que decirle adiós a la presidencia.

No estaba muerto…


Lomas Taurinas.
Colosio, antes de ser ejecutado

El PRI es sólo una sombra de lo que fue hace treinta años, cuando monopolizaba el poder, sistema que el escritor Mario Vargas Llosa calificó de “dictadura perfecta”. Sin embargo, hoy más que nunca dista de estar muerto, así se haya extendido acta de defunción y paseado su ataúd cuando el panista Vicente Fox se convirtió en el primer presidente postulado por la oposición. De 1930 a 2000, los doce presidentes que gobernaron México fueron del PRI.
Sus orígenes se remontan a 1929, cuando el entonces presidente Plutarco Elías Calles creó el Partido Nacional Revolucionario (PNR) con algunos políticos afines como Gonzalo N. Santos, Emilio Portes Gil, José Manuel Puig Casauranc, Manuel Pérez Treviño, Manlio Fabio Altamirano, David Orozco y Aarón Sáenz.
Nueve años después, en 1938, el presidente Lázaro Cárdenas incluyó en sus filas a las principales centrales obreras del país y cambió el nombre de la institución a Partido de la Revolución Mexicana (PRM).
En 1946, bajo la presidencia de Miguel Alemán, el partido adoptó el nombre con el cual se le conoce en la actualidad: Partido Revolucionario Institucional, con la ida de reflejar el inicio de una nueva época en la que el gobierno de México ya no sería encabezado por líderes revolucionarios, sino por instituciones sociales.
Desde su fundación, el PRI acaparó todas las posiciones políticas. El control del Congreso federal lo empezó a perder hasta 1997. En 1989 reconoció por primera ocasión el triunfo de la oposición (el PAN) en un estado: Baja California.
En sus primeras etapas exaltó una ideología nacionalista, apoyada en la estatalización del petróleo, la industria eléctrica y la expansión del Estado en la economía. A la par creó sistemas de salud y de alimentación.
De todos los mandatarios del país emanados del PRI, sólo uno fue antes líder de ese partido (entre 1930 y 1931): Lázaro Cárdenas del Río, considerado hasta hoy como el presidente más popular de México. Mucha agua ha pasado bajo el puente priista hasta la actualidad. Beatriz Elena Paredes Rangel, su actual presidenta, busca seguir los pasos de Cárdenas. E4

Desde Zedillo, el presidente pierde
las intermedias en la Cámara baja

Si bien el PRI recupera terreno, las tendencias históricas apuntan
a que las elecciones del 5 de julio producirán una nueva Legislatura
de minorías, como ocurre desde 1997. El PAN pagará factura,
pero mantendrá su influencia en el Congreso

 


Congreso dividido.
Las encuestas favorecen al PRI

Con las precampañas en plena marcha y las campañas calentando motores, el país ha entrado de lleno en el proceso electoral que determinará quiénes serán los diputados de la LXI Legislatura, la cual iniciará funciones a partir del 1 de septiembre próximo.
La euforia ha comenzado a invadir la pantalla chica con millones de spots, en tanto que el IFE hace malabares para controlar el amplio universo mediático, para evitar que los partidos rebasen los límites que establece la recién modificada ley electoral. Pero salvo que algo extraordinario suceda, todo parece indicar que ninguno de los tres partidos principales (PAN, PRI y PRD) tendrá mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.
El PRI podría festejar sus ochenta años de vida —setenta de los cuales ostentó la presidencia de la República— con un triunfo en las urnas, pero es poco probable que alcance las doscientas cincuenta y un curules que necesita para ser mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, la cual le permitiría, en determinados casos, actuar sin el condicionamiento del resto de los partidos.
Y aún cuando esto llegara a suceder, como indican las encuestas más aventuradas, el PAN tendría aún mayoría relativa en el Senado para impedir que una eventual debacle lo dejase en inusual situación de ingobernabilidad.
Así la historia, es factible que por quinta ocasión y por tercer sexenio consecutivo el país tenga una Cámara formada por minorías, como expresión democrática y de pluralidad.
El avance del PRI, del que tanto se habla a últimas fechas, está sustentado no sólo en una racha ganadora que lleva ya dos años, sino en la tendencia estadística, la cual indica que en elecciones intermedias los partidos de oposición ganan terreno —en este caso, la intención del voto parece favorecer al PRI—, invirtiéndose la composición en la Cámara. O al menos así sucede desde que los procesos son más controlados.
Por ejemplo, en 1997, con Entesto Zedillo en el gobierno, el PRI perdió por vez primera la mayoría absoluta en la Cámara baja, vaticinio de lo que sucedería tres años más tarde en las elecciones presidenciales que le dieron el triunfo al PAN, después de setenta años de gobiernos priistas.
Algo similar ocurrió en 2003, con Vicente Fox en Los Pinos, cuando el PAN pasó de doscientos siete diputados a ciento cuarenta y nueve. Una pérdida de casi sesenta curules que podría repetirse el 5 de julio entrante.
Más atrás viene el PRD, que si bien perderá una parte de las posiciones alcanzadas por el “efecto Obrador” en 2006, podría no disminuir significativamente su presencia en las entidades donde concentra el mayor número de diputados: Estado de México, Distrito Federal, Michoacán, Guerrero y Zacatecas.
En síntesis, el PRI podría superar al partido del presidente Calderón en San Lázaro, pero quizá el PAN no pague solo la factura por la crisis y la inseguridad, así como es probable que tampoco el PRD pague muy caro los desmanes de López Obrador.

La tendencia


Beatriz Paredes.
En ruta para la sucesión de 2012

Las elecciones legislativas de 1997, en las que el Partido Revolucionario Institucional perdió por primera ocasión la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, dieron un aviso de lo que sucedería en las votaciones generales del año 2000.
La Cámara quedó constituida únicamente por minorías, con el PRI como la más amplia, aunque la suma de los demás partidos (PAN, PRD, PVEM y PT) la superaba.
Esto permitió a los coordinadores del PAN y del PRD, Carlos Medina Plascencia y Porfirio Muñoz Ledo, tomar el control de la LVII Legislatura y nombrar a este como líder de la Cámara.
El PRI se negó en principio a aceptar tal designación, con el argumento de que el acto era ilegal, pero finalmente terminó por aceptar a Muñoz Ledo, quien se convirtió en el primer presidente de oposición de la Cámara en recibir un informe presidencial. En su caso, de Ernesto Zedillo.
En 1997, el PRI perdió setenta y un bancas: pasó de trescientos a doscientos treinta y nueve diputados, mientras que el PAN sólo sumó tres curules más a los ciento diecinueve con los que contaba en la anterior legislatura. El gran ganador de aquel proceso fue el PRD que casi duplicó su presencia en la Cámara, pasando de setenta y un diputados a ciento veinticinco.
Sin embargo, el PRI continuó con mayoría absoluta en el Senado, con setentaisiete de los ciento veintiocho asientos.
En ese proceso, los partidos Cardenista, Popular Socialista y Demócrata Mexicano perdieron su registro, mientras que el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México lograron consolidar una base de apoyo que aún hoy siguen explotando en alianza con el PRD y el PRI.
Desde entonces, ningún partido ha vuelto a obtener mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y nada indica que esto pueda cambiar pronto.
En las elecciones del año 2000, el partido de Vicente Fox no sólo se llevaría la presidencia después de siete décadas del PRI en Los Pinos, sino también la mayoría en la Cámara de Diputados con doscientas siete curules, superando por primera vez a su rival histórico.
Sin embargo, el PAN sólo superó al PRI por una banca, mientras que en el Senado de la República los priistas continuaban siendo mayoría, aunque ahora relativa, con cincuenta y ocho escaños (por sobre los cuarenta y siete del PAN). El PRD perdía cincuenta asientos en la Cámara baja y ganaba dos en el Senado.
En las intermedias de 2003, la tendencia se revirtió y el PRI terminó mejor posicionado que el resto de sus adversarios con doscientos veinticuatro diputados, por encima de los ciento cuarenta y nueve del PAN (que perdía cincuenta y ocho bancas) y los noventa y siete del PRD, que lograba una de sus mejores elecciones agregando cuarenta y cuatro curules, principalmente debido al reciente éxito de López Obrador en las urnas.
En 2006, la tendencia volvería a favorecer al partido en el gobierno, permitiéndole al PAN asegurar la mayoría en el Congreso a pesar del estrecho margen con que Felipe Calderón ganó las elecciones presidenciales.
Acción Nacional recuperó cincuenta y siete curules, para totalizar doscientos seis diputados, por encima de los ciento veintitrés que el PRI obtuvo en alianza con el Verde Ecologista (una pérdida de ciento un bancas).
El PRD volvió a aumentar su bancada al participar en la Alianza por el Bien de Todos con el Partido del Trabajo y Convergencia, pasando de noventa y siete curules a ciento cincuenta y ocho en conjunto.
En el Senado, el PAN se mantuvo con una mayoría de cincuenta y dos escaños, por encima de las treinta y nueve de la Alianza por México (PRI-PVEM) y de las treinta y seis de Alianza por el Bien de Todos.
Así que pesar de los logros electorales y las encuestas favorables, es probable que el PRI gane la mayoría simple de la Cámara, pero se mantenga cerca de sus rivales. El PAN continuará con mayoría en el Senado.

Las encuestas

Las encuestas para las elecciones de este año favorecen ampliamente al PRI. El año pasado, Mitofsky le daba ventaja a los priistas con un treinta y dos por ciento de las preferencias, ocho puntos porcentuales sobre el PAN. Mientras, El Universal, en un análisis de Macario Schettino sobre las tendencias electorales de largo plazo, le daba ventaja al PAN (Espacio 4, 344).
Sin embargo, este mes El Universal  sorprendió a propios y extraños con una encuesta que ubica al PRI con casi cuarenta por ciento de las preferencias; al PAN con veinticinco y al PRD con quince. Por lejos, la más amplia diferencia que el tricolor registra.
Ante estos resultados, el senador y consejero nacional del PAN, Santiago Creel, consideró la proyección “como una llamada de atención que no debemos dejar pasar (…) pensé que estamos luchando por el primer lugar con el PRI y en un distante tercer lugar al PRD”.
Por eso hizo un llamado a su partido a “tomar conciencia para aprovechar los meses que están por venir, buscar los equilibrios internos que le hacen falta al partido y buscar que en los procesos internos que se están llevando a cabo se puedan encontrar un equilibrio”.
Por su parte, inspirada por la buena racha de triunfos y la aceptación en las encuestas, la líder priista Beatriz Paredes aseguró que su partido arrasará en las elecciones de este año. En Torreón, el 12 de febrero, aseguró que ganaría los siete distritos de Coahuila.
Sin embargo, el coordinador del PAN en el Senado, Gustavo Madero, rechaza que su partido vaya a la baja en la preferencia del electorado, y sostiene que en julio Acción Nacional ganará gubernaturas y ampliará su mayoría en la Cámara de Diputados.
Por otro lado, una encuesta privada de la Comisión Política Nacional del PRD indica que si las elecciones fueran hoy el tricolor obtendría cuarenta y tres por ciento de la votación, seguido por el PAN con treinta y seis, mientras que el PRD obtendría 17 por ciento. El estudio ubica también a López Obrador en un sitio con más opinión negativa que la que tienen los ciudadanos hacia su partido.
En cuanto a la elección para diputados a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), la encuesta otorga dieciocho por ciento de la intención de voto al PRD, cuarenta por ciento al PRI y treinta ocho por ciento al PAN. En los comicios para presidentes municipales el PRD obtendría dieciocho por ciento, el PRI cuarenta y dos y el PAN treinta y seis.
De acuerdo con la encuesta de Buendía, el PRD se mantiene fuerte en el centro y del sur, sobre todo el Distrito Federal y el Estado de México.
Con estos resultados, es lógico que el PRI sueñe con un triunfo rotundo en la Cámara de Diputados que le brinde mayoría y en 2012 lo acerque a Los Pinos. E4

 
345 - 344 - 343 - 342
341 - 340 - 339 - 338
333 - 332 - 331 - 330
329 - 328 - 327 - 326
325 - 324 - 323 - 322
321 - 320 - 319 - 318
317 - 316 - 315 - 314