Nº 344 - 13 de enero de 2009
 
 
 
 

La necesidad de héroes traspasa la pantalla grande y se vuelca hacia nuestra realidad

HELLBOY
o una lente en nuestro mundo

Ricardo Bernal

Crisis energética, crimen organizado, ataques informáticos, mediáticos, enfermedades, personifican a los nuevos jinetes del Apocalipsis. El infierno deja de ser escenario para ficciones, Hell Boy bien puede habitar hoy en nuestras ciudades

Hace tiempo pacto entre humanos y seres fantásticos selló conducta eterna. Este incluyó no activar con ánima mecanismos homicidas, engranajes nacidos al calor de ira y temor. Pues ya no distinguirá tirios de troyanos, aquel artilugio encadenador, corona ensamblada para controlar esas maquinas del Apocalipsis llamadas ejército dorado, sería guardada recelosamente. Esta leyenda fue escuchada con atención fogosa, un Hell Boy infantil, aun inocente pero con visión hurgativa en lo real y fantasioso. Tiempo presente, mercenario de lo oscuro trama plan recuperativo, de poder activador según él le pertenece, nada le podrá detener. Quizá, sólo se atraviesa figura roja, devorador de Milky Ways, aferrado a programación nocturna, con fuerza de atronadoras máquinas diesel. Es Hell Boy adulto, en esa agencia atenta a lo parasíquico, enamorado de la chica ígnea.
Le acompaña mente lúcida, sangre verde salada y pupilentes pro ojos húmedos. Abe Sapien. Ni todo su conocimiento le salvará del amor, equivocado, pues susodicha es hermana gemela de lo oscuro. Agreguemos a este cuadro, de pinceladas ya rayanas en surrealismo anómalo, otro personaje de suyo desconcertante  —de origen alemán, usará cualidad particular, esa— propia de corporeidades raras. Conocimientos del extranjero le darán que pensar al tipo rojo de cornamenta cortada. Pareciera puesto específicamente para derruirle, sin embargo se sostiene. Apuntalado, anclaje inserto amoritivo da soplo vital suficiente para aguantar todo, incluso extraños ataques, se refieren a anómalos entes.
También aquel definitivo encuentro, epopéyico choque, émulo a cataclismo volcánico, telúrico.  La armada dorada, ausente de piedad, solo detendrá su ataque merced a secreto especial. Corresponde al equipo parasíquico develarlo, junto a ojo escudriñador del atento cinéfilo.
Del Toro presenta segunda entrega del hombre rojo, amante recurrente a la caja boba y calorías industriales. Historia lineal, flash backs tapizan pavimento otrora impecable a entendimiento de espectador. Visiones, afirman presente ahora, emborronados con ligeros enigmas por descubrir. Argumento harto solicitado, presente en muchas —iba a decir todas— sagas relativas, genéricas. Ese objeto misterioso, arcano, sólo asequible a quien posea clarividencia discreta, amasamiento circunstancial, héroes turnales vivirán al borde demencial, hasta conseguir meta ansiada. Del Toro acoge, generoso, ayuda óptica de lo virtual. Pero rara virtud le agracia, equilibrio perfecto entre lo vivo e incorpóreo soslayará excesivo juego, combinación anárquica informática. Servidores, banda ancha, cables coaxiales, sobre todo espectador (harto del virtualismo, cansino hasta vomitar) agradecerá esto.
No lo evitará, pero será solo a mostrar de nuevo ese sub mundo de cloacas,  alcantarillas y recovecos inexistentes al ojo comunal. Esas mismas locaciones llaman a fotografía oscura, gris, poca y ocasionalmente lumínica, al descubrir salida a escollo u situación insalvable. Tal vez asistente breve al calor de un beso, expedita señal a tierno sentimiento. Caracterizaciones logradas, merecerán aplauso general cuando fenece film, indicativo tributo a personificaciones solventes, mas no requeribles al oscar u otra presea. Nuevo milenio, globo terráqueo aterrorizado merced a nuevos jinetes apocalípticos. Crisis energética, crimen organizacional, ataques informáticos, mediáticos, enfermedades psicóticas, del sentimiento.
Necesitamos héroes, salvadores a personales crisis copantes, demeritadoras de la razón humana. Incluso de no ser políticos, moverse en dimensiones alternas, lidiar con entidades apócrifas causantes, propiciadoras de nuestros micro infiernos. Chamanes, curanderos, quiro y tarotistas, un ejército dorado (o prieto, diríase) se requiere diariamente para contener fuerzas ocultas, oscuras, dispuestas a lo agrio. Aunque sea imaginariamente validamos conocer corporaciones parasíquicas controladoras a ese mercado del terror y amedrentamiento. Extraño no es, ese voltear hacia prácticas ancestrales propiciadoras de buena vibra y mejores augurios.
Cámaras diputacionales, matrimonios, inauguraciones de micro negocios y oligopolios. Conciencia tribal nos encamina, a veces exige recurramos caminar esa senda aún viva, respira morosamente a través de filamentosa piel. Avance tecnológico parece no amellar ese espíritu milenario, in avasallado por mass media, multimedia y rasgaduras de medias. Aumenta también ejército sublime, ese creador  situacional, de personajes defensores al somnum eterno. Son necesarios, existencia obligada aporta colchón confortable pero Hell Boy grita estentóreamente no confiarse, pues a cada momento acecha lo oscuro.

 
341 - 340 - 339 - 338
333 - 332 - 331 - 330
329 - 328 - 327 - 326
325 - 324 - 323 - 322
321 - 320 - 319 - 318
317 - 316 - 315 - 314