Nº 345 - 27 de enero de 2009
 
 
 
 
 
 
 
La ruta del PAN

Bastó que el PAN probara el poder para exhibir sus flaquezas. Sin embargo, nadie debe llamarse a sorpresa pues “la política saca a flote lo peor del ser humano”, advierte Mario Vargas Llosa, quien cruzó el barrizal sin enfangarse. Conscientes de que esa realidad histórica forma parte también de la condición humana, varios fundadores de Acción Nacional pugnaron por hacer de su partido, desde la oposición, una especie de guía moral, mas no gobierno. Idea plausible, pero imposible.
Influido de ese misticismo, el PAN enfrentó en su primera etapa al PRI de los generales de “la Revolución hecha gobierno”, fratricidas políticos y atrabiliarios en su mayoría, aunque también los hubo de una nobleza incomprendida como Felipe Ángeles. Para la democracia y las oposiciones de derecha e izquierda, los gobiernos civiles, inaugurados por Miguel Alemán, no significaron cambio alguno: siguieron los fraudes electorales, la corrupción, el caudillismo presidencial.
Acción Nacional ganó su primera alcaldía y diputación local en Michoacán, tierra del presidente Calderón, en 1947. Diez años después se declaró despojado, por el PRI, del gobierno de Baja California. En 1986, para hacerse con la gubernatura de Chihuahua, que en teoría había obtenido Francisco Barrio, el gobierno de Miguel de la Madrid recurrió a la añagaza del “fraude patriótico”. Los primeros estados que el PAN gobernó fueron, por cierto, Baja California y Chihuahua.
Corría entonces el turbulento sexenio de Salinas de Gortari, en el cual el PAN perdió la castidad. Así, mientras en el Congreso negociaba reformas “ad hoc”, en los estados aceptaba gobiernos que no había conseguido en las urnas. El de Guanajuato, para no ir más lejos. Francisco Pi y Margall, filósofo y presidente del Poder Ejecutivo de la Primera República Española, lo había advertido: “Las convicciones políticas son como la virginidad: una vez perdidas, no vuelven a recobrarse”.
En Coahuila el PAN sufre la misma metamorfosis. El misticismo dio paso a la materialidad, el idealismo al oportunismo y la solidaridad al canibalismo. Hoy mismo el alcalde de Torreón, José Ángel Pérez, es víctima de la inquina de una banda azul, pero también de su ambición política. En Nuevo León, el partido fundado por Gómez Morín formalizará una alianza con Elba Esther Gordillo, cacique del magisterio y poder tras el trono del Panal, para volver a ser gobierno. Y no es que estemos frente a un PRI convertido, simplemente es que los partidos, como nos recuerda Pope, son “la locura de muchos, en beneficio de pocos”.

 
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