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La muerte de Taibo I se lleva consigo al hombre, su trabajo salvaguarda la memoria
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Paco
Ignacio Taibo I
ojo crítico de la realidad nacional |
Lucía Sánchez |
Para el patriarca Taibo, antes que su amor por México, estaba su respeto a los derechos civiles y humanos, lo cual se reflejó en su ejercicio periodístico y literario
Considerado Embajador de Asturias en México, Paco Ignacio Taibo I deja de herencia un profundo amor a este país, pero no por encima del respeto a los derechos humanos. Su muerte, acontecida el 13 de noviembre a la edad de ochenta y cuatro años, ha sido lamentada en ambos lados del océano Atlántico, por ser un digno representante de la solidaridad universal.
Periodista y escritor, nacido en Gijón, Asturias, comenzó su carrera con las crónicas de la competencia más importante de ciclismo, el Tour de Francia. Más tarde fue redactor en jefe y director del diario asturiano El Comercio. En 2008 obtuvo en México el Premio Nacional de Periodismo.
Le dio vida a uno de los personajes más importantes de la prensa mexicana: el Gato Culto, una viñeta que apareció diariamente con alguna frase sobre el acontecer cultural. La gente sabe del Gato cosas que yo ignoro solía decir de este felino ingenioso cuyas expresiones inventaba cada día. Fue autor de novelas como Pálidas banderas y Siempre Dolores.
El escritor, que padecía del mal de Parkinson, llegó a México en 1959 con su esposa Maricarmen y su hijo, el hoy también escritor Paco Ignacio Taibo II, huyendo del franquismo que describió una vez como “un periodo siniestro en la vida de España”, en una entrevista para el Canal 22.
Grandes figuras fueron alojadas por los Taibo: Pedro Garfias, Max Aub, Joan Manuel Serrat, Luis Buñuel o Luis Alcoriza alternaban sus visitas, a veces estancias de varios días en la capital mexicana bajo el cobijo de los amigos. Bien lo recuerda Benito, otro de los hijos de la pareja: con la misma lógica con que México nos acogió como familia, él abrió su casa a todos aquellos perseguidos del mundo, para convertirla en un lugar de amistad a toda prueba.
Fundó y dirigió la sección cultural del periódico El Universal. A continuación transcribimos la entrevista que concedió a este medio con motivo de haber obtenido la Orden al Mérito, concedida por el gobierno español en 2006. La entrevista la realizó Eduardo Cruz el dieciséis de febrero de ese año.
TENGO LIBERTAD PARA EL SILENCIO: TAIBO I
Vestido de color azul, desbordado en su ser cariñoso, Paco Ignacio Taibo I afirma también ser afortunado y querido por la prensa mexicana. Le digo entonces que formó a muchos periodistas: Tanto como eso no, eso me convendría que se repitiera, pero estoy seguro de que sería aceptado con entusiasmo por los periodistas que aún quedan.
Y agrega jocoso que he tenido pleito con todos mis compañeros que estuvieron a mis órdenes. Pero debieron ser buenas peleas porque siempre las gané yo.
¿Cómo siente el periodismo?
Mucho mejor, ya que peor de lo que estaba no podía estar. Y me refiero a lo único que me importa en mi vida: la libertad. En el periodismo, jamás tuve problemas de censura. Acaso los tuve por mi comportamiento, no lo sé. La verdad es que lo mejor es o era que no te metieras en nada que le molestara al Estado, ya que podías tener problemas. Al Estado le resultaba incómodo todo. Hemos tenido una serie de presidentes verdaderamente nefastos.
¿Desde Lázaro Cárdenas?
Sí. Y no sé cuál sería el menos peor. El peor fueron todos los presidentes. Eso es terrible. Tantos años de priísmo tienen a fuerza que habernos marcado. Sin embargo, es un hecho que nos estamos liberando de ese trauma dolorosísimo que nos impuso el priísmo aterrador. Este país ha tenido mala suerte, muy mala suerte.
¿Quizá hubo una esperanza con Vicente Fox?
Resultó ser un hombre poco importante como personalidad, y además, diciendo cosas rarísimas.
¿Le daría su pensión para que tenga cómo vivir?
Es increíble, ¿no? No se le debe dar nada, que encuentre trabajo.
Su candidato a la presidencia es Andrés Manuel López Obrador...
Todo mundo que me conoce bien, sabe que tengo ese candidato. Y es que las cosas están cambiando y su presencia nos está haciendo ya cambiar. Se necesita un presidente que entienda las necesidades de un conocimiento adecuado de la realidad. Los últimos años, la mayor parte de las cosas que dijeron nuestros presidentes entrarían a formar parte de la salvajada genial.
¿Le hubiera gustado que se animara Elba Esther Gordillo?
Sería demasiado que se hubiera llegado a esos extremos.
En estos escenarios nacionales, ¿qué le dice nuestra cultura, sus creadores?
Creo que cada vez hay más gentes como yo, que lo que pretenden es un entendimiento general de las bases más notables que deberían regirnos a todos y que no nos rigen. Los creadores e intelectuales tienen el papel que les dejan tener las estructuras de poder. Pero cada vez somos más los que protestamos y decimos lo que no nos parece bien y lo que debería ser.
Dentro de la literatura, ¿con quiénes se quedaría?
Me quedo con muchos. Pero sobre todo me quedo con los Taibo. De Carlos Fuentes diré que es un hombre importante, como aseguro no ser partidario de los octavianos. Héctor Aguilar Camín, está bien; José Agustín es un muchacho joven y valiente que sigue siendo joven y valiente. Sergio Pitol es un tipo interesante; a Marco Antonio Campos lo quiero mucho e Ignacio Solares, por citar a algunos, es un buen tipo. Bueno, con Enrique Krauze no me quedo.
Toca su turno en este diálogo a su país de origen, España.
Ahí está. Yo vuelvo y estoy feliz. Los españoles se pasan la vida protestando. ¿Por qué a Taibo le dan un premio? Montañas de gente dicen “no hizo nada, se calló”. Hemos tenido la honrosa oportunidad de tener que callarnos tantas veces. Hay un gobierno noble al que se le ocurre darme a mí la medalla. Nunca pensé que un rey me diera nada así.
Ahora, la comida.
¡Ay la comida! Aunque no crean, cada vez me gusta más y diferentes cosas. En lugar de un especialista minusválido, soy más válido.
Es un padre con suerte increíble.
Y un esposo con una mujer dictadora. En lo único que creo es en el Circo Ataibo. Reparto equitativamente los afectos y también las ocurrencias. Mi esposa nos enseñó varias cosas: la cocina, los puntos de vista de la democracia, y las buenas costumbres. Desde el punto de vista católico no nos enseñó nada, porque todo lo sabíamos ya. El amor va bien. Esta es una casa que nació para lo que es: la paz.
Respecto a su elección para la condecoración de la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, por decisión del rey Juan Carlos y a propuesta del Consejo de Ministros de España, señala: me siento muy injusto, porque hay tanta gente a la que habría que premiar. Elegirme demuestra que el mundo está lleno de buenas personas y también de medallas que no saben a quién dar. Lo pienso y no lo creo.
Algo importante de su vida, acota Paco Ignacio Taibo I, fue haber cambiado muy joven de país. He recorrido tantos exilios y fui tan bien atendido por la gente que me abrió sus puertas, que soy un tipo afortunado. Haber pasado por la vida como yo pasé, era haber pasado por ella con un acervo de posibilidades que no siempre cumplí. No siempre fui capaz de responder a eso. Y que viví muchas veces al borde del precipicio, que muchas veces caí en el precipicio.
Paco Ignacio Taibo I, el de la Esquina Baja de esta sección que fundó, sentencia fulminante: Me arrepiento de casi todo lo que escribí, porque todo está sometido a unas reglas de juego que no me convencieron, ni decían nada importante en absoluto. Las tuve que aceptar porque la sociedad las impuso. Ahora saco más libertad para guardar silencio. Que me dejen en paz todos.
Como lo menciona en la entrevista anterior, Paco Ignacio Taibo amó la gastronomía, y si de ese tema se trata, la cocina mexicana lo conquistó desde el inicio. A continuación mostramos una colaboración que escribió también para El Universal, respecto a su publicación El libro de todos los moles.
CUANDO LA COCINA TRASCIENDE
A LA LITERATURA
La palabra mole aparece en un famoso manifiesto intelectual que fue publicado en la ciudad de Puebla en 1923, en el que, lejos de brindar la receta del plato que mostramos a continuación, narran literatos furibundos que se habían cansado del academicismo, del sentido común y de los textos conservadores.
Creo que ya anuncié, a mis posibles lectores, el libro que se titulará El libro de todos los moles en el que, como en cajón de sastre, todo fue cayendo y revolviéndose.
El resultado final es un batiburrillo que me llevó un largo trabajo redactarlo. Esta misma mañana un joven que suele sorprenderse por mis métodos de investigación me preguntó que cómo era posible que yo en un libro de cocina metiera a poetas famosos y en ocasiones a escuelas literarias alejadas de los misterios de la gastronomía.
Le respondí mostrándole una de las páginas del libro sobre los moles y hoy aprovecho para acudir a esa misma página, que si en este caso no se refiere exactamente a la gastronomía, sí da idea de los vericuetos por los que yo transito mientras escribo.
La palabra mole aparece en un famoso manifiesto intelectual que fue publicado en la ciudad de Puebla en el año 1923. Los estridentistas eran literatos furibundos que se habían cansado del academicismo, del sentido común y de los textos conservadores. Se veían a sí mismos como irreverentes y afirmantes, y se habían constituido en enemigos de “reaccionarios letárgicos” y de todos cuantos no estuvieran dispuestos a “engrosar las filas triunfales del estridentismo”.
A tantos años de distancia, ellos nos parecen entusiastas, divertidos, en ocasiones talentosos y siempre capaces de remover una situación aletargada y triste. El manifiesto que firmaron el 1 de enero de 1923 caía ya sobre mojado porque anteriormente proclamaban la necesidad de llevar a la guillotina a Chopin y de elevar a los altares a Charles Chaplin. Lo que nos importa aquí es el último párrafo del ya tan mencionado manifiesto: “Proclamamos como única, la verdad estridentista. Defender el estridentismo es defender nuestra vergüenza intelectual. A los que no estén con nosotros, se los comerán los zopilotes. El estridentismo es el almacén de donde se surte todo el mundo. Ser estridentista es ser hombre. Solo los eunucos no estarán con nosotros. Apaguemos el sol con un sombrerazo. Feliz Año Nuevo. ¡Viva el mole de guajolote!” Este grito final asombró más aún que la intención de guillotinar a Chopin, y los rigurosos comentarios del movimiento que surgieron posteriormente llegaron a afirmar que se trataba de un gesto de humor. Yo no pienso tal cosa, creo que el mole también es estridentista y que se lleva perfectamente con la idea de guillotinar a Chopin y de apagar el sol de un sombrerazo.

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