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Elección entre dos Las elecciones de medio período son una pesadilla para los gobernadores, desde Óscar Flores Tapia. El avance democrático y el desgaste de tres años se reflejan irremediablemente en las urnas. El PRI perdió Monclova por vez primera en 1978 y estuvo en un tris de que Torreón también pasara a manos del PAN, pero el mandatario conservó la plaza a pesar de las presiones del aperturista Jesús Reyes Heroles, primer secretario de Gobernación de López Portillo.
José de las Fuentes y Eliseo Mendoza pasaron también las de Caín, lo mismo que Enrique Martínez, en sus respectivas intermedias, pero nadie, hasta ahora, las ha padecido tanto como Rogelio Montemayor. En 1996, la conjunción de una serie de factores —malos candidatos, abandono del PRI y un escándalo de corrupción— dio por resultado la pérdida de las alcaldías de Saltillo, Torreón, Monclova y Ramos Arizpe y la mitad del Congreso. Hasta hoy, esa ha sido la victoria de Acción Nacional más contundente en elecciones locales.
El 19 de octubre próximo se elegirá nuevo Congreso, pieza clave para la gobernabilidad de cualquier estado. Máxime ahora que el Poder Legislativo ejerce las atribuciones que la Constitución le otorga, al menos en el ámbito federal pues en los estados pesan todavía viejas inercias. La competencia volverá a centrarse entre el PRI y el PAN. Los partidos de izquierda, en Coahuila, están muy lejos de las preferencias ciudadanas. El PRD, en su historia, ha ganado un solo distrito.
El PRI, a quien todo mundo daba por muerto cuando las botas de Fox se posaron en Los Pinos, goza de cabal salud aun después de perder por segunda vez la Presidencia. Prueba irrefutable de que al diablo el saber le viene de los años, no de su condición principesca. Frente a la capacidad de recuperación de su rival histórico, Acción Nacional da un paso adelante y tres atrás en términos electorales; al menos en Coahuila, donde fue incapaz de convertir el triunfo de 1996 en gobierno tres años más tarde.
En estructura al PRI ningún partido le iguala todavía. Y ahora tiene otra ventaja: liderato omnipresente y línea directa con quien gobierna el estado; nada de distancias sanas como proclamó el demócrata Zedillo. El PAN ya es gobierno y como tal también sufre desgaste, divisiones, intrigas en sus filas. Sin embargo, mientras la izquierda no crezca, será el principal beneficiario del voto opositor. Esperemos para otoño unas elecciones competidas, donde los ciudadanos, no los partidos, decidan el tipo de Congreso que desean. |