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Reserva nacional protegida, sólo de nombre;
en los hechos
es basurero y zona turística de tercera
La incuria y el afán de lucro tienen
a la poza de la becerra al borde de la ruina |
Emma Hayde Rodríguez
Cuatro Ciénagas
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Una tercera parte de la derrama económica que genera queda
en manos de concesionarios y gente de fuera. Su clausura
no responde a cuestiones burocráticas, sino a una serie de violaciones y descuidos por parte de autoridades y visitantes, denuncia el delegado de la Comisión Nacional de
Áreas Protegidas, Ivo García

Paseo público.
Nadie sabe lo que tiene... |
Estudios de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas, Delegación Cuatro Ciénegas, que con datos de los años 2004-2008 y una encuesta con muestra del once por ciento aplicada a visitantes durante el periodo vacacional de Semana Santa 2008, estiman que la derrama económica anual de la Poza de la Becerra es de 29.2 millones de pesos, la mayoría de los cuales emigra.
Las estadísticas recabadas por personal de Conanp revelan que el veinticuatro por ciento de estas percepciones se quedan en Monclova, once en Monterrey, seis en Torreón, tres en San Pedro de las Colonias, otros seis en Saltillo y tres más en localidades circunvecinas, mientras que el cuarenta y tres por ciento restante permanece en Cuatro Ciénegas.
Lo interesante es que de esta derrama local, traducida en 12.5 millones de pesos anuales, una tercera parte, es decir 4.16 millones de pesos, benefician directamente a la Poza de la Becerra, administrada por Promotora de Turismo Monclova (Promotur) y su presidente Armando de la Garza Gaytán.
Frente al negocio, las especies endémicas de flora y fauna que habitan el lugar pagan un precio mucho más elevado: su destrucción. La Poza de la Becerra, asediada por varios miles de turistas, es tratada como cualquier alberca, o peor, dijo en entrevista a Espacio 4, Ivo García, delegado de la Conanp.
La poza en cuestión sigue un procedimiento por incumplimiento de normas que desembocó en su cierre temporal a finales del mes de mayo, bajo el argumento de que Promotora Turística Monclova, concesionaria del lugar, no refrendó su permiso de uso para 2008.
Entre declaraciones y malos entendidos, los protagonistas del conflicto vierten información confusa y hasta contradictoria.
Esta medida fue catalogada de “drástica” por algunos medios de comunicación (Vanguardia, 29 de mayo) y calificada de “artera, arbitraria y de revancha” por el presidente de Promotur.
Casi dos meses antes de su cierre temporal ya se hablaba de daños ambientales en el lugar, lo cual llevó a Armando de la Garza Gaytán a emitir fuertes declaraciones contra del delegado de la Conanp, Ivo García. El 27 de marzo expresó a Vanguardia que la voracidad de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas por hacerse cada vez de mayores recursos por el cobro de uso de suelo a los turistas, provocó los daños ambientales a la poza. Incluso acusó a García de quejarse ante los medios de comunicación atacando a propietarios y concesionarios.
Tras la clausura, el 28 de mayo, la secretaria de Turismo en el estado, Hilda Flores Escalera, señaló que tanto De la Garza Gaytán, como el alcalde de Cuatro Ciénegas, Gabriel Villarreal Jordán, ocultaron información a las autoridades estatales y a la población sobre la situación real que prevalecía en el lugar.
A principios de junio, se informó que la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente (Profepa) y Promotur, habían llegado a un acuerdo y que la poza se reabriría en las setenta y dos horas posteriores. Sólo que, desde entonces, el empresario no ha presentado ningún trámite legal y de manera correcta para su reapertura, por lo que el retiro de sellos no se llevó a cabo.
El 5 de junio, quince cieneguenses encabezados por el alcalde y el presidente de Promotur, amenazaron con obstaculizar la principal carretera de acceso al poblado como medida de presión para que se agilizara la reapertura de la ciénega. Armando de la Garza manifestó que esta acción sería catastrófica y el daño mucho mayor que el causado por el cierre de la poza.
Seis días después, el director de la Comisión nacional de Áreas Protegidas, Julio Carrera López, declaró que el concesionario de la poza no tenía intenciones de reabrir, ya que había incumplido los trámites que exíge la Conanp.
Carrera López confesó sentirse sorprendido de todo lo que se ha declarado en torno a la clausura de la Poza de la Becerra, porque Cuatro Ciénegas no depende económicamente del turismo.
Lo cierto es que entre intereses económicos y políticos poco interesa la conservación del medio ambiente. Promotur asegura que la Federación miente mientras Profepa Coahuila se limita a acatar las disposiciones pertinentes.
En la Poza de la Becerra leyes y normas de conservación que provocan problemas ambientales y sociales. Se calcula que cien mil personas por año la visitan, principalmente en verano. Tan sólo en la pasada Semana Santa se tuvo un total de dieciocho mil quinientos turistas y se llegaron a contabilizar cuatro mil en un solo día.
Tanta gente y la falta de infraestructura e información sobre el lugar, además de la poca educación ambiental de los vacacionistas, tienen un resultado catastrófico para el área natural y daños irreparables a su ecosistema.
Los argumentos

Ivo García.
Por una auténtica zona natural protegida |
Ivo García explica algunos de los factores claves para el cierre de la poza. Muchos de ellos son el reflejo del poco respeto que se le brinda como área natural protegida. Ello refleja un inadecuado manejo del sitio, falta de educación ecológica en las personas que lo visitan y un turismo mal planificado.
El exceso de personas que se reúnen durante los periodos vacacionales y que llega a sobrepasar la capacidad de la infraestructura existente, modifica la turbidez del agua y altera las actividades de alimentación y reproducción de los peces endémicos, comenta el experto.
Elementos que brindan seguridad a los turistas dentro de la poza, como las líneas de color que separan el nivel hondo del bajo, son colocados con estacas justo a la orilla de la ciénega. El borde brinda estabilidad,pero al ser alterado se empieza a deslavar y a abrirse, provocando que los niveles de agua bajen. Para García, esta acción puede mitigarse con boyas.
Sin estudios previos ni autorización, la vegetación natural que circunda la poza se desmonta constantemente para la creación de nuevos estacionamientos y palapas, lo cual modifica las propiedades del suelo.
Recientemente se llevaron cien toneladas de arena para acomodar una playita, declara Ivo García, ello provoca que poco a poco la arena vaya a dar al agua, alterando sus condiciones.
Según la encuesta realizada por la Conanp, más del cuarenta por ciento de los visitantes tiene un nivel escolar que alcanza estudios profesionales y postgrados, sin embargo, opina García “no lo parece”.
Refiere además que en Semana Santa poco faltó para que la poza se convirtiera en un basurero. El mal manejo de los residuos sólidos aunado al viento característico del
lugar trae por conscuencia el acarreo de todo tipo de basura al agua: desechables, residuo de comida, bolsas de plástico.
Durante los periodos de mayor demanda, los baños resultan insuficientes para dar servicio a todos. Tras el último periodo vacacional se encontró excremento humano por todo el lugar. Esto es malo no sólo para la flora y la fauna, sino para la salud. Es preocupante para nosotros ver a las familias conviviendo entre la basura y los desechos como si fuera algo natural, apunta Ivo García.
Todo se acomoda indistintamente, no hay un orden, señala el delegado. Un ejemplo claro, dice, fue que se encendieron fogatas para la cocción de alimentos cerca de la poza. La grasa de los alimentos va a dar al agua y mata las áreas con vegetación. Además, el calor del fuego destruye las propiedades del suelo y, al mismo tiempo, puede causar incendios. Por si no bastara, los sitios para acampar están en el área donde antiguamente era el río.
No hay letreros que promuevan la conservación del entorno. Apenas se divisa, entre algunas pancartas de prohibiciones, un cartel clavado a un árbol que dice “Cuida la poza, es patrimonio de vida”.
No se le invierte al sitio. Podría mejorarse con sencillas acciones, que conllevan disposición en el cuidado del lugar. Se le trata como una alberca, e incluso peor, porque a una alberca se le invierte en agua y limpieza... a la poza no. Es un regalo de la naturaleza. La Comisión de Áreas Protegidas apoya el turismo, pero así no. Están matando a la gallina de los huevos de oro, concluye el funcionario.
Para Ivo García, cuando se menciona a las pozas de Cuatro Ciénegas, habla sólo de una parte del “todo”. En Cuatro Ciénegas está muriendo un río y nadie se percata. Resulta innegable que en este valle ocurre un proceso de desertificación. Ya no hay suficiente flujo de agua, por lo tanto no queda suficiente oxígeno para proporcionar vida.
El canal para riego de veintidós kilómetros que se construyó en 1964 (y que hasta ahora no ha sido modificado con nuevas tecnologías, sino sólo reparado por los campesinos), rompió el flujo de escurrimientos naturales, pero lo peor es que el agua no se aprovecha al cien por
ciento.
Unos setecientos dieciséis litros de agua por segundo salen de la poza para riego, después de veintidós kilómetros llegan sólo quinientos noventa y cinco litros. Se pierde mucha agua. Si se mejorara la infraestructura de conducción y las técnicas de riego podría ahorrarse más, sin quitársela a los agricultores. Basta con dejarla en el río para que haga todo su recorrido y que aporte beneficios ambientales.
Los mismos agricultores hacen reparaciones, pero carecen de recursos adecuados. Verdaderamente se deben afrontar veintidós kilómetros y no es tan fácil para ellos invertir en esto. De repente aparecen filtraciones que permiten que se llene, pero se encharca y ya no corre el agua, señala.
Las encuestas de la CONANP

Desmonte.
Al crecer sin control,
el estacionamiento elimina la flora |
La realidad es que en Cuatro Ciénegas no se conoce el comportamiento del turismo y tampoco su impacto.
Para la Conanp es necesario estudiarlo en aras de planificar un desarrollo turístico apropiado en beneficio de las personas y conservación de los recursos naturales. Con este objetivo se realizaron encuestas al once por ciento de los visitantes de la poza en
Semana Santa.
Si la meta es que en Cuatro Ciénegas el veinte por ciento de la población viva de las actividades turísticas, poner más anuncios para que la gente vaya a la tierra de Carranza, no es la solución, sugiere su delegado, eso sólo provoca caos.
A criterio de Ivo García la solución consiste en difundir la cultura ambiental entre los turistas, generar infraestructura en los puntos de interés y dar capacitación a los pobladores para que presten los servicios adecuados. Estamos tirando escopetazos que se disipan y los esfuerzos e inversiones se pierden. Estamos dañando el medio ambiente.
Los resultados de las encuestas arrojan que la poza tiene mayor afluencia de visitantes los meses de abril, julio y agosto y que el promedio anual es de noventa y siete mil setecientos setenta y cuatro.
· Educación ambiental
El seis por ciento de los entrevistados no sabe que el lugar es un área natural protegida. El diez por ciento asegura conocer mucho acerca de este ecosistema; cuarenta y tres por ciento, poco; y cuarenta y siete por ciento, nada.
Cuarenta y un mil sesenta y cinco visitantes al año tienen licenciatura y postgrado, pero esto no implica una cultura ambiental que permita respetar los recursos naturales.
Erosión.
El viento arrastra la arena al agua |
· ¿Cómo llegan a la Poza?
Los visitantes utilizan medios de transporte terrestres. En primer lugar, con un cuarenta y ocho por ciento, se encuentran las pick up, seguidas por autos compactos. Sin embargo, es importante señalar que el uno por ciento de los visitantes —alrededor de mil al año— llega en vehículos todo terreno, con posibilidad de entrar a casi cualquier lugar, haciendo nuevos caminos y deteriorando la zona.
El setenta y dos por ciento de los visitantes se enteran de “boca en boca” del lugar mientras el veintiocho por ciento restante lo hace gracias a los medios de comunicación.
· Satisfacción del cliente
Más de treinta mil personas quieren acampar, pero en épocas de alta demanda no se cuenta con facilidades para todos. El 42.2 por ciento opina que el manejo de la basura en la Poza de la Becerra es “ineficiente”. El cincuenta y siete por ciento se queja de que no hay suficientes sanitarios y el 49.3 estima que no existen suficientes señales educativas.
El setenta y dos por ciento de la gente alega que el costo para entrar a la poza es adecuada (veinte pesos por parte de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas) y el 67.3 por ciento estaría dispuesta a pagar más (hasta cincuenta pesos).
Por otro lado, al treinta y uno por ciento le gustaría recibir servicios de guía turística que no se ofrecen y generarían fuentes de
empleo. E4 
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