Anaya arma su candidatura con la bendición presidencial

Calderón.
El compadre
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Una década menor que el PRI, que en marzo cumplirá ochenta años, Acción Nacional representó a la oposición más sólida y, desde los 80, aperturista. Su reconocimiento a Carlos Salinas legitimó al PRI en Los Pinos tras unas elecciones marcadas por la sospecha del fraude. El tema lo trae de nuevo a colación Martha Anaya con su libro 1988: el año que calló el sistema. Al principio de la crisis financiera que Salinas heredó a Zedillo, los diputados del PAN votaron con el PRI el aumento de cincuenta por ciento al IVA.
Hoy, desde la oposición, el PRI le corresponde al PAN —el presidente Calderón y Beatriz Paredes fueron diputados en la XLVIII legislatura—, aunque con intereses más altos por la voracidad y ambición de Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, coordinadores de las bancadas de ese partido en el Congreso.
El PAN tardó sesenta años en ganar la presidencia, pero como le pasó a López Portillo con la riqueza petrolera, tampoco ha sabido “administrar la abundancia”. Y no es que el país esperase un clon del PRI en Los Pinos, aunque en algunas marrullerías lo supera, pero sí una oposición, ya en el poder, congruente con sus principios democráticos y su filosofía humanista.
Lastrado por la apretada victoria de Felipe Calderón y su impericia para gobernar, Acción Nacional dejó de ganar elecciones. 2008 fue, bajo la presidencia de Germán Martínez, su peor año. En Coahuila no obtuvo un solo asiento de mayoría en el Congreso. Ahora el temor, avalado por una encuesta de Mitofsky, es que el carro completo del PRI se replique el 5 de julio, cuando se elijan diputados federales. El 18 de octubre se nombrarán nuevos ayuntamientos.
Con las luces de alarma encendidas en el comité estatal del PAN y en la presidencia de Torreón, donde el equipo de José Ángel Pérez ha sufrido bajas notables, el senador Guillermo Anaya tomó de facto el control del partido. Incluso no extrañaría que el comité municipal, último refugio del alcalde, sea pronto reemplazado por una delegación, adicta a Anaya, mientras se elige una nueva estructura con el mismo perfil.
Sectores del PAN culpan al alcalde del fracaso electoral de octubre. En Torreón podría ser, por su desempeño y por la estrategia del PRI, que concentró aquí a sus generales, pero el caso es que Acción Nacional perdió todo el estado. Bajo esa perspectiva, Anaya también tendría culpa del descalabro pues un alto número de candidatos portaba su sello. Además de que allegados suyos ocupan la mayoría de las delegaciones federales, por dos razones: 1) su relación de compadrazgo con el presidente Calderón; y 2) la posibilidad de competir por la gubernatura en 2011, más ahora que su principal rival, José Ángel Pérez, ha caído en las encuestas.
Los últimos candidatos de Acción Nacional al gobierno del estado han surgido de La Laguna. García Villa, uno de los líderes históricos de ese partido, y Jorge Zermeño, primero en ganar la alcaldía de Torreón, fueron vencidos sin dificultad por Enrique Martínez y Humberto Moreira, de Saltillo.
Zermeño, embajador en España, pasó las fiestas de diciembre en esta ciudad. A principios de enero asistió a la reunión del servicio exterior con el presidente Calderón. Antes de regresar a Madrid, él y el senador Anaya encabezaron una encerrona en Parras (algunas fuentes afirman que el diplomático no acudió). El alcalde de Torreón no fue invitado, para no “contaminar” los procesos en puerta. Luego del cónclave, en el que se habrían analizado estrategias y nombres de candidatos, el diputado Jesús de León y el ex legislador Luis Gurza endurecieron sus críticas contra Pérez Hernández.
El PAN abandona al jefe del ayuntamiento cuando más necesita de su partido, pues a la presión social y política se añade la renuncia de funcionarios clave de la administración, entre ellos la del tesorero Enrique Sada, cuya dimisión no aceptó. Además, la Auditoría Superior del Estado requirió al alcalde para que justifique gastos por más de noventa y ocho millones de pesos. Sin descartar un acto de “revanchismo político” a través del órgano fiscalizador del Congreso, Pérez advierte que no se trata de “desvíos ni nada por el estilo”, sino de “observaciones que se hacen a todos los municipios”. Argumenta que Saltillo, Monclova y Piedras Negras, gobernados por el PRI, están en las mismas circunstancias.
Niega que entre él y el PAN existan diferencias, pero de puertas adentro se le acusa de haber “pervertido” los procedimientos de selección de candidatos “por la sangre priista que corre por sus venas”. Su padre, Alejandro Pérez de la Vega, empresario que goza de prestigio y estima social, fue primer regidor en el ayuntamiento de Mariano López Mercado, gracias a su cercanía con el gobernador Rogelio Montemayor. Su esposa, María Luisa Berrueto, a quien se atribuye demasiada influencia en la administración, es hermana de Federico Berrueto Pruneda, colaborador del presidente Zedillo.
El manejo del PAN y de las delegaciones federales, por parte de Guillermo Anaya, responde a un propósito futurista alentado desde la presidencia: la lucha por el poder. Sin embargo, el PRI se ha fortalecido como nunca con el tándem Moreira-Moreira. Humberto en la conducción del estado y Rubén —puntero hasta hoy en las encuestas para las elecciones gubernamentales de 2011— en la del Partido Revolucionario.
Acción Nacional apostaría entonces al desgaste del gobernador, cuya calificación en los sondeos rebasa los ocho puntos en una escala de diez, en dos líneas: a) la denuncia, como parte de una estrategia electoral aprobada en diciembre por el consejo nacional panista; y 2) esperar a que el gobierno y el PRI incurran en excesos de confianza y empiecen a cometer errores. En tal sentido, la renuncia del diputado Eduardo Olmos, trece días después de asumir el cargo, provocó disgusto entre la población, lo que eventualmente podría costarle votos a su partido y a él mismo si acaso repite como candidato a alcalde este año.
Las condiciones son propicias para que los sectores duros de la derecha cierren filas y emplacen sus baterías contra el gobierno. Moreira ha penetrado en La Laguna, pero aún existen grupos que no lo aceptan. Quizá esto tampoco le espante el sueño, aunque sus malquerientes han identificado algunos puntos débiles. Por lo pronto, ya empiezan a explotar las relaciones poco cordiales del estado con la administración del presidente Calderón y otros círculos de la Ciudad de México. Al respecto, el periodista Armando Fuentes Aguirre, “Catón”, comenta en su columna “De política y cosas peores” del 9 de enero: “al gobernador Moreira la crema de la intelectualidad defeña no lo quiere, pero la gente de su estado sí”. E4 |