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9 de septiembre de 2008


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Dinero y relaciones de poder imponen la agenda en las primicias del país

Fernando Martí:
un caso para la reflexión

Renata Chapa


Tanto el presidente Calderón como el conductor del noticiario más poderoso de México refrendaron su pesar por el asesinato de Fernando. Así, mientras el apellido Martí azuzaba a la prensa alrededor del secuestro, todos parecían olvidar a Jorge Palma y Christian Flores

A la dedicación y calidez de Nancy López,
estupenda compañera.
Felicidades por todo y más.


Fue Joaquín López-Dóriga el primero que picó la curiosidad de muchos. El pasado viernes 1 de agosto, su columna “En privado” apareció con la siguiente cabeza: “No tengo palabras”. Relató, sin mencionar nombres ni apellidos, que conocía el caso de una familia que diez semanas atrás había sufrido el secuestro de uno de sus miembros y de dos de sus trabajadores. El conductor de noticias explicó la manera en la que fueron detenidos por un apócrifo retén de la PFP montado estratégicamente por delincuentes; declaró asimismo que los dos empleados fueron ejecutados días después y la forma en la que la desesperación de la familia se veía reflejada en un aviso de periódico reciente: “Grupo de la Flor. Yo les cumplí. Llevamos dos meses esperando a nuestro hijo. Tenemos dos millones de razones para ustedes si nos lo regresan. COMUNÍQUENSE”. Luego, López-Dóriga escribió unas líneas: “Yo, desde aquí, no encuentro palabras para decir lo que siento, y menos para describir lo que debe estar viviendo esa familia devastada. Pero sí las tengo para denunciar una vez más, y lo haré todas las veces que sea necesario, (sic) la forma en que se han disparado los secuestros” (Milenio, p.2, 2008). La mecha estaba encendida. ¿De quién se trataba, entonces? ¿Qué familia podía causar tal reacción en el periodista? ¿Algún político, futbolista, empresario o estrella de la farándula?
El  lunes 4, la columna  “La historia en breve” de Ciro Gómez Leyva, lleva por nombre “Querido Alejandro”. Dice Ciro, “Alejandro Martí es un hombre de bien, trabajador, sensible al drama social de México. Recuerdo su expresión de benévolo orgullo cuando paraba a medio ejercicio para explicarme el avance de los primeros gimnasios Sport City de bajo costo. El mercado reconoció el éxito extraordinario de Sport City y las tiendas deportivas Martí. En diciembre, Alfredo Harp, otro hombre de bien que sabe de qué se trata el infortunio, compró el consorcio en quinientos sesenta millones de dólares… A mediados de junio comenzó a correr en el club el rumor de que (el hijo de Alejandro) de catorce años había sido secuestrado. Quise creer que se trataba de una invención, pero ahora sabemos que el joven, el niño Fernando Martí (y sus dos escoltas) fue la víctima de la banda que se disfraza de policía y monta retenes; que Alejandro pagó, que los secuestradores cobraron y mataron a Fernando. O que lo mataron y luego cobraron. Así le ha pagado el país a Alejandro. Así de frágiles son los ciudadanos honestos que se esfuerzan y sueñan. Y así de ineptos frente al crimen siguen siendo el presidente de la república, el jefe de Gobierno del DF, los procuradores, los jefes de las policías, los gobernadores, los legisladores… Para Alejandro y Martí, con todo mi cariño” (Ibid, 03/08/2008, p. 2). Acompañaban la edición de ese lunes las menciones al caso en las columnas “Doble fondo” de Juan Pablo Becerra-Acosta y “A puerta cerrada” de Marcela Gómez Zalce.
Para el martes 5 de agosto, el apellido Martí aparece en primeras planas (llamada de portada de título “Por el caso Martí, se acaban lo retenes” y mención al asunto en “El asalto a la razón” de Carlos Marín). En su “Cubículo estratégico”, Carlos Mota cabecea “El corazón de Martí y Alejandro”, y da detalles de su cercanía a los Martí. Mota se pregunta, “¿Qué hicimos en este país para que algunos seres humanos destilaran veneno y muerte? ¿Alguien tiene una respuesta no convencional?”. Ese día, Ciro Gómez denuncia la incompetencia en materia de seguridad pública. López-Dóriga repite su “No tengo palabras” y agrega: “obviamente que sabía de quién se trataba… y por respeto me reservé el nombre… Y si la noticia me devastó, no puedo siquiera imaginar lo que deben estar pasando sus padres, sus hermanos, su familia; que unos criminales hayan raptado y asesinado a un joven, casi un niño de catorce años, es imperdonable. Y si el viernes pasado le decía que no tenía palabras, hoy no sé qué decirle ante este drama, esta injusticia, este crimen, esta vileza” (Ib.). Páginas adelante, tres notas informativas, una crónica, tres columnas (“Derechos y urbanos” de Julián Andrade; de nuevo, la de Gómez Zalce; y “Cancionero” de Félix Cortés Camarillo) exponían el mismo tema: la muerte de Fernando Martí.
Miércoles 6 de agosto y una fotografía a color en primera plana. Son Felipe Calderón y su esposa, al lado de Alejandro Martí, en una misa por la memoria del pequeño Fernando. Otra vez Carlos Marín, Félix Cortés, Marcela Gómez se suman a Juan Ignacio Zavala, Luis Miguel González (Columna “Caja fuerte”) quienes abordan, por primera ocasión, el tema recurrente. Destaca, de nuevo, que López-Dóriga, continúe en la misma tesitura: “El secuestro y asesinato de Fernando…constituye una pérdida irreparable, incomprensible, inaceptable, imperdonable…Con este secuestro, con este asesinato, a todos nos secuestraron un poco, a todos nos mataron un poco” (Ib.).
Para el jueves 7 de agosto, Carlos Marín aparece, de nuevo, con una mención en primera. Óscar Mario Beteta en su columna “En Petit Comité”, Diódoro Carrasco Altamirano con su texto “La inadmisible descoordinación”, tres notas informativas y una columna no dejan que el tema se agote. Y refuerza López-Dóriga, por cuarta vez, con su texto “Ebrard se equivoca”.
Es viernes 8 de agosto y Joaquín-López Dóriga ya toca un tema distinto. Su insistencia y tono previos fueron llamativos. Los demás columnistas, con excepción de “Interludio” de Román Revueltas Retes y el de Epigmenio Ibarra con “La viga en el ojo propio”, no hacen mención alguna a los Martí. Gómez Zalce sólo recurre al apellido de los accionistas de Deportes Martí como breve referencia al problema del secuestro y la inseguridad en todo el país.
Luego de presentar el comportamiento mediático de uno de los cientos de medios que tocaron el caso Martí, los temas a desmenuzar parecerían no tener fin: la fortuna de los Martí y los Harp en México; la cercanísima y, por lo leído, cálida relación de Alejandro Martí con personajes clave de importantes medios de comunicación; la inmediata reacción del mismísimo presidente de la República, Felipe Calderón, ante el crimen del pequeño; la manera en que las cúpulas de diferentes poderes se entrelazan y “hermanan”; la generación de una ráfaga de datos periodísticos denunciatorios y de espontánea solidaridad con motivo de la muerte del chico Martí; el comportamiento mediático, en prensa, del conductor del noticiario de televisión más poderoso y más visto en el país; la ineptitud de quienes tienen justicia y seguridad pública a su cargo. Pero una línea de reflexión esencial la brindó la misma familia Martí el pasado viernes 8 de agosto a través de dos importantes esquelas.
La primera dice: “La familia Martí Haik (y) la familia Gómez Martí nos unimos a la irreparable e injusta pérdida que embarga a la familia de nuestro querido amigo Jorge Palma Lemus. Descansa en Paz, Jorge, nunca olvidaremos tu amistad, tu entrega y tu empuje. Alejandro, Matilde, Jimena, Carlos y Alito”. La segunda marca aún más claro la pauta: “Que nadie olvide que en esta injusta pena fueron dos. Fernando y Jorge. No olvidaremos. Familia Martí Haik (y) familia Gómez Martí” (Excélsior, 08/08/08, p. 19).
En toda la muestra de publicaciones aquí cotejada, exceptuando a las esquelas, fueron tres las menciones al chofer de la familia Martí, plagiado y asesinado: dos de López-Dóriga, donde lo ubica como “acompañante” y una, entre paréntesis, de Ciro Gómez Leyva, “…ahora sabemos que el joven, el niño Fernando Martí (y sus dos escoltas) fue la víctima de la banda…”. En ninguno de los espacios periodísticos arriba mencionados aparece el nombre de los trabajadores, Jorge Palma Lemus y Christian Salomé Flores, éste último, escolta que logró sobrevivir, ser internado en un hospital y hasta ser buscado, de nuevo, por la banda de secuestradores para ser “rematado”. Nada se incluye del pesar de ellos y de sus familias. Ninguna nota informativa, ninguna fotografía. Ninguna manifestación de los periodistas de circulación nacional por ellos.  
Mota quería saber por qué están siendo dominadas algunas personas creativas y empeñosas, como él mismo se asume. Solicitaba respuestas “no convencionales”. Pues bien, comencemos por señalar que las víctimas en el hecho abordado involucran a tres familias: los Flores, los Palma y los Martí. Que de las dos primeras, Jorge y Christian, respectivamente, también tuvieron la oportunidad de ser creativos y empeñosos, al igual que la tuvo Fernando en su propio medio, pero cada uno de ellos con diferentes obstáculos. Jorge y Christian, dos personas con nombre y apellidos, que contaban con ese tipo de trabajos jamás abordados en columnas y espacios periodísticos destinados a ensalzar a los que cuentan sus fortunas en millones. La indignación debe ser por tres. Ése es el cálculo que le falló al economista y a los otros. Ésa es la respuesta nada convencional que puede comenzar a esclarecer tanta ira contenida: las profundas e irreconciliables diferencias sociales entre unos y otros han sido proyectadas como normales, y el dinero, la vara con la que políticos, economistas, periodistas y muchos mexicanos más, determinan cuáles muertes son renombrables y cuáles otras ni siquiera tienen nombre ni apellido. E4

 
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