
Intenta respirar mientras ensaya por décima vez
una sonrisa. Parpadea para recordar que existe y
transita por el letargo de un pensamiento indeciso
para no olvidar que está con vida.
Esconde sus pies en la predecible secuencia que
martiriza los días y los años. Se percata de su
desnudez y con envidiable elocuencia se ciñe de mentiras
para escuchar el sinoloquio de de la rutina diciendo:
Ha comenzado otro día.
¡Enigma de la vida! Enigma que enclaustra y domina.
Enigma que entre sus rejas abusa del cansancio y
resume la mortalidad en un axioma de lo perecedero:
Neblina.
Yugo desquiciante que lleva el alma ebria de lágrimas
incomprendidas, y el deseo ausente en un bolsillo que
sin orientación se mece cada día.
Orgía de portañuelas y faldas que gritan a ciegas,
buscando el amor mientras se hunden en la paradoja
traicionera de ponerle precio al corazón.
Hambre cruel que de inanición sepultará a la cordura
si no encuentra pronto los manantiales eternos
de la gracia divina.
Ya la albura de los años cual ráfaga luminosa surca
de nieve la cabellera de quien no se conforma de mirar
a mamá en un portarretrato. Está solo. ¡Si tuvo tanto!
Aurora de un fracaso que se agiganta día a día.
Un silencio conocido, una pausa repetida. Y otro
hombre que sin Dios intentó sembrar jazmines
en el hierro de la vida.