Nº 345 - 27 de enero de 2009
 
 
 
 
 
 
 

El sector duro de la derecha emplaza sus baterías contra el gobierno del estado


Zermeño y Anaya meten la mano
para salvar al PAN de otro fracaso

Gerardo Hernández G.
Torreón


La frágil posición del alcalde José Ángel Pérez podría derivar en su expulsión del partido; mientras que el PRI luce fuerte para las elecciones de julio y octubre, Acción Nacional espera que repita errores como la renuncia de Olmos para acortar distancias. Alejandro Gurza, de nuevo en escena

No hay que atacar al poder
si no tienes la seguridad de destruirlo.

Maquiavelo

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Zermeño-Anaya.
En los estudios de Multimedios Televisión, después de la encerrona panista en Parras

La cuenta regresiva para los comicios de julio y octubre toma al PAN malparado y a José Ángel Pérez en las antípodas de su momento cumbre, cuando ganó la primera elección de inicio de sexenio. Jamás los candidatos del PRI a gobernador y alcalde habían perdido Torreón al mismo tiempo. Jorge Zermeño y Guillermo Anaya ganaron a los favoritos de Rogelio Montemayor y Enrique Martínez en votaciones intermedias.
Todavía hasta mediados de 2007, Pérez competía en aceptación con el gobernador Humberto Moreira, e incluso localmente llegó a superarlo al acumular más de ocho puntos en una escala de diez. El declive empieza cuando el ayuntamiento opta por la confrontación directa y demanda al gobierno del estado y al Congreso local por la creación de la Secretaría de Desarrollo Regional, cuyo presupuesto inicial fue de mil doscientos millones de pesos.
Entre los argumentos de la controversia, interpuesta el 20 de abril de 2007, destacan:
Las inconstitucionales órdenes, acuerdos y circulares giradas al Secretario de Desarrollo Regional Laguna, mediante las cuales en violación directa del artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, construye diversas obras de infraestructura, sin atender el Plan Municipal de Desarrollo y excluyendo por completo de dichas obras al Ayuntamiento de Torreón;
La inconstitucional e inminente ejecución de órdenes y acuerdos dentro de la jurisdicción del Ayuntamiento de Torreón en materia de pavimentación, tenencia de la tierra, apoyo a la vivienda, drenaje e infraestructura básica en las colonias, al margen del Plan Municipal de Desarrollo, y en ejercicio de facultades que conforme al artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, corresponden al Ayuntamiento de Torreón Coahuila;
La inconstitucional e inminente formación de “comités vecinales” como autoridades paralelas al Ayuntamiento de Torreón, Coahuila, en violación directa del artículo 115 de la Constitución Federal.

En respuesta, la Corte decretó la suspensión de obras como el “nudo mixteco”, punto crítico en materia de tránsito vehicular. Mientras tanto, en Saltillo se construían e inauguraban puentes a un ritmo frenético, algo que para los laguneros no pasó desapercibido.
El 5 de agosto de 2008, después de dieciséis meses de alegatos, el Poder Judicial falló contra el ayuntamiento. Su área de Comunicación Social emitió al respecto la siguiente nota:
El Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió que la Secretaría de Desarrollo Regional de la Laguna, creada por el Congreso del Estado de Coahuila, no viola el artículo 115 constitucional, pues su objeto es formular, promover y evaluar la política de desarrollo regional en los municipios de Francisco I. Madero, Matamoros, San Pedro, Torreón y Viesca.
Los ministros señalaron que dicha dependencia local, deberá funcionar conforme a lo establecido en el citado artículo constitucional, es decir, en total respeto a la autonomía municipal. Así lo determinó el pleno del Alto Tribunal al resolver una controversia constitucional promovida por el municipio de Torreón, Coahuila, en la que impugnó la creación de la Secretaría de Desarrollo Regional de la Laguna como autoridad intermedia.
En la discusión, los ministros puntualizaron que al otorgarle a dicha Secretaría facultades y obligaciones que sean concurrentes con otra dependencia o entidad, ésta deberá ser ejercida en forma coordinada, buscando la mayor eficiencia y eficacia en el uso de los recursos y el máximo beneficio para la comunidad de la región. El Alto Tribunal precisó que en determinados casos únicamente la Secretaría de Desarrollo Regional de la Laguna tiene la facultad de coordinar y operar las acciones que en materia de desarrollo regional se establezcan.
En ese sentido, explicaron que tratándose de la regularización de la tenencia de la tierra, si bien esta dependencia sólo opera en los municipios de Francisco I. Madero, Matamoros, San Pedro, Torreón y Viesca, esto obedece a que se trata de la región que, según el Plan Estatal de Desarrollo, necesita de atención especial al contar con una población vulnerable.

El revés jurídico implicó para el acalde una derrota política y un triunfo para el gobierno del estado, que así ganaba otra lucha por la opinión pública. La exhibición de videos donde jefes policíacos se divertían con una bailarina desnuda en una fiesta privada y la presunta vinculación de mandos de la Dirección de Seguridad Municipal con el narcotráfico, aceleraron aún más la caída del PAN en las encuestas, como se reflejó en los comicios de octubre pasado. En Torreón perdió las cuatro diputaciones de mayoría que había ganado en 2005. Aunque Pérez no es el único responsable del fracaso, como se proclama a los cuatro vientos, podría ser expulsado del partido “por la carga priista de sus genes”. Superrealismo bretoniano.
Igual es el hecho de que, en las mismas elecciones, los laguneros no hayan pasado factura al PRI por el escándalo del Distribuidor Vial Revolución, cuyos restos recuerdan aún cómo la más fastuosa obra del sexenio de Enrique Martínez devino en quebranto por más de doscientos millones de pesos, entre su construcción y posterior demolición. Al final, los platos rotos los pagarán de nuevo los coahuilenses, pues las garantías se perdieron por la lentitud del proceso y ninguno de los funcionarios y empresarios que participaron en el bodrio pisaron la cárcel.

Torreón: un triunfo mal entendido

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José Ángel.
Entre la espada y la pared

Las pugnas de José Ángel Pérez con la capital del estado y el abandono de su partido remiten a las administraciones de José Solís Amaro y Mariano López Mercado, impuestos contra la voluntad de los gobernadores Eulalio Gutiérrez y Rogelio Montemayor; en su caso, todos ellos priistas. El primero terminó en la alcaldía su carrera política, y si cubrió los tres años fue porque líderes del sector privado le lanzaron un salvavidas por considerarlo víctima del centralismo. López Mercado tuvo peor suerte: renunció antes de cumplir dos años en el cargo y murió al poco tiempo.
Pérez obtuvo la alcaldía con ciento trece mil votos contra noventa y cuatro mil de Eduardo Olmos, a quien se compensó primero con la Secretaría de Obras Públicas y luego con la de Desarrollo Regional de La Laguna. En las mismas elecciones, ochenta y tres mil torreonenses sufragaron por Humberto Moreira para gobernador. A escala municipal esa diferencia, favorable al PAN, puede deslumbrar y generar imágenes futuristas equívocas, distorsionadas.
Sólo así se explica que el alcalde pusiera con demasiada antelación la mira en la gubernatura. Con tal propósito empezó a recorrer el estado, fijó su imagen en varios municipios e intervino abiertamente en la dirección de su partido. Sin embargo, el “efecto Torreón” no contagia por sí solo a otras regiones ni basta para acceder al Palacio Rosa. Juan Antonio García y Jorge Zermeño, e incluso aspirantes laguneros del PRI al gobierno, conocen la historia al dedillo. La capital del estado, que en su inmensa mayoría es priista, neutraliza el voto de la metrópoli lagunera.
Escindido de los grupos de García Villa y Zermeño, José Ángel Pérez formó el propio, con gente de bajo perfil y sin experiencia en la mayoría de los casos. Sus giras por el estado y la distracción de una parte de la estructura municipal en labores partidistas lo alejaron de la ciudad y mermaron la calidad de los servicios públicos, descuidos que la ciudadanía y los medios locales no dejan de reprocharle.
El 8 de septiembre, pocas horas después del enfrentamiento entre policías municipales y federales, el alcalde acusó al gobierno de abandono y de no actuar contra las bandas de secuestradores que operan en la ciudad. Las relaciones con el estado se tensaron aún más y el gobernador aprovechó para recordar que varias veces le advirtió sobre la posible infiltración del crimen organizado en la Dirección de Seguridad Pública. (A principios de enero, la Procuraduría de Justicia del Estado arrestó en Torreón a un grupo de plagiarios)
Pérez realizó enseguida varios viajes a la capital del país para entrevistarse con los secretarios de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, y de Seguridad Pública, Genaro García Luna, acompañado alternativamente por empresarios y colaboradores suyos. En columnas políticas se especuló que el jefe del gabinete presidencial habría amonestado al alcalde, pero fuentes de primera mano desmienten tal versión.
Ahora trasciende que en una de esas reuniones, Mouriño telefoneó al gobernador de Coahuila para atemperar los ánimos, pero que a media charla el empresario Alejandro Gurza tomó el auricular para increpar a Moreira por su falta de apoyo a Torreón y, al mismo tiempo, por su intromisión en asuntos municipales. El ex líder de la Coparmex lagunera habría externado otros conceptos sobre el mandatario coahuilense, durante sus contactos con los encargados de la seguridad nacional.
Mouriño tendió puentes con el gobernador. El senador Guillermo Anaya confirma. “Juan Camilo me invitó telefónicamente al informe de Moreira. Yo estaba en tránsito a Nueva York para asistir a una reunión… pero ya ves”. Con la muerte del secretario de Gobernación, Coahuila perdió un interlocutor de primera línea.
Tanto que en el comité directivo estatal del PAN prevalecía entonces un sentimiento de impotencia. “Cuando empezamos a atacar (a los Moreira), Mouriño nos llama y nos pide que le bajemos”, comenta uno de los líderes de ese partido.
Si efectivamente Gurza enfrentó al gobernador en la sede de Bucareli, y en varias instancias federales más lo acusó de presuntas irregularidades, en presencia del alcalde de Torreón y de otros testigos, lo único que logró fue empeorar las cosas. Pedro Luis Martín Bringas, yerno suyo y crítico tenaz de José Ángel Pérez, figuró entre los pocos empresarios que Moreira exaltó en su informe.
El 4 de diciembre, Gurza pretendió ingresar a la casa de gobierno donde Humberto Moreira se reunió con líderes de la iniciativa privada para tratar el tema de la seguridad; en particular, de los secuestros. Un guardia le impidió el paso. ¿La razón? Su nombre no aparecía en la lista de invitados. En solidaridad, el presidente de la Coparmex, Roberto Rodríguez, él sí convocado, tampoco entró. E4

Anaya arma su candidatura con la bendición presidencial

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Calderón.
El compadre

Una década menor que el PRI, que en marzo cumplirá ochenta años, Acción Nacional representó a la oposición más sólida y, desde los 80, aperturista. Su reconocimiento a Carlos Salinas legitimó al PRI en Los Pinos tras unas elecciones marcadas por la sospecha del fraude. El tema lo trae de nuevo a colación Martha Anaya con su libro 1988: el año que calló el sistema. Al principio de la crisis financiera que Salinas heredó a Zedillo, los diputados del PAN votaron con el PRI el aumento de cincuenta por ciento al IVA.
Hoy, desde la oposición, el PRI le corresponde al PAN —el presidente Calderón y Beatriz Paredes fueron diputados en la XLVIII legislatura—, aunque con intereses más altos por la voracidad y ambición de Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, coordinadores de las bancadas de ese partido en el Congreso.
El PAN tardó sesenta años en ganar la presidencia, pero como le pasó a López Portillo con la riqueza petrolera, tampoco ha sabido “administrar la abundancia”. Y no es que el país esperase un clon del PRI en Los Pinos, aunque en algunas marrullerías lo supera, pero sí una oposición, ya en el poder, congruente con sus principios democráticos y su filosofía humanista.
Lastrado por la apretada victoria de Felipe Calderón y su impericia para gobernar, Acción Nacional dejó de ganar elecciones. 2008 fue, bajo la presidencia de Germán Martínez, su peor año. En Coahuila no obtuvo un solo asiento de mayoría en el Congreso. Ahora el temor, avalado por una encuesta de Mitofsky, es que el carro completo del PRI se replique el 5 de julio, cuando se elijan diputados federales. El 18 de octubre se nombrarán nuevos ayuntamientos.
Con las luces de alarma encendidas en el comité estatal del PAN y en la presidencia de Torreón, donde el equipo de José Ángel Pérez ha sufrido bajas notables, el senador Guillermo Anaya tomó de facto el control del partido. Incluso no extrañaría que el comité municipal, último refugio del alcalde, sea pronto reemplazado por una delegación, adicta a Anaya, mientras se elige una nueva estructura con el mismo perfil.
Sectores del PAN culpan al alcalde del fracaso electoral de octubre. En Torreón podría ser, por su desempeño y por la estrategia del PRI, que concentró aquí a sus generales, pero el caso es que Acción Nacional perdió todo el estado. Bajo esa perspectiva, Anaya también tendría culpa del descalabro pues un alto número de candidatos portaba su sello. Además de que allegados suyos ocupan la mayoría de las delegaciones federales, por dos razones: 1) su relación de compadrazgo con el presidente Calderón; y 2) la posibilidad de competir por la gubernatura en 2011, más ahora que su principal rival, José Ángel Pérez, ha caído en las encuestas.
Los últimos candidatos de Acción Nacional al gobierno del estado han surgido de La Laguna. García Villa, uno de los líderes históricos de ese partido, y Jorge Zermeño, primero en ganar la alcaldía de Torreón, fueron vencidos sin dificultad por Enrique Martínez y Humberto Moreira, de Saltillo.
Zermeño, embajador en España, pasó las fiestas de diciembre en esta ciudad. A principios de enero asistió a la reunión del servicio exterior con el presidente Calderón. Antes de regresar a Madrid, él y el senador Anaya encabezaron una encerrona en Parras (algunas fuentes afirman que el diplomático no acudió). El alcalde de Torreón no fue invitado, para no “contaminar” los procesos en puerta. Luego del cónclave, en el que se habrían analizado estrategias y nombres de candidatos, el diputado Jesús de León y el ex legislador Luis Gurza endurecieron sus críticas contra Pérez Hernández.
El PAN abandona al jefe del ayuntamiento cuando más necesita de su partido, pues a la presión social y política se añade la renuncia de funcionarios clave de la administración, entre ellos la del tesorero Enrique Sada, cuya dimisión no aceptó. Además, la Auditoría Superior del Estado requirió al alcalde para que justifique gastos por más de noventa y ocho millones de pesos. Sin descartar un acto de “revanchismo político” a través del órgano fiscalizador del Congreso, Pérez advierte que no se trata de “desvíos ni nada por el estilo”, sino de “observaciones que se hacen a todos los municipios”. Argumenta que Saltillo, Monclova y Piedras Negras, gobernados por el PRI, están en las mismas circunstancias.
Niega que entre él y el PAN existan diferencias, pero de puertas adentro se le acusa de haber “pervertido” los procedimientos de selección de candidatos “por la sangre priista que corre por sus venas”. Su padre, Alejandro Pérez de la Vega, empresario que goza de prestigio y estima social, fue primer regidor en el ayuntamiento de Mariano López Mercado, gracias a su cercanía con el gobernador Rogelio Montemayor. Su esposa, María Luisa Berrueto, a quien se atribuye demasiada influencia en la administración, es hermana de Federico Berrueto Pruneda, colaborador del presidente Zedillo.
El manejo del PAN y de las delegaciones federales, por parte de Guillermo Anaya, responde a un propósito futurista alentado desde la presidencia: la lucha por el poder. Sin embargo, el PRI se ha fortalecido como nunca con el tándem Moreira-Moreira. Humberto en la conducción del estado y Rubén —puntero hasta hoy en las encuestas para las elecciones gubernamentales de 2011— en la del Partido Revolucionario.
Acción Nacional apostaría entonces al desgaste del gobernador, cuya calificación en los sondeos rebasa los ocho puntos en una escala de diez, en dos líneas: a) la denuncia, como parte de una estrategia electoral aprobada en diciembre por el consejo nacional panista; y 2) esperar a que el gobierno y el PRI incurran en excesos de confianza y empiecen a cometer errores. En tal sentido, la renuncia del diputado Eduardo Olmos, trece días después de asumir el cargo, provocó disgusto entre la población, lo que eventualmente podría costarle votos a su partido y a él mismo si acaso repite como candidato a alcalde este año.
Las condiciones son propicias para que los sectores duros de la derecha cierren filas y emplacen sus baterías contra el gobierno. Moreira ha penetrado en La Laguna, pero aún existen grupos que no lo aceptan. Quizá esto tampoco le espante el sueño, aunque sus malquerientes han identificado algunos puntos débiles. Por lo pronto, ya empiezan a explotar las relaciones poco cordiales del estado con la administración del presidente Calderón y otros círculos de la Ciudad de México. Al respecto, el periodista Armando Fuentes Aguirre, “Catón”, comenta en su columna “De política y cosas peores” del 9 de enero: “al gobernador Moreira la crema de la intelectualidad defeña no lo quiere, pero la gente de su estado sí”. E4

 
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