Detrás de un buen rostro |
Mónica Izaguirre |

Una brisa corre al compás del vaivén del reloj, tocando con suavidad la mano de quien lo posee, unas manos tersas, blancas, exquisitas. Tal vez a simple vista la silueta parecerá sin gracia, delgada de complexión, meramente sencilla, cual si se dejara llevar alejándose despacio, caminando a un ritmo lento, como si no quisiera despertar a aquellos que gozan del sueño en ese momento, su mirada divagando por los aparadores del lugar, observando detenidamente algunos objetos que en su rostro reflejan satisfacción…
Televisores encendidos, en los cuales sólo pasan desgracias del ser humano. Se dibuja una ligera sonrisa en la comisura de sus labios de acuerdo a los hechos transcurridos en el aparato, parece darse cuenta que esa noche no sería la única en la cual se alojaría dentro de las sombras de esas oscuras calles.
Sigue su camino y se detiene lentamente a pensar. Se percata de que, a su parecer, no hay movimiento alguno que impida hacer diferencia entre esos pocos individuos que al pasar son distraídos, invisibles, nada a su vista. A veces quisiera adivinar qué ocultan sin saber que puede ir más allá de la eternidad, divulgando su rostro como cualquier ser.
Pronto un hombre pasa. A ella le resulta intrigante pues nunca había visto uno igual. De pronto, en su cuerpo, su mente es invadida por la fuerza necesaria para hablar. Aún así ella sabía que no podría, ¿qué hacer? Ignora cómo controlar sus ímpetus, sentimientos a los cuales no se había entregado, no se había permitido sentir. Un palpitar en el corazón y la desgracia de saber que no podría, no quería, porque al comenzar el día su cuerpo no tendría alma. Un tal vez que sería imposible, el calor de sus cuerpos se alejaba y ella así, aceptando su vida tal cual, un momento, un minuto. Decide acercarse a él. “Espera” es su única palabra. Aún así percibe su alma atada a algo que él nunca podría entender pues, a pesar de que él parecía haberla visto en algún lugar, su mente no registra el momento ni el tiempo.
Él no contesta. Su cabeza está paralizada. Ella sabe la razón más no la quiere aceptar. El corazón se detiene, grita, se imposibilita, no oculta la verdad. Al no existir otros seres alrededor no hace nada. Él cae por un instante en sus últimos halos y ella, al roce del sol de la mañana, se percata de que ya es demasiado tarde para decir lo que siente. Su cuerpo se va secando, inmovilizándose. Lentamente, ante los ojos de él, vuelve a ser lo que era… es y será siempre un maniquí que de día observa, calla y elige a su próxima víctima.
Mónica Izaguirre.
Nació el 28 de mayo en 1990 en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas. Años después viajó a Saltillo, Coahuila, para quedarse permanentemente por razones familiares. A la edad de dieciséis años escribió su primer cuento titulado "El ciego" con fuerte tendencia a la ciencia ficción. Su inspiración son autores como H.P. Lovecraft, Stephenie Meyer, Paulo Cohelo y Mario Benedetti. "Detras de un buen rostro" constituye su primera publicación. Actualmente cursa la universidad.
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