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Pasado, presente y perspectivas de una cultura convertida en sueño idílico
China: Una cultura
sedienta
de dominio |
Edgardo Ramos del Bosque |
Siglos antes de nuestra era, ya vislumbraba su anhelo de conquista. Hoy, como sede olímpica y en la mira del mundo, parece tener la oportunidad en sus manos: coronarse como la mayor potencia deportiva
La celebración de los XXIX Juegos Olímpicos en China tiene al mundo entero concentrado en cuanto acontece dentro de este país. Algo que aprovechan sus gobernantes para dirigir su atención y la totalidad de los recursos a la preparación del evento, los avances tecnológicos y la proyección de una imagen satisfactoria que complazca al resto de la aldea global. Sin embargo, en lo más recóndito de su seno, el Tíbet, la desigualdad social, las restricciones en la libertad de expresión y los recientes desastres naturales esperan soluciones cuyo arribo amenaza con extenderse hasta el infinito. Ejemplo vívido de la lógica autoritaria que sirve de base a un modelo muy singular, en el cual se combina lo peor de un capitalismo sin freno con la retórica comunista al servicio de la dictadura de un partido unitario.
En esta continua ilación histórica China se presenta como una de las naciones con más antigua civilización, constada por escrito desde unos cuatro mil años atrás y la única capaz de exhibir para el espacio exterior una obra construida por manos humanas: la Gran Muralla China.
Patrimonio de la Humanidad
La Gran Muralla fue construida para proteger el imperio de China desde el siglo III A.C. de los ataques de los nómadas Xiongnu de Mongolia y Manchuria. El principal propósito del muro no era impedir que fuera atravesado, sino más bien evitar que los invasores trajeran caballerías con ellos.
El primer emperador chino, de la dinastía Qin, fue quien ordenó su edificación para fines de defensa. La muralla es extraordinariamente larga, con siete mil trescientos kilómetros de este a oeste, desde el paso de Shanghai, cerca de Bohai (Golfo de Zhili) hasta el Paso de Jiayu (en la actual provincia de Gansu). Sin contar sus ramificaciones y construcciones secundarias, cubre seis mil cuatrocientos kilómetros desde la frontera con Corea al borde del río Yalu hasta el desierto de Gobi, cruzando siete provincias, está formada por una serie de murallas construidas y reconstruidas por diferentes dinastías durante más de mil años. Para lograr tal objetivo se esclavizaron a más de setecientas mil personas. Hoy en día es considerada Patrimonio de la Humanidad, así nominada por la UNESCO en el año 1987.
La Guerra del Opio
A comienzos del siglo XIX, Inglaterra introdujo en gran cantidad el opio en China, lo que le significó al país el drenaje de la plata, la alza brusca del metal y las dificultades financieras. En 1839, la corte Qing mandó a Lin Zexu a Guangzhou para realizar una estricta prohibición del opio. Con el fin de proteger el comercio de opio, Inglaterra desató, en 1840, una guerra invasora a China. A pesar de que los militares y civiles patriotas de la nación, encabezados por Lin Zexu, resistieron heroicamente la invasión, la corte Qing, corrupta e incapaz, buscó una y otra vez la reconciliación con los agresores y terminó firmando con el gobierno de Inglaterra el "Tratado de Nanjing", el cual humillaba a la nación y hacía perder la soberanía estatal. Después de la Guerra del Opio, Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Rusia, Japón y otras potencias occidentales obligaron al gobierno Qing firmar tratados desiguales, se apoderaron por la fuerza de "cesiones", y delimitaron "esferas de influencia", desatando en loco oleaje el reparto de China.
Rumbo al comunismo
En 1911, Sun Yat-sen dirigió una revolución democrática burguesa que derrocó la dominación de la dinastía Qing, dando término a la monarquía que había durado más de dos mil años en China.
Bajo el impacto de la Revolución de Octubre de Rusia, en 1919 estalló el Movimiento del 4 de Mayo, antiimperialista y antifeudal, que posibilitó la propagación del marxismo-leninismo en China. En 1921, en representación de los grupos comunistas de los diversos lugares, Mao Zedong, Dong Biwu, Chen Tanqiu, He Shuheng, Wang Jinmei, Deng Enming, Li Da y otros, celebraron en Shanghai el Primer Congreso Nacional, con lo cual nació el Partido Comunista de China, mismo que dirigió al pueblo chino en la Guerra Revolucionaria Agraria (1927-1937), la Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa (1937-1945), la Guerra de Liberación Nacional (1945-1949), y logró derribar, en 1949, el régimen del Guomindang, conquistando el poder nacional.
Una república popular
El primero de octubre de 1949, se fundó la República Popular China, con Mao Zedong, como presidente y Zhou Enlai, primer ministro. En los primeros años de la nueva república, se dedicó al reestablecimiento de la economía. Se construyó un grupo de industrias básicas no existentes en el pasado e indispensables para la industrialización estatal, incluyendo la fabricación de aviones y automóviles, maquinaria pesada y de precisión, equipos de generación eléctrica, siderurgia e instalaciones para minas, así como acero de alta categoría, fundición de metales no ferrosos, etcétera. Se estableció el sistema de la propiedad pública de los medios de producción y se cumplió la transformación socialista.
Durante el período de 1957 a 1966, la industria, la agricultura, la ciencia y la tecnología consiguieron grandes avances, pese a que el partido y el gobierno cometieron graves fallas en el principio de orientación, poniendo en grandes dificultades la economía nacional en ciertos momentos.
La "revolución cultural", que transcurrió entre el mayo de 1966 y octubre de 1976, causó a la economía nacional los más graves tropiezos y pérdidas conocidos desde 1949.
En octubre de 1976, se terminó la "revolución cultural" con el aplastamiento de la Banda de los Cuatro, encabezada por Jiang Qing, que se aprovechó de los errores cometidos por Mao Zedong en las postrimerías de su vida y realizó una gran cantidad de actividades perjudiciales para el Estado y el pueblo.
A fines de 1978 el Partido Comunista de China convocó la III Sesión Plenaria de su XI Comité Central, en la que se aprobó la política de reforma y apertura al exterior, formulada por Deng Xiaoping. Durante los últimos tiempos el país ha experimentado profundos cambios. La economía de China ha tenido el desarrollo más rápido en el mundo, y la integridad de su potencia nacional se ha reforzado notablemente. Este último período es el mejor desde la fundación de la república.
Religión
China es un país con múltiples religiones y más de cien millones de creyentes. En el país se profesan el budismo, el islamismo, el catolicismo y el cristianismo. Además están el taoísmo, propio de China, así como el chamanismo, la iglesia ortodoxa oriental y la religión dongba. De estas el budismo, el islamismo y el taoísmo son las creencias más importantes por su alcance de difusión entre la población.
Las distintas etnias practican religiones diferentes: el islamismo se profesa entre los hui, uigur, kazaka, kirguis, tártara, uzbeka, tajik, dongxiang, salar y bonan; el budismo tibetano, también conocido como el lamaismo, entre los pueblos tibetano, mongol, lhoba, monba, tu y yugur. Entre las etnias miao, yao y yi, hay un buen número de católicos y cristianos, y entre la mayoritaria nacionalidad han algunos son budistas, cristianos, católicos y taoístas. Los ciudadanos chinos tienen la libertad de creencias. El gobierno protege las actividades religiosas normales y los derechos e intereses legítimos de los círculos religiosos. La Constitución, el Código Penal, el Código Civil, la Ley Electoral, la Ley de Servicio Militar y la Ley de Educación Obligatoria establecen estipulaciones claras y específicas sobre la protección de la libertad de creencias religiosas y de los derechos de los creyentes. Ningún organismo estatal, organización social o individuo puede obligar a un ciudadano a profesar tal o cual religión o a dejar de practicarla, ni tampoco discriminar a los ciudadanos creyentes ni a los no creyentes.
Un país que envejece
China registra ciento treinta y dos millones de personas que sobrepasan los sesenta años. Esta cifra se estima que llegará a ser de cuatrocientos millones durante la primera mitad del siglo XXI. Según su Academia de Ciencias Sociales, la nación se transformará en una sociedad que envejece y perderá inevitablemente la ventaja en cuanto a fuerza laboral y desarrollo económico.
A criterio de los expertos, el gigante asiático requirió apenas treinta años para completar el camino del control de la natalidad, mientras que los países desarrollados requirieron más de un siglo. También el Centro de Investigación sobre Población y Desarrollo de China expuso que la fuerza laboral china crecerá hasta llegar a su punto máximo de novecientos noventa y siete millones en 2016, pero que después empezará a declinar cada año.
El envejecimiento es causado principalmente por el control de la natalidad, pues la política de planificación familiar ha hecho que baje la tasa de crecimiento natural de China. Como consecuencia de ello se informó que este país tendrá menos jóvenes para sostener el auge económico actual.
Sin lugar a duda, es su ancestral historia, su enigmática cultura y su trascendencia social y universal, lo que hace de esta nación uno de los destinos orientales más visitados por el resto del mundo. Ahora, con todos los ojos observándola, busca posicionarse en el escaño de la primera potencia deportiva. La comunidad, por su parte, espera que los Juegos Olímpicos de Beijín, de algún modo, sirvan para encauzar la necesaria apertura hacia la democracia de ese sistema monolítico, un régimen comunista que hace notar su condición totalitaria y alérgica al pluralismo, por mucho que la intente disimular. 
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