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El rotativo que dirigió el periodista David Brondo por once años, deja a ciento cincuenta en paro
Exiliado en Texas por falta de garantías en México, Junco decide el cierre de Palabra |
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El Grupo Reforma aduce razones económicas y advierte de presiones que no identifica. En Estados Unidos, The New York Times yThe Miami Herald, hacen malabares para evitar la quiebra. The Tribune Company ya perdió la pelea
"El precio de la libertad”. Tras once años de practicar un periodismo de calidad, crítico y objetivo —“tendencioso” para otros—, Palabra dejó de circular el 3 de diciembre, profundizando así el reacomodo mediático que inició con el arribo de Zócalo Saltillo y el anuncio de nuevos sistemas de televisión abierta y restringida (Espacio 4, 319).
Como medio informativo y factor de contrapeso, Palabra deja profundo vacío que ni El Norte de Monterrey podrá cubrir. Su cierre, mantenido en el más estricto secreto hasta la víspera, no solo cancela ciento cincuenta empleos directos, sino también la posibilidad de acceder a investigaciones periodísticas valiosas, opiniones de plumas respetadas y, sobre todo, a un periodismo crítico de la vida institucional y política de México y el estado.
El argumento: la crisis financiera. Explicación lógica si se considera la difícil situación que afrontan los medios impresos en el mundo, muchos de los cuales, por desgracia, terminan por sucumbir. A diferencia de algunos electrónicos, como RCG, de Saltillo, que ostenta su abundancia con aviones de millones de dólares (Espacio 4, 337) y helicópteros, aunque no sean estos recomendable para una ciudad con la altura de la capital.
Sin embargo, el encabezado “El precio de la libertad” con que el rotativo titula su última edición, la cuatro mil dieciocho del 2 de diciembre, lleva implícita una alerta: no se puede sobrevivir sin el beneplácito de los grupos de poder.
“A lo largo de estos años no cedimos un ápice ante las presiones de quienes quisieron ponerle un precio a la libertad del periódico, buscando garantizar el éxito económico a cambio de una línea editorial más cómoda para sus intereses”, dice el editorial de despedida.
Una denuncia grave y desalentadora para quienes tratan de realizar un periodismo objetivo, sea en Coahuila o en cualquier parte del mundo. El cierre de Palabra obliga a recapacitar sobre la identidad de esos “grupos de poder” y su alcance sobre los medios locales.
De esta manera, uno de los más grandes y poderosos consorcios editoriales de América Latina, Grupo Reforma, abandona la plaza con la idea de canalizar parte de sus lectores a su periódico El Norte de Monterrey.
El exilio voluntario de su presidente, Alejandro Junco de la Vega, refugiado en Texas ante el dilema de “comprometer nuestra integridad editorial o cambiarla a la familia a un lugar seguro” y “problemas de inseguridad”, frente a la solvencia económica de los demás periódicos del grupo (El Norte de Monterrey, Mural de Guadalajara y Reforma de la Ciudad de México), dejan dudas sobre el argumento de la “autosuficiencia” no alcanzada por Palabra en Saltillo.
Plural en sus páginas, aunque más proclive a la derecha, como en Saltillo se le reprochó en distintos foros políticos, Palabra dejó de ser competencia para Vanguardia, el diario líder de la región, cuyo producto popular El Guardián también competía con su similar Metro del Grupo Reforma. Pero también deja libre el camino a Zócalo Saltillo, el cual —con bendición política y capital— está cambiando el panorama mediático más de lo que muchos esperaban.
El cierre del diario, dirigido por David Brondo García, abre también oportunidades para publicaciones como El Diario de Coahuila, que antes de la despedida de Palabra cambió radicalmente su diseño en busca de lectores.
“La autosuficiencia nunca llegó”
Las causas económicas esgrimidas para la finalización de Palabra difícilmente puedan refutarse, salvo por el hecho de que el resto de las publicaciones del Grupo Reforma gozan de salud financiera. Si bien en los últimos meses varios periódicos han reajustado sus plantillas, a este grupo se le atribuye el reacomodo positivo de los salarios en la industria periodística del país en los últimos años.
Costos elevados del papel (por encima del cincuenta por ciento), devaluación de la moneda nacional (los insumos se adquieren en Estados Unidos), crisis del sector automotriz de la región Saltillo-Ramos Arizpe (uno de los principales clientes de los medios, después del gobierno) y un panorama poco alentador para el año 2009, son razones suficientes para explicar su salida.
Es el camino que en otra escala han seguido medios impresos y electrónicos de Estados Unidos. El cierre de The New York Sun y de la revista El Patriota se suma a cientos de despidos en periódicos como The New York Times y la cadena Telemundo, primeras víctimas de la recesión estadounidense.
El 7 de diciembre se conoció que McClatchy Company pretendería vender The Miami Herald, uno de sus estandares, por la caída de su publicidad y el monto de su deuda. El rotativo con diecinueve premios Pulitzer, circula diariamente doscientos diez mil ejemplares (El Norte de Monterrey, 1-12-08).
En similar situación se haya The New York Times, ícono de la prensa mundial, que ya anunció la hipoteca de su rascacielos de Manhattan por doscientos veinticinco millones de dólares para enfrentar la falta de liquidez. Mientras que mucho peor le fue al Grupo Tribune Company, propietario de los matutinos Chicago Tribune y Los Ángeles Times, que terminó por declararse en bancarrota.
Palabra, en su caso, agrega a las dificultades económicas presiones de otro tipo:
“Para mantener incólume nuestra filosofía periodística, buscamos la autosuficiencia económica con sólo dos fuentes de ingreso: La venta del ejemplar diario y la venta de anuncios. La autosuficiencia nunca llegó. Tras 11 años de operación, la tormenta en el horizonte económico, que lo mismo oscurece al mundo global que a la economía de México y de la región, nos ha colocado en una encrucijada: Comprometer nuestra integridad editorial o dejar de publicar el periódico. Jamás permitiríamos que sucediera lo primero”.
Los desencuentros de Palabra con los gobiernos de Rogelio Montemayor, Enrique Martínez y Humberto Moreira se reflejaron en sus páginas.
Una historia complicada
Palabra nació el 20 de noviembre de 1997, bajo los mejores augurios, como tercer diario de Editora “El Sol”, después de El Norte de Monterrey (1938) y Reforma de la Ciudad de México (1993). Luego llegarían los Metro de Saltillo y Guadalajara en 2004 y 2005. Sin embargo, algo sucedió desde un principio, pues lo que sería el edificio del taller, en la colonia Rancho de Peña, se habilitó como redacción y oficinas. El periódico se imprimió siempre en Monterrey, con los inconvenientes del caso.
Otra desventaja fue su excesiva dependencia editorial y comercial de Monterrey, siendo las capitales de Coahuila y Nuevo León distintas en su manera de ser. En su editorial de despedida, Palabra menciona que se retira “como el periódico líder en la Ciudad”. Sin embargo, una crítica, compartida incluso por algunos miembros de sus consejos editoriales, fue que desde un principio se concentró en las clases acomodadas.
El Grupo Reforma no es sólo uno de los más grandes grupos de prensa escrita del continente, también figura entre los que mayor contenido ofrece en la web a través de sus sitios reforma.com, elnorte.com, mural.com y palabra.com; este último hasta el 2 de diciembre
Pero la historia de este imperio ha estado marcada por disputas familiares y acusaciones que incluyen “intentos de asesinato”.
En 2005, luego de treinta y dos años de supuesto silencio, Televisión Azteca y la revista Vértigo, de Ricardo Salinas Pliego, publicaron una entrevista de Rodolfo Junco de la Vega Gómez —hijo de los fundadores de “El Sol”, Rodolfo Junco de la Vega Voigt (1894-1983) y su esposa María Teresa Gómez (1898-1986) —, quien aseguraba desde Estados Unidos que sus hijos, Alejandro Junco de la Vega y Rodolfo Junco de la Vega Jr., lo despojaron de sus acciones de lo que posteriormente se convertiría en el Grupo Reforma.
El reportaje “Cría cuervos...” incluyó fotos y declaraciones sobre el conflicto familiar, e incluso asegura que los hijos de Junco de la Vega Gómez “lo habrían intentado asesinar en varias ocasiones, ponchando las llantas de sus aviones”.
Esto reavivaba una historia conocida en Monterrey, y que tanto Alejandro como Rodolfo, a quienes sus abuelos les heredaron las acciones por encima de su padre, llamaban “dolorosa tragedia familiar”.
Sin centrarse en detalles, los ejecutivos del Grupo Reforma calificaron el propósito de Salinas Pliego como “un claro intento por restar patente moral a la labor de nuestros periodistas y coartar la libertad de expresión de Grupo Reforma”. Supuestamente, a Salinas Pliego le habría incomodado que los diarios publicaran información sobre la posible licitación de la tercera cadena de televisión nacional.
Así lo explica José Luis Esquivel Hernández, ex columnista de El Norte de Monterrey de 1973 a 1986, en su artículo “El Norte: Conflictos de familia”, publicado en la Revista Mexicana de Comunicación No. 103 (número febrero-marzo de 2007).
Narcotráfico y autoexilio
Los periódicos del Grupo Reforma figuran entre los de mayor circulación en el país y acumulan un buen número de premios internacionales por sus investigaciones, una de las cuales llevó a la identificación, captura —en México— y extradición de Ricardo Miguel Cavallo, acusado de haber cometido genocidio durante la dictadura militar argentina.
Su historia la han forjado a pesar de los boicots para impedir su circulación y posponer su autosuficiencia. Sin embargo, Alejandro Junco de la Vega tendría que enfrentar a otro enemigo poderoso: el narcotráfico.
En una carta enviada al gobernador priista de Nuevo León, José Natividad González Parás, el director del grupo le anuncia que, después de haber perdido la fe, tomaba la decisión de abandonar el país junto con su familia, por la falta de garantías para ejercer la profesión.
Un mes después de instalarse en Austin, Texas, Junco dio un discurso en Nueva York con motivo de la entrega del premio María Moors Cabot a Carmen Aristegui, por parte de la Universidad de Columbia. Allí describió el grado de descomposición que vive México, secuestrado por el narcotráfico y la corrupción, y ahondó en las razones que le obligaron a salir del país.
En la víspera —escribió Miguel Ángel Granados Chapa en su columna “Plaza Pública”—, un camión repartidor de Reforma fue tiroteado con armas poderosas en la zona conurbada de Toluca. “Pudo ser un incidente fortuito o pudo tener una intención, si se piensa que ocurrió en territorio mexiquense, crecientemente invadido por bandas delincuenciales. Como quiera que sea, conforme al profundo dilema que Junco se planteó nos corresponde acompañarlo en su decisión de no comprometer la integridad editorial de sus diarios. No nos callarán”, sostiene el editorialista.
Carmen Aristegui, quien escribe para los diarios del Grupo Reforma, expresó también su apoyo al empresario. En su columna titulada “Junco de la Vega” reproduce una historia contada por su director, en la cual describe la golpiza a la que fueron sometidos reporteros de El Norte. “No estás solo”, le asegura Aristegui.
Para muchos, el exilio de Junco de la Vega pudo haber sido forzado por amenazas del narcotráfico. Para otros, se trata “de un nuevo éxodo de poderosos que abandonan el barco, dejando al resto de los mortales, principalmente comunicadores, tratando de construir un país mejor aún bajo amenaza de muerte”.
El panorama mediático
Aunque el periodismo coahuilense pierde un buen periódico, los demás medios escritos de la capital podrían ganar con la salida de Palabra, especialmente Zócalo Saltillo, cuyas instalaciones fueron inauguradas por el gobernador Humberto Moreira el 12 de junio pasado.
Vanguardia, que empieza a reponerse de la desbandada que provocó en sus filas la apertura de Zócalo, queda como líder.
Aunque Vanguardia se asume como factor de equilibrio frente a gobiernos estatales del pasado y se adjudica la renuncia del gobernador Óscar Flores Tapia, en 1981, (en realidad consecuencia de una venganza del presidente López Portillo), en los últimos años ha jugado un papel ambiguo, ausente de crítica y de temas de gran calado.
El diario fundado por Armando Castilla Sánchez queda solo en la punta, pero no en la plaza. Aun así deberá cuidarse de Zócalo cuyo objetivo, más que Palabra, ha sido siempre ocupar el sitio de Vanguardia.
Es posible que ni siquiera quienes aún señalan que tras Zócalo se proyecta la sombra del poder político —para en contrarrestar el periodismo crítico de Palabra y los vaivenes de Vanguardia— imaginasen que en tan corto tiempo el camino quedaría despejado para el grupos mediático más influyente del norte de Coahuila.
El rotativo de la familia Juaristi Santos no sólo exprimió parte del personal de los periódicos saltillenses, a base de sueldos altos, sino que también orientó hacia sus páginas la publicidad comercial y oficial. De esta manera, Zócalo va por la libre.
El Diario de Coahuila también resultará beneficiado por el cierre de Palabra, cuyos directivos jamás hicieron presencia en Saltillo, al menos públicamente.
Definido el nuevo panorama, la salida de Palabra puede ser un alivio para “quienes quisieron ponerle un precio a la libertad del periódico”, según su editorial de despedida, pero definitivamente desconsuela a quienes apuestan y demandan un periodismo crítico y objetivo.
Un espacio para la opinión y el debate serio, así como para la réplica, cierra en Coahuila y deja un vacío difícil de llenar. E4 
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