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Obras viales, sin sistemas de transporte colectivo eficientes, solución a medias: Villarreal
Saltillo aún está a tiempo de evitarel caos vial que impera en Monterrey |
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La tendencia mundial apunta hacia la restricción del automóvil, la protección del medio ambiente y el uso de medios limpios como la bicicleta; el coche crea micropoderes y genera violencia: un muerto cada dos minutos en el planeta, apunta el periodista Marcelo Colussi
El anuncio de una inversión por 556 millones de pesos en la construcción de doce puentes vehiculares en Saltillo, hecho por el Gobierno del Estado en marzo de este año, resultó un alivio para miles de automovilistas. El plan apuntaba hacia una salida a la diaria batalla contra el reloj y los cuellos de botella, mediante la promesa de ahorro de tiempo y dinero.
Pero nada más ilusorio que depositar la solución de los problemas viales sólo en la construcción de puentes e infraestructura. Aunque las calzadas de amplios carriles y las despejadas autopistas aporten beneficios por algunos años, tarde o temprano, la inconmensurable cantidad de automóviles nos alcanzará.
Si quieren ver cómo estará Saltillo dentro de veinte años, volteen a ver Monterrey, alerta Hernán Villarreal Rodríguez, director del Consejo Estatal de Transporte de Nuevo León, en su conferencia “Plan sectorial de transporte y vialidad en el área metropolitana de Nuevo León”, impartida el 23 de octubre en la Unidad de Seminarios Emilio J. Talamás de Campo Redondo. La solución a los congestionamientos, declara el especialista, no son los puentes, sino estructuras que involucren sistemas transporte público eficaz, con calidad y cobertura para todos los estratos sociales.
Los puentes van a durar unos cuantos años, afirmó Hernán Villarreal, pero a largo plazo no nos soluciona nada; al final tendremos que tener un transporte adecuado, porque no es con obras viales como se va a solucionar el problema, asegura.
Bajo esta premisa, el investigador y técnicos de la Universidad Autónoma de Coahuila realizan un estudio de campo para presentar un diagnóstico sobre el transporte público, pues Saltillo puede corregir la falta de fluidez vial mucho más a tiempo que Monterrey.
Para muestra, el especialista cita el puente “Gonzalitos”, de la capital nuevoleonesa, que en un principio representó una excelente alternativa vial, pero que a los diez años fue rebasado. Incluso, a pesar de haberse diseñado como vía libre, oficiales de tránsito deben controlar el tránsito.
Las obras no deben construirse para los autos, esto a la larga no soluciona los problemas, afirma Hernán Villarreal.
El funcionamiento adecuado de las ciudades, en la perspectiva del investigador, depende, además de la reestructuración del transporte colectivo, de la conciencia social. Cada nueva generación trae sus propias demandas e impulsos, los que, por supuesto, incluyen un automóvil propio.
Herramienta sobrevalorada
La dependencia del automóvil es compulsiva (deviene en neurosis y ansiedad), causada por el “desparrame” (caos) de las ciudades carentes de adecuados sistemas de transporte colectivo que comuniquen e integren los centros de trabajo y los servicios sociales de vivienda, salud, educación y recreación de los ciudadanos, señala el investigador colombiano Carlos Eduardo Amézquita Parra.
En una colaboración enviada al periódico La Nación en el mes de octubre, el maestro universitario, cuyo campo de acción es el desarrollo urbano, señala que los autos son amuletos contemporáneos, los cuidamos, les rendimos desmesurada reverencia y son objeto de “ordeño” público y privado; más que necesidad, el culto al hierro y la chatarra tiene su “explicación y motivación” dentro de la intrincada red de “arribismos” sociales. Por todo esto, afirma que el coche brinda la posibilidad de ejercer “micro poderes”, llevarse el mundo por los cachos, desplegar violencia.
Otro ejemplo del estudio de este fenómeno, a escala internacional, lo representa Marcelo Colussi, periodista, filósofo y psicólogo italiano radicado en Guatemala. En un ensayo publicado en el periódico La Insignia, profundiza en la inmensa industria que este invento del siglo veinte ha conformado.
Sin duda, ha generado una importante industria: la de su fabricación —enorme en sí misma— y la extracción de petróleo para la elaboración de combustibles ad hoc —otro monstruo—, se encuentran entre las más rentables del mundo, por lo que se ve muy difícil una rápida reconversión de las mismas. Nada hace pensar, como van las cosas, que los propietarios de estos sectores accedan a modificar el curso actual de los acontecimientos. Definitivamente, la proliferación sin fin de automóviles es algo insostenible en términos globales, señala.
El psicólogo explica que la supremacía del coche sobre cualquier otra invención radica en que con el automóvil se maneja; permite un poderío tras el volante que hace sentir importante a quien lo empuña; es, salvando las distancias, como manipular un arma de fuego: crea sensación de autoridad (y decididamente eso no lo ofrecen otros productos industriales, por muy importantes y satisfactores que sean: un refinado fármaco, un complejo marcapasos, una antena parabólica). Disponer de un automóvil es disponer de una cuota —mínima quizá, pero cuota al fin— de poder (y tocar insistente, provocativamente la bocina, viene a confirmarlo).
Colussi recalca que la tecnología debe estar al servicio de la humanidad, y no al revés, como acontece con los automóviles. Es el emblema de los tiempos actuales por antonomasia, y es indudable que sus fabricantes hacen todo lo posible por colocar un ejemplar en cada domicilio.
Día a día su presencia aumenta, con lo que aumentan también los males derivados: la contaminación del medio ambiente, la paulatina extinción del petróleo que alimenta sus motores, el lugar físico que ocupan (habiéndose tornado ya imposible su circulación en las grandes ciudades), la cantidad de accidentes de tránsito como consecuencia casi obligada (un muerto cada dos minutos a escala mundial), etc., señala el psicólogo.
El filósofo italiano indica que la aparición del automóvil abrió el panorama para el desarrollo comunitario, pero la humanidad está a un paso de convertir su presencia en una pesadilla. Apuesta por una reducción drástica reemplazando el parque vehicular por medios de transporte colectivos eficaces, pues insiste en la protección al medio ambiente. También se puede vivir sin auto, afirma.
Soluciones evasivas a corto plazo
El gobernador Humberto Moreira, a través de su página web oficial, ha comentado que la modernización de las vialidades de Saltillo, al igual que las del resto del estado, permitirá a Coahuila ser más competitivo y podrá atraer más empresas, porque cuando haya una ciudad y un estado desarrollado y moderno llegarán más fuentes de trabajo con un mayor número de empleos. (12 de mayo, 2006)
Sin embargo, a nivel estatal no se ha externado nada sobre un control del tránsito del parque vehicular, situación que está en proyectos prioritarios de desarrollo urbano en muchas ciudades sobre todo por la relevancia que ha tomado en los últimos años el tema de la contaminación ambiental.
El especialista en vialidad Belisario Hernández Romo, jaliciense, comparte continuamente con estudiantes universitarios lo que él considera como soluciones evasivas de corto plazo en ciudades medianas y grandes. Sobre esto, señala que crear múltiples rutas de transporte colectivo no es una alternativa eficaz, puesto que en su mayoría están mal distribuidas, y luego de elaborar una estadística, se llega al resultado de que cada persona toma dos camiones para llegar a su destino final.
Incluso, afirma que prohibir la circulación de automóviles algunos días de la semana no es eficaz, y que tampoco el metro es una solución cien por ciento efectiva, pues no se toma en cuenta que este medio de transporte es lineal y que la demanda es por rutas no lineales.
Lo que propone Hernández Romo es implantar un sistema vial basado en macro redes, que implica la separación de modos de transporte. Esto consiste en una red de vías: una vía para medios colectivos, otra para carros y una más para camiones de carga.
En la realización del proyecto es necesario tomar conciencia de la necesidad que tiene el país de crecer organizadamente en cuestiones de vialidad urbana y que el desarrollo de nuevos proyectos urbanos se encuentre en manos de expertos en el medio, compartió con estudiantes de ingeniería civil y administración de la Universidad Panamericana.
En su propuesta, apunta que la macro red aportaría beneficios como eliminar la concentración del sesenta por ciento del parque vehicular en un número extremadamente reducido de corredores viales, coordinar y sincronizar la operación de todas las vialidades y aplicar un estándar vial sistémico y de ingeniería de tránsito a todos los desarrollos urbanos futuros para su incorporación eficiente a las redes de transporte.
Es indispensable recalcar la gran responsabilidad que recae sobre todos los ingenieros civiles especializados en el medio de la urbanización de una ciudad, ya que en ellos está toda la esperanza de lograr este gran proyecto con el único fin de hacer mas servicial y eficaz el funcionamiento del país, señaló a los alumnos.
Bicicleta: alternativa real
En Europa, las campañas para reducir el tránsito vial van más encaminadas a la protección del medio ambiente. Aunque es verdad que los coches empiezan a ser ahora menos contaminante, la realidad es que hay cada vez más vehículos y las distancias recorridas son más largas. En 1997, los países industrializados se comprometieron a reducir cinco por ciento sus emisiones de gases de invernadero; la Unión Europea, por su parte, acordó limitarlas tres puntos más.
Esta preocupación ha empujado a las autoridades de la Unión Europea a crear asociaciones con empresas locales para ayudarlas a planificar los desplazamientos entre el domicilio y el lugar de trabajo, y encontrar soluciones para los traslados de mercancías.
Además, se invierte en transporte público para ofrecer servicios de calidad, frecuentes, fiables, puntuales, seguros y poco contaminantes, sin que por ello sean costosos. Se ha favorecido al transporte público ofreciéndole carriles reservados, prioridad en los semáforos y acceso a zonas de circulación restringidas. Por supuesto, se garantiza la protección de peatones y ciclistas al crear zonas exclusivas para ellos, cruces seguros, carriles y aparcamientos. La educación y cultura no se dejan de lado, son prioritarias, pues se realizan intensas campañas de información para que los ciudadanos y las empresas sepan cómo reducir el uso del coche.
Poco de esto ha hecho en Saltillo. En las nuevas obras viales casi no existen áreas peatonales, hay escasos puentes elevados —subutilizados, por cierto— y sólo uno subterráneo en el Distribuidor Vial Carranza. En cuanto a corredores para bicicletas, prácticamente no existen y no se contemplan planes para su construcción. E4 
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