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El desplome de Acción Nacional y del PRD, en línea con la tendencia alcista del tricolor a escala nacional
Moreira y el PRI rompen racha negativa en eleccionesintermedias; el PAN, sin ganar, tendrá 8 diputados diputados |
Gerardo Hernández G
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El PRI podría elevar hasta 70 por ciento su fuerza en la próxima legislatura; Rubén Moreira dice que la gente vuelve a su partido por la experiencia que tiene para gobernar y por los buenos resultados de la actual administración

Sobre aviso... El líder del PRI, Rubén Moreira, celebra el "carro completo" con algunos diputados
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El triunfo del Partido Revolucionario Institucional en los veinte distritos electorales, el 19 de octubre, retrata la realidad política del estado y el país:
1. Predominio del PRI en Coahuila, una de las catorce entidades federativas que no conocen la alternancia en el Poder Ejecutivo. El desgaste de la administración de Humberto Moreira no se reflejó en las urnas, a diferencia de las elecciones intermedias de 1996 y 2002, pues su partido no sólo no retrocedió sino que recuperó las cuatro diputaciones que perdió en Torreón hace tres años. Antes de los comicios de Coahuila, el PRI había vencido al PRD en las principales ciudades de Guerrero y empató el Congreso.
2. Desplome del PAN, cuya prioridad, según declaró su líder nacional Germán Martínez, consiste en ganar el norte y revertir la racha negativa en los estados. Ambas son condiciones para conservar la mayoría en la Cámara de Diputados el año entrante y la Presidencia de la República en 2012. Es la primera vez, desde 1994, que Acción Nacional no obtiene una sola diputación de mayoría en Coahuila.
3. Achicamiento del PRD a escala local y nacional, producto de una cultura de confrontación, caudillismos, escándalos políticos, y de una política golpista: en el Congreso toma tribunas, bloquea reformas, y en las calles López Obrador agita e incita contra las instituciones. El único distrito que la izquierda ha ganado hasta ahora en Coahuila fue el de San Pedro, hace veinte años, en pleno auge neocardenista.
4. Avance de Coahuila hacia el bipartidismo —PRI-PAN— como lo previó Nelly Herrera, coordinadora de Alianza Cívica. La reforma electoral de agosto de 2007 elevó a 3.5 el por ciento mínimo del total de votos para que los partidos obtengan representación en el Congreso y a 3 para que las formaciones estatales conserven su registro. Aun cuando no ganó ningún distrito, el PAN, por porcentaje de votos, ocupará ocho asientos plurinominales, dos la UDC y uno el PRD.
5. Crisis del sistema de partidos cuyo reflejo más evidente es el alejamiento de los ciudadanos de las urnas. El 19 de octubre votó el cuarenta por ciento de la lista nominal. Significa que más de un millón de coahuilenses se abstuvieron.
6. Consolidación de un proyecto político estatal. Humberto Moreira es el primer gobernador que salva unas elecciones de medio período. En elecciones intermedias, PRI empezó a perder alcaldías en los gobiernos de Óscar Flores Tapia y José de las Fuentes; a partir de Eliseo Mendoza y hasta 2005, también cedió diputaciones.
7. Con un Congreso de mayoría priista, el gobierno aspira a un fin de sexenio sin sobresaltos, al menos en sus relaciones con el Poder Legislativo, algo que la oposición considera un “retroceso por la falta de equilibrios reales”.
Los resultados de las elecciones modificarán la composición del Congreso en favor del PRI, pues el número de curules de representación proporcional bajó de quince a once. O sea que al final, y no obstante su desplome, el PAN es el segundo beneficiario con la reforma electoral del 2 de agosto de 2007, después del Partido Revolucionario.
De esa manera, la proporción de diputados del PRI y los partidos minoritarios, que en la actualidad es de 57-43 por ciento, aumentará a 64.5-35.5 por ciento e incluso podría subir hasta 71 si se suman los de UDC. El peso del PAN, con ocho congresistas, se mantendrá en 26 por ciento.
Esa ventaja le permitirá al PRI no sólo imponer su mayoría a la hora de votar leyes y reformas, sino también ejercer mayor control sobre los alcaldes, en particular los de oposición.
A diferencia de las elecciones intermedias de Rogelio Montemayor (1996), en las que el PRI perdió ocho diputaciones de mayoría relativa (cuatro en Torreón, dos en Saltillo y dos en Monclova), y las de Enrique Martínez (2002), cuando el PAN ganó tres distritos en Torreón y uno en Frontera, Humberto Moreira recuperó las cuatro que su partido perdió en Torreón en 2005.
En un marco económico y financiero adverso, con desempleo al alza e índices de inseguridad y narcotráfico fuera de control, ¿qué explica la aplastante victoria del PRI?
Para el presidente del comité estatal, Rubén Moreira, la gente regresa al PRI por su experiencia para gobernar, porque aprueba el trabajo del ejecutivo estatal y porque Acción Nacional ha decepcionado, tanto a escala federal como local.
Los más de veinte aumentos a la gasolina en lo que va del año, la carestía, la falta de crecimiento y la impericia de los gobiernos panistas arraigan en el imaginario colectivo la idea de un responsable: el presidente. En Torreón, donde el PAN ganó cuatro distritos en la elección local previa, argumenta el líder priista, el alcalde no ha podido con la ciudad y el escándalo en la policía —la detención de cuarenta y nueve preventivos por presuntos nexos con el narcotráfico— terminó por hundir a su partido.
Julián Andrade, articulista de La Opinión Milenio, coincide con esa tesis. El 7 de octubre, doce días antes de los comicios, anticipó la derrota del PAN en su columna Derechos Urbanos, que tituló “El ‘Guasón’ en Torreón”:
Una de las explicaciones de esta caída en las preferencias electorales es precisamente el factor de la seguridad y la lamentable imagen de la policía municipal, a lo que debe sumarse una buena actuación del gobierno estatal de Humberto Moreira y de su partido, el PRI. E4 
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