
Laura Zúñiga.
Miss sin sonrisa ni corona
|
El arresto de Laura Zúñiga, ex Miss Sinaloa 2008 y pareja sentimental de Ángel Orlando García Urquiza, reafirma la preferencia de los líderes del narcotráfico en cuestiones de amoríos. Su nombre se suma al de otras muchas —Emma Coronel Aispuro, Ana Victoria Santanares, Rocío del Carmen Lizárraga, Kenya Kemmermand Bastidas— quienes también fueron distinguidas en algún momento de sus vidas con un título de belleza mientras mantenían relaciones con cabecillas del crimen organizado.
Mas no todas tienen que ser adictas a los flashazos que prodigan los fotógrafos. Las hay que sobresalen por su parentesco con altos funcionarios de la política. Vale recordar el escándalo que provocó la relación de Sara Cosío —sobrina de quien fuera gobernador de Jalisco de 1989 a 1992, el priista Guillermo Cosío Vidaurri— con el capo Rafael Caro Quintero, apresado el 4 de abril de 1985, entonces líder del cartel de Guadalajara y responsable del asesinato del agente encubierto de la DEA, Enrique Camarena Salazar. Este último protagonista del primer gran golpe perpetrado contra el narcotráfico en México, apenas un año antes.
Sin embargo, a veces la participación de las mujeres en la delincuencia trasciende el simple papel coestelar y el precio de sus acciones supera con creces la pérdida de una corona en un concurso de belleza. Los escritores Julio Scherer y Víctor Ronquillo dan buena cuenta de ello con la publicación de sus más recientes títulos.
Close up en blanco y negro
Ávila Beltrán. Ahora ni reina, ni diva... reclusa
|
La detuvieron en Polanco, ciudad de México, luego de ir a una estética donde acudía cotidianamente a acicalarse el cabello y realizarse manicure especializado. Más artista que ama de casa, más “señora bien” que empresaria. Las curvas peligrosas de su maduro y turgente cuerpo, dieron cuenta de una mujer que declaró tener cuarenta y cinco años y dedicarse a sus negocios de giro inmobiliario.
Aseguró ser empresaria, pero la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada dijo que se trataba de “La Reina del Pacífico” y la acusó de ser una de las principales operadoras y traficante en México de cocaína colombiana. El registro civil la conoce por su nombre de pila: Sandra Ávila Beltrán.
Mujer sofisticada que al responder preguntas de la SIEDO, dio la imagen de estar posando para sus fans, que atados al televisor vimos como, entre divertida y despreocupada, la llamada “Reina del Pacífico” manejó a su antojo a una policía de élite que le siguió los pasos por meses hasta asegurar su captura de manera milimétrica y precisa.
Ella, “Reina”; ellos, policías de crucero. De haberla dejado, claro que los hubiera comprado a todos. El video de su captura y su declaración no miente: Ávila Beltrán se mostraba divertida, jamás preocupada. Doble impacto: la SIEDO también detuvo a su novio colombiano, Juan Diego Espinosa Ramírez, quien lleva en su alias el sino de su temperamento: “El Tigre.” Al igual que su mujer, las fotografías que le tomaron a Espinosa lo muestran sin asomo de duda o preocupación; mejor aún: sonrisa en el rostro, listo para la foto y las cámaras de televisión.
Qué es mejor y más sano ¿caer en manos de la policía o en manos de sus enemigos? Los primeros los graban y los entrevistan (al día de hoy los están procesando, y la sentencia aún no llega), los segundos los cortan en pedazos en el menor de los casos o bien, los incineran para convertirlos en sombra, en polvo, en nada.
Belleza indomable: si Ávila Beltrán era peligrosa y temida por ser una de las principales operadoras del narcotráfico, ¿por qué no inmortalizarla en un libro? Una pregunta más: ¿Por qué preferimos a los malos que a los buenos? ¿Por qué preferimos vidas al límite y apasionadas, como la de poderosos narcotraficantes, reinas que usan diamantes manchados de sangre, que el leer vidas de santos, existencias ejemplares que dan sopor y aburrimiento?
Respuesta: por la misma naturaleza del ser humano: la maldad nos habita y en su raíz de oscuro rencor nos reconocemos. Los malos suelen ser más “atractivos” y de fuerte personalidad; los buenos por su parte, sólo tienen una virtud: huelen a naftalina, cloroformo y van a misa de doce los
domingos.
Algunos prefieren la maldad sobre el bien, nadie lo duda. Y para prueba son dos libros de reciente aparición que documentan las andanzas de Beltrán, ahora protagonista de los textos —ya lo habrá de Laura Zúñiga—, de los reporteros Julio Scherer y Víctor Ronquillo. El primero tituló su obra: “La Reina del Pacífico: es la hora de contar” y el segundo, como un juego de espejos sin imaginación, bautizó su volumen “La Reina del Pacífico y otras mujeres del narco.”
La realidad le sigue ganando la partida a la ficción. Los volúmenes llamados de “No ficción” acaparan el mercado y los lectores evitan a los narradores que no pueden tejer e hilvanar historias y personajes con la suficiente pasión, envergadura, eco y voz, que exhiben los personajes de carne y hueso.
Nadie se puede sustraer al clima de violencia, secuestros y deterioro generalizado que tiene en descomposición al tejido social, lo mismo en grandes ciudades que en pueblos miserables de la sierra. El narco todo lo toca: a la industriosa ciudad de Monterrey o a un pueblo mágico como Creel, en Chihuahua. Nadie está lejos de sus tentáculos. De aquí entonces que las historias y hazañas de los involucrados en dichos eventos y episodios de poder, sean idealizados, inmortalizados en relatos, ensayos, crónicas y reportajes periodísticos que los lectores ávidos, desean conocer.
Escribe Ronquillo: “Cuando se habla de inversiones en bienes raíces, de inmobiliarias para el lavado de dinero, se habla de negocios millonarios. Allá en el norte, en una de las principales capitales, la “Reina” invirtió en trescientos lotes residenciales, se propuso construir un lujoso fraccionamiento llamado Valle del Sol. El costo de cada lote en venta iba del millón al millón y medio de pesos.”
Reproduce Scherer palabras de Beltrán: “En el expediente se me relaciona con “el Chapo”. Lo conocí pero no fuimos amigos ni nada que se le parezca. Yo sólo lo miré en una ocasión y cambié unas cuantas palabras con él. Es un personaje y no olvido el encuentro, pero fue sólo eso, un encuentro.”
Un solo y controvertido personaje: Sandra Ávila, y cosa paradójica, dos visiones diferentes sobre su relación con el gobierno de turno, lo que representa en el mundo del narcotráfico y la manera en que es tratada por dos reporteros que entregaron su trabajo periodístico a Grijalbo —Scherer— y a Planeta —Ronquillo.
Los periodistas no somos jueces acusadores y mucho menos verdugos, pero la sociedad, poco a poco, ha venido orillando a quienes nos dedicamos a este oficio —el “más bello del mundo”, según frase feliz de otro reportero y escritor, Gabriel García Márquez— a tomar partido y enfocar los materiales periodísticos de manera que en muchas ocasiones los lectores se forman una idea parcial de los personajes cuestionados y sus hechos.
Sandra Ávila Beltrán, ¿Reina del narcotráfico o empresaria de bienes raíces? Lo peor de todo es que puede ser las dos cosas sin contradicción alguna. Los medios de comunicación no están exentos de caer y recaer en esta espiral de violencia y narcotráfico que a todos llega. De aquí, entonces, los reporteros tampoco debemos sucumbir a la gestación de propagandas, sino escribir buenos análisis; no admiración, sí a la crítica; no hagiografía, sino crónica puntual y certera. Sandra Ávila está en la cárcel y un juez decidirá si su poder económico y fortuna viene de dinero ilícito y del crimen organizado. El juez lo decidirá, no un periodista.
La versión de Scherer

"El Tigre". El colombiano Juan Diego Espinosa, pareja de la "Reina"
|
El considerado mejor reportero de México, don Julio Scherer García, realiza y escribe una larga y morosa entrevista a Sandra Ávila en prisión. El resultado es una estampa personal, una instantánea de vida de la “Reina del Pacífico” que se puede leer en un libro de ciento setenta y cuatro páginas. Recuerdos de infancia, la siempre tormentosa y apasionada vida de una adolescente que descubre al sexo opuesto y claro, su relación, cercana y candente, con el poder económico de gente ligada al narcotráfico.
Árbol genealógico que siempre crece torcido, del cual las ramas, brotes y retoños siguen creciendo erráticos, no muy sanos: Beltrán es sobrina de Miguel Ángel Félix Gallardo, prima lejana de Rafael Caro Quintero. Más parientes incómodos: Juan José Quintero Payán, integrante del Cártel de Juárez, es su tío abuelo; Joaquín “El chapo” Guzmán, es su primo segundo; y otros primos más, Alfredo, Arturo y Mario Beltrán Leyva.
Los narcotraficantes no leen los diarios y mucho menos leen libros. Su conocimiento del mundo les viene de la música, de los corridos que hablan de pelados mal amansados, de hazañas guerreras donde poderosos narcotraficantes se enfrentan con policías y los primeros siempre salen victoriosos. A pregunta expresa de Scherer, de que si la “Reina” había leído algún texto periodístico, lacónica, Sandra espeta: “No, de usted apenas me estoy esperando.”
La descripción de Beltrán en letra de Scherer: “El cabello, por el artificio de la tintura, descendía libremente hasta media espalda y los labios subrayaban su diferencia natural: delgado el superior, sensual el de abajo... De estatura media, apenas morena, sus grandes pechos sugerían un cuerpo impetuoso.”
Pero, atención, antes de que la detuviera la SIEDO, antes de que lo escribiera Julio Scherer y antes, mucho antes de que el español Arturo Pérez-Reverte escribiera su novela de “La Reina del Sur”, Los Tucanes de Tijuana, hacia 2004, ya lo sabían y lo dejaban por escrito en su inconmensurable corrido “Fiesta en la sierra.”
La propia Beltrán se lo cuenta a Scherer, “Los Tucanes de Tijuana no estuvieron ahí, pero alguien tuvo que contarles, narrarles exactamente cómo fue la fiesta, porque en verdad la letra estuvo muy apegada a lo que ocurrió. Más tarde, para halagarme, algunos amigos me regalaron ese corrido en bonita letra escrita.” Dice el corrido de Los Tucanes, donde en un agasajo conviven autoridades y narcotraficantes por igual: “Llegaron los invitados a la fiesta de la sierra/ en helicópteros y avionetas particulares./ Era fiesta de alto rango... no podían llegar por tierra./ Era fiesta de alto rango.../ no podía llegar cualquiera.”
Remata la canción en sus últimas estrofas: “Se baja una bella dama con cuerno y con calvo plagiada,/ de inmediato el festejado supo de quién se trataba,/ era la famosa “Reina del Pacífico” y sus playas, pieza grande del negocio,/ una dama muy pesada.” Los Tucanes de Tijuana ya lo sabían, menos la SIEDO, la Procuraduría y, claro, los periodistas.
La versión de Ronquillo

Pandemia contemporánea.
No importa si la droga la manipulan hombres o mujeres
|
Más reportero y menos literato, Víctor Ronquillo relata, a manera de historia, la caída en el pozo sin fondo en el cual está inmersa Sandra Ávila Beltrán. Da cuenta, asimismo, de sus negocios, posesiones, riquezas, opulencia y ritmo de vida.
La descripción de la “Reina” es la siguiente en la pluma del periodista: “De largo cabello negro, una quimera ensortijada para sus amantes. Tiene la piel trigueña, suave al tacto y el rostro trastocado por una operación de nariz que convierte lo que fue una dulce expresión en una mueca torcida. Los senos de esta mujer menuda, como sus nalgas, están hechos a la medida para imponerse con una belleza que a simple vista parece vulgar.”
Ronquillo revela de los entresijos y el entramado de los negocios de la “Reina”, una bien montada red para el tránsito de dólares, casas de cambio en la frontera, negocios inmobiliarios, de cuidado y belleza femeninos... amén de los cargos que se le imputan oficialmente: lavado de dinero, delincuencia organizada y posesión de arma de fuego de uso exclusivo del Ejército.
La realidad una vez más le gana la partida a la ficción. El narcotráfico y sus reinas. E4 |