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Castigo al PAN “Para que la cuña apriete, debe ser del mismo palo”. El refrán cae como anillo al dedo en estos momentos de crisis panista. Manuel Espino, segundo líder del PAN en ganar la presidencia de la República —Luis Felipe Bravo fue el primero—, identifica cuatro causas del fracaso electoral de Acción Nacional bajo la tutela de Felipe Calderón y la conducción de Germán Martínez: 1) el amiguismo, 2) los compadrazgos, 3) la lógica de grupo, y 4) la visión patrimonialista del partido.
Para diferenciarse del PRI, el PAN condena a sus líderes nacionales casi al ostracismo. Después de alzarle el brazo a Fox como presidente electo, Bravo fue despachado al Vaticano en el rol de embajador. A Espino le fue peor: Calderón apresuró su salida del comité ejecutivo nacional para colocar en su sitio a Germán Martínez, quien de entrada declaró algo que podría ser su epitafio político: Si el PAN no gana alcaldías, gobiernos estatales y congresos locales —sobre todo del norte—, difícilmente conservará el poder en 2012.
El amiguismo que denuncia Espino lo confirma el gabinete: Mouriño, Ruiz Mateos... Ejemplos de compadrazgos existe uno en Coahuila: el del senador Guillermo Anaya, a quien más se identifica por ser compadre del presidente que por sus méritos, pues de cuatro elecciones consecutivas las ha ganado todas: diputado local, diputado federal, alcalde y senador. Le falta solo una en el estado, la cual se decidirá en el ya no tan lejano 2011: el gobierno de Coahuila.
Como el PRI, que en los setenta y un años que residió en Los Pinos fue manejado por camarillas, al PAN lo gobierna ahora la suya. Igual pasó con Fox. Nadie con más autoridad para denunciarlo que Espino, quien desde la presidencia de la Organización Demócrata Cristiana de América se propone impedir la vuelta del PRI a la sede del Poder Ejecutivo. Y una forma de hacerlo es, justamente, a través de la denuncia por el desvío ideológico y programático de Acción Nacional.
En el fondo, quizá, el problema radica en que Acción Nacional no se asume todavía como gobierno, como poder. Si en el pasado tenía la simpatía y la aquiescencia de amplias capas sociales por representar la oposición más perseverante, democrática y disciplinada, así como por su mística de partido, hoy esos mismos grupos le exigen congruencia y retomar principios. Lo acabamos de ver en las elecciones del 19 de octubre, en las que el PRI refrendó su mayoría en el Congreso y el PAN no pudo conservar siquiera las diputaciones que ganó en Torreón hace tres años. |