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Fachadas vemos,
zaguanes no sabemos
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Ricardo Bernal Hernández |

Saltillo encara vertiginosa ola cambiaria, cimbra instituciones, acalambra tradiciones, derrumba eventos antaño clasificados como inamovibles. ¿Cuáles son signos visibles, otros subyacentes, tapados, por lo tanto definidos como invariables? Velocidad creciente impide observar con detenimiento. Hay ojos, sin embargo, prestos al análisis, a lo que acontece allende puertas y bardas. Ahí esta la mirada de Jesús de León en su ponencia del 25 de julio (incluida en celebración del aniversario citadino) en el Centro Cultural Vito Alessio Robles. Llama atención a este fenómeno, evolucionismo atacante por muchos flancos a esta ciudad, epítome del estatismo, ícono de lo atávico.
Su pregunta inicial rasga aire en el auditorio, pone en guardia al espectador. “¿Por qué se dice aquí nunca pasa nada?”. Desbandadas hacia sultana norteña y otros puntos geográficos hablan mucho, estos lares incitan mas a bostezo, evitan hurgar en incidencias del ayer. Así el editor de la Gaceta del Saltillo abrirá abanico recordatorio sobre lo perdido paulatinamente, quizá eso más prioritario, el espacio personal, íntimo. Documentos, experiencia aporta evidencia, parece nuestros actos, antaño cobijados por gruesas paredes de adobe y pesadas puertas roblinas, son miradas por propios y extraños con interés en estas nuevas casas de interés social.
Crisis económicas, altos costos de construcción, llevan todo al habitáculo de palomares cada vez más pequeños, mal llamados casas. Teoría de León impulsará nuevo norte, relativo a casas o exterior como representativo al ser mismo de su propietario. Fotos del Saltillo perdido en el ayer, siluetas fantasmagóricas, fugaces, convivieron con nuestros bisabuelos y abuelos, época escondida a todos, aún al visor global llamado You Tube y Web. Sujeto al mismo cambio atosigante, los objetos diarios abrazan nuevas funciones. Dispositivos eléctricos ahora ocupan lugar antaño reservado a fogones, cazuelas de barro y peltre.
Hasta en eso pareció afectarse nuestra relación personal, íntima, hacia herramentales. Desechables actuales contribuyen así a demeritar identidades, derruir exclusivismo, estandarizarnos como hechos en serie, aplicar soluciones globales a nuestra problemática evasora individual. Conferencista aporta otra novo teoría, identificada con esa frase ya célebre: “las cosas —y casas— se parecen a sus dueños”. Aquí construcciones implican despliegue (quizá inconsciente) de fachadas, arreglos y materiales acordes al temperamento del propietario.
Desde esas antiquísimas paredes adobinas, puertas de fresno o roble, fachadas adustas y sobrias, poco inclinadas a ludismos infantiles. Luego bloqueadas en lo imaginativo, con nuevos aunque anodinos diseños del hogar de interés social. ¿Se aplica este principio a expo del conferencista? Evidencia personal no demeritará tal, pues compruébase por conducta diaria de habitantes locales, esta máxima es clarificadora y real. Así mole, graciosa y pintorescamente, esa visión ahora errada relativa a un Saltillo aburrido, falto de historial. Claro, ese ojo escudriñador de documentos, folios, fojas y volúmenes históricos tendrá poca excusa. Para no encontrar en micro detalles geográficos y expresivos, diseños arquitectónicos, posibilidades especulativas, teorías explicatorias para entretener su cacumen.
Así este desierto motriz se vuelve vergel imaginario. Para este investigador, auxiliado por breves aunque ilustrativas imágenes, acota comentarios hilarantes, corrosivos, irónicos, dichos en cara de ese mismo espectador. Risible de sí, pues se sabe saltillense con tales propiedades emotivas y conductuales. Contra posición de imágenes envía mensaje claro, ese de la brutal futilidad, poca permanencia de lo pasado, contribuyente efectivo a la confusión y pandemia actual. Necesario el contraste para evocar posibles orígenes al actual acontecer. Así concluyó esta ponencia del editor de la Gaceta del Saltillo, dejó claro algo velado.
La ciudad en sí no adolece de pasividad excesiva, es decir, subcutáneamente existe historial que, buscado con pasión y excesiva curiosidad da paso a vivencialismo ignorado. Abona agua fresca a esas teorías auto superativas modernas, mercado pujante para gurús de lo imposible y compradores de soluciones fáciles. Que no hay situaciones aburridas sino gente que es aburrida o se aburre. Lo visto por el ojo personal es asunto privado, dador retinal de imágenes, documentadas históricamente, darán esa protovisión de hechos relevantes, ahora enterrados. Saber que en tal calle vivió Juárez un tiempo, Carranza frecuentaba sitios X o Pancho Villa con sus viejas a la orilla modeló alguna vez uno de nuestros ya globalizados sarapes.
Claro, abrir ese tercer ojo implica disciplina, necesaria condición para acceder a esas paradimensiones ocultas. Así cerró esa noche, con invitación al estilo de “muchos serán llamados, menos los admitidos” en este festín investigativo. A tal respecto el acervo documental de la Gaceta implica abstraerse del entorno, sumergirse en océano informativo al alcance del que quiera hurgar. El que tenga ojos, que lea. 
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