La multiplicidad de propuestas para este año debe convencer
a un público reacio de llenar las salas
Abundancia y
prosperidad en el teatro
de Saltillo para 2009
Cirilo Recio Dávila
Bajo el precepto de que el teatro tiene a la sociedad que se merece, se justifica la disparidad en la atención del público. Mientras la labor escénica llega a sus audiencias de una forma vertical, la recepción se distiende por los diferentes estratos de la sociedad. Radio, cine y televisión siguen marcando la pauta

El año 2008 fue pródigo en el acontecer teatral de Saltillo, tanto por la producción local abundante como por los que jugaron como visitantes. Si en la cosa pública es lugar común decir que las sociedades tienen el gobierno que se merecen —con todo lo que ello guarda de impreciso y arbitrario— en el arte teatral la ecuación puede muy bien ser inversa: el teatro tiene a la sociedad que se merece. Y la producción teatral de 2008 formó un excelente ejemplo de esta afirmación. Veamos algunos casos de lo que tuvo lugar en los espacios escénicos de nuestra ciudad.
Además de los festivales del estado y del municipio donde las propuestas de Coahuila y Saltillo alternaron con producciones nacionales, los grupos de nuestra ciudad presentaron sus propios proyectos que abordaron toda clase de temas y un conjunto de autores que es poco frecuente encontrar en escena. Hombres en Escabeche (Ana Istartú) que explora la relación de pareja, Desconcierto a cuatro manos (con Gabriel Neaves y Francisco Ramírez) una pieza que ensalza la comunicación humana, El emperador de Asiria (en adaptación de Juan Antonio Villarreal) donde se enfatiza la condición humana en la locura, Cosas que no gozas (dirigida por Oscar Castañeda) que revela verdades a veces inadvertidas, Beaudelaire místico (de Alejandro Esparza) un trabajo sobre la visión trascendental de Beaudelaire, Tlatoani. Las muertas de Suárez (de Juan Tovar, con la dirección de Jesús Valdés) que retrata la corrupción y el crimen, Rosa de dos aromas (dirigida por Joel López) donde se exponen razones del deseo femenino, Leyendas de Saltillo (adaptadas por Luis Arturo Gatica y Víctor Antero Flores) una recreación de los relatos de antaño, La zorra alevosa y ventajosa (por Marissa Vallejo) una fábula escénica, Contrabando (de Rascón Banda con la dirección de Gustavo García) que muestra el impacto del tráfico de drogas en una comunidad, Sexo, drogas y rock´n´roll (de Luis Javier Alvarado) un ejercicio lúdico, Cornudo, apaleado y contento y Farsa y justicia del señor corregidor (del ACTAC) dos farsas que presentan las debilidades humanas, Conmemorantes y otras piezas sobre el 68 (de Emilio Carballido bajo la dirección de Mabel Garza) donde vemos el horror del crimen de lesa humanidad, Fugitivos (de Rascón Banda también por Mabel Garza) que presenta el dilema de la traición o la libertad, Naranja (Amaranta Osorio, con la dirección de Efrén Estrada) donde el diálogo de dos mujeres hace ver dos formas de ver el mundo.
No es una lista exhaustiva ni pormenorizada y estoy cierto de que se me escapan varias piezas más de los grupos locales, pero ahora lo pertinente es señalar que este prolífico trabajo escénico recibió una atención dispar por el público. Los espectadores atienden al fenómeno teatral por motivos diversos, encontramos al que busca escapar del problema de la existencia lo mismo que al que intenta encontrar una reflexión sobre las verdades más importantes para la vida. Vemos al erudito que quiere encontrar saberes, pero también al ama de casa que va a distraerse. Están en las butacas quienes desean encontrar una réplica de su propia vida, así como los que intentan descubrir algo nuevo. En todos los casos el teatro expresa algo digno de ser recibido, incluso cuando la representación es inadecuada, mala o falta de elementos, siempre tiene algo que dar. El espectador en tal caso sale antes de tiempo o comenta a la luz de su propio criterio el valor que otorga a tal o cual trabajo escénico.
Durante 2008, en ocasiones las salas estaban aceptablemente llenas, en otros momentos la ausencia de espectadores provocaba la zozobra de actores y directores, es difícil competir con Fernanda Familiar por ejemplo. Sin embargo, esa dispareja atención del público a las producciones de Saltillo se debe más a las numerosas ofertas del entretenimiento de la televisión, el cine y los eventos de masas, que a la calidad teatral de la ciudad. Después de todo, los grupos saltillenses de teatro siempre están aquí y es posible atender a sus propuestas casi en cualquier momento. Salvo que estas propuestas son un trabajo que representa muchas cosas: dedicación, disciplina, sensibilidad, creatividad, esfuerzo, estudio, tiempo… y por lo tanto merecen un mayor detenimiento en la consideración del público.
La labor escénica llega a sus audiencias de una forma vertical. El auditorio es seducido por un nombre prestigioso. Un determinado tema capta su atención. Ciertos argumentos prenden en el imaginario del público más que otros. Si a esto se suma una atractiva y eficaz publicidad, la gente llega al teatro. No obstante todo esto la obra puede resultarle desagradable, meliflua o amarga, ajena o pesada, excesiva, farragosa, torpe o vaga. Solamente cuando la dramaturgia le maravilla la audiencia se convence y se forma esa unidad entre su propia vida y la vida dramática recreada en el escenario. Esa unidad entre público y acción dramática es lo que permite afirmar que el teatro tiene el público que se merece.
El trabajo escénico no puede condescender con el espectador para presentar lo que este pide o desea porque en ello no hay movimiento. El trabajo teatral se forma a contrapelo, casi a ciegas, tomando en cuenta, sí, a esa sociedad a la que presentará sus resultados, pero casi como se considera a un adversario leal que todo habrá de poner en duda y con pleno derecho, porque a fin de cuentas la escenificación habrá de confrontarlo y medirlo, habrá de ponerlo ante lo más profundo de sí mismo para conmoverle, agitarle la conciencia y despertarle de la rutina o de la vacuidad cotidiana hacia el lenguaje de la realidad inefable —lo inexpresable que solamente la representación dramática expresa siguiendo a Peter Brook.
A las creaciones escénicas saltilleras se sumó en el año 2008 un conjunto de trabajos teatrales enraizados en un extenso territorio. Lo cómico, lo trágico, lo dramático, la ópera, lo circense. Representaciones abordadas también bajo los enfoques del entretenimiento, la reflexión, el arte, el juego. Cada quien su cama, Chicas de calendario (de la Nena Delgado) estuvo en cartelera también como True West (de Sam Shepard, con Angélica Aragón y Plutarco Haza) y pese a la distancia que separa a estas dos formas teatrales —la primera una comedia que pretende la diversión que existe cuando el público encuentra lo que pide y por lo tanto reafirma sus deseos, mientras que la segunda es un drama que profundiza en el conflicto de la envidia y los celos que propone al espectador una reflexión de la condición humana— la asistencia y el éxito de público fue contundente. Es patente que la figura célebre arrastra a los públicos a los teatros y en este sentido el aplauso a veces opaca la representación, lo que obliga al creador escénico aun esfuerzo extra para evitar una complacencia que llevaría su trabajo al abismo.
Además de esta intensa actividad teatral, local y foránea, Saltillo recibió el aliento de la dramaturgia nacional a través de las conferencias magistrales sobre Víctor Hugo Rascón Banda, dictadas por Héctor Bonilla y por Luis de Tavira, así como la presencia de actores como Rosenda Monteros, Alberto Estrella, la presentación de un libro de Enrique Mijares sobre Jesús González Dávila, la presencia de Carlos Converso con su cátedra sobre títeres. Este acervo de saberes, esta confrontación de realidades formó en Saltillo una base propicia para nuestro 2009.