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15 de julio de 2008


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El ejército más fuerte contra la delincuencia es la sociedad; cuando rechace toda relación ilícita, la lucha puede empezar a ganarse

Soy secretario de tiempo completo; fuera de eso, nada me distrae: Fausto

(SEGUNDA PARTE DE DOS)

Mesa de Redacción


El fenómeno de la violencia tiene que ver con el crimen organizado; no podemos alegar inocencia, sino aceptar que hemos fallado y trabajar muchísimo, pues ni Colombia registra los problemas de adicción que nuestro país en los últimos años, reconoce el titular de Seguridad Pública

 



Mencionado en espacios informativos y columnas políticas como virtual candidato a diputado local por el PRI, Fausto Destenave se afloja el nudo de la corbata, toma una llamada telefónica, concierta una cita y antes de responder sobre su futuro otea el horizonte: soy secretario de Seguridad Pública y coahuilense de tiempo completo; fuera de eso, nada me distrae.
Aclara, sin embargo, que su carrera, a escala estatal, es distinta a la de policías ilustres que devinieron precandidatos a Los Pinos —García Paniagua y Gutiérrez Barrios—. Por circunstancias profesionales he participado en los ámbitos de la seguridad pública y procuración de justicia. Lo suyo, de plano, es la política:
Desde la universidad (…) he participado en política toda mi vida. (…) La política, pues, no me es extraña, me gusta aprender de ella y proponer soluciones para el lugar donde vivo. Pero también me gusta establecer tiempos, obligaciones y responsabilidades (…) En Italia y Francia los encargados de la seguridad participan en sus parlamentos, en cargos de elección popular desde sus ciudades y a la inversa.
Destenave responde al perfil de secretario de Seguridad Pública moderno, que él mismo describe. (…) tiene que ser un hombre abierto, cercano a los temas sociales, comunitarios; en Coahuila y en cualquier estado, los asuntos de la seguridad no pueden resolverse sólo desde el frente policial… (sino) mediante una serie de acciones, políticas, estrategias, filosofías y visiones sociales, porque al final las políticas de estado las marca la comunidad. Mi vida —en ese sentido— está totalmente dedicada al tema de la seguridad…
Y lo demuestra, pues ofrece un conocimiento de la realidad del estado y el país, sin circunloquios, en el tema de su competencia. Si en México no cambiamos ni aceptamos la necesidad de reglas nuevas, infraestructura organizacional y políticas de seguridad modernas, el escenario se complicará todavía más.
Comenta que al principio lo criticaban por decir que Coahuila es uno de los estados menos inseguros del país; y lo es, sostiene,pese a su vecindad con Texas, Tamaulipas, Nuevo León y Chihuahua. Cuando hablas de seguridad pública pareciera que presentas un escenario de tranquilidad.
Admite que existe una profunda crisis de confianza en las instituciones de seguridad pública, pero llama a la policía y a la sociedad a respetarse mutuamente y a reconocerse como parte de la misma comunidad. Sobre todo, aboga por los servidores públicos expuestos a una escalada de violencia sin precedente, causada por el narcotráfico y la decisión del Estado de combatirlo sin cuartel. Ellos también tienen familias (…) y honrarlos honra a su comunidad.
Niega que La Laguna esté abandonada por el gobierno del estado. Lo que hay es falta de congruencia de las autoridades de Torreón. En particular, del alcalde José Ángel Pérez, al que no cita por su nombre.
Destenave dice que frente a la delincuencia organizada, convertida en amenaza nacional, los medios constituyen una de las principales fortalezas del Estado mexicano. Pero cuando se le replica que la falta de garantías inhibe el trabajo de la prensa, admite que los periodistas viven hoy uno de sus mayores riesgos, por lo que sugiere recomponer las estrategias de los medios con las autoridades y viceversa, para salvaguardar su tarea.

¿Cuál es, en la escala nacional, la posición de Coahuila en términos de inseguridad? Se critica que el secretario de Seguridad Pública esté expuesto políticamente en una institución que amerita trabajo de sombra.
Hace dos años y medio necesitábamos compartir estadísticas, planos geodelictivos, mediciones de universidades como la UNAM, el Politécnico Nacional, y encuestas de la Coparmex para decir que Coahuila ocupaba uno de los mejores lugares en materia de seguridad pública. Lamentablemente ya no hay necesidad, pues los medios de comunicación dan cuenta del posicionamiento de Coahuila en esta materia. Hasta el día de hoy somos el estado más seguro del norte y uno de los mejores del país, a pesar de estar localizado en una posición geográfica de alta vulnerabilidad por nuestra vecindad con Texas, Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas. En los últimos años, las muertes ligadas al crimen organizado fueron: mil quinientas cuarenta y tres en 2005; dos mil doscientas treinta y dos en 2006; dos mil setecientas setenta y tres en 2007 y dos mil cincuenta hasta el 7 julio. Más de nueve mil ejecutados en el sexenio de Vicente Fox y cuatro mil novecientas ochenta y cinco en dos años y medio del gobierno del presidente Calderón. Entre 2006 y lo que va de 2008, Coahuila registró treinta y tres personas muertas por hechos que pudieran ser relacionados con el crimen. En 2006 fueron asesinados ciento ochenta y seis policías en todo el país; en 2007, doscientos setenta y nueve, y de enero a mayo de este año ciento setenta y uno. En ese lapso, quince agentes cayeron en Coahuila. Estos números quizá no reflejan la percepción de la gente, pero brindan una calificación fría que nos ubica como el estado menos inseguro al norte del país. Me criticaban al principio por emplear el concepto de menos inseguridad, pero lo uso porque existe. Cuando hablas de seguridad pública pareciera que presentas un escenario de tranquilidad. En ese sentido somos el estado menos inseguro del norte y uno de los menos inseguros del país. Esto se debe al trabajo articulado de las instituciones de seguridad en los tres órdenes de gobierno. La comunión es la tranquilidad de la gente, reconociendo que el peligro es inminente y constante.


Imagen recurrente.
Las ejecuciones llegaron a Saltillo

Ejecuciones que en el pasado se observaban en Tijuana, Juárez, Sinaloa y Tamaulipas, ya se presentan en La Laguna, ¿a qué atribuir este fenómeno?
Dentro del mapa geodelictivo del país, en La Laguna confluyen distintas organizaciones criminales. Gómez Palacio, Lerdo y Torreón representan un punto medio estratégico, no sólo para las grandes rutas del narcotráfico, sino para la vida del país, aunado al complejo fenómeno jurídico de las zonas donde convergen dos estados. El gran consumidor de drogas son los Estados Unidos, pero en nuestro país las adicciones crecieron veinte por ciento  en los últimos ocho años, lo que acredita la teoría de que el trasiego de droga se empezó a quedar en México como parte del pago por los servicios del tráfico hacia el norte del continente. Esto provocó la creación de células y organizaciones en núcleos de población con más de cien mil habitantes, lo que disparó el consumo interno a niveles alarmantes. Es necesario retomar las políticas de prevención contra las adicciones. El fenómeno de la violencia tiene que ver con el crimen organizado; no podemos alegar inocencia, sino aceptar que hemos fallado y trabajar muchísimo, pues ni Colombia registra los problemas de adicción que nuestro país en los últimos años.

¿Qué aconsejan los teóricos en situaciones así, y qué hizo Colombia que nosotros no hemos hecho?
Hace diez años no había una sola reunión de especialistas en seguridad pública y procuración de justicia donde se rechazara la posibilidad de que México afrontase un fenómeno similar al de Colombia. Pues bien, ya estamos en él. La diferencia es que allá se aceptó el colapso de la seguridad y empezaron a crear nuevas estructuras, humanas y material. En México tenemos que hacer lo mismo. La tecnología de la seguridad es un elemento fundamental, lo mismo que la dignificación policial y la protección de secretarios y actuarios. El año pasado, en Michoacán, asesinaron a un actuario y a unos abogados que recibían la notificación de una sentencia condenatoria por delitos contra la salud. El sesenta por ciento de los policías en nuestro país son preventivos y no tienen facultades de investigación ni de persecución; tampoco pueden recabar información para evitar que una persona asalte un banco o secuestre a una persona. Las policías necesitan armamento sofisticado, para enfrentar al crimen organizado.
No es posible que el salario mensual promedio de un policía en nuestro país sea de cuatro mil pesos. Es una vergüenza y nos debe preocupar, porque sin el mínimo para solventar el sustento familiar, no podemos esperar un compromiso real con el país. En Coahuila, que es ejemplo nacional, el gobernador Moreira ha invertido más de cincuenta millones de pesos en esta materia: el policía de menor rango gana siete mil doscientos treinta pesos en promedio. Además, les otorgamos becas a sus hijos y los policías pueden acceder a créditos de Banamex para adquirir una vivienda. En Coahuila, el nuevo sistema de selección policial impide al secretario de Seguridad nombrar un solo policía o comandante; para ello existe un órgano colegiado que encabeza un representante de la sociedad.
La reforma judicial parece ser una respuesta, pero aún así priva el escepticismo. La gente ve cómo los delincuentes salen libres y las policías sirven a dos o más amos. Una de las soluciones que se planteó fue la unificación de las corporaciones y controles reales para evitar que un policía despedido en Tijuana por ser cómplice de delincuentes mañana fuese contratado en otro estado.
 El tema tiene que ver con las nuevas reglas jurídicas y estructurales de la seguridad. No estoy de acuerdo con la policía única, porque somos un estado federal; lo que urge es homologarlas para que funcionen bajo un solo manual de procedimientos. El programa “Plataforma México” permitirá consultar sobre detenidos y heridos que ingresen a algún hospital en el mismo momento de los hechos. Coahuila fue el primer estado que estableció la predenuncia de vehículos robados, que en muchas ocasiones puede ser utilizado para cometer otro delito. Las reformas constitucionales van por buen camino, hay una discusión con el Ministerio Público para determinar qué atribuciones podrá tener la policía preventiva en el futuro. La reforma al 18 constitucional, sobre los menores de dieciocho años y mayores de dieciséis, fue muy desafortunada pues debe darse importancia a la madurez de los jóvenes para que también puedan ser punibles desde el punto de vista procesal. Otro artículo motivo de revisión es el 123, para que los integrantes de las fuerzas de seguridad pública puedan estar bajo un régimen laboral especial y evitar que quienes fallen puedan recuperar su trabajo. El 73 constitucional, sobre la convergencia de facultades entre estados y federación en asuntos de delincuencia organizada, tendrá que analizarse con mucho cuidado, sin olvidar que para aplicar una ley primero se necesita el edificio estructural y para ello la Federación tiene que aplicar recursos suficientes, adecuados y oportunos, con una visión correcta de la nueva manera en que deben hacerse las cosas en este país. En el caso de los menores de dieciocho años, nos obligaron a reestructurar los juicios cuando ni siquiera teníamos la infraestructura necesaria. Hoy vemos cómo jóvenes de diecisiete años, en Ciudad Juárez, participan en actividades de delincuencia organizada.

¿Cuál debe ser, dentro de esta reconstrucción institucional, el compromiso de la sociedad?
El Estado, desde sus instituciones jurídicas, no puede ser el único frente contra la inseguridad. El ejército más fuerte y eficiente es la sociedad: cuando la comunidad entienda que debe retomar los valores sociales, rechazar la violencia y toda relación con entes o personas y actividades sospechosas, delictivas, la lucha puede empezar a ganarse. El respeto a los símbolos patrios, la vida, la salud, la convivencia y el bien social deben rescatarse desde el hogar y la escuela y anteponerse a la obtención de cualquier beneficio ilícito. Con la creación de consejos de seguridad y la participación de jóvenes, comerciantes, universitarios y otros sectores, podemos cambiar las estrategias. En esta tarea, los medios de comunicación representan una fortaleza del Estado mexicano, porque son el termómetro de la sociedad, los únicos en posibilidades de decirnos en qué grado de peligrosidad vive el país y quién hace o no lo debido. Los medios implican el contacto entre el ejército civil y las instituciones jurídicas; sin ellos, difícilmente podemos ganar una lucha como esta.

Justo por el papel que desempeñan, los periodistas también son blanco del crimen organizado. En un marco de impunidad y falta de garantías, los medios se inhiben y pierden eficiencia.
Esto confirma lo importante que son. Hoy viven uno de sus mayores riesgos; ya no es la represión del Estado su enemigo. En un escenario de conflicto social, desde el punto de vista de la inseguridad, es preciso recomponer las estrategias de los medios con las autoridades y viceversa, para salvaguardar y continuar su participación en un asunto tan significativo, pues la prensa se apoya más en la estructura social y en la generación de opiniones. Pero también confirma este escenario de terror cuyo objetivo es provocar el miedo de la gente. La violencia irracional, exacerbada, se presenta igual en otros países. Recientemente, dos jóvenes de Coahuila fueron masacrados en Texas por un asunto que no tiene que ver con delincuencia organizada en un primer punto, sino con discriminación. México tiene que trabajar mucho desde dos frentes: el institucional, con mayores recursos, aplicación de políticas claras, sencillas y funcionales; y el social, con una comunidad más proactiva en el rechazo a la violencia.


Celo regional.
La Laguna es atendida como nunca

Frente a una espiral de violencia inédita, el sentimiento en La Laguna vuelve a ser de abandono. Aunque en Saltillo ya empezaron también las ejecuciones, el reproche es que el estado le dedica más atención a la capital.
La Laguna es atendida como nunca, inclusive el gobernador la dotó de una estructura a nivel de secretaría de estado. En materia de seguridad, en Saltillo hemos invertido alrededor de cuarenta millones de pesos en dos años y en La Laguna ochenta. No existe abandono, lo que hay es falta de congruencia de las autoridades de Torreón, que lejos de unir esfuerzos con en el estado provocan choques estériles que no han permitido brindar el resultado que queremos. Por su importancia, Torreón recibirá una de las mayores inversiones en materia de infraestructura urbana, pero hay una sombra: La inseguridad, con su cauda de zozobra e incertidumbre, que hace dos años existía en Matamoros y San Pedro, hoy se vive en Torreón y eso nos preocupa.

¿Fausto, es usted secretario de tiempo completo? ¿Le distrae algo, digamos la política?
Estoy focalizado de tiempo completo en la seguridad, la cual vislumbro como una acción más general que antes. El secretario tiene que ser un hombre abierto, cercano a los temas sociales, comunitarios; en Coahuila y en cualquier estado, los asuntos de la seguridad no pueden resolverse sólo desde el frente policial. Ese ha sido uno de los graves errores de nuestro país; la seguridad no es un sujeto uniformado, con arma y patrulla, sino una serie de acciones, políticas, estrategias, filosofías y visiones sociales, porque al final las políticas de Estado las marca la comunidad. Mi vida está totalmente dedicada al tema de la seguridad pública en el contexto de la aplicación de esas políticas.

¿Significa que si alguna candidatura se cruza por su camino lo hallará en el cumplimiento del deber y no en campaña…?
Los derechos políticos no cesan con el desempeño de un cargo. Mi estilo ha sido compartir con la gente, pero cuando uno trabaja en su tierra, como es mi caso que soy coahuilense, se genera esa pasión especial. Desde la trinchera que ocupe haré siempre lo mejor para el estado. Hoy, como secretario, estoy abocado cien por ciento a la aplicación de políticas de Seguridad Pública; en mi despacho y como abogado de una institución bancaria, la actitud fue la misma. El día de mañana no sé dónde esté, pero mi vocación se mantendrá: el interés de la gente. Por lo pronto, trabajar para el gobernador Humberto Moreira es un honor y un privilegio. En estos tiempos, servir en el área de Seguridad significa un reto inimaginable y tener la posibilidad de hacerlo desde el mismo frente, o algún otro, representa un compromiso muy personal. Tengo clara mi situación, lo demás son las circunstancias, los tiempos y las posibilidades. No me puedo distraer. Hoy la seguridad pública representa la unión de todos los mexicanos, cuando antes era una actividad oscura, poco rentable, rechazada.

Hay ejemplos de investigadores que desarrollaron carreras políticas destacadas: Gutiérrez Barrios y García Paniagua, ambos por cierto, presidenciables en su época. ¿Está usted preparado profesional, anímica y moralmente para dar ese paso?
Mi caso es al revés, pues desde la universidad he participado en política toda mi vida. Las circunstancias me han llevado a las áreas de procuración de justicia y seguridad pública. La política no me es extraña, me gusta aprender de ella y proponer soluciones para el lugar donde vivo. Pero también me gusta establecer tiempos, obligaciones y responsabilidades; de mis padres y abuelos aprendí a ser responsable en el desempeño de mi trabajo. No he tenido la fortuna de estar en mi estado el tiempo que yo hubiese querido, pero soy coahuilense de tiempo completo. En Italia y Francia los encargados de la seguridad participan en sus parlamentos, en cargos de elección popular desde sus ciudades y a la inversa. E4

 
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