Nº 344 - 13 de enero de 2009
 
 
 
 
 
 
 
Una vieja historia

El primer golpe contra el narcotráfico en México que dio la vuelta al mundo ocurrió en el rancho “El Búfalo”, de Chihuahua, en 1984, como resultado del trabajo de Enrique Camarena Salazar, agente encubierto de la DEA asesinado al año siguiente en Guadalajara. En el escándalo se llegó a involucrar, como presuntos protectores, a los secretarios de estado encargados de la defensa y la política interna; el primero ya fallecido, el otro políticamente desahuciado. Ambos citados por diferentes autores.
El episodio tuvo repercusiones en Coahuila, pues el cheque por sesenta millones de pesos que el jefe del cartel de Guadalajara, Rafael Caro Quintero, extendió al primer comandante de la Policía Judicial Federal, Armando Pavón Reyes, para que lo dejara escapar, se habría hecho efectivo en Saltillo. Pavón, quien murió el 28 de julio de 2007, había recurrido a su colega Jorge Udave, director de Seguridad Pública del Estado, para cobrar el cohecho. Descubierta la operación, el jefe policíaco estatal dejó simbólicamente el cargo. Cuando las aguas volvieron a su cauce, “reasumió” el puesto que jamás abandonó.
Por esos años, el Ejército descubría plantíos de mariguana en Parras, San Pedro, Francisco I. Madero, Múzquiz y otras regiones de la geografía coahuilense. En el aeropuerto de Frontera se decomisaban cargamentos de droga. Rafael Aguilar, primero, y Amado Carrillo, después, eran figuras respetables e influyentes en Torreón y La Laguna. En Matamoros, Alfredo Ceja habilitaba a campesinos y era defendido por los caciques locales de los “infundios” que lo relacionaban con el narcotráfico.
Todo, como hasta hoy, a la vista de las autoridades. En Torreón, el procurador Rafael Macedo de la Concha confirmaba: La Laguna figura entre las zonas con mayor actividad de lavado de dinero. ¿Qué zona del país, qué actividad económica no ha sido contaminada en mayor o menor medida con fondos criminales, ilícitos? Ahí radica el problema: en la falta de un plan que ataque de raíz la principal fuente de poder de la delincuencia organizada: el dinero, que en un mundo enfebrecido por la codicia todo lo compra.
La historia del narcotráfico en México se ha tejido a base de relaciones entre capos y funcionarios públicos —“del más alto nivel”, se especula—. Al respecto existe abundante bibliografía de autores nacionales y extranjeros, pero hasta ahora la justicia sólo ha perseguido a los barones de la droga. Casos como el del ex gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva Madrid, preso por sus vínculos con uno de los carteles más poderosos del país, son la excepción. Cuando se conviertan en regla, las instituciones de seguridad y justicia recuperarán crédito y dignidad.

 
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