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Teatros del IMSS que reciben apoyo económico trabajan activamente
VÍCTOR HUGO RASCÓN BANDA
In memoriam
(SEGUNDA DE DOS PARTES)
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Cirilo Recio Dávila |

Mientras en Canadá y Estados Unidos los grupos teatrales se desarrollan y viven gracias a sus patrocinadores, México necesita urgentemente desarrollar auspicios privados que podrían apoyar a la cultura
LA ENTREVISTA
Para conocer un poco las polémicas culturales que tienen lugar en nuestro país, tales como la incomunicación entre el teatro en provincia y en la capital nacional, los cambios en las legislaciones sobre derechos de autor o la escasa presencia en los escenarios de lo que producen los nuevos autores, abordamos a Víctor Hugo Rascón Banda en la presentación de la antología El Nuevo Teatro (1998) y este nos citó en sus oficinas del edificio de Banca Somex.
He aquí la entrevista como homenaje y recordación del maestro que dio tanto de sí mismo al teatro mexicano.
¿Cómo llevar la dramaturgia del texto, desde el libro al escenario?
El teatro no es papel, ni sólo literatura, hay que entender que es un hecho que sucede en un escenario, que requiere de un productor, de una dirección, de actores que lo interpreten. Es ahí, en el escenario, donde empieza el trabajo del dramaturgo. El teatro es un hecho colectivo que no depende exclusivamente de un dramaturgo como creador único. El texto tiene que conquistar a un productor. Ahora bien, para que un texto dramático se incorpore al escenario tiene que seguir un proceso. Actualmente los espacios están ya ocupados con tres años de antelación, pero aun si existieran espacios escénicos suficientes, un texto nuevo tendría que coincidir con el gusto y el carácter de quien invierte en el teatro. Por eso, la relación entre el dramaturgo y las compañías productoras tiene que cambiar, para que se creen las condiciones que permitan llevar a nuevas creaciones dramáticas del texto al escenario.
Durante el Festival Cervantino de 1997, en Guanajuato, un comentario de algunos asistentes norteamericanos fue que había muy pocos patrocinadores que participaban en esta celebración. ¿Es necesario un cambio en la forma de patrocinio o de mecanismos publicitarios diferentes?
En todos los países las compañías de distintas actividades deducen impuestos por su apoyo a los programas culturales. En México el FONCA actúa en papel de intermediario, de modo que las empresas donan recursos para la promoción artística y se les ofrecen estímulos fiscales a cambio. La deducción tributaria en nuestro país solamente se aplica en actividades de beneficencia y asistencia social. Y además no se puede obligar a ninguna empresa a que apoye a las artes. En Estados Unidos existen dos conceptos que regulan la promoción artística. Uno de ellos es el de actividades que generan dividendos, que se les llama profits, que son todas las empresas teatrales de Broadway, mientras que el otro medio es de actividades no rentables o non profits, que son automáticamente deducibles de impuestos. Por el carácter mismo de sus propósitos. En México hace falta desarrollar auspicios privados, por ejemplo de la banca, que podría apoyar a esta forma de cultura. En Canadá y Estados Unidos los grupos teatrales se desarrollan y viven gracias a sus patrocinadores, pero en nuestro país, por desgracia, no existen suficientes apoyos, que son muy necesarios. El creador ya tiene bastantes problemas como para agregarle el de promover su propia obra.
En este sentido preciso, ¿es una buena alternativa la Muestra Nacional de Teatro?
La Muestra Nacional de Teatro se inició en los años sesenta. Se confrontan los mejores grupos de teatro del país. Han sido muestras que pasan por muchas crisis y muchas selecciones, primero estatales, luego regionales y finalmente se celebra una concentración de obras en Monterrey, donde la cigarrera La Moderna mantiene un patrocinio permanente. Es un buen esfuerzo, pero en demasiadas ocasiones los grupos seleccionados no responden a las expectativas y se presentan puestas en escena de muy baja calidad. Son problemas de poco acercamiento a las realidades teatrales, escasa formación actoral y de producción. Es muy natural que si no existen estímulos para actores y productores, éstos realicen un desempeño más de aficionados; si las universidades y los gobiernos de los estados no les pagan, no se eleva su calidad. Requieren nuevas formas para promover la producción, como la labor que realiza el Seguro Social, de los diecisiete teatros del IMSS que reciben apoyo económico, quince de ellos trabajan activamente. (Datos de 1998-1999)
En este mismo contexto, ¿existe algún efecto o implicación del tratado de libre comercio para América del Norte que impacte sobre la producción dramatúrgica?
La cultura no fue considerada en el TLC. Los pocos intercambios que hay son de residencias artísticas y hay gran comunicación con ciertos grupos jóvenes de Canadá, especialmente en teatro sin palabra, que es muy interesante y muy rico. Pero no hay un libre comercio de bienes culturales.
En estos días existe una intensa polémica en materia de derechos de autor en la legislación mexicana, ¿qué nos puede comentar al respecto?
En la legislación que se reformó hace muy poco tiempo (1995-1997), se incluyeron ciertos artículos para adaptarla a la normatividad de Estados Unidos, que es un modelo de legislación diferente. En México nos regimos por el criterio jurídico romanista, que implica una protección muy fiel de los derechos de autor, pero la legislación que se introdujo trata a la obra como una mercancía, de tal manera que el autor pierde toda posibilidad hasta de firmar sus propias obras si cede sus derechos. Por este motivo se está buscando que se vuelva a la legislación anterior y es una batalla muy dura que se está dando en el Congreso mexicano. La legislación incluye que se dé licencia de uso de la obra, pero que no se cedan otros derechos de autoría.
La reforma que se realizó a la Ley Federal de Derechos de Autor fue un proyecto de ley equivocado. Evidentemente la ley la promovieron norteamericanos que tienen intereses en México, pero actualmente hay un intenso movimiento que pide cambios a esta ley, un movimiento que incluye a la SOGEM, la ANDA y la ANDI.
Para que exista algún éxito en este campo se necesitaría una posición de unidad, ¿cuál es la relación entre el teatro que se produce en provincia y en la capital del país?
El DF ignora lo que sucede en provincia y no es que sean producciones deficientes, por ejemplo está la obra Al borde, de una compañía de Ciudad Juárez, que es una de las mejores puestas en escena que yo he visto. Lo que sucede es que la dimensión de la producción teatral en el DF es muy grande, pero también hay un desdén por lo que se produce en provincia. Además, para echarle más leña al fuego, en el interior hay un orgullo que yo pienso que es muy legítimo, pero es un orgullo que no permite que se dé un mayor intercambio. Son situaciones que suceden con mucha frecuencia en las metrópolis centralistas. Tenemos por ejemplo a Ricardo Pérez Kilt, un excelente dramaturgo de Atlixco, con veinticinco obras que prácticamente son desconocidas acá en la Ciudad de México. Otro caso que también está en la antología El Nuevo Teatro, Hugo Salcedo, de Tijuana, que es muy bueno. Esa fue precisamente la razón por la que en esta antología quisimos incluir a la mayor parte de los autores del interior del país y tres del DF.
¿Existe alguna constante en los temas que trata el teatro mexicano de hoy?
No. Hay una diversidad temática muy amplia. Se tratan lo mismo problemas sociales que situaciones de relación de pareja, hay quien lo hace sin palabras, quienes utilizan multimedia, persisten los temas político-satíricos, teatro clásico como el Fausto. La variedad es muy amplia.
¿Qué nos puede decir del teatro que es llevado al cine?
En Estados Unidos esto ha dado muy buenos resultados y es muy rentable. En México por alguna razón toda la obra de teatro que es llevada al cine fracasa. Creo que es porque los productores no han sabido hacerlo. Los Albañiles ha sido el único caso de buen resultado, pero Rosa de dos aromas, Orinoco, Playa Azul, han sido todas mejores en teatro que en cine. De Hugo Argüelles se han llevado varias obras al celuloide sin que hayan tenido repercusión. ¿Las causas? Pienso que no hay una buena traducción de un género a otro, existen autores que tratan de trasladar la obra de teatro al cine y simplemente no están a la altura, además de que son medios que se trabajan en forma diferente. 
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