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21 de octubre de 2008


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Alcanzar la creación y tocar el pulso de la vida: El propósito del arte

 

REENCUENTRO CON LOS VALORES DEL DRAMA


Cirilo Recio Dávila

DDarle seguimiento a una causa social sin que por ello se pierda el sentido artístico creativo en el escenario es el reto asumido por la Dirección General de Educación Técnica e Industrial con su concurso de teatro escolar


Dina Duque.
Directora del grupo Dejá vu

¿De qué manera la escenificación de una realidad social puede conmover al espectador para que éste adopte una actitud o un criterio frente a esa realidad? Esta es probablemente la pregunta que subyace en el desarrollo del concurso de teatro escolar que año con año organiza el sistema de la Dirección General de Educación Técnica e Industrial (DGETI) en el país bajo el sello temático de la prevención de las adicciones. Ante un fenómeno tan complejo como lo es las adicciones al alcohol, el tabaco, las drogas o el sexo —dadas las innumerables razones y condicionantes que implica— cualquier aproximación requiere al menos sencillez, claridad y honestidad.
Las artes, cualquiera de ellas, no tienen el cometido de llevar la bandera de una causa social, ni siquiera de proporcionar una enseñanza, aunque en su ejercicio muevan conciencias y de hecho brinden una educación. El propósito de las artes es lograr la belleza, alcanzar la creación, tocar el pulso de la vida y exponerlo. Evidentemente que en este intento se levantarán conciencias individuales o colectivas y se formará un proceso de enseñanza. Sin embargo encabezar una causa social o establecer un desarrollo educativo son tareas que le corresponden a la política, a la educación, al periodismo, mientras que para las artes son consecuencias colaterales que no afectan su desarrollo, ni su expresión.
Bajo este enfoque el abordaje de este tema tan vasto de la prevención de las adicciones a través del drama debe pasar por un tamiz muy fino: ha de evitar la moraleja y la propaganda para concentrarse en la expresión dramática. Otro boleto será el efecto que tenga la dramatización sobre el auditorio. Las probadas consecuencias benéficas, terapéuticas, catárticas, didácticas o críticas del arte teatral han sido exploradas desde todos los tiempos. El arte sagrado de la India, los vigorosos ritos pánicos y ditirámbicos —antecedentes del drama y la tragedia— de Grecia, la conexión del arte dramático con el corazón del cosmos y del ser, resuenan a través de los siglos en las formas tradicionales del Noh y el Kabuki, lo mismo que en la terapéutica psicomagia de Jodorowsky, en el totalizante teatro de la crueldad de Artaud, el sociodrama y el teatro campesino, el psicodrama o el teatro de Brecht. La conmoción que provoca el arte teatral es innegable, pero tiene la virtud de su origen, que es apelar a la libertad de la conciencia y por lo tanto no condiciona al auditorio, aún cuando en muchos momentos haya sido pervertida su función para tratar de doblegar, acallar, comprar o adoctrinar conciencias.
El certamen nacional de las artes y humanidades del sistema DGETI incluyó este año, en lo que concierne a teatro, un apartado llamado “Un tranvía llamado adicción”. En la etapa estatal participaron seis grupos en la ciudad de Torreón, los primeros días del mes de septiembre. Fui invitado a participar como jurado junto con otras cuatro personas de diferentes campos y disciplinas, aunque todos con relación de algún modo con las artes escénicas. La presentación de los grupos seleccionados mostró una amplia variedad de propuestas con diversos grados de calidad y complejidad dramática. En estas propuestas se destacó ese intento para presentar el drama tal cual. Con mayor o menor dificultad los grupos trataron de establecer una pieza dramática completa. En momentos hubo expresiones convincentes que lograron desprenderse del evidente condicionamiento que significa adoptar el estandarte de “prevenir una adicción” para adentrarse en la vitalidad de la expresión dramática, del ser humano que vive tal o cual circunstancia, sin que esto signifique estar o no de acuerdo con ello.
En otras ocasiones los participantes dieron a ver las dificultades que existen en el desarrollo del arte dramático: inacción escénica, impostura en la voz o la actitud, gestos inadecuados al proceso anímico del personaje o insuficientes, condescendencia o autocomplacencia, sobreactuación y atención en el público en lugar de la tarea escénica, excesivos o imprácticos implementos escenográficos. Estos condicionantes adversos exigirán ser atendidos por quienes perseveren en el camino dramático, que probablemente sean muy pocos, pues estos certámenes tienen la finalidad de sensibilizar a los participantes en las artes y humanidades, más que perfilar un desarrollo profesional en estos campos.
Por unanimidad de la calificación del jurado la pieza que ganó la etapa estatal fue Reencuentro del grupo Dejá vu del Cetis 48 de Saltillo, dirigido por la maestra Dina Duque. Es un trabajo definido por una gran unidad de los integrantes del equipo. Esta unidad fructificó en una dramatización ágil, sencilla, directa, de una extraordinaria claridad en sus diálogos y actuaciones presentados con la honestidad que el tema requiere. El argumento de Reencuentro  es como sigue: Ana es una muchacha que vive el maltrato cotidiano del medio en el que habita. Sus compañeros la violentan y golpean sin ninguna piedad. Vive entre pandillas y en cierto momento en que se defiende de alguien que abusa de ella, lo mata. A partir de entonces su vida se transforma porque sus compañeros le temen y confunden el temor con el respeto de la persona. Ingresa entonces en un vértigo de crimen y poder del cual sólo podrá salir a través de la conciencia, de ese reencuentro con su verdadero ser interior.
La sencillez argumental permite desarrollar acciones muy interesantes en las que los pandilleros amenazan al auditorio directamente, volviendo al público participante del drama, también hace posible el desarrollo de una danza alucinante del sueño y vigilia que representa esa lucha interior del ser que se debate entre sus deseos, sus valores y su realidad. Una pantalla de seda o poliéster crea una doble dimensión que muestra los mundos por los que transita la pandilla. El espectador se encuentra en una posición idónea para percibir lo que está sucediendo, pero al mismo tiempo se ve confrontado por una realidad que es palpable, la ruptura de la cuarta pared es impecable en cuanto que no se produce por autocomplacencia de los actores, ni para adular al público, sino para volverle participante del drama, en el momento en el que la pandilla ingresa al foro a través de los pasillos del teatro, mientras van confrontado a los asistentes, en actitud intimidante. Es el trabajo en equipo el que finalmente dio el triunfo al Cetis 48 de Saltillo, que recibió en consecuencia el privilegio de representar al estado de Coahuila en la fase regional que se realizó en Ciudad Juárez, Chihuahua unos días después, donde recibieron el tercer lugar en el montaje general y el primero en el guión dramatúrgico.

 
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