|
Motivos para votar Si los desafueros e ineptitudes de partidos y gobiernos no se sancionan en las urnas, ¿dónde entonces? Si la ciudadanía deja de sufragar, ¿vale quejarse de autoridades votadas por la minoría? ¿Existe otro camino civilizado para nombrar diputados, senadores, alcaldes, gobernadores y presidente de la República que no sea el electoral? Igualador social y político por antonomasia, el voto sólo puede ejercerse cada tres, cuatro o seis años, según la elección de que se trate.
El pretexto para no votar, en el pasado, era que los comicios siempre los ganaba el PRI, incluso antes de que abrieran las casillas o después de cerrar si había perdido. Tal cosa existió. Basta leer las “Memorias” de Gonzalo N. Santos, el mítico “Alazán Tostado”, para calibrar la perversidad de la maquinaria electoral que, por ejemplo, llevó al poder al general Ávila Camacho en 1940. O ver la película “Arráncame la Vida”, basada en la novela de Ángeles Mastretta, para asomarnos a las intimidades, abusos y excentricidades de su hermano Maximino, cuya conveniente muerte nunca fue aclarada.
El PAN era en ese entonces el partido de los buenos, de las víctimas de un sistema incorregible, represor, viciado. Líderes y seguidores de esa formación sufrieron persecución. Hubo simpatizantes asesinados en San Luis Potosí y otros estados, como igual los registró el PRD durante el salinato. Fidel Velázquez lo decía sin tapujos: “El poder lo tomamos por las armas y sólo con las armas podrán arrebatárnoslo”. No hubo necesidad. El autoritarismo calló con votos, no con balas.
Pero en el ejercicio del poder resultó que el PAN no era tan bueno ni el PRI el único villano; en todo caso, el más antiguo. Acción Nacional aceptó de Salinas de Gortari gobiernos que legítimamente no había ganado. Después surgieron las ambiciones, las intrigas. En muchos casos, los ideales de Gómez Morín se han trocado por posiciones, por negocios. Nada extraño en este mundo. La política siempre ha sido así —todo lo corrompe y lo descompone, cuando todo debería arreglarlo— y la oposición, no se diga.
Coahuila elegirá nuevo Congreso el próximo 19. Las encuestas, que cuando no son amañadas ni trajes a la medida marcan tendencias casi siempre irreversibles, dan favorito a un PRI robustecido, al menos en apariencia, frente a un PAN incierto, desvanecido. Torreón acapara la atención por causas indubitables, pues en el tablero sucesorio será el primer movimiento. Los siguientes días deben ser de reflexión. Los motivos para votar son más que para dejar de hacerlo: DVR, inseguridad, desempleo, corrupción policíaca, inflación… Cívicamente, el abstencionismo disminuye a todos. Menos a los bellacos, a ellos los engrandece. |