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21 de octubre de 2008


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Cuarenta años después del 2 de octubre sangriento, estudiantes vuelven a las calles

Jóvenes 2008:
un modelo que continúa ignorado por el poder

Renata Chapa




México evidencia las mismas artimañas de hace cuatro décadas. En la remembranza de Tlatelolco vuelven la violencia y los arrestos arbitrarios. Al día siguiente, dos universitarios increpan al presidente Calderón. Uno le llama espurio, el otro cuestiona la libertad que el mandatario pregona

Para María del Carmen Láinez,
hasta el ITESM Campus Saltillo.


EnSaltillo. La marcha incluyó consignas contra una televisora local y algunos de sus conductores

"Si no pueden, ¡renuncien!”, dijo el empresario Alejandro Martí. Ésa fue su respuesta —exprés, desesperada, comprensible— a la incompetencia y corrupción de quienes velan por la seguridad nacional. ¿Y qué pasaría si, de repente, ocurriera el milagro y muchos le tomaran la palabra? ¿De qué tamaño sería la desbandada? Una vez acéfalos miles de puestos, de los mismos gremios saltarían los postulantes, comenzaría la rebatinga y, aunque con caras y nombres diferentes, la triste historia continuaría.
Para algunos, a lo que pinta como irremediable hay una salida lógica. Está dibujada. Suponen que la “sangre nueva” es la opción: chavos y chavas de bríos e ideologías frescas habrán de ser los elegidos para romper anquilosamientos de antaño. De entre los que ahora son adolescentes deberán surgir los candidatos para relevar a quienes, en este hipotético caso, optaran por retirarse de sus cargos.
Recientemente los medios de comunicación dieron cuenta de varios escenarios en los que jóvenes de este 2008 fueron protagonistas. La marcha para recordar el 2 de octubre en el DF fue uno de ellos. La página web del periódico El Universal, a través de su espacio multimedia y su sección “Fotogalería”, presenta una serie de registros gráficos que evidencian el enfrentamiento sostenido entre algunos manifestantes con el contingente de granaderos asignado para la ocasión (“Disturbios en la marcha del 2 de octubre”). Varios de los pies de fotos de dicha serie brindan información que ayuda a construir un determinado perfil de los aludidos mediante imágenes. Específicamente, los pies de fotografías que muestran a jóvenes en acción indican: “Grupos autodenominados anarcopunks destruyen cristales de diversos comandos durante el recorrido de la marcha por el 2 de octubre”; “Asistentes a la marcha agreden a policías que protegen una entrada de un conocido restaurante del Centro Histórico”; “Un joven patea los escudos de los policías en la marcha del 2 de octubre”; “Muchos de los presentes por supuesto que no habían nacido. Sin embargo, hoy, escudados en organizaciones como el Frente Popular Francisco Villa pretenden tomar aquellas causas que defendían los del 68”; “Supuestos manifestantes arrancan un teléfono público en la calle Madero”; “Anarcopunk prende fuego contra un grupo de granaderos de camino a la marcha del 68”; “Un encapuchado pinta con aerosol un escudo del cuerpo de granaderos que resguardaban la marcha”. En resumen, según la muestra seleccionada, los jóvenes manifestantes se convirtieron en una horda de vándalos. O en realidad es que “eran porros”, como han aseverado diferentes medios.
También en el mismo espacio multimedia de El Universal digital, pero dentro de la sección “Videos”, aparecen dos trabajos periodísticos peculiares. En el primero,  “Agentes secretos realizaron detenciones en la marcha de ayer”, el camarógrafo graba en video el momento preciso en el que un joven manifestante es capturado por tres hombres vestidos de civiles (uno lleva una mochila; otro, lentes oscuros; el último, ropa deportiva y un corte de pelo mitad “flat top” mitad largo, hasta abajo del cuello) quienes, mientras forcejean, son supervisados por una mujer. Se dirigen a la valla de contención y, sin problema, la cruzan con el muchacho sometido. Se une al grupo un cuarto hombre para supervisar la manera en que suben sus compañeros al chavo a una camioneta de la Secretaría de Seguridad Pública. “Policías de la SSP y policías judiciales del DF fueron infiltrados en la marcha del 2 de octubre de ayer”, narra el reportero Isaías Pérez, quien además comenta la manera en que rápidamente desaparecieron al chico de la vista de los demás manifestantes. “Los granaderos estaban en coordinación con el grupo que efectuó esta detención”, afirma el reportero y después comenta que varios de los manifestantes, al ver lo sucedido, solicitaron una explicación (“¡Se llevaron a un morro!”, puede escucharse entre los integrantes de esa parte de la marcha). Las siguientes imágenes presentan a un joven vestido con playera roja, enojado, tirando patadas a los granaderos, y luego, a una numerosa parte de la multitud enardecida, lista para enfrentar a los policías.
El siguiente video muestra una secuencia en que cinco muchachos son arrestados. Puede ubicarse en el mismo apartado que la anterior muestra videográfica, pero bajo el nombre “Primeras imágenes de los detenidos en marcha del 2 de octubre”. En la foto número uno aparece el rostro de un joven con los ojos golpeados, morados y rojos; uno de ellos, cerrado por completo debido a la hinchazón de los párpados; la segunda fotografía es de un chavo con largos arañazos en el cuello, raspones y otras marcas también rojizas en el hombro; en la tercera aparece una jovencita con la orilla de su boca deformada, caída. Es Isaías Pérez quien de nuevo cubre la nota y menciona que también una veintena de policías fueron llevados a los hospitales con motivo de los disturbios, saqueos y destrucción de mobiliario de varios de los comercios de la zona. Estas dos muestras también invitan a esbozar una imagen de los jóvenes 2008.
A casi veinticuatro horas después de la polémica marcha para recordar la matanza de estudiantes de Tlatelolco, también la juventud dio de qué hablar, pero en otro espacio. Un nuevo Andrés se sumó a la lista de adversarios de Felipe Calderón. La noticia corrió con velocidad ese mismo día, primero vía Internet y luego en el resto de los medios electrónicos. La mañana siguiente, la prensa escrita ofreció detalles de los hechos: un chico de diecisiete años, Andrés Leonardo Gómez Emilsson, galardonado con el Premio Nacional de la Juventud, le había gritado “espurio” al mandatario en plena ceremonia de entrega de dicho reconocimiento, consistente en un diploma firmado por el presidente de la República, medalla y roseta de oro de ley 0.900, y ciento treinta mil pesos en Contratos de Comisión Mercantil y Depósito de Títulos en Custodia y Administración.
A la interpelación de Gómez Emilsson se sumó Mario Virgilio Santiago, de veinticuatro años, al gritar “¿Cuál libertad? ¡No hay libertad en este país!”, en el momento en que Calderón abordaba públicamente el tema de la libertad de expresión que hoy gozamos los mexicanos y la comparaba con la que no vivía el México de hace cuarenta años. Varios periódicos incluyeron la lista de los artículos de la Ley de Cultura Cívica del DF, del Código Penal para el DF y del Reglamento del Estado Mayor Presidencial que Gómez y Santiago habían violado y que ocasionaron su detención.
De regreso al espacio multimedia de El Universal en línea, y al video titulado “Increpa joven a Calderón en Palacio Nacional”, puede apreciarse el momento en el que es detenida la patrulla en la que viajaban el joven premiado, arrestado por agentes del Estado Mayor, y su padre, el doctor Luis Gómez, profesor de Ciencias Políticas. El “poli”, un hombre de rostro rechoncho, moreno y agrio, comienza el espectáculo con la primera muestra de folklórico autoritarismo: “¡Si no es servicio de taxi!”, dice, y con un dejo despectivo baja al doctor Gómez de la patrulla. En unos cuantos segundos, el padre de Andrés da algunos consejos al recién laureado, ejemplo de la juventud mexicana, y se dirige al policía para solicitar informes. Es ésta la reproducción del diálogo entre Luis Gómez y el oficial: “¿Pero a dónde lo está llevando”/ “Con el juez calificador, señor”/“¿Cuál juez calificador? ¿Cuál juez calificador, señor?”/ “Con el 33 agencia. En la 33 agencia del juzgado calificador. Con todo gusto ahí van a pagar su sanción los señores”/ “¿Por qué delito se lo lleva? ¿Qué sanción hay? ¿Qué cargo hay en contra de él, señor?” (interviene un reportero)/ “No nos dijeron ahorita por el momento, señor. No le puedo indicar ahorita por el momento, señor” (se voltea y da la espalda a los periodistas, mientras sigue murmurando con una sintaxis tanto o más atropellada que sus modos, “allá en la secretaría les explicarán”)/ “Yo no le puedo indicar ahorita señor, ¿sí? Allá en la secretaría, por favor hablen ustedes”, y da por terminada la escena.
¿Quién sabe si las estampas de adolescentes y jóvenes aquí presentadas sean un aliciente para augurar un futuro menos desastroso para el país o una evidencia más, contundentísima, de que ya no hay vuelta atrás? Hasta ahora, de los chavos detenidos en la marcha del 2 de octubre de 2008 nada se sabe. Tampoco de Mario Virgilio Santiago. Ausencias crípticas. Sintomáticas. El único que apareció de nuevo en algunos medios fue de Andrés Gómez Emilsson. Donó los ciento treinta mil pesos a la UNAM y a la Asociación Mexicana Pro-Colegios Unidos y se ha ido a Noruega a continuar sus estudios.
Ora obligados, ora por voluntad propia, las manifestaciones de la inconformidad que prende a adolescentes y jóvenes modelo 2008  —anarcopunks o Premios Nacionales— está condenada al silencio. Es clara la manera en que el México de ahora tampoco les acomoda y cada quien, a su manera, busca formas para manifestarlo. Son ellos esa “sangre nueva” que, se supone, podría revitalizar a la nación. Pero habría que preguntarles, primero, qué tan inspirador les resultaría ocupar cargos públicos de aquellos que, también a su modo, los han amordazado en pleno ejercicio de su autoridad. E4

 
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